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Camilo Pino nació
en Caracas, Venezuela (1970). Novelista, periodista, guionista
de televisión y diplomático. Estudió periodismo en la
Universidad Central de Venezuela, graduándose con una
Licenciatura en Comunicación Social (1994), y posteriormente, se
graduó con una Maestría en Comunicaciones en la Universidad de
Westminster en Londres (1997). Fue alumno del taller de poesía
del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. En 1986
fundó la revista Al Encuentro. Entre 1993 y 1995,
escribió artículos de opinión para los importantes medios de
prensa venezolanos El Nacional y El Diario de Caracas,
así como guiones para el canal nacional de televisión RCTV,
donde fue transmitido su documental “Tierra
Santa”. Ha trabajado como redactor creativo para la agencia de
publicidad Leo Burnett y el canal de televisión por cable HBO.
Fue agregado de prensa de la Embajada de Venezuela en el Reino
Unido. Desde el
2005 hasta el 2006, escribió el blog Need to Know / Latin
America para lectores de habla inglesa. Actualmente reside
en Miami, donde escribió
Valle Zamuro,
su primera novela, que fue galardonada en 2010 con el XV Premio
Carolina Coronado de Novela, otorgado por la ciudad de
Almendralejo, España.
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Comentarios sobre Valle Zamuro:
“Una obra extraordinaria y
espléndida.” “Me ha cambiado la forma de leer novelas”
Almudena Grandes
Jurado del XV Premio Carolina Coronado de
Novela.
“Valle Zamuro tiene las
dosis justas de casi todo”… “de forma”…“de ruptura de la
tradición…“de aventura, de amor, de humor” “La lectura es
difícil de detener más que un par de veces”.
Carolina
López
Revista
Qué Leer, España
“El autor, sólo
novel
por el azar de haber escrito inevitablemente su primera
novela, tiene trazas de novelista de fuste, y el tiempo lo
dirá”.
Jose Luis Bernal Salgado
Universidad de Extremadura
“Gracias a la calidad de su trama, un lenguaje ágil, uno
humor siempre ácido y una narración amena pero vertiginosa
-de esas que corta la respiración-, siento que no solo leí
Valle Zamuro, sino que la vi como quien ve una película de
escenas trepidantes tras la cual se recobra el aliento. Como
con los buenos thrillers, la lectura de esta novela no se
acaba al cerrar el libro, sino que nos despierta evocaciones
y preguntas.”
Boris Muñoz
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MMM:
¿Cuándo decidiste que tu verdadera vocación estaba en el campo de
las letras?
CP:
Siempre
supe que quería ser escritor, pero nunca se lo dije a nadie, entre
otras cosas porque no me terminaba de gustar lo que hacía. Eso
cambia con Valle Zamuro, una novela que me secuestra la
voluntad. Viéndolo en retrospectiva, me hubiera gustado asumir mi
vocación antes, pero eso es fácil de decir e imposible de corregir.
Entre mi primer intento de escribir y Valle Zamuro hay casi
tres décadas y toneladas de textos lamentables. Salir del closet me
tomó mucho tiempo. Supongo que estaba aprendiendo a escribir sin
darme cuenta, a la manera de Karate Kid.
MMM:
Tengo entendido que eres hijo del conocido escritor e historiador
venezolano Elías Pino Iturrieta. ¿De qué manera las actividades
intelectuales de tu padre han influido en tu quehacer literario? ¿Se
le podría responsabilizar por fomentar en ti ese sentido tan agudo
de la historia que posees?
CP:
Uno de los recuerdos recurrentes de mi infancia es el de mi padre
leyendo en voz alta. Su influencia ha sido enorme. Quizás sea la
persona que más ha influenciado mi trabajo. Primero porque crecí en
su biblioteca, rodeado de libros, que son el principal alimento de
un escritor. Pero también porque lo escuchaba escribir prácticamente
todos los días. Mi padre corrige en voz alta, y yo podía ver cómo
armaba sus textos en tiempo real; cómo editaba; cómo trabajaba el
ritmo; cómo definía el hilo narrativo de sus ensayos y artículos.
Supongo que aprendí un montón por ósmosis.
MMM:
Durante tus años universitarios cultivaste el género poético.
¿Sigues escribiendo poesía?
