Miami
Estados Unidos
Año XIII

 Nº 73/74

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hill College

Pennsylvania

 

Dr. Miguel Ángel De Feo

Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

  Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah - New Jersey

 

Dra. Martha García

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Yvonne Gavela Ramos

University of Miami

 Miami - Florida

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Eduardo Negueruela Azarola

University of Miami

 Miami - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

   Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


ESPAÑA

 

Eduardo F. López Pascual


Nació en Baza, Granada, España (1939). Poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y promotor cultural. Reside en Cieza (Murcia) desde temprana edad, donde es Maestro de Escuela y Profesor de Institutos Técnicos. Es un activo participante en lecturas dramatizadas de teatro y recitales poéticos. Ha sido fundador de un teatro juvenil de Cámara y ensayo, de la Asociación Cultural Pueblo y Arte de Cieza, del Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina de Cieza, así como organizador, desde sus comienzos en 2006, de las Jornadas de Poesía sobre el Río Segura. Pertenece al círculo de escritores "Rafael García Serrano". Ha participado como conferenciante y lector en numerosos actos culturales en ciudades españolas como: Madrid, Valencia, Albacete, Murcia, Cartagena, Buñol, Cieza y Molina, entre otras. Es Pregonero de las fiestas de Calasparra (Murcia), orador en la Feria del Libro de Buñol (Valencia), y en las Universidades de Verano de la Fundación José Antonio en Ávila. Tiene publicados más de veinte libros en poesía, teatro y ensayo. Sus textos aparecen en distintas revistas digitales e impresas de Argentina, España, Estados Unidos e Israel. Se destacan entre sus novelas: El Autobús de las siete no ha llegado, La otra cara de la Luna, Canto a un hombre español, o Los días que vinieron inexplicablemente; en poesía: Como nacido del pueblo, hablando a la madrugada de estas cosas, En esta calma, La memoria que nos queda, A un Dios desconocido, Versos proscritos y Hojas para una calma. Es autor, en colaboración con el escritor aragonés A. Zapater, de la obra editorial Líderes de Aragón, Siglo XX, y Líderes Murcianos Siglo XX, junto al periodista y escritor Pedro Soler. Su obra ha sido reconocida por la Universidad Saint Thomas de Fredericton (en Canadá) y por la Asociación Ibero-israelí de Jerusalén (Israel).


 

 

Una música para septiembre

 

Toda la música cabe en la taza de café

que había allí, como un alma paciente,

esperando que los sonidos rebosaran

por los bordes, y recordasen sin dudas

las notas de un arpa, que quizás fuera

el sueño fugaz y leve, de estar contigo

charlando en este velador de la plaza,

iluminada por un discreto foco de luz

que nos llega como un juego limpio y

de leves sonrisas, y manos acariciadas.

También oíamos en el fru- fru del aire,

los acordes brillantes y bellísimos de

la música de Wagner, rebotando sobre

el muro frío de la catedral de enfrente;

también oí la música de orquesta que

otros ignoraban, demasiados críticos

de una época que no olvidamos jamás;

sin embargo todavía esa obertura, nos

izaba entre tanto escombro que suena

a ras de tierra, mezcla de los afanados

por esconder la emoción, cuando aún

sonaba vibrante, la llamada urgente y

audaz de la cabalgata de las Valkirias.

 

 

Evocando a Dworac

 

Ahora llega inquieta a la memoria

la necesaria urgencia de su música,

ahora que camino solo y desvelado

entre todos los árboles que aroman

ese bello jardín que imagino único,

quizás elegido para un concierto

que procuraba largo e indelebles,

resonando en el cielo templado de

estas suaves noches de septiembre.

Ya regresa a nosotros la armónica

emoción del amanecer americano,

la danza armoniosas de las infinitas

praderas, que Dworac llevó desde

el paisaje melancólico y oscuro de

Chequia, como la raíz de una tierra

única para un patria recién nacida,

y así se nos regala, generosamente,

su apasionada vocación, la belleza

siempre increíble y evocadora, de

la gran Sinfonía del Nuevo Mundo.

 

 

Asomándome al Gran Cañón

 

Podríamos regresar a los tañidos

del violín, a las arias de los oboes

dulzones, y escuchar los sonidos

íntimos de Gershwin por ejemplo,

dejándonos sobre el Gran Cañón

las maravillas de una suite hecha

solo para cerrar los ojos, y sentir

al final la paz que nos trasciende,

el gozo que reposa en el espíritu,

casi siempre esquivo y tan silente,

tras de una larga mesa de oficina.

 

 

Para un músico

 

( A Enrique González y Salvador Martínez)

 

Había descubierto su música un día

de cielo lluvioso; en la serena quietud

que necesita la reflexión y el estudio,

en la tranquila memoria de un repaso

al fondo de los recuerdos, de las fotos

ocres mostrando sellos antiguos, y un

boceto de pentagrama leído; que vine

a hablar con Enrique González, quién

sí supo de la importancia necesaria

que exigía una calidad sorprendente,

llegándonos la emoción y el misterio

a cuantos escuchamos aquellas notas,

que nos fueron ocultas por días y años,

una mazurca plena de agilidad y ritmo,

el vals melancólico tan nostálgico, la

armonía amable de un tono de minué,

o una bella composición hecha para la

guitarra, ofrecida a todas las sinfonías

del mundo; fue como un arcano tesoro

en el baúl  que casi siempre se olvida,

dejado en los desvanes de las casas.

Habíamos encontrado a un músico de

aquí nacido entre nosotros ya un siglo,

Murcia fue su patria y su espacio, para

darnos, como dijo Salvador Martínez,

un singular compositor y un indeleble

y completo intérprete, que merece por

cierto, que esta mágica tierra nuestra,

le ofreciera su recompensa y su favor;

se llamó Antonio López Villanueva, y

con toda modestia, que casi no se oiga,

os diré en voz baja, que era mi abuelo.

 

 

Oyendo el west de Kristofferson

 

Estuve oyendo en la madrugada de Donosti

la música de guitarra, la armónica y la voz

aguardentosa y grave de Kris Kristofferson,

el West en agosto, oloroso de brisa de mar

y sabor a balada, cayendo como lluvia leve

o como una red de lágrimas sobre las caras

de asombro e intactas, en un aforo cálido y

fiel, esos gozosos fans mostrando el placer

de un tiempo muy especial y otra armonía;

un escenario discretamente familiar y muro

de losas como fondo, las luces muy suaves

y el sonido imborrable y mágico del cantor,

iluminando aquel paisaje humano, de manos

ondeándose en la emoción, y con su éxtasis,

que era sin duda, el triunfo inevitable y justo

de tanta belleza que nos regalara esta noche.

La cita es en San Sebastián, donde tiene un

espacio, los recuerdos más nobles de su

intimidad casi personal, que ya nos inunda

con otro ánimo, y de esta música que ahora

quizá nos ofrecía, un pozo de sentimientos,

la ética que esperamos, y un cierto sentido

en esta singular melodía que nos conquista.

Con brazos cogidos y dedos entrelazados,

Kris trasmitía su devoción, y nos dejaba

el calor misterioso de las canciones, que ya

formarían parte de esta historia del mundo.

Buscábamos la estética de sus palabras, el

tono tan auténtico de sus obras, la armonía

más profunda que nos genera el amor, y el

tiempo, según nos canta Kris Kristofferson.