Miami
Estados Unidos
Año XIII

 Nº 73/74

Escríbanos    

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hill College

Pennsylvania

 

Dr. Miguel Ángel De Feo

Grambling State University

 Grambling - Louisiana

 

  Dra. Niza Fabre

Ramapo College

Mahwah - New Jersey

 

Dra. Martha García

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Yvonne Gavela Ramos

University of Miami

 Miami - Florida

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

Dra. Myra Medina

Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Eduardo Negueruela Azarola

University of Miami

 Miami - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

 

 

LA NOCHE ETERNA

 

por

 

Jaime Salazar Sampaio

 


 

Personajes:

 

Rodolfo

Agnia

Inquisidor

Viejo

Rafael

Demente

Ebrio

 Tres espíritus vestidos de prostitutas

Tres espíritus vestidos de nobles (dos hombres y una mujer)

Ayudantes del inquisidor uno y dos.

Cochero

 

PRIMERA ESCENA

Una cárcel con solo dos celdas: Las paredes son de madera pintada de blanco; sujetos a las paredes hay dos candelabros negros con dos velas encendidas en cada uno. El piso es de tierra, hay dos puertas color café; una en el extremo derecho y la otra en el izquierdo. Al centro de la sala hay una gran mesa donde irán luego los objetos de tortura, y a un lado de esta tosca mesa hay una silla de madera: ambos muebles están sin pintar. 

Rodolfo: (Entra muy agitado, seguido por el viejo y Rafael) ¿Cómo es posible? Entrabamos al pueblo y de improviso, a media mañana, la luz del sol desapareció... como si ya no nos siguiera… no lo puedo explicar. En un abrir y cerrar de ojos la oscuridad tragó nuestro transporte y nos envolvió un silencio vertiginoso y gélido.

Viejo: (Muy tranquilo) Es la maldición de la hechicera, pero no temas; pronto todo acabará.

(Entra el conductor dejando en el suelo dos maletas. Rafael saca dinero para pagarle)

Rafael: Tiembla así desde que aplastamos a un perro con la carreta. (Mira a Rodolfo) Por accidente, claro.

Viejo: (Aguarda a que el conductor se retire; este se va sin decir nada y Rodolfo lo sigue con la mirada) Ya veo porque no te pudiste convertir en médico. Pero tampoco te preocupes por eso; una de las pocas cosas con las que puedes contar, es que siempre existe algo en qué ocuparse.

Rodolfo: El es Rafael, lo he invitado a pasar un tiempo con nosotros… pero dime ¿es cierto? ¿Quemarán a una bruja? ¿Quién es ella?

Viejo: Tú la conoces. Aunque por aquí mucho ha cambiado en tus dos años de ausencia; llegó mucha gente nueva desde la aldea contigua, aunque algunos ya no están claro. (Al decir esto empuña la mano izquierda y pasa el dedo pulgar de esta a través de su cuello)

Rodolfo: (Después de un momento de silencio) ¿Por qué piensan quemar a alguien?

Rafael: ¿Está aquí un inquisidor?

Viejo: Le llaman el pesquisidor general:Todo comenzó a mediados del año pasado, en el apogeo del verano un incendio arrasó toda la sección del bosque que está entre nuestro pueblo y los Pirineos. Las llamas devoraron todas las plantaciones que se encontraban de ese lado del pueblo y mataron a todo el ganado de las granjas aledañas y de la aldea que le sigue.

Rodolfo: Eso es terrible, pero la inquisición ¿cómo llegó hasta aquí?

Viejo: Los trajo el hecho de que el pueblo no haya desaparecido. Estábamos en verano, en uno de los más secos que se recuerden y exactamente antes de que las llamas tocaran las primeras casas una copiosa lluvia surgió de la nada.

Rodolfo: Un milagro.

Viejo: Es lo que todos pensábamos, pero llegó entonces este hombre alto y sombrío; haciendo preguntas y embestido de más poder que las autoridades del pueblo, hasta que un día con sus dos ayudantes taciturnos al irrumpir en la cabaña que primero se habría  incendiado, encontraron hierbas sin ningún fin terapéutico conocido, dibujos de símbolos celtas y también algunos restos de la desaparecida raza: la espiral, el awen y otras cosa más hechas en metal.

Rodolfo: Y ahora piensan quemarla ¿Pero quién es?

Viejo: Quién era. La bruja Kenneth fue torturada arrancándole las uñas una por una hasta que confesó todo lo que se les antojó imputarle.

Rafael: Pero entonces ¿quién será asesinado ahora?

Inquisidor: (Detrás de Rodolfo, con voz firme) ¿Quién será ejecutado? ¿Purificado para su salvación y la de la comunidad? ¡Todo quien sea necesario!

Viejo: El es el señor Lovel, su excelencia; el camino a su finca está intransitable de momento, y a causa de las circunstancias extraordinarias que nos aquejan, me tomé la libertad de aconsejarle pernoctar aquí con nosotros.

Inquisidor: He hizo bien, este es el lugar más seguro de momento. Exceptuando la parroquia, claro. (Observa a Rafael)

Rodolfo: El es mi buen amigo: el señor Santibáñez, Rafael Santibáñez; estudiante de medicina en la capital.

