Miami
Estados Unidos
Año XIII

 Nº 73/74

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hill College

Pennsylvania

 

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Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

  Dra. Niza Fabre

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Mahwah - New Jersey

 

Dra. Martha García

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Yvonne Gavela Ramos

University of Miami

 Miami - Florida

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Eduardo Negueruela Azarola

University of Miami

 Miami - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

Asesor de Arte

Carlos Quevedo


 


 

EL VIAJE, LA VERDAD Y LOS ARCANOS DE LUZ

EN HIMINAM, DE MARINA GERMAÏN

 

por

  

Jorge Antonio Pérez

   

Ediciones Baquiana 

Miami, Florida, EE.UU. (2011)

ISBN: 978-1-936647-03-3

138 pp.

 

     Durante  los  últimos  años,  varios miembros de  ese  movimiento que algunos críticos denominan “poesía de la sentimentalidad” (apelativo más apropiado  que  el  “de  la experiencia”), ha reiterado, en su propia defensa, una cita de T. S. Eliot vía Ángel González que dice: “El poeta no es hijo de un dios, sino un hijo de vecino”. Dejando a un lado las consideraciones que tal aserto me provoca, tan sólo quiero dejar constancia de mi absoluto desacuerdo. No niego que muchos de quienes abogan por esa postura sean “hijos de vecinos” (ciertamente, los hay que escriben como tales), pero, les guste o no les guste, lo crean o no, existen seres que están tocados por la gracia. Y como prueba esgrimo aquí la escritura torrencial de Marina Germaïn.

     Ignoro qué clase de fuerza genera los textos de esta poeta, pero no me cabe ninguna duda que la alienta un dios, y que ese dios se manifiesta también por boca de ella e, incluso, muy a pesar de ella. Marina Germaïn es el seudónimo como poetisa. Ella escribe, pinta, y dialoga consigo misma..., con una elegancia, esto es, como una posesa que se desdobla en dos figuras que se separan y se mantienen unidas a la vez. Los que la conocen en su faceta de artista visual, la identifican como Pauline Le Roy, su seudónimo como pintora.

     Estos textos poéticos son impulsados por la convicción, o la intuición. Basta permanecer un rato frente a esta creadora, escuchándola, observándola –y ya no digo, viéndola ser el médium de comunicación de ese excesivo dios-, para sentirnos de golpe despojados de todas nuestras certezas estéticas.

     Marina Germaïn pertenece, sin ella saberlo –de ahí su pureza–, a la estirpe de Von Bingen, Nietzchen, Desnos o Pizarnik: esos espíritu chamánticos que se atreven a viajar “al otro lado”, para desentrañarlo y para desentrañarse. Como ellos, Germaïn corre enormes peligros en esta travesía. Aunque yo no temo por ella, porque sé que va provista de ese firme balancín que ha encontrado en su interior y que, paso  a  paso,  la va dotando de equilibrio.

     Marina Germaïn crea un aluvión. Su cabeza, sus ojos, su cuerpo, toda ella es un grifo torrencial. Por eso sus textos, en un principio:

 

“No uses tu mente aquí

sólo se un corazón

ni tus ojos uses

sólo escucha

el Poder más Poderoso

la espiral de Sonidos

que todo lo dirige

espacios intermitentes

del creador magnífico”.

 

     Dan la impresión de ser mera “escritura automática”. Pero, al contrario que los super realistas, no hay en ella voluntad alguna de “liberar” el inconsciente, pues como he dicho –y puedo dar fe de ello– las palabras, sencillamente, la dominan, la poseen, afloran desde ella, con su dorado magma, para evidenciar, por encima de todo, el proceso que la está llevando al Ser y a ser ella misma.

     Con semejantes dones, es obvio que le aguarda un porvenir de ventura. Y en el poema, “Cosa enigma cosa extrema”, la poetisa nos deja ver un paraíso de luz:

 

 “No te diré que existes de otra manera

porque no es justo, ni es serio

ni conozco remedio.

Te diré que eres entremedio

cosa ágil que se levanta

cosa tierna y combatiente

cosa enigma

cosa extrema”.

 

     Y  si  bien  su  trabajo aún  tiene mucho camino por recorrer, los textos en general de este poemario, demuestran, ya que la  autora  está  encontrando el contrapeso que buscaba: la contención y la objetividad imprescindibles para convertir ese flujo que no cesa de habitarla en un camino a la trascendencia.

     La poetisa es un espíritu libre, tiende a una poesía con densidad, objetual y desnuda, casi religiosa en su austeridad, en su despojamiento conceptual.

     Con fecundidad instalada en su poemario, entre los temblores de lo místico, tumultuoso río y melancólica brisa y la nostalgia de sus raíces, abierta al contraste desde la reflexión, ahora afianzada en la vida, busca la luz que despiden las cosas pequeñas, partidaria de la claridad y de los sentimientos. Le queda un territorio de palabras, una hilera de sílabas secretas. La pintora-poetisa, seguirá haciéndose y renaciendo versos porque escribe de espaldas a todas las concesiones que no limiten con sus vértigos interiores.

