Miami
Estados Unidos
Año XIII

 Nº 73/74

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hill College

Pennsylvania

 

Dr. Miguel Ángel De Feo

Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

  Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah - New Jersey

 

Dra. Martha García

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Yvonne Gavela Ramos

University of Miami

 Miami - Florida

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Eduardo Negueruela Azarola

University of Miami

 Miami - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

Asesor de Arte

Carlos Quevedo


 


 

RASGOS ESENCIALES EN LA NOVELA

LA ELECCIÓN DE SALOMÓN, DE

JULIE DE GRANDY

 

por

  

Josefina Leyva

   

Ediciones Baquiana 

Miami, Florida, EE.UU. (2011)

ISBN: 978-1-936647-04-0

388 pp.

 

    

En el análisis de La elección de Salomón, novela de Julie de Grandy, empecemos por el título. La autora ha escogido para ese título a una de las personalidades más sobresalientes de la historia humana: el rey Salomón, de Israel, admirable por su sentido de la justicia. En esta novela hay un caso doloroso que se va a debatir en la corte, y que es el eje de la trama. La justicia del rey Salomón fue admirable porque estuvo asistida por Dios. Según cuenta el primer libro de los Reyes de la Biblia en su capítulo tres, Dios se apareció en sueños a Salomón al iniciar su reinado, y le exhortó a pedirle los dones que deseara. Salomón le pidió con humildad “da a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo y para discernir entre lo bueno y lo malo”. Dios apreció su ruego y le concedió, además, riquezas y gloria.

     Salomón fue una gran personalidad intelectual. Fue filósofo al escribir el Eclesiastés, en que elogió la excelencia de la sabiduría y la inteligencia. Dijo: “El corazón del sabio está a su mano derecha, mas el corazón del necio a su mano izquierda, y aún mientras va el necio por el camino le falta cordura, y va diciendo a todos que es necio. En sus proverbios, Salomón proclamó la justicia cuando dijo: “El bueno alcanzará favor de Jehová, mas él condenará al hombre de malos pensamientos”. [1] 1 El genial intelecto de Salomón lo consagró como poeta en el “Cantar de los Cantares”, quizás el más bello conjunto de poemas intimistas que se haya escrito, por sus metáforas, sus símiles y su lirismo. En ese diálogo poético del “Cantar de los Cantares”, Salomón puso en boca de la amada la ternura del amor: “Mi amado es para mí un manojito de mirra que reposa entre mis pechos”. [2] e hizo decir Salomón al amado: “Levántate, oh, amiga mía, hermosa mía y ven. Porque… ha pasado el invierno, …la lluvia se fue… El tiempo de la canción ha venido y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola”.

     La novela de Julie de Grandy basó su título en la anécdota más universalmente conocida de Salomón, la que lo consagró por la sabiduría de su justicia: [3] “En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras…” Una relató que ambas moraban en la misma casa y habían dado a luz con tres días de diferencia. Una noche, el hijo de la otra mujer murió porque su madre se acostó sobre él. La que mató a su hijo lo suplantó por el hijo de la que hacía el relato al rey y ambas reclamaban al niño vivo. Salomón pidió una espada para partir al niño en dos. La falsa madre aceptó partirlo, pero la madre verdadera prefirió entregarlo a la otra para que no muriera. Salomón descubrió entonces que ésta era la madre y le entregó el niño.

     En esta anécdota de la Biblia hay una afirmación de la justicia humana asistida por la sabiduría divina. En la novela de Julie, hay una gran incertidumbre ante la justicia humana, y no hay en la protagonista una fe profunda en la intervención de la justicia divina, sentir que acrecienta su angustia. La madre que sufre en la novela ante el espanto de perder a su hijo (un hijo no alumbrado por ella, pero amado con toda la grandeza de la maternidad); esa madre tiene la característica de ser lesbiana en su inclinación erótica, y es una mujer virtuosa: honesta, sincera, se autorrealiza como médica pediatra y ejerce su profesión con generosa entrega. Esa mujer, llamada Reggie, aceptó la inseminación artificial como una forma de obsequiarle la posibilidad de tener un hijo a un hombre que estaba casado con una mujer estéril. Y a ese hombre, Peter Solomon, que es su amigo, su colega, su confidente, Reggie lo amaba a pesar de ser lesbiana, por una de esas complejidades emocionales de la naturaleza humana.