Rafael: (Acercándose a Rodolfo) En vista de tan ilustre compañía, y considerando mi volátil temperamento, será más aconsejable y seguro que dé una vuelta mientras pensamos en si salir huyendo en espera de que estos terminen su misión o quedarnos y ayudar en lo que sea posible. (Con la mirada le indica que Agnia se encuentra en una de las celdas. Da unas palmadas sobre el hombro de Rodolfo y camina hacia la salida)

(Mientras se retira sin despedirse, comenta observando al inquisidor:) Es toda una muñeca mi sombrío amigo; y puede que algo más; ni entre las damas más distinguidas he visto rostro de semejante delicadeza, de presencia más viva y profunda. (Sale golpeando fuertemente la puerta al cerrarla)

Rodolfo: (Después de un momento, luego que el inquisidor vuelve su mirada hacia él) Preferiría estar aquí con ustedes, si no existe inconveniente. Tal vez pueda serles de ayuda llegado el caso.

Inquisidor: Trataremos de no importunarlo caballero. Pero si, es mejor que permanezca cerca; así sabremos si la bruja intenta inducirlo a liberarla o lo que sea. (Silencio, y luego como hablando consigo mismo:) La oscuridad cada vez se desplaza con mayor voracidad, parece mirarnos e incluso respirar.

Rodolfo: Ella es la viuda Macchan ¿Qué hizo?

Inquisidor: Según tengo entendido señor, ella no es viuda, más bien su esposo desapareció, la abandonó. Y por cierto, algunos aldeanos declaran que no es del todo cierto; que más bien ella lo hizo desaparecer. Además fueron encontradas en su hogar, al igual que en el de otras imputadas, varias figuras profanas y…

Rodolfo: (Interrumpiendo) Restos de la cultura celta: existen algunas ruinas por los alrededores, incluso mis antepasados y los de muchos aquí fueron druidas, lo que no nos hace a nosotros ateos o paganos…

Inquisidor: (Alzando algo más la voz) No tema por el error de sus antepasados, pero si a la comprobada culpabilidad de la imputada,  y si me permite continuar, lo más importante: es que la oscuridad que se mueve como si estuviera viva tragándose murallas, casas enteras y ahora el sol mismo en este despejado día, es su diabólica obra.

(A sus dos ayudantes, que entran moviéndose torpemente, sonrientes, portando un enorme serrucho y viéndose mutuamente con sus ojos adormilados:) déjenlo a un lado de la mesa: limpien las pinzas y traigan más leña (salen con las cabezas bajas). Con su permiso. (sale por la otra puerta)

Viejo: (Luego que el inquisidor hace mutis) La descubrieron enseñándole a una niña a encontrar objetos perdidos; hoy fue el juicio acusatorio y la mujer que espiando descubrió todo nos lo ha narrado: Ella dijo a la pequeña que así como la luz del sol puede ayudarnos a ver la imagen de nuestro rostro en un espejo, la luz de la luna nos permite ver el reflejo de nuestra alma sobre la tierra. Dijo que al provenir nuestra alma desde Dios, al igual que El, está en condiciones de acceder a todo el conocimiento, por lo que con solo poner un dedo en la tierra, exactamente cuando la luna llena esté en el cenit y pensando intensamente en el objeto amado; del dedo se desprenderá una delgada hebra de tu sombra, y esta te llevará al lugar donde el reflejo de tu amor se encuentre.

Rodolfo: ¿Y si solo era un cuento para divertir a la niña?

Viejo: Luego le dijo Agnia a la pequeña que para acabar con las matanzas, ella había desatado la oscuridad que devoraría al pueblo y convertiría a sus habitantes en polvo y barro si salían de sus hogares. Dijo que había enterrado el símbolo de su amor a las afueras del pueblo para así estar en condiciones de invocar a la maldad oculta en la noche y que ahora, carente de él, la oscuridad la atraparía y no podría romper el hechizo, pero que a un niño nada le ocurriría.

Rodolfo: No puedo creerlo.

Viejo: El objeto es una cruz de plata.

Agnia: Y mientras no salgas a las calles nada te ocurrirá.

Ebrio: (desde fuera) ¡Qué peste! Aj ¡quieto jumento! (Entra).

 

Esta es nuestra vida; pasarla entre quejidos y lamentos. Toser y sudar,…siempre algo duele, o molesta un poco… y solo te resta el quejarte. Berreas de chico, berreas de viejo. Mira al oscuro bosque bramante; los lobos te esperan, creen que te pudres en vida, pero es solo tu condición natural. Tienes que venir dispuesto a luchar, tienes que ser un masoquista y la pasaras bien, que torcido muladar.

 

Aquí tienes a un andrajoso perdedor; remedo de hombre, pestilente y meado, hablando incongruencias, divirtiendo a los hipócritas. (Mira con extrañeza a Rodolfo)

No, simplemente no resistí los hechos cotidianos; menudencias insignificantes… El saber que el deseo es algo que jamás se extingue. Te abraza sólo un poquito, sólo para que te sientas incómodo; y te das cuenta de que realmente estamos incompletos.

 

Pobre de quien no logra hallar lo que necesita; la peor tortura es la más lenta; escarnio de infelices pusilánimes, mofa a valientes sin suerte, venganza de los siglos que quieren volver a dormir. (Ve a los inquisidores). Pero calla, que la madre de las bromas humanas está aquí pronta a consumarse. (Ya no dice nada más y permanece a un costado tambaleándose. Algo negro como el petróleo se mueve entre su cuello y brazo izquierdo).