     Sobre todo, en esas horas fronterizas entre el sueño y la luz –una obstinada voluntad de espera de víspera y acoso, de balbuceo de aurora, de inminencia. Y que sólo una mano arrebatada puede sobre el papel, dar riendas sueltas a esa tensión oculta por medio de una alquimia de sonido y sentido para que el aire acoja, ya de todos, esa alondra que vuela en su deseo.

     Sus versos hablan de este mundo –musicales, alquímicos, pictóricos, y alados– con palabras de todos, que nos suenan a nuevos en su voz.

     En Marina Germaïn, poetisa con un universo poético de cara al futuro, autora de  poesía comprometida con la poesía misma, hallamos el resplandor auroral del eros que triunfa como liberación, marca pura de un sol turbadoramente femenino que nos convierte con sus llamas en amantes únicos de la palabra. La palabra lúcida del eros.

     Ella, simplemente, que vive donde tiene que vivir, cada mañana, ante el desconcierto de un tapiz, contempla el nacimiento del sol, de la misma manera que el primer verso asiste asombrado al nacimiento del poema:

 

“El ser está cerca

de alguna novedad

haciéndose fuerte en su tempestad,

pero la tempestad pasa

y queda la calma, el olvido, la encrucijada.

El que busca posición

pende de su otra mejilla

de su inquietud,

no es libre ni calmo

y su voz está espectada”.

 

     Hay estructuras poéticas que pueden hacer las veces de foco de donde irradian todos los demás.Se trata, por supuesto, de una apreciación extremada, pero en ningún caso de una ocurrencia gratuita. La vigilia del tiempo es cada vez más firme. La verdad todavía es posible en las palabras. Por ahí se filtra, a no dudarlo, una actitud humana y, correlativamente, un sistema poético. No es que crea que la verdad personal determina por sí misma el rango de un poema, sino que es esa verdad otra verdad generada a través del propio proceso creador la que en definitiva prevalece.

     Estos poemas de un libro de título diáfano, “Cielos”, la poetisa ha venido elaborando con manifiesta lucidez una poesía donde las palabras son cada vez más “verdaderas” porque también son cada vez más artísticamente válidas. La lógica es desplazada con frecuencia por el mismo impetuoso despliegue verbal, no ajeno a ciertos estímulos surrealistas, y una imaginería de inesperados relumbres ocupa el espacio total del poema. Viajera por ciertos paisajes temáticos del sueño. Marina Germaïn recurre una y otra vez a los mitos imperecederos para solventar con notable pericia su particular salida poética del laberinto.

     La poetisa está inmersa en su poesía, porque apenas hay espacio entre su “yo” personal y su “yo” poemático. Pocos líricos como la autora de “Himinam”, título que lleva el nombre de su libro, para atestiguar que la poesía de los novísimos, el indefenso culturalismo, la desflacada posmodernidad, están sublimados de la mejor manera en su voz. Sin restos de emoción idealista, a salvo de rituales culturalistas, desahuciando lo que el lenguaje contiene de lastre filológico e instrumental, la poesía de Marina Germaïn recoge toda la metafísica de una civilización que deja sus señales en sus héroes místicos y en sus fábulas ejemplares para que todos y cada uno de nosotros nos reconozcamos. Incluso antes que la propia poetisa, que es la que busca la dimensión alusiva –y no puramente metafórica- su lugar en el mundo como aquel emisario de un dios desconocido del que hablaba Fernando Pessoa o como ese embajador de un planeta que aún no existe del que nos habla la propia poetisa. De un lado convoca la historia y la memoria hasta apresar el mundo en la mano, y de otro lo determina en su palabra,  en una presencia total y profunda, mediante atmósferas surreales, incitaciones automáticas, intuiciones de una poetisa del eros. Sólo la fauna indiscriminada en que se ha convertido el panorama de la poesía chilena de hoy obtura la deslumbrante transmisión de una voz que, en mi opinión, se erige como una de las más proféticas de este nuevo milenio, al que Marina Germaïn acompaña como una derviche o una gurú de la tribu...  Ese planeta o esa patria, o esa conciencia y esa voz, son el término inquietante y espejeante de esa búsqueda de identidad entre la niebla.

     Concluyendo,  la obra poética permanece más allá de todo esto abierta a la “lectura” que sea capaz de hacer el receptor responsable y abierto a la escucha, pero sucede aquí como a los magos en la reflexión de Juan Crisóstomo, si se toma en cuenta que en la cosmovisión de Marina Germaïn, y por tanto en su obra, son inseparables el viaje, la luz y la verdad, no podemos olvidar que los magos no se pusieron en camino porque vieron la estrella, sino que vieron la estrella porque ya se habían puesto en camino. En camino hacia la verdad del ser, hacia sí mismo como misterio primordial y respuesta silenciosa, es entonces condición indispensable y presupuesto estético hermenéutico necesario para el abordaje, la asimilación y para la comprensión –paradójicamente supraartística– de la obra de la poetisa.

