Miami
Estados Unidos
Año XIII

 Nº 73/74

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hill College

Pennsylvania

 

Dr. Miguel Ángel De Feo

Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

  Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah - New Jersey

 

Dra. Martha García

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Yvonne Gavela Ramos

University of Miami

 Miami - Florida

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Eduardo Negueruela Azarola

University of Miami

 Miami - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


MÉXICO

 

José Amador Falconi


Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México (1953). Periodista, poeta, narrador y dramaturgo.  Ha publicado seis poemarios. En 1978, con Cercadas palabras: variaciones sobre un tema y otros poemas, obtuvo el Premio nacional de Poesía "Carlos Pellicer", otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes , y con País de labios rotos, el Premio de Poesía de la Ciudad de México en 1986, entre otros reconocimientos. En el año 2007 su libro de poesía Corazón del sueño fue publicado por el Instituto Mexiquense de Cultura y la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario. Ha escrito las obras de teatro: Oscuro (puesta en escena en 2006 por la Compañía de Teatro del Centro Regional de Cultura Cuautitlán Izcalli) y Una historia infame (montada el mismo año por la misma compañía en la modalidad de teatro en atril). Es también autor del ensayo Mohandas Gandhi. Pacificador de la India, editado en el año 2000 por la Delegación Venustiano Carranza. Actualmente se dedica a la coordinación de talleres literarios y a la promoción cultural.


 

 

SE ABRE AL SILENCIO

 

Quise construir

estancias más perfectas

que una semilla:

La memoria en espinas de agua.

Y estoy con los labios

del polvo,

harto de andar

en oquedades de ceniza.

De mi sombra caen

racimos de cuerpos

vencidos por la densidad

del otoño.

Cuerpos habitados de cantos prohibidos.

 

Una piedra

golpeada

por las aguas del río

se abre al silencio.

 

Con dureza en las alas

huyen las avispas,

surge la blancura de la noche

y mis manos se hunden en tu cuerpo,

la niebla

en que tu cuerpo se convierte

si nos miran nuestras sombras.

Sordos látigos en la esquina del tiempo.

 

Una culebra

con escamas de miel y cristales

se anilla en esa piedra,

hace de la quietud

su transparente danza.

En tu pelo mi sombra es más oscura.

Es entonces tu cuerpo sima

en que boto todas mis muertes

sujetas a sales misteriosas.

 

La piedra,

hueso del sueño,

flota sobre las aguas.

 

La piedra,

promesa de luz,

se transforma en Sol

cuando la luz desciende.

 

Mi cuerpo pierde sombra,

no le quema el Sol

sino la muerte.

Él, sin sombra habita

un trozo de la noche

por tus aguas rojas aromado.

 

En las últimas habitaciones

de la sangre

mi cuerpo cumple su mejor deseo,

desaparece bajo la música de tu muerte.

 

En la seca tinaja

se hace polvo

al ritmo

en que la lluvia

danza su mecánica.

 

Al natural estímulo del agua

no se desprende tu sombra.

En guitarras

la noche es sólo un gesto

y en sus densos dominios

el agua ilesa de tu cabellera

construye su armonía.

 

Ajena a mi cuerpo,

silenciosa entre los frutos

que el amanecer deja en suspenso,

mi sombra, dura piedra,

se hunde en las aguas

con otras piedras

que también se hundieron.

 

 

CICATRICES

 

Tengo en mi cuerpo cicatrices.

Ramificaciones

de frutos menguantes.

 

Agonías de estruendo.

 

Apenas

un ensueño corporal,

el tímido licor,

luz inexperta y desaliñada

que nació de mis huesos.

 

Tengo aires de olvido

en esas cicatrices,

llamaradas azules en los lomos

de mis diversas muertes.

Como huellas de víboras

tienen mis cicatrices

ciertas nostalgias.

 

Agonías de estruendo.

 

Y cuando el mundo entero guarde silencio,

escucharé las músicas alucinadas de sus frutos.

 

Agonías de estruendo.

Agonías de estruendo.

 

 

EL SOL

 

El Sol

me cultiva una barba larga y amarilla.

Bajo los cielos claros

el Sol nutre de polvo sus culebras.

Bajo el Sol de Tuxtla

una bruja roja monta un lagarto

azul

con cara de noche

y me provoca una risa loca.

Cuando el Sol

muerde el espacio,

patios sucios o limpios

o flacas escaleras,

las minúsculas lunas de mis uñas

se ponen rojamente tensas.

En cenizas de Sol

el invierno derrama

el vino de sus escorpiones

y la muerte sonríe

porque sabe que el Sol

en medio de la lumbre

de su ámbar

es también una sombra.

 

 

XOCHIQUETZAL

 

No hablo

de cuchillos de oro y plata

que esperan manos de papel oscuro.

Hablo de cosas misteriosamente

    simples:

cuerpos endurecidos por la electricidad,

un caballito de mezcal derramado

a tus pies,

entre las sábanas y mi lengua:

 

Hermana de serpientes no ajenas a las llamas.

 

Tu cuerpo se consume en el viento,

sale música de mis ojos

y la memoria de tus íntimos aromas.

Cien años mueren

en escombros de relámpagos

y jades domésticos.

En la leche

en el polen

en la sangre del mundo.

 

Xochiquetzal,

Reflego-humeante-de-mis-deseos,

Levadura-para-el-pan-de-la-muerte:

 

Que nuestros cuerpos entren al silencio

si en delicioso olvido encontramos cadáveres

    de Luna.

 

¡Vengan a nos los sueños más imbéciles!

 

 

ES LÁSTIMA TENER QUE MORIR

 

A partir de las siete de la noche                                    

florecen tus cabellos.

Vengo de espantar las ranas

del tejado

y te hallo hirviendo en tu silencio,

soñando en que de súbito caes

en mi sangre.

Un poco de jardín brota de tus cabellos.

Hay un mínimo cielo en la ventana

y en la cama revuelta abrasamos

la noche

que otros han desdeñado.

Aquellos que comen piedra

y escupen lava todas las mañanas.

A humo me suenan los cascabeles

de tus pies desnudos.
Es lástima tener que morir

cuando ya tanto me arrimo a la demencia.