 

(Los dos ayudantes del inquisidor dejan una pesada silla metálica y salen por donde entraron. El inquisidor se queda ordenando algunos papeles y haciendo anotaciones en un libro)

Rodolfo:  (Ignorando al ebrio, señalando al hombre de la primera celda) ¿Y él?

Viejo:  Juan perdió la razón. Piensan que está hechizado.

Rodolfo:  ¿Por qué lo dicen?

Viejo: (Al demente) Adelante, di tu parte.

Demente: (Se aclara la voz)

 

Fuerte te jala la nada (haciendo pantomima)

Resignado, lleno de lágrimas pesadas,

Colmado de deseos rotos, lloro.

 

Mira que rápido muere el tiempo

Pasa tan quedo que apenas y lo sientes (se aproxima a Rodolfo)

Tienes los ojos fijos en la muerte pero aún no lo sabes;

Oh, así no vale.

 

El silencio espeso carga nuestras lágrimas

Lastimeras preses tocan las nubes

-y que sonora carcajada-

 

¡Mírame! (Rodolfo se asusta) realmente mírame

Y no rompas a llorar, por favor, no lo hagas.

 

¿Cuánto resistiremos estar perdidos?

Ya es tiempo de callar,… de morir. (El ebrio cae muerto pero no lo notan)

Victor: ¿Eso es estar hechizado? ¿Y qué tanto lo está?

Viejo: Adelante, di algo más. (Los inquisidores entran y sacan el cadáver del ebrio)

Demente: (Piensa un momento) Tiene como trasfondo la huella de nuestros pasos el perfume de lo trágico.

 

Uno a uno nuestros días pasados defienden en vano el que solo pasaron.

Cruel y melancólica es la hora en que miramos atrás.

Una sola hebra entramada por futilezas nos rescata del foso miserable;

De lo descartable.

 

Y si los momentos invariables se pierden

Si la condena eterna a secarse y perderse empaña nuestra alegría

El único desquite honroso y glorioso ante el rostro fatídico del porvenir

Es la ardiente entrega, la pasión fatigosa; coraza que ni el menor mal penetrará.

Rodolfo: No me convence.

Agnia: ¿Y si leo de tu mente lo que a nadie dijiste? ¿Eso te convencería de que la magia existe?

(Rodolfo no responde)

Agnia: (También se aclara la voz. Observa a Rodolfo)

Lejos del engaño apasionado de los deseos

Cubierta por la luz plateada de la verdad

Estas sonriendo, dulcemente enseñándome a amar.

 

Así en la quietud armoniosa de tu risa despreocupada

Junto uno a uno los pequeños detalles para jamás olvidar.

 

Agotan las páginas inmaculadas así como las profanas.

Nada cambia el inexorable fluir del indolente silencio…

 

Pero si tal vez diligente devoro tus caricias, tus gestos,

El cálido torrente de verdadera vida que derrama tu mirar,…

Tal vez pueda esta noche ser eterna. (El inquisidor golpea la celda para que calle y ella se asusta. Luego sin prestar atención a su fustigador:)

Pero seguro que ya lo olvidaste. (Observando a Rodolfo retrocede hasta el fondo de su celda; a las penumbras)

Viejo: Debo asegurar las puertas de la parroquia, tal vez tu amigo me esté esperando en la entrada. (Sale)

Inquisidor: (Se acerca a Rodolfo) Con que sus parientes fueron celtas. Y no solo eso, sino que además druidas. Dígame, ¿le enseñaron algo sobre el poder mágico del roble, sobre curar con muérdago? (Ríe en forma desdeñosa)

Rodolfo: Tales prácticas se perdieron hace mucho. Seguramente debe usted saber que solo se transmitían de forma oral para que así estuvieran más seguras; esa fue su perdición. Pero usted a diferencia de ellos detalla todo para el próximo juicio.

Inquisidor: No anoto nada, solo destaco detalles para después reconocer a los que oculten algo; en nuestro manual está todo especificado, incluso la forma de dar luces a un actor del mal y claro, como aniquilar en forma efectiva este esbirro del siniestro. Mire usted a la acusada, vive sola, lo cual es un indicio importante según el Maleus. (Cierra el pesado libro)

Rodolfo: Al estar su esposo desaparecido no puede ella ser nuevamente cortejada, usted lo sabe.

Inquisidor: Cierto. Pero igualmente es un indicio que pasé por alto al considerar su aspecto agradable; el cual me hizo no sospechar de ella al conocerla… y si no hubiera sido por la acusación de su vecina tal vez nunca hubiera registrado su hogar y encontrado luego el resto de pruebas que la incriminaron.

Rodolfo: Creo ya haberle mencionado que esas piezas metálicas se encuentran muy fácilmente por estas zonas. Y aunque no lo fuera así… (Se detiene recordando con quién está hablando)

Inquisidor: (Avanzando hacia Rodolfo) Veo miedo en sus ojos. Pero no tiene de que temer; sepa que soy un hombre de mente extremadamente abierta y créame que nunca he castigado a alguien que no lo merezca, a alguien que no haya utilizado estos conocimientos que intentamos erradicar en lastimar a otros. Déjeme darle un ejemplo. ¿Conoce usted el zoroastrismo? ¿No? Es una religión que tiene más de tres mil años de antigüedad y que básicamente es muy similar a la cristiana en cuanto a la actitud que se debe tomar frente a la vida, con la singular diferencia de que en este caso a los muertos se les deja a la merced de los elementos para que cuando solo queden algunos restos, estos sean llevados hasta el mar por medio de la lluvia que los vierte en un arroyo o rio cercano… Y le diré que a ellos no me interesaría perseguir; aunque me parece que ya no existen; fueron mermados por los bárbaros o algo así. Veían al fuego como una manifestación de Dios, es hermoso ¿no lo cree usted?