     En literatura, pasó ya la época de Marcel Proust, en que aquel sutil psicólogo, gran poeta de la prosa y gran filósofo de la pasión, se vio precisado a enmascarar al personaje que lo acompañó en su novela-río En busca del tiempo perdido. Tuvo que llamarlo “Albertina” cuando en realidad fue “Alfred”, su secretario y ayudante. Una parte del mundo ha cambiado en su apreciación de la vida, y la novelista Julie De Grandy ha mostrado una verdad del género humano como es en la vida real: la inclinación lesbiana como drama a pesar de que su personaje protagónico la acepta como su identidad esencial. A la vez, Julie ha introducido un tema novedoso en literatura: el de la mujer inseminada científicamente para alcanzar la maternidad, y ha contemplado los problemas jurídicos, emocionales, familiares, sentimentales que esta situación inédita puede traer a las madres que han concebido hijos de esta manera.

     Hegel dijo en su Estética que en una obra artística debe mostrarse lo general a través de una individualidad viviente. En esta novela la individualidad viva es Reggie con todas sus características personales, y ella encarna dos generalidades dramáticas: el lesbianismo y la maternidad por inseminación artificial. Hay otras madres en esta novela, con sus modalidades emocionales: la madre adoptiva en Elena; la madre heroica en Teresa, viuda de un invasor de Playa Girón y capaz de echar adelante a su hija sin amargura ni rencores; la madre con la duda de quién es el padre de su hijo, en Deborah; la madre carente de sentimiento maternal, que abandonó a su hijo sin remordimiento, en aras de seguir su vida egoístamente. En esta decisión, siguió el dictamen de su carácter narcisista, cuyo rasgo esencial era la pasión obsesiva por su propia belleza física y por sus placeres. Su perfil psicológico es completado por su pereza, su carencia de vocación profesional y maternal y su incapacidad para el esfuerzo creador. Este personaje se llama Tina, y es la contrafigura de Reggie, la protagonista, con quien compartió años de vida en común como pareja homosexual, y a quien traicionó un día de manera sorprendente. Tina es además drogadicta, y alcohólica, y es amoral si consideramos la moral como un conjunto de principios establecidos por Dios, según las religiones, o por las normas de los hombres según los ateos, o por una escogencia personal según algunos filósofos modernos. Reggie y Tina son los caracteres libremente ampliados y definidos por Julie De Grandy, de las dos mujeres presentes en la anécdota del rey Salomón antes mencionada.

     En esta novela el personaje judío llamado David Solomon, ha sido desarrollado con las características del Salomón bíblico: inteligencia, fuerza, poder material, capacidad de decisión, sabiduría, una filosofía existencial propia y una brillante dimensión artística. Julie de Grandy teje un paralelismo entre ambos. Como su modelo, David Solomon aporta también la solución para salvar al niño cuya custodia va a ser discutida en la corte. Como todo personaje de relieve, sigue su propio camino en que se aparta del Salomón histórico y evoluciona dentro de la obra. El lector se ve precisado a cambiar de óptica al seguirlo en sus peripecias y analizarlo. Primero lo ve como un borroso hombre de negocios de quien por etapas van apareciendo rasgos que lo humanizan: fue víctima juvenil de un campo de concentración nazi durante la segunda guerra mundial; fue el tenaz sobreviviente de ese campo de concentración que sacrificó su arte como violinista por cargar cajas horriblemente pesadas en los muelles, como estibador, para sustentar a su hermano moribundo; fue el joven sometido a la pobreza que vio morir a ese hermano único por carencia de recursos; fue el esposo enamoradísimo que aceptó a un hijo, el cual tal vez no era suyo; fue el hombre capaz de comprender y perdonar a la esposa en una larga infidelidad sentimental sobre la que no preguntó nada; fue el abuelo que descubrió el talento musical de su nieto bastardo y lo protegió y le dio dignidad en memoria de su hermano muerto en la juventud, a quien el niño se parecía por su inclinación artística; Este judío que se hizo millonario con su esfuerzo y su inteligencia, después de vencer solo su alcoholismo y su agresividad, aportó tres paréntesis poéticos a la novela de Julie: la historia de su hermano; la de la infidelidad de su propia esposa y la del pájaro ahogado, que relató así:

