PERMISO PARA SER
Dormir
en meseta
con olor a
“ya no”
y pugnar
por que
la diminuta
lanza
la lágrima,
el vidrio
y el polvo
jueguen
a ser
familia:
eso es la
tristeza.
Sal no, aún
no: el duende
pestañea y
se distrae
con
fruta tersa
dos lápices,
un libro,
un pocillo
con hormigas
y la figura
bípeda
que quiere
ser volcán
y
termina siendo padre.
Pero si los
relojes gritan,
si al árbol
le crecen
labios y
reclama lo suyo
y si la
tiza dibuja
esa semilla
que viste
distante,
plástica, azul
y otra vez
semilla...
en ese caso
sí, sí, sal sí.
Aclaración
Pero no fue
así:
un
verbo suelto
breve
llanura
y en ella
un niño
con su
balón gris.
cua
tro
re
bo
tes
Y en el último
tímido espejo
secando
carnes
viles
cultivos
de
sustantivos.
Alteraciones
No siempre
el espíritu sálico
del gnomo
jala de norte a sur,
pero hoy avanza piano piano
queriendo
llegar hasta
el
precipicio de las dos lunas.
Pasado el mediodía alcanza
llanuras
que no saben
de volcanes
aún, y sonríe,
canta,
riega y baila mientras
el astro de
queso hiere al barroco.
Pero
entonces su vals
-
cósmico fuetazo de
mares
liliputienses -
chocan
contra un dique
que conoce
de sombras
Y desde
eso las lunas
flacas y con
respingados
anhelos boreales
le han
creído a Ovidio:
juegan a
ser hoces.
Baile
septentrional
Lábil, lisa
y contenta
con
su vals
eterno,
esta
ficción
boreal
afirma
que no será
nunca
transparente
por
que los niños
la han
palpado,
y que será
negra
y triste
mañana
cuando la
rueda
la roce.
Pero
mientras,
antes de
estallar
y fiel a su
música
esta
mentira nívea
que también
es
paloma
plural
se bate
cóncava,
siempre
cadente,
y és,
solamente és.
Bing Bang
Bang Bang
Soles rosados,
en erupción,
cubiertos
por
aires y
arroyos
adánicos y
espesos.
Acaso el
ocaso,
pero no:
origen,
solo
el
origen.
Discurso breve del párpado
Cuando no es
mar vertical,
ni tajo que
bienvenirá
a
la naranja,
es
silla
que mira en
dirección
oriente.
Es un ya
trinitario
que
también
es queso
diminuto
para el
ratón
del sueño;
coito de los
ejes;
utero de la
sopa arabiga.
-
tres y uno -
Desvelo,
triunfo
del felino.
Danza de la plenitud
Aquí ya no
hay movilidad.
nada es lo
que mi lengua degusta,
antes la
punta encargóse de lo agrio
pero hoy esto
ni mella hace,
y poco me
importa saber
que se están
acabando las manzanas
y que mi
madre
se cobijará
con tierra.
Suda no la
frente
se eleva no
mi sur
los árboles
retozando de envidia
dientes
indomables
y el sol,
rebelde.
Dulce es la
biblia que
mis ojos no
leen pero entienden.
¿Quién se
robó mis noches?
¿Quién la rabia y
el miedo?
Dialéctica
Que soñara, me
gritaban.
Y desde ese entonces
ellos pueden
gritar.
Elegía carni-sintáctica
No es azar
silábico que nuca
se aproxime a nunca.
Ahí, en ese retazo de carne
con aroma a cansada
y collares verdes
me perdía
(circunferencia dantesca, y mía).
Ahora los porqués vienen
jalando cabuyas vírgenes
desde.................atrás.
Entonces odio esa ene.
Geografía de la esperanza
Sus dioses,
a veces buenos,
a veces dioses,
rasgaron sus luceros
confiando en que su realidad
y la de aquellos que
vendrían con los minutos
estuviera siempre lejos,
lejos.
También lejos,
al sur,
dormitando a
derecha e izquierda
de un centro agrio y seco,
dos hondas y vacías
cuencas honran al níquel
al bronce al amo
nunca a la tierra,
mientras que
los montes de leche,
ya en el ecuador,
ya tristes
riegan a aquella
que apenas nace,
que apenas cree,
que huele a tierra.
Pero ella pelechará,
pelechará mientras
sumen los segundos
y sus cuencas se inflen,
y jueguen a ser lagunas firmes,
y mientras los
cerros crecientes
se tornen en pezones
no mustios capaces
de humillar al Everest.
No rasgados,
sus luceros
verán al mundo
sin ropa
y ella,
que es tierra,
sabrá sepultar
al hormiguero dorado
indiferente y burlón
que se bebió el agua
de las cuencas del ayer.