Rodolfo: La bruja que detuvo la lluvia no creo que atacara a nadie.

Inquisidor: Tenía mucho poder y era demasiado altiva. Además mezcló la cruz con un símbolo profano; eso terminó por sentenciarla. (Se refiere a la cruz celta)

(Rodolfo permanece mudo)

Pero déjeme seguir contándole sobre mi extremada afabilidad para con aquellos que son “diferentes”. Mire usted: hace poco conocí al mercader que ha llegado más lejos que ningún otro en sus viajes; él me contó de que en la India un culto algo más antiguo que la cristiandad enseña a conocerse a sí mismo y a dejar de lado todo lo superficial para así crecer por dentro y despertar a la realidad… real (sonríe) ¿no cree que hay muchos extraviados? Pero le diré que personalmente tampoco a ellos los perseguiría, después de todo no se consideran una religión en sí al no creer en una divinidad superior, como por ejemplo lo hacen los infieles. Y hablando de ellos, a este mercader se le ocurrió decirme en presencia de mis ayudantes que para él y otros más, tanto Zoroastro, como Buda, Jesús y el mismo Mahoma, además de otros que no conozco del todo como Maneo, son todos enviados de Dios, intentándonos enseñar cada uno, de a poco, una parte de  lo que necesitamos aprender en nuestras distintas vidas, y que el tiempo y los hombres corruptos o derechamente bobos han malinterpretado sus enseñanzas. ¿Lo cree posible?

Si hubiéramos estado solos, le confieso que le habría dejado ir ya que era un buen hombre y muy amable conmigo y todos en general,… pero me vi obligado a ahorcarlo. (Pausa) Era un buen amigo, solo que no sabía en qué creer y bueno, resultó ser demasiado confiado.

Rodolfo: Intenta bajarme la guardia. Sus esfuerzos son inútiles, nada tengo que ocultar.

Inquisidor: (Sonriendo) Pero no se moleste,… sólo es parte de mi trabajo. (Guarda cuidadosamente el libro en una alforja)

Rodolfo: No puedo culparlo por ser intolerante con los que son diferentes; a mí no me molestan tal vez solo porque me son indiferentes.

Inquisidor: (Se indigna)

Pero acaso ¿no sabe que es más que eso? (Agnia interrumpe)

Agnia: (Con voz masculina y alzando una mano y dedo índice como amenazando) ¡No tolerarás que viva un envenenador!

Inquisidor: (Golpea la celda y Agnia se asusta) Nos veremos luego. (Sale)

 

SEGUNDA ESCENA

En una umbrosa calle desierta. De fondo una pared derruida; a los pies de Rafael una espesa niebla.

Rafael: (Se detiene a mitad de la calle a ver como la oscuridad baja por las paredes. Intenta armar un cigarrillo) Esa debe ser Agnia. Una sonrisa entre desafiante y burlona, la expresión del rostro –de detalles exquisitos-  aburrido y algo altanero. Rubia, de amplios hombros, delgada y alta… (Enciende el cigarro) La describiste a la perfección mi amigo.

Una mujer así puede encender la vida en un hombre. Haciéndolo distinto a como era antes, más cabal, siempre mejor, despertando en su interior lo único que podría llegar a ser. ¿Pero qué me hace pensar de esta manera? ¿Será acaso solo la belleza lo que amo? (Tose y arroja molesto el cigarro)

Tal vez la razón por la cual la belleza fascine tanto a un hombre como yo, sea por el hecho de estar al otro extremo de aquello a lo que más le teme,… o sea a lo desconocido. Así, mientras que lo desconocido nos atemoriza por ser algo imposible de predecir, algo incierto y desconcertante, imposible de controlar, ni de saber cómo se deberá actuar; la belleza simplemente se posa ante nosotros, sin propósito ni costo. Es algo simple, solamente debemos limitarnos a contemplarla,… es pura, placentera, sublime y hasta mágica. Por eso, mientras que lo desconocido pasa a ser lo incierto, lo falso; a la belleza le toca ser la verdad, algo real y mágico a la vez, que sirve de nexo entre este mundo y el de lo intangible, convirtiéndose entonces en la entrada hacia lo único por lo cual si vale la pena el sacrificarse.

(Del sector más oscuro de la calle surgen tres prostitutas)

Espíritu uno: (Sonriendo igual que las otras dos) Dinos ¿Por qué única cosa en el mundo valdría la pena sacrificarse?

Rafael: (Sonriendo) No pensé que hubiera damas como ustedes en semejante grieta. Tan apartadas de las ciudades debe matarlas el aburrimiento.

Espíritu dos: (Igual de alegre que las otras dos) Dinos ¿Cuál es el mundo que si puede valer la pena?

Rafael: Te lo diré a cambio de un beso. (Se aproxima a ella y la besa) ¡Dios vivo! Jamás sentí labios más fríos. Es mi deber de caballero señorita, el llevarla a resguardo de tan inclemente clima: debe ser usted en extremo delicada.

