Miami
Estados Unidos
Año XIII

Nº 73/74

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hill College

Pennsylvania

 

Dr. Miguel Ángel De Feo

Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

  Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah - New Jersey

 

Dra. Martha García

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Yvonne Gavela Ramos

University of Miami

 Miami - Florida

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Eduardo Negueruela Azarola

University of Miami

 Miami - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


 

HORAS MUERTAS

por

Hemil García Linares

 

     Estando a uno metros de la suicida, Carlos dudó un instante y los pies ̶ahora unos troncos pesados ̶  se hundieron en el barro y la hierba del precipicio. Más allá, la persona a quien debía rescatar sollozaba y sus bramidos se desvanecían con el viento. Desde arriba los curiosos gritaban. “¡sálvenla!”.

           

     “¡Vamos, Don Carlos!”, dijo el joven bombero detrás de él y Carlos, dubitativo, dio unos pasos. Creía tener la convicción (¿o era apenas una corazonada?) que las escenas se repetían una y otra vez desde siempre. Los chicos portándose mal, el alquiler de la casa, las cuotas del auto, taxear de lunes a sábado, el fútbol dominguero y el posterior dolor en la espalda que duraba la noche entera. Lo peor, la diabetes de su esposa e ir a mendigar al Seguro Social por una cita médica.

        

     Le dio pánico creer que avizoraba en el rostro mustio de la suicida, no solo el dolor sino sus motivos. Si era una chiquilla probablemente estuviese embarazada; si era una mujer mayor, quizás la había abandonado su marido; y si era una mujer cincuentona, había sido despedida de su trabajo. Y, de ser una joven ilusa, posiblemente acababa de enterarse de que su novio no retornaría del extranjero pues se había comprometido con una tal May Brown.

       

     “Don Carlos, ya casi llegamos”, dijo el joven y ambos avanzaron por el peñasco con cuidado de no pisar en falso y desbarrancarse. Se imagino por un segundo que rodaba por el abismo, y su cuerpo iba despedazándose, el dolor era intenso pero había un extraño alivio al caer y al final del barranco su cuerpo exangüe no permitiría, más sufrimientos. Y tras caer, quizás sus cerebro pudiese pensar que estaba ya muerto. ¡Su cerebro podía pensar pero ya no podría moverse ni gritar! Su tuviese conciencia quizás ya tampoco importaría, porque el cuerpo al ponerse rígido como un fantoche, sería cubierto con periódicos o una manta vieja y ese sería el fin. ¿Lo sería realmente?

     

     “Don Carlos, voy a agarrarla”, dijo el bombero joven y caminó decidido. Carlos, que estaba detrás del muchacho, sabía lo que vendría. Tenía ya diez años de bombero y salvado muchas vidas, pero estaba temblando. Reparó limpiándose el sudor de la barba que llevaba una semana sin afeitar.

           

     “Si avanzas un paso más me tiro”, dijo la mujer agarrándose el rostro. En sus muñecas se veían las marcas de antiguas cicatrices. Lloraba ahora con intensidad y los ojos inyectados, laxos, casi se salían de su cara. “¡Me tiro, maldita sea que no se equivocaba sobre la mujer que acababa de salvar, “lo volverá a intentar hasta matarse”.  . No te acerques mas!”.

           

     “¡Don Carlos! ¡Ayúdame carajo!”, gritó el muchacho. Carlos era experto en hablarle a los suicidas y anestesiarles las mentes: “Piensa en tus hijos”, “Tu mamá no soportaría tu ausencia”, Tu esposa te espera en casa”, y así, poquito a poco, los suicidas terminaban ablandándose y la agresividad inicial desaparecía y como niños abandonados gritaban: “¡Ayúdenme!”,  y no era el rescate físico de lo que hablaban, era casi una súplica desgarrada y sangrante por hallar redención.

           

     Carlos estaba por hablarle a la mujer pero ésta miraba había el barranco de reojo, confundida y jadeante. Tenía que tirarse sobre ella y, aún tembloroso y contra el tiempo, se abalanzó. Cogió a la mujer de los hombros y al observarla entendió que ella estaba en trance.

           

     “¡Bravo, Don Carlos!”, exclamó el joven y cubrió con sus brazos a la chica. “Te vamos a ayudar”, le decía. Carlos se sentó en un montículo de tierra, respiraba con dificultad. El viento soplaba fuerte y los curiosos aplaudían. Esta vez la intuición  ̶ la confirmación de la inutilidad de sus actos ̶  vino como una borrasca inesperada, Y Carlos vio los ojos de la chica y el pavor lo rodeo al saber que las escenas se repetían como siempre: los chicos portándose mal, el alquiler de la casa, las cuotas del auto, taxear de lunes a sábado, el fútbol dominguero, el dolor de espaldas. Y lo peor, la diabetes de su esposa. Y, por si fuera poco, también reconocer esos ojos de suicida que ya había visto tantas veces. Estaba convencido de de que ella lo volvería a intentar.

  

Hemil García Linares nació en Lima, Perú (1971). Narrador y periodista. También es profesor en el Sistema Público Escolar del Condado Fairfax en Virginia. Es egresado de la Universidad Bausate y Meza en Perú. Publicó artículos en el diario El Comercio (Perú) y en periódicos latinos de EE.UU. Sus cuentos figuran en antologías de México, Estados Unidos y Argentina. Fue finalista del Concurso Internacional de Cuentos Junín País 2008 (Argentina), primer lugar en el 2010 International Latino Book Awards – Mariposa Awards, en la categoría Mejor libro debut en Español (Nueva York, Mayo de 2010) y finalista del Concurso de Cuento Internacional Oaxaca (México, 2010). Desde el 2000  reside en Virginia, Estados Unidos. Ha publicado “Cuentos del Norte, Historias del Sur” un libro de cuentos que tiene como temas centrales la inmigración, el terrorismo, la guerra y la diiscriminación. Con motivos de la presentación de este libro, el autor asistió como escritor invitado a la universidad Grand Valley State University en Michigan durante el Mes de la Herencia Hispana de 2009.