     Y ello sucede porque la obra de arte unida a la poesía, se muestra en su plena madurez justamente cuando permite dejar de ser percibida como simple “obra” o como “arte”, y se deja aprehender como “revelación”, y como “liturgia”, ello es, praxis creacional que trasciende al artista mismo, como emergencia viva del sentido poético. Estamos colocados frente a una travesía necesaria, frente a un viaje llamado a conducir hacia la Ítaca supraconceptual, mítica y simbólica, que no por simbólica y mítica es menos real. Depende de nosotros responder –o no– a la llamada de la poetisa.

     Incursionar con sus versos llenos de una plástica, constituyen un modo peculiar de expresar su mundo interior, pleno de las reminiscencias místicas que hacen brotar de ese caudal una obra-discurso original y audaz.

     En este quehacer, la artista ha preferido realizar una serie de estudios y búsquedas en torno a los orígenes y confluencias culturales del simbolismo esotérico, vinculándolo con la poética espiritual que nutre las esencias del imaginario pictórico de las grandes culturas de la antigüedad: egipcia, persa, griega, árabe, hindú y, en especial, aquella más auténtica de nuestros ancestros.

     Este concepto queda plasmado en su poemario, mediante el cual la poetisa da continuidad al mágico “hilo de Ariadna”, uniendo sus vivencias espirituales, alrededor del cual ella fomenta una lectura estético-filosófica del mundo.

     Por sus motivos místicos, la trayectoria de la creadora incita a la comprensión sicológica de las artes plásticas. El mensaje de su obra motiva a la reflexión sobre los valores éticos y la preservación de nuestra identidad, unida a la espiritualidad, la poesía y la diversidad de culturas, como se infiere de “Más vale vivir dos juntos” y “En la  constelación de todo  sencilla”, fundamentos  pictóricos en su mencionado libro.

     De este modo, el universo vital de Marina Germaïn (Santiago de Chile, 1966), ilumina su creación, revitalizada con aportes del arte moderno.

     Sus versos respiran y vibran con el corazón, nos claman sobre la paz primordial del porvenir y el hermoso fuego de construir o quizás, de reconstruir –como nos expresa en el poema “Madre Magna”- al amparo de la justicia y la vigilia que otorga la misteriosa sabiduría de la vida. Porque la autora también invoca aquí sus tesoros más duraderos, al pie de la llama que irradian sus arcanos de luz.

 

 

BIBLIOGRAFÍA  CONSULTADA

 

CARPENTIER,  Alejo: “Este poeta que llevo dentro”, 2 tomos. Selección de Zaida Gómez, Editorial Letras Cubana, La Habana, 1980.

GERMAÏN, Marina, “Himinam”, Colección Caminos de la Poesía, Ediciones Baquiana, Miami, Florida, 2011.

LEZAMA LIMA,  José, “El acto poético y Valery”, en Confluencias, editorial Letras Cubanas, La Habana, 1988.

MARTÏ, José, en Obras poéticas, tomo II, Material de consulta, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1977.

PAZ Octavio, prólogo a, “Poesía en movimiento”, editorial Siglo XXI, ediciones, S.A. México, 1966.

 

Jorge Antonio Pérez nació en Pinar del Río, Cuba (1956). Poeta, ensayista, prologuista, comentarista y crítico de arte. Entre sus poemarios publicados se encuentran: Cuarta Dimensión de la Tarde (2000); Inusitado Abril traen sus manos (Pegaso Ediciones, 2001); Sobre un rayo de luna cabalgando (CEPI, 2006) – Mención de Honor del premio de poesía “Salomón de la Selva” 2006; y Envuelta en magia claridad de aurora (CEPI, 2007) – poemario ganador del premio Salomón de la Selva 2007. Ha sido ganador de varios premios literarios en certámenes locales e internacionales, tales como: Primer premio del V Certamen de Poesía al Amor y del VI Certamen de Poesía al Mar – Conil de la Frontera, Cádiz, España (2001); Primer premio en el género de teatro “Alberto Gutiérrez de la Solana” y en el género de poesía “Eugenio Florit” del CCP en Nueva Jersey (2007), entre otros. Forma parte del libro Homenaje a Miguel Hernández en su centenario (Ediciones Baquiana y CCE, 2010). Sus poemas, cuentos, crónicas, ensayos y artículos han aparecido en publicaciones y antologías en varios países, tales como Argentina, Costa Rica, España, Estados Unidos, Francia y Venezuela.