Espíritu dos: Jamás oí hablar tan bien a alguien sin saber lo que realmente dice. (Las tres ríen)

Rafael: (Aún sonriendo) Me refería al mundo real, al mundo del que nos apartamos al perder algo en nuestro interior.

Espíritu tres: Escuchen bien a este. ¿No les he dicho siempre que no son tan estúpidos?

Espíritu uno: Adelante, dinos qué se perdió.

Rafael: No lo sé. (Ellas ríen, pero él no se inmuta). Pero sé que algo perdimos, y de no ser así entonces ¿Cómo explicar que antes los hombres podían hablar con Dios? ¿Por qué podíamos antes hablar con sus ángeles? Nuestros antecesores podían comunicarse con los espíritus de la naturaleza.

Espíritu dos: (Mirando a Rafael y luego a sus dos acompañantes) Puede que antes sin ley ni ciencia, la única esperanza de resguardo para el hombre estaba en los cielos, eso los acercaba más a la verdad. Pocas cosas son tan intensas como el miedo; luego de una horrenda pesadilla, además de despertar sin sueño ¿no te sientes diferente?

Espíritu uno: (observando con enfado a la dos) ¿Qué has venido buscando por estas tierras? Sabes que no perteneces a esta porqueriza.

Rafael: Supongo que es la misma razón que me hizo rebajarme a hablarles; puede que nuestra parte animal sea la que contaminó nuestra esencia divina y nos alejó del sentido de lo importante. Y si este fuera el caso, no tendría objeto el buscar la forma de ser puros y solo habría que dejarse agasajar por las delicias del paseo dejándonos llevar fieles a lo que somos. (Toma al espíritu dos de un brazo y la aproxima hacia él. Ella se deja hacer.) Somos demasiado pequeños en comparación con la vida; no tiene objeto que intentemos dilucidar su propósito.

Espíritu tres: Viniste porque se te presentó la ocasión. (Las tres se ríen en forma despectiva. Paran de hacerlo y se aproximan a Rafael)

Rafael: (El espíritu dos comienza a besarle en el cuello y el permanece serio y con la vista extraviada) A veces el entendimiento nos llega de más allá de la razón. (El espíritu dos lo mira a los ojos, lo besa apasionadamente y luego muerde su cuello. Él conserva la calma.) Puede que el mundo esté condenado por ser viejo, demasiadas cosas horribles han ocurrido. Un día la sangre y las lágrimas saturarán la tierra y asfixiarán nuestras almas corrompidas, nuestra alma empequeñecida.

(Rafael cae y las tres se abalanzan sobre él. Las luces lentamente se apagan mientras parece ser devorado.)

 

TERCERA ESCENA.

En el bosque. Camina Agnia llevando una cesta con víveres que compró en el pueblo. Su vestido es café y ceñido en la cintura; su blusa es blanca.

Agnia: (Actúa jovialmente y de muy buen humor) Es algo infantil ¿no crees? Seguirme y ocultarte cuando volteo.

Rodolfo: (Intentando parecer sereno) No es seguro que camine sola por el bosque.

Agnia: Y tú quieres ser mi salvador. No te vez demasiado peligroso.

Rodolfo: La apariencia no lo es todo.

Agnia: Mira lo que acabo de encontrar. (Deja la cesta en el suelo y saca de ella algo. Enseña a Rodolfo una cruz de plata sujeta por un tramo de cuero negro)

Rodolfo: Pensé regalarte algo antes de irme.

Agnia: ¿Sin que supiera que se trataba de un obsequio tuyo?

Rodolfo: Eso no cambiaría su significado.

Agnia: Supongo. Intentarías ir algo más lejos que el resto queriendo convencerte de que amas algo más que mi belleza.

Rodolfo: No lo sé; podría ser cierto.

Agnia: Es una buena interrogante ¿Pero cómo saberlo?

(Quedan en silencio)

Rodolfo: (Con bastante esfuerzo) Me siento triste cuando no te veo.

Agnia: Solo prueba que eres sensible.

(Otro silencio)

Rodolfo: ¿No sentiste esa especie de estremecimiento recorriendo tu espalda la pasada primavera? Estábamos rodeados de gente, pero solos a la vez.

Agnia: (Fingiendo emoción) ¿Una especie de sobrecogimiento sin siquiera vernos? ¿Al encontrarnos próximos? Algo tan…íntimo… (Con la misma voz de antes) Ya lo había sentido antes; no es nada especial.

(Silencio)

Agnia: ¿No me dirás que piensas siempre en mí? ¿En lo bonita que soy? (Rodolfo no responde. Comienza a dudar.)

Agnia: (Sonriendo) ¿Y si solo se trata de dejarse llevar? (Se acerca a Rodolfo) Cuando miro tus ojos simplemente sé que me gustas. No es algo que medite, sólo ocurre.

Rodolfo: Creo que eso no basta ¿Qué sucedería si encontrara a otra más hermosa?

Agnia: O más encantadora. Bien pensado. (Camina hasta situarse detrás de él, mirando los árboles)

 

Estamos muy a gusto aquí ¿cierto? Disfrutamos del silencio juntos: tú te ves abrumado, pero aún así,…bastante a gusto. (Vuelve a su sitio frente a él y luego continúa hablándole muy próxima a su rostro) Siendo sincera también disfruto del silencio estando sola, pero prácticamente nunca estando acompañada. Es maravilloso estar con alguien sin la necesidad de hablar o aparentar estar del ánimo adecuado para no incomodarle, o lo que sea…

Rodolfo: Es otro aspecto a nuestro favor; somos similares, nos toleramos muy bien.