CP:
Sigo
haciéndolo, pero me pasa lo mismo que me pasó con mis primeros
intentos de escribir narrativa: los poemas me salen malos; y créame
que no lo digo ni por falsa modestia ni por exceso de rigor. Son
malos, pavosos, afectados, rústicos. Lo que sí hago con frecuencia
es leer poesía. Sigo el consejo de Nabokov, que decía que cuando se
escribe narrativa hay que saturarse de poesía. Puestos a ver, la
poesía y la narrativa se complementan. Las mejores novelas están
cargadas de poesía.
MMM:
¿Te sorprendió recibir un premio de esta magnitud con la primera
novela que sacas a la luz pública?
CP:
Me
sorprendió más de lo que hubiera imaginado. Uno no envía un
manuscrito a un concurso sin la esperanza, aunque sea remota, de
ganar. Pero no me imaginaba lo que iba a significar para mí. Usted
me preguntaba por mi vocación. Fíjese que sin el premio quizás nunca
la hubiera asumido del todo. Escribir es un acto solitario y el
único juez que se tiene es uno mismo. Fui muy afortunado, en el
sentido de que un grupo de gente a quién no conocía y que se supone
sabe de literatura, se interesó por el mundo delirante de Valle
Zamuro.
MMM:
Escribir requiere de un compromiso y de un esfuerzo individual muy
grande. También de un imaginario. ¿Cómo puedes concentrarte a tantas
millas de distancia de tu país y lejos de tus vivencias? ¿Cómo te
ha tratado la vida en estas latitudes?
CP:
Miami me
ha tratado muy bien. Estoy muy agradecido con la ciudad y con los
Estados Unidos. Mis hijos nacieron aquí y eso me ha aumentado mi
sentido de pertenencia. Eso, y ¿cómo negarlo?, pagar impuestos. En
cuanto a la distancia, no creo que afecte el trabajo literario. De
hecho, hay muchos precedentes de escritores que procuraron esa
distancia: Joyce es el ejemplo clásico del escritor que prefiere la
distancia, al contrario de, por ejemplo, Dickens, que necesitaba
encontrarse en Londres para escribir sobre Londres. Supongo que
depende del autor. Lo cierto es que la memoria es portátil.
MMM:
La estructura de tu novela Valle Zamuro es fragmentaria, de
corte periodístico, y sus personajes corresponden a un pasaje
bastante fuerte de la realidad venezolana en la década de los
ochenta. ¿A qué atribuyes su éxito fuera de Venezuela?
CP:
Lo
universal no excluye lo local. Piense en el Quijote, la más local y
más universal de las obras. Si Valle Zamuro se puede leer
fuera de Venezuela es porque los personajes, las situaciones, el
lenguaje, logran involucrar al lector independientemente del sitio o
las circunstancias. Fíjese que yo intenté escribir el primer
borrador de Valle Zamuro en un español neutro. Claro,
escribir en un español neutro es imposible, pero en ese momento
pensaba que si eliminaba localismos y trabajaba con formas
“internacionales” podía lograrlo, como por ejemplo tratan de hacerlo
los individuos que doblan las películas en México. El punto es que
sin el sabor local el texto perdía fuerza, tanta que tuve que
rescribirlo en caraqueño. ¿Qué estoy diciendo? Tuve que rescribirlo
en caraqueño de los años ochenta, es decir, en un lenguaje vernáculo
y muerto.
MMM:
En el año 1989 tenías apenas 19 años de edad. ¿La experiencia del
“Caracazo” te sirvió para madurar intelectualmente o simplemente
fuiste un testigo ocular de los hechos?
CP:
El
material de Valle Zamuro, en su mayoría, viene de la
experiencia, de recuerdos del día en que vi como bajaban los cerros
y se desmoronaba mi idea del mundo. La segunda parte de la novela,
que está compuesta por llamadas telefónicas, es un ejercicio de
memoria ¿Fue Bolaño fue quien dijo que la novela es un ejercicio de
memoria? Sin lugar a dudas ese es el caso de Valle Zamuro. La
maduración fue posterior. Hay un golfo de veinte años entre la
experiencia del Caracazo y la novela.
MMM:
¿Cuál ha sido la acogida de tu novela en Venezuela? ¿Cómo lograste
que se publicara por allá? ¿Qué tal la distribución a nivel
nacional?