     “Cuando yo era pequeño, había un pájaro precioso que me despertaba cada mañana con sus cantos. Siempre se posaba en la rama que llegaba hasta mi ventana. Yo la abría y le daba los buenos días y el pájaro me miraba y movía la cabecita como respondiendo a mi saludo. Deseaba tocarlo con todas mis fuerzas, pero si extendía la mano se asustaría y se alejaría. Un día no pude resistir más: extendí la mano… y poco a poco se acercó y saltó a la palma. Como por impulso cerré la mano y lo agarré con fuerza. El corazón me latía desbocado por la emoción mientras sentía el suyo latiendo dentro de mi mano. No quería abrirla por miedo a que se alejara. Sentí su aleteo y apreté el puño. Pero a los pocos segundos el aleteo se detuvo. Cuando abrí la mano era muy tarde: había ahogado a aquella criatura que tan generosamente me había alegrado tantas mañanas. Me horrorizó lo que había hecho. Habría preferido el dolor de ver que se alejaba volando para siempre porque al menos podría alimentar la esperanza de que volviera. Pero en ese momento había perdido toda esperanza”.

     Esta historia es una alegoría de la relación de David Solomon con su esposa: ella huyó de una escena de violencia que él le provocó cuando estaban recién casados, y a su regreso le dijo que tal vez el hijo que esperaba no era de él.

     Por otra parte, en cuanto al aspecto literario, la novela que analizamos puede ser situada dentro de la corriente de la posmodernidad cuyas características exhibe. Tiene ubicación geográfica precisa: en la Florida, Nueva York y los relatos de un campo de concentración en Alemania: Auschwitz, dados por cierto en forma de flash back. Tiene además una ubicación histórica precisa dentro de un marco de sucesos contemporáneos. Su autora es una mujer, entre las de esta corriente literaria, por oposición a la Modernidad, cuyos autores eran hombres. Tiene exploración de la sexualidad, expuesta sinceramente, realistamente, aunque ajena al matiz pornográfico. No tiene un rasgo frecuente en este grupo de autores, que es la sátira, la burla, abarcadora de lo social. Entre los autores de la posmodernidad están algunos que integraron la modernidad, como Borges, y otros que no formaron parte de la Modernidad, como Hilda Perera y Mireya Robles.

     En lo que se refiere a las categorías de la estética entrevistas en esta obra, la trama se equilibra entre lo dramático y el goce de vivir. Este equilibrio lo han tenido grandes novelistas como León Tolstoi y sus geniales discípulos, entre los que están el francés Roger Martin Du Gard, premio Nobel de Literatura por Los Thibault, la epopeya de la primera Guerra Mundial, y Margaret Mitchel, la autora de Lo que el viento se llevó. Este equilibrio entre la dicha y el pesar no excluye la categoría de lo trágico en la novela de Julie, dada entre otros subtemas, en el recuerdo del campo de concentración. En los autores carentes de tal balance emocional hay nombres escandinavos como Selma Lagerloff y Knut Hamsun, que se apegaron a la tristeza de la vida, a lo irremediable.

     Si apuntamos a las cualidades de Julie de Grandy como novelista, la primera es el interés que sabe poner en la trama: ese elemento que llamamos “garra” para atar al lector a los sucesos y a los personajes, que derrocharon Balzac y Dostoievski, y que no aparece en una novela-monumento de la humanidad, como La montaña mágica, de Thomas Mann. Julie tiene también otra gran cualidad: el contagio sentimental para embriagar al lector con sus personajes, y hacer que los quiera, que los extrañe, que se le hagan necesarios como compañía. Hay grandes novelistas que no tienen ese don, como el húngaro Sandor Marai, cuyos sutiles hilos tendidos al lector son de naturaleza intelectual, impecablemente intelectual, eso sí, pero no de índole afectiva. En la novela que presentamos esta noche, el interés apasionado de la trama desemboca en la categoría del suspenso.