(Ella lo estudia minuciosamente, lo toma suavemente de rostro con ambas manos y lentamente lo besa en los labios. Es un beso corto, pero permanecen largo tiempo observándose sin cambiar de postura)

Agnia: Que sencillo resulta… En otros casos con esto bastaría. (Lo mira fijamente y por primera vez se muestra seria). Quieres decir algo, pero te contienes. (Baja los ojos y suspira a la vez que apoya su frente en el mentón de Rodolfo) ¿En qué piensas?... (La luz lentamente desciende) ¿Estás tan decepcionado como yo molesta? ¿En qué piensas?

Rodolfo: Está oscureciendo.

 

CUARTA ESCENA 

Rodolfo despierta. Está sentado tras el escritorio del inquisidor, haciendo equilibrio con la silla.

Rodolfo: (monólogo mientras ve a Agnia)

¿Quién está detrás de tus ojos?

¿Quién irradia la belleza que tu piel refleja?

Suave sopla siempre tu recuerdo en mi alma

El toque sublime de tu presencia mantengo invariable en cada aliento.

Todas las cosas arrastran dejos sutiles de muerte;

pesadas lágrimas intangibles corroen nuestros anhelos.

Quedan grabadas a fuerza de monótona cadencia

Todas las penas, decepcionantes rencores,

Abatidos amores; víctimas de humanas debilidades.

Pero ¿por qué la felicidad solo puede pender de la fortuna?

El azar subyuga nuestras acciones; nuestros deseos nadie.

Y aunque el necesitarte tanto nada signifique;

El cambiar o no las cosas no es lo importante.

(Entra el inquisidor bastante molesto. Los ayudantes le siguen, entrando rapidamente y visiblemente asustados. Se acerca a Agnia. Ella lo mira en forma burlona)

Inquisidor: (Sujeto a las barras de la celda y jadeante) Pecas ante el sagrado propósito de nuestra preciosa empresa (Golpea con la palma derecha los barrotes); nuestro piadoso servicio para el hombre. (Susurrando) ¿Entiendes? ¿Entiendes que tu viciada presencia ofende al divino plan de nuestra existencia? (Mira a sus hombres, luego continúa)

¿No creerás que gozo al torturarlos? al intentar purgar vuestra carne corrompida, siendo que verdaderamente no nos corresponde el juzgarlos... (Sonriendo lastimosamente) Pero no existe otra forma en que pueda mi autoridad ayudarles a aligerar tamañas faltas ¿cierto? (pausa)

Mírame bien perdida. Te prometo que hoy dejarás tantos crímenes en esta tierra como alaridos tú corrompido cuerpo soporte exhalar.

¡Preparemos todo! El fuego la purificará. (Salen los tres inquisidores).

Agnia: (Comienza a llorar. Luego se repone un poco y grita:) ¡Ni con mi muerte esto acabará! (Luego se dirige a Rodolfo) Al cabo de siete días todo habrá culminado, todos en el pueblo lo saben excepto ellos.

 

Rodolfo: (Parece no haberla oído. Monólogo:)

El pulso de odio irrefrenable me carcome;

Ímpetus salvajes por tu carne me fustigan.

La sangre de vida hierve anhelando estrecharte.

Ciego el deseo penetra de tu presencia por mis poros

Tu piel de hielo trémula, fragante y pura devociono. (En voz alta, levantándose)

Si mi dolor y aliento pueden trocar tu infelicidad

Sin pensarlo las ígneas brasas del averno abrazaré.

 

Agnia: (Al intentar Rodolfo salir) No te reconozco ¿Es que no me amas? ¡No salgas si alguna vez me quisiste!

 

Rodolfo: Si amarte es dejar que lo injusto siga su curso

Si amarte es ser un cobarde y nuevamente huir a causa de los demás

Nuestra agónica llama no volverá a oscilar,…

Y que el peso muerto de las calamidades inimaginables,

Que la vorágine de salvaje locura que nos acosa

Infrinja su peor suplicio sobre mis huesos.

(Sale. Por la otra puerta entran los tres monjes)

 

Inquisidor: (Los tres tienen la mayor parte de sus cuerpos cubiertos por la oscuridad)

Este es el trasfondo en la vida. (Oprime su mano izquierda y esta se rompe pues es de barro)

¿Qué objeto tubo el hacer lo que pude?

¿Dónde está la recompensa a mis esfuerzos? (Cae tierra y barro por sus mangas)

Mira qué bien se paga el venir al mundo

Parece ser una ofensa (Mira al cielo cayendo de rodillas)

¿Qué modo tenía yo de saber lo que esperabas de mí?

¿Esperabas algo? ¿Esperabas esto? (Muestra su mano faltante)

Los minutos, las horas, los días.

Meses, años ¡qué desperdicio!

Comer, cagar, dormir, desear.

Rogar, anhelar, cumplir, esperar

¿Pero que obtuve de esto?

¡Fue todo una vaciedad!

Pero si lo presentía estando solo…

El silencio y la quietud me lo advertían

Fue todo una vaciedad (silencio)

Mis ruegos todos solo obtuvieron silencio

Mi entrega desembocó en dolor, en ingratitud. (Comienza a llorar y se tiende lentamente en el suelo. Muere)

 

Ayudante del Inquisidor: (Observa al inquisidor exánime)

 

Después de oír a este extraviado

Ya tarde reconozco mis errores.