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CP:
En Venezuela tengo la buena fortuna de trabajar con
un editor de primera, Ulises Milla y de formar parte de un sello al
que le está metiendo mucho corazón a Valle Zamuro: PuntoCero.
Ulises cree en mi trabajo y eso ha ayudado mucho a su difusión.
Cuando la novela llega a Venezuela, llega a su lugar de origen y eso
tiene un significado especial para mí. Pocas cosas me dan tanta
curiosidad como las reacciones de los lectores venezolanos, que
hasta ahora han sido muy generosas. |
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MMM:
¿Cómo percibes la producción literaria de tu país en estos momentos?
¿Y la de tu generación en particular? ¿Podrías mencionar el nombre
de algunos escritores contemporáneos tuyos con los cuales te
identificas?
CP:
Es muy difícil conseguir literatura venezolana fuera del país, casi
imposible, y por eso tengo una visión muy, pero muy limitada de lo
que está ocurriendo en el país. Ahora bien, no tengo la menor duda
de que se está produciendo literatura de calidad. Pienso en Alberto
Barrera Tyzska, en Francisco Suniaga y Michelle Ascencio, novelistas
mayores. Y también pienso en Lucas García, Rodrigo Blanco Calderón,
Alejandro Rebolledo, Salvador Fleján… narradores emergentes que
vienen con mucha fuerza.
MMM:
¿Qué tipo de relación tienes con otros escritores venezolanos y
latinoamericanos que residen en los Estados Unidos? En el caso de
los venezolanos, ¿existe algún tipo de asociación, peña o taller que
los agrupe?
CP:
Mi peña
está en la biblioteca de la casa y la mayoría de sus miembros están
muertos. Miento, una vez al mes me encuentro con un grupo de
escritores venezolanos a tomar un trago, pero al final del día, o
más bien de la noche, casi no hablamos de literatura sino de temas
que no vienen al caso por vulgares. El grupo se llama Los Perros del
agua. Ojo, “del agua”, no “de agua”. Importante distinción.
MMM:
Hace poco declaraste para un medio de prensa en Venezuela que “La
autocensura puede ser autodestructiva”. ¿Podrías elaborar al
respecto?
CP:
Cierto,
así titularon la entrevista, partiendo de una frase un poco más
pedestre: “La autocensura puede ser destructiva”. Lo que quería
decir era que no se puede pensar en el lector con pudor. Me explico,
si el autor se autocensura porque sus personajes lo van hacer ver
mal, ya sea porque son pueriles, o ridículos o porque tienen un lado
oscuro, entonces simplemente aniquila la obra. A los personajes hay
que dejarlos ser. Entender eso fue muy importante para mí. Sobre
todo al principio, porque me daba vergüenza lo que hacían los
loquitos de Valle Zamuro: pensaba en lo que dirían mis tías
si leían aquello, y trataba de darle un aire más digno a una novela
en la que no hay espacio para la dignidad.
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Portada de la
revista
¡CLARO!
No. 210
Enero de 2011
Caracas,
Venezuela |
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MMM:
¿Para cuándo podemos esperar tu segunda novela? ¿Tienes algún otro
proyecto literario en desarrollo?
CP:
Estoy
trabajando en una segunda novela y en un libro de cuentos. Los dos
proyectos avanzan como avanzan esos proyectos, lentamente. Aparte de
eso no me atrevo a decir nada por simple y llana superstición.
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Camilo Pino celebrando con los escritores
Boris Muñoz y Ulises Milla después
de la presentación de la novela Valle
Zamuro en Caracas, Venezuela.
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Las fotografías son cortesía de:
Alvaro Cartea, Ricardo
Gómez Pérez, Rafael E. Rodríguez
y de los
Archivos personales del autor
Camilo Pino |
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Maricel Mayor
Marsán
nació
en Santiago de Cuba (1952). Poeta, narradora, dramaturga, crítica literaria,
editora, traductora y
profesora. Desde 1999 es la Directora
de Redacción de la Revista Literaria Baquiana, versión digital e impresa,
y es Miembro Correspondiente de la Academia Norteamericana
de la Lengua Española. Para más información, consulte en:
www.poemas.net
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