     Los personajes de Julie, excluyendo algunas excepciones, son gentes a quienes nos parece haber conocido ayer en la realidad. Los vemos pasar ante nosotros conducidos por su carga de esperanza y de proyección hacia el futuro y con la autodefensa que les permite echar a un lado las recriminaciones y las culpas, sin detenerse para dejarse devorar por lamentaciones de sus propios errores. El perfeccionismo neurótico, tan combatido por los psiquiatras, les resulta ajeno. Son gentes sanas que tienen una gran dosis de nobleza, gentes aferradas al trabajo y al esfuerzo creadores como fuente de dignidad. Además, viven entregados a la solidaridad, al bien; saben afirmar el amor y aceptan la vida como es, sin idealizarla. Esos seres creen en el amor, traducido en actos generosos. Se apartan de los prejuicios, de los dogmas, de las consignas. La fe en la vida los acerca. Sus relaciones son de carácter moral porque están basadas en la simpatía, que los conduce al amor fraternal o erótico, y no se sustentan en el utilitarismo, pariente de la manipulación, el cálculo, el interés material. Tampoco se enquistan en una actitud esclavizadora, sino que son capaces de evolucionar para bien. Saben lo que quieren, se fijan metas por las que luchan sin detenerse ante el esfuerzo y el sufrimiento que esto lleva consigo. Son criaturas de vocación, capaces de arriesgarse por otros sin aguardar compensaciones. No tienen una religiosidad profunda, y dependen de su propio esfuerzo y de la solidaridad con los otros más que de la alianza con el poder divino. Creen en la familia como núcleo de la sociedad. Expresan con sus valores la estimación de su autora por los judíos. Aman la libertad y la defienden, como un valor ajeno a consignas, dogmas y prejuicios. Afirman la libertad como opción de la trayectoria existencial, comprendida a la manera de las corrientes filosóficas más importantes en el oriente, que son el yoga y el budismo. Ambas postulan que el hombre, al decidir individualmente su destino, puede escoger la posibilidad de convertirse en una bestia, en un demonio o en una criatura cabal.

 

Notas:

[1] Proverbios, capítulo 12, versículo 2.

[2] Cantar de los Cantares, capítulo 1, versículos 10, 11 y 12.

[3] Primer Libro de los Reyes, capítulo 3, versículo 16.

 

Bibliografía:

Álvarez, Nicolás Emilio: “Los balseros de la libertad y la narrativa hispanoamericana de la modernidad y de la posmodernidad”. Círculo, revista de cultura. Publicación del Círculo de Cultura Panamericano. Nueva York, volumen 35, año 2006. Páginas 112-121.

De Grandy, Julie. La elección de Salomón. Miami: Ediciones Baquiana, 2011.

La Santa Biblia. Versión Reina-Valera. Sociedades bíblicas unidas, 1964.

Hegel, Jorge Guillermo Federico: De lo bello y sus formas (Estética). Madrid: Espasa-Calpe, 1969.

Proust, Marcel: A la recherche du temps perdu. Paris: Gallimard, 1919.

Spitzer, Gibson and others: DSM IV, Casebook. (Diagnostic and Statistical Manual of Mental disorders, Fourth Edition). American Psychiatric Press, Inc. Washington D.C., London, England, 2005.

 

Josefina Leyva nació en La Habana, Cuba. Poeta, novelista, traductora, periodista y profesora universitaria. Trabajó como catedrática de literatura y de francés en la Universidad de La Habana. Ha residido en España y Venezuela donde trabajó como profesora y periodista. En la actualidad reside en los Estados Unidos. Ha publicado las novelas: Los Balseros de la Libertad (1992), Operación Pedro Pan, el Éxodo de los Niños Cubanos (1993), El Tiempo Inagotado de Irene Marquina (1994), El Aullido de las Muchedumbres, ganadora de la Distinción de Honor de "La Rosa Blanca" en el patronato José Martí de Los Ángeles, California (1994), Rut, la que huyó de la Biblia, Premio de Novela Inédita, Círculo de Cultura Panamericano de Nueva York (1999), La Dama de la Libertad (1999), Las Siete Estaciones de una Búsqueda (2000) y Entre los Rostros de Tailandia (2004). En el género de poesía ha publicado el poemario: Imágenes desde Cuba (1995). Sus poemas han sido representados en diferentes países por la actriz argentina Norma Alarcón, bajo la dirección del director teatral Edelmiro Menchaca. Algunas de sus obras han sido traducidas al inglés.