Me entrego resignado y arrepentido

Esperando al menos algo en el purgatorio saldar… (Cae de rodillas)

Al pasado sólo se le puede enfrentar.

 

(Cae muerto al igual que el tercer inquisidor que susurra estando de rodillas, antes de fallecer: “El mundo está condenado por ser viejo,… demasiadas cosas horribles han ocurrido)

 

(Silencio. Las paredes de madera crujen de manera aterradora y las velas parpadean. Luego vuelve a reinar el silencio)

 

(Entra el viejo que esperaba a que los tres monjes murieran: toma las llaves de las celdas y comienza a liberar a los dos cautivos. Dice: Rodolfo fue por los caballos)

 

QUINTA ESCENA

Rodolfo:  (Afuera. Lo rodea la oscuridad)

¿Qué es esto? La oscuridad parece mirarme.

Se mueve la noche cual viva niebla,

Se adhiere a cuanto toca. Ya ha cubierto el suelo.

Es tan densa y fría. Me impide caminar.

 

Espíritu con voz de mujer. (Con voz melodiosa y cándida)

Pequeños pasos cargados de angustia

Oigo débiles pasos aproximándose al final

Mira bien donde caminas desdichado

Es más sencillo errar que acertar.

 

Este mundo está lleno de feas trampas

Piensa un poquito y la razón me darás

¿Por qué la pena puede más que la dicha?

Porque la tierra es nuestra tontito (su voz se vuelve horrible)

Y tu carne de momento nos saciará.

 

Rodolfo: Es como si alguien me estuviera hablando.

Sus palabras inaudibles se sienten pesadas

Y como si una gélida mano intentara hundirme.

Tengo un desagradable presentimiento

La impresión difusa de pender ante un abismo,

De que algo estoy perdiendo.

La lóbrega oscuridad helada,

La soledad y el quieto silencio juegan su macabra diversión conmigo.

 

Pero no temas; la razón puede asesinar hasta al peor espíritu

Solo a la crueldad humana he de temer

Solo a su estupidez infinita

Pero no a quien desea ultimar al trío de monjes verdugos

Con el no existe agravio que saldar… (Intenta caminar y solo consigue dar dos pasos y se agota)

 

¡Ah! la fatiga desciende cual confortable velo vaporoso

El lastre de querer a quien no debo me agota en sobremanera

Quisiera desembarazarme de una vez de este peligroso capricho.

 

Espíritu 2: (Se materializa y avanza hacia Rodolfo)

Mira en el fondo de esta pesadilla sublime

El rocio del odio a la vida nos quema en el alma

Toca si puedes el corazón amargo de tu delito

Florece en dolor agónico el botón de tu negra pasión

 

Estás equivocado si piensas en escapar a la tortura

La fatalidad es irresistible, incluso al amor

No importa cuánto llores o clames

Estás desde ahora condenado a revivir,

a eternamente sufrir…

Sin tenerla jamás.

 

Espíritu 3: (Surge de entre las sombras, desde el lado opuesto al anterior espíritu)

He aquí el filo inclemente de la verdad

Las palabras bienaventuradas no pueden penetrar el vacio ignoto de tu futura, incarnal condición, pues en la eterna noche que aguarda, como gusano ciego y mudo tu alama se arrastrará

Los velados ojos de la razón sucumbirán bajo el influjo avasallador de interminables y espesos alaridos de dolor.

 

No más juegos, espejos, realidades convenientes.

No más destellos de misericordia hacia los débiles que perecerán ante la majestad ardiente de nuestra faz.

 

Los ecos añejos de mentiras compasivas marchitaron

Y ahora al caer debelarán la pura y serena oscuridad de la verdad… (Susurra al oído de Rodolfo)

 

Se abren las fauces abisales del negro trasfondo en las cosas

Musitar clemencia de nada servirá

El ínfimo y patético corazón agónico de tu pobre raza

Llegará desde aquí, desde ahora a su final.

 

Rodolfo: (Cae al suelo y al ver que Agnia se aproxima hacia él, dice en voz baja:)

¡Agnia! (Le falta aliento, pero continúa)

¿Puede el vapor del deseo velar al cálido semblante del inefable amor?

(Agnia no logra llegar a su lado y cae. Entonces él alza la voz)

Siempre anhelé el poseer tu belleza

Estrechar el palpitante seno de tu fresca vida

Sentirte mía respirando el vaho sublime de tu sexo.

 

Cuantos miraron tu piel deseosos de acariciar su tórrida fuerza sublime

Sin saberlo, sin apreciarlo, jamás reconocimos el esplendor radiante de tu alma.

Tus ojos misteriosos, tu figura esculpida por el fuego,

Gráciles gestos involuntarios de natural encanto femenil;

Nada más que el objeto más precioso eras…

 

¿Podrás perdonar mi inferioridad?

¿Cómo pude verte realmente solo ahora que todo se borra ante mis ojos? (Intenta aproximarse a Agnia, pero no puede)

“¿Cómo puede ser tan bella?” era la única forma en que te pensaba

Ahora que realmente te amo, simplemente… porque si,

Porque tu mirar expande mi espíritu y tu presencia me hace amar la vida

Me iré feliz por no haber errado al menos en mi pasada certeza:

Eres preciosa.

