Como
todo idioma se desenvuelve en función de un sistema fundamental que
fluye de su manera de ser y se atiene a su modo de expresar los
fenómenos, actividades y emociones del género humano, es de todo punto
evidente la necesidad de usarlo con fidelidad a su espíritu, so pena
de traicionar su genio y esencia.
Si
bien mucho se ha dicho y escrito sobre los extranjerismos que entrañan
voces individuales así como sintaxis ajenas que imitamos o tomamos en
préstamo, poco o nada se ha hecho en cuanto al análisis de los
conceptuales, que son tanto o más graves en sus consecuencias.
Concepto
de región. Pensamos concretamente en casos como el de la
costumbre de denominar los litorales estadounidenses «Costa
Este»/«Costa Oeste»
en función del inglés «East Coast»/«West Coast». Se
trata de un verdadero extranjerismo conceptual, puesto que en nuestro
idioma las regiones que bordean grandes mares, golfos o lagos no se
suelen nombrar según los puntos cardinales sino a base de otras
características. Las referencias, ya sean oficiales o extraoficiales
son, por ejemplo, de esta naturaleza: Costa Azul, Costa del Golfo,
Región Atlántica, Región Cantábrica, Riviera Italiana, Litoral del
Caribe, etc. En todo caso las voces «Este»
y
«Oeste»
son tan parecidas que provocan confusión no solo entre
quienes las pronuncian —como les sucede con frecuencia a los locutores
radiotelevisivos— sino también entre el público que escucha.
En
último caso, si se optara por los puntos cardinales, la terminología
«Este/IOeste» no es la más apta. En la marinería, por ejemplo, los
términos de uso normal son «Oriente» y «Occidente», que no son tan
propensos a confundirse. Por algún motivo no solemos hablar del
«Lejano Este», sino del Lejano Oriente.
Otros
abusos de «este». Lamentablemente, el abuso de «este» no
termina ahí como yerro conceptual. Como en inglés está de moda
anteponerlo a todo, aunque falta no haga, estamos copiando el
deíctico indiscriminadamente. Nos dicen «este verano», «este Día de
la Independencia», «esta Navidad», etc., cuando viene sobrando el
adjetivo demostrativo, puesto que, por ejemplo, si estuviéramos
hablando de otro verano que el actual, así lo diríamos. El español
destaca únicamente la excepción, y no lo consabido.
Todo ello llega a extremos insospechados: hemos oído la
frase «este 2011» en relación con cierto acontecimiento. ¿Es que podrá
haber algún otro año con ese número? También es cosa de todos los días
la siguiente identificación programática: «Este es el Coloquio
Nocturno», cuando es claro que sobra el «este es», puesto que bastaría
decir «El Coloquio Nocturno», o bien, para presentarlo, «Y ahora, el
Coloquio Nocturno».
Y
hablando de identificación, existe en el mundo anglohablante la manía
de identificarse los presentadores de noticias y demás programas
informativos diciendo «I am John Smith», lo cual suele copiarse a la
letra con «Yo soy Fulano de Tal». Lo sentimos, pero el «yo soy» no
corresponde (ni siquiera en inglés), ya que basta con dar el nombre.
El «yo soy» correspondería tratándose de denunciar una impostura, es
decir, «Yo soy Fulano de Tal y ese es un impostor». Tampoco se
acostumbra —en Europa, por ejemplo— que los locutores digan su nombre
a modo de presentación, siendo lo más normal en cada caso ponerlo por
escrito con subtítulos en pantalla.
También se incurre en la inusitada descortesía, en programas de
cierta categoría, de presentar a un invitado con las palabras «este
es», que yo creía, en mi ingenuidad, reservado para mascotas: «este es
Coquito, mi perro».
Cuestión
de «calor». El concepto de lo que es «calor» y lo «caliente»
es rayano en la simple transliteración. Ilustra el caso un aviso
publicitario sobre ropa de temporada cuyo titular dice, aunque cueste
creerlo: «Verano caliente». Es fundamental en español respetar el
abismo que hay entre «caliente» (para cosas) y «caluroso» (para el
clima, el tiempo, la actitud personal). No es el único aviso que
confunde estos términos, pues una gran cadena hotelera ofrece al
público «una cálida bienvenida». Ahí también iría «calurosa» o, mejor
–si el rigor veraniego lo desaconseja– «regia (o ¡refrescante!)
bienvenida». En cuanto al artículo, en castellano no hace falta poner
«UNA regia bienvenida», pues ya se sabe que no son dos. Que el
inglés no tenga sino «hot» para estos y otros conceptos —entre ellos
el de «atractivo», «llamativo», «apetecible», no es pretexto para
dejarnos FRIOS con tan «climáticos» errores.
En
futuros artículos seguiremos informando sobre el tema de los
extranjerismos conceptuales y su injerencia en el espíritu del idioma
de Castilla.