Señales en el espejo
La
voz del corazón ya no me sirve
el aire se estremece al contacto de las nubes
como un rumor de viento marino
marejada de las horas lentas
que tocara los márgenes del tiempo
busco el signo revelador de la existencia
en la sutil esencia de la arcilla.
Código del alba
Al descifrar el laberinto
habrá que reparar el canto de las aves
resguardado en los postigos del umbral
para encender el fuego de la aurora.
Conjuros para el primer viento
Te
invoco ahora después de tanto tiempo
de todas las derrotas de la carne
en los grises pasillos de hospital
donde los blancos sueños de la muerte
desfilan como el fuego de san Telmo
(hospicios
de escritura)
Te llamo ahora después de tanto tiempo
gradación de intensidades en octubre
veladura de fantasmas
memorias encubiertas
en antiguos almanaques de familia
yacen bajo un manto de hojarasca
(los
llanos del alba:
caminos alados
de la voz)
Febrero en la tormenta
a
Efraín Huerta
Para
encontrar un nombre diferente,
es
necesario borrarnos la memoria
como
olvida el fósforo a la llama que lo incendia
el
pájaro se olvida del asombro
cuando el grito de la vida es un silencio
y la
mar es un desierto
cenizas de los hombres
en
el atardecer de las hogueras.
El
aire se enrarece, se ilumina
la
tempestad rueda por los cielos
estallan en coléricos relámpagos
vientos de febrero enloquecido.
Todo
es luz, la sombra es luz
como
luz
es tu cuerpo hecho ceniza.
Recinto de sombras
a la ciudad de México
Las formas del aire
son tus penas
cristales de ciudades
enmohecidas
por el peso brutal de
tanta historia
el hastío de vivir en
un país sin alma.
Las formas del aire
son tus besos
flameantes como el
aire de mayo
como la tarde en la
ciudad ardiente
desierto de lágrimas
amargas
sembrado con perlas de
silencio
de ese inmenso amor en
el vacío
la calle sin memoria
del absurdo
tus manos tu
vehemencia son la nada.
El aire gran señor de
los espacios
aparente persistencia
de la niebla
ausencia del soplo en
el espejo
transparencia del
mundo
fuga del viento
tempestuoso.
Rosa de los vientos
para
Jorge Ruiz Dueñas
El navegante escucha
la voz
del cielo nocturno.
Con el sólo
instrumento de su vista
y un mapa trazado hace
siglos
se guía por la
Estrella Polar,
el multicolor destello
de las Pléyades
de Sirio la luz más
blanca,
la luz
más pura.
Tras la urdimbre de
las nubes
se tejen los destinos
del viajero
sonidos de nocturnos
caracoles
mecen el trayecto de
la nave.
Con la piel curtida de
estrellas
la mirada que descifra
tempestades
en el color del viento
nos
conduce
hacia el más seguro de
los puertos.
Apuntes de alquimista
Todo
se vuelve luna
amuleto de lágrimas
aliento del viaje de la vida
Todo
se rompe estalla
rituales de la sangre
atadura de la voz
prolongación del grito
corazón envenenado
Todo
se vuelve polvo
trebolación del alma
crepitan los trozos de mi cuerpo
palpita lento el vaho
destila los jugos esenciales
Todo
es lento calmo
metalurgia de la plástica en el lienzo
huellas de saliva y llanto
mi
terco corazón enfebrecido
en
este breve lapso en que vivimos.
Naturaleza muerta
vegetal
Perfilo aromas de cantárida
en el código de la extrañeza:
letras muertas
al filo de una sábana.
Tu cuerpo calcinado de deseo
martirio de la carne
tatuaje de la restricción
(pulir la
imperfección
en los
instantes)
Florezco en tu cuerpo desnudo
donde el azul furtivo
es el canto de las alas
que hiere la dorada piel de los desiertos.
Rue de Saint Michel
Sombra entrepernada con la carne
tu cuerpo que en el mío se estremece
qué infiernos de la
fiebre
qué soledades nos
habitan
en la cúspide absoluta de la llama
atajo
de la muerte
retorno de la piel humedecida
(era
preciso hundirse
para lamer el
fondo del pantano)
estallan ardientes los jilgueros
destilan la semilla de la luz:
un glande cubierto de rocío
suculento fruto contenido
flor de incendios
saeta helada
bala expansiva del deseo.
Evocación de Granada
1
Estremece aires en la fronda
fino resplandor de otro plumaje
círculos mudéjares
para tu lento amanecer de primavera
tras los anchos muros y tus calles de cal y canto
eres ciudad dorada cielo e infierno de mi vida
resguardas el fulgor de un hálito encantado
florecido bajo el tenue manto del laurel
y
la suave caricia de la albahaca.
2
Tu cuerpo de sólidos encajes
pasión de arquitectura lujuria de tus muros
sublime textura del amor.
El canto de la fuente al centro de tu origen
está protegido por esos suaves leones de cantera
mudos testigos de tu aliento.
Ah, ciudad perfeccionista,
de palabra suave y ademanes refinados
visitarte es cruzar el umbral de todos los misterios
alcanzar la cima del pensamiento humano
que refulge en la sangre de tus hijos.
3
A
un rincón culpable de luz y melodía
llega el tumulto de los gritos
que ensordecen al mundo desolado
sus andamios colgados de un suspiro
el paso continuo de la gente
colmada de odios / anhelos / esperanzas
cada vez / otra vez / siempre
algunas veces ciega / sorda / muda
frente al acto / palabra / pensamiento ajeno
como si los sueños no existieran.