 

Espíritu 3: (Se aproxima lentamente hasta Agnia)

Tiemblas decepcionada ante este pálido rostro, reflejo de tu alma

Deseas no mirar la ridícula, patética expresión de tu interior

¡Pues es lo que eres y nada más!

Remedo de animal enclenque, vil espíritu empequeñecido

¿Qué eres sino un mero adefesio?

Digno de lástima y nada más.

Tu inteligencia no logra ver más allá de tus deseos

Tus ímpetus desfallecen ofuscados por el temor

Amas el bello objeto inofensivo, callado, quieto que no puede

Verte ahogar en insignificante tribulación.

 

La nada te aguarda y lo presientes

Sabes que nada valioso te llevarás

¿Ves a tu muerte infame, apremiante acercarse?

Quisieras no sentir su halito tan próximo y eso te encoge aún más.

Después de todo, el peso pútrido de tus acciones banas jamás te permitiría descansar en paz;

No mientras respires, no mientras desees lo que no te fue permitido. (Se le aproxima)

 

Consuélate sabiendo que en el olvido eterno

Tus insignificantes recuerdos se diluirán

La congoja lastimera de no servir para nada

Finalmente desaparecerá.

 

(Breve silencio)

 

Agnia: (Mira a Rodolfo; sonríe y se muestra animada como siempre, a pesar de estar desfalleciendo)

 

Cuanto brilla en este mundo es objeto de solaz para todos

Y si mi apariencia se te antojó como buena libación,

Un escape al monótono deambular,

No debes preocuparte por saldar ofensa alguna a mi sensibilidad.

Después de todo nadie disimula peor que un amante- y menos si los ojos están puestos sobre él.

 

No te vayas con el peso de haber acosado mi indiferencia

Si  pudiera besarte todo aclararía

Pero a falta de aliento y fuerzas dejemos el mundo sabiéndonos amados;

Sabiendo que un día tu pueril admiración nos enlazó sin querer en lo más profundo y elevado a lo que en la tierra nos es permitido aspirar;

y el cambio que trocó la admiración a una forma y un tiempo ínfimos, nos consagró a la mejor de las conclusiones.

 

(Agnia y Rodolfo intentan acercarse; mueren sin conseguirlo. Los espíritus se retiran. Silencio.)

 

Viejo: (Se acerca primero corriendo y luego lentamente al ver a Agnia. Solloza. El demente llega por detrás de él)

 

El mundo está condenado por ser viejo… demasiadas cosas horribles han ocurrido. Los ecos de tantos alaridos desgarradores, de tan injusta condición de desdicha en que deambulamos acabarán por saturarlo, por abrir el umbral del voraz averno y arrojarnos a donde merecemos.

 

Demente: (Se arrodilla)

 

Lloras ante la impresión de ver tan próxima la faz más oscura de la naturaleza, pero no viertas más dolor en el viejo mundo sin comprenderlo. Estando aún las cenizas tibias sólo se aprecia el gris aspecto de lo que se perdió y no el conjunto maravilloso de componentes que hacen a la vida ser eterna.

 

Mira a tu alrededor. La existencia necesita secarse para volver a latir; es su forma de ser, y está bien que duela,… es necesario mantener la emoción, de otra manera no seríamos eternos, ni humanos, ni la rueda del destino colectivo podría mantener su permanente resurgir sin que la pena, el sufrir, el amor, el deseo, la esperanza la sostengan y alimenten.

 

Parece horrible, pero para que la eternidad pueda limpiarse es necesario el invariable y llano cambio… (Recoge de la tierra removida la cruz de plata. La contempla por unos segundos)

 

Ellos no han muerto, te lo aseguro. Y te aseguro que así como el mundo parece hoy estar condenado a morir reseco de vejez, dañado por el peso de millares de suplicios insoportables, así lo parecerá en mil, en dos mil años más, porque las personas no podemos ver demasiado y resistirlo, pero entonces alguien nuevamente dirá ante el agotamiento de fuerzas y esperanzas: “puede que el amor consiga nuevamente rejuvenecernos”.

 

(Las penumbras se disipan)

TELÓN

 

Jaime Salazar Sampaio nació en Lisboa, Portugal (el 5 de mayo de 1925) y falleció en la misma ciudad (el 14 de abril de 2010). Aunque su formación profesional fue como Ingeniero, se destacó como dramaturgo. También cultivó la poesía y la narrativa.  De acuerdo al Centro de Estudios de Teatro de Portugal, sus obras comenzaron a estrenarse en el Teatro Nacional a partir de 1961 y casi todas han sido representadas. Considerado por la crítica de su país como uno de los máximos exponentes del teatro del absurdo en portugués. Fue traductor al portugués de Beckett, Gorki, Albee, Harold Pinter, Arthur Miller y Michel Deitsch, entre otros. Colaboró durante dos décadas con la Sociedad Portuguesa de Autores (SPA), organizando decenas de sesiones y ciclos sobre “Dramaturgia y Práctica Teatral”. Aparte de sus libros de poesía y ficción, la mayor parte de sus obras fueron incluidas en cinco volúmenes, bajo el título de “Teatro Completo” y publicadas, en 2009 y 2010 respectivamente, por la Imprenta Nacional Casa da Moeda. En 1999 recibió el Gran Premio de Teatro de la Asociación Portuguesa de Escritores por su obra “Un hombre dividido” y en el 2005 fue distinguido con la Medalla de Honor de la Sociedad Portuguesa de Autores.