Miami
Estados Unidos
Año XIII

 Nº 75/76

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

 Dra. Aida M. Beaupied

Chestnut Hill College

Pennsylvania

 

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  Dra. Niza Fabre

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Dra. Martha García

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Dra. Yvonne Gavela Ramos

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 Miami - Florida

 

 Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College

Kendall Campus - Florida

 

Dr. Humberto López Cruz

University of Central Florida - Orlando

 

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Miami Dade College

North Campus - Florida

 

Dr. Eduardo Negueruela Azarola

University of Miami

 Miami - Florida

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

City University of New York

Columbia University

New York City

 

Dra. Alicia E. Vadillo

State University of

New York - Oswego

   

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


 

 

SIMBIOSIS EXISTENCIAL EN LA NOVELA AURA, DE

CARLOS FUENTES

 

por

  

Juan Antonio González Cantú

 Universidad de Texas en Brownsville

 


 

     La novela Aura, de Carlos Fuentes, presenta los temas de la partenogénesis, el mito, la magia de la atracción sexual a través de lo oculto, sirviéndose de una creación literaria de magistral realización. Para la puesta en escena de la obra, el autor ha manifestado que la inspiración fue provista por un personaje histórico femenino cuya locura fue evidente y su muerte es coincidente con el año del natalicio del autor:

 

     Mi obsesión nació cuando tenía siete años y después de visitar el castillo de Chapultepec y ver el cuadro de la joven Carlota de Bélgica, encontré en el archivo Casasola la fotografía de esa misma mujer, ahora vieja, muerta, recostada dentro de un féretro acojinado, tocada  con una  cofia de  niña: La Carlota que murió, loca, en un castillo, el mismo año que yo nací. Las dos Carlotas: Aura y Consuelo. Quizá Carlota nunca supo que envejecía. Hasta el fin escribía cartas  de amor  a  Maximiliano. Correspondencia entre fantasmas. (C. Fuentes, 175)

 

     Es en esta novela donde se entrelazan la realidad y lo mágico para presentar una obra de ambiente irreal (fantasmal):

 

     Una obra como Aura, impone al autor una selección cuidadosa y limitada. Las descripciones no han desaparecido; por ejemplo, la lista de las plantas que crecen en el extraño jardín de la no menos extraña mansión en que se desarrolla la intriga. En este caso sí están plenamente justificadas por la necesidad de establecer un ambiente, ya que la novela de Fuentes necesita crearlo  para establecer una plataforma lógica que contribuya a explicar las acciones de los personajes, sino más bien todo lo contrario: para establecer un pequeño univer-so autónomo en el cual ya no sea necesario recurrir a la lógica  para explicar nada. O, mejor dicho, en el cual tengamos que recurrir a esta forma de lógica “superior” o “anterior” que es la magia para poder entender lo que está ocurriendo. (Tríptico. 81)

 

     En esta obra los personajes son presentados por un narrador limitado que es el álter ego del personaje Felipe Montero. El narrador es sugerente y altamente prescriptivo. La narración, para tales efectos, la realiza en una segunda persona singular (tú) que sirve para hacernos cómplices al identificarnos plenamente con el personaje que, quizás sin ser el principal, promueve el engranaje y nos presenta la perspectiva del autor-narrador-personaje:

 

     Lees  ese  anuncio… lees y  relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más. Distraído dejas que la ceniza del cigarro caiga. Recoges tu portafolio y dejas la propina. Piensas que otro historiador joven… Esperas el autobús, enciendes un cigarrillo, repites en silencio las fechas que debes memorizar para que esos niños amodorrados te respeten. (Aura, 11-12)

 

     Este sugerente “tú”, a veces con verbos en tiempo presente, mas posteriormente más determinativo con verbos en tiempo futuro, nos lleva a conocer a Felipe Montero, que es uno de los caracteres principales.  El uso del presente narrado desde la segunda persona nos da una idea de la limitación psicológica del personaje; cuando la narración pasa hacia el futuro entramos al mundo de lo inevitable, ya que de antemano se está tejiendo la acción por la cual Montero, sin libre albedrío, tendrá que pasar:

 

     Vivirás este día, idéntico a los demás, y no volverás a recordarlo sino hasta el día siguiente, cuando te sientas de nuevo  en la mesa del jardín, pidas el desayuno y abras el periódico…Te sorprenderá imaginar que… Levantarás la mirada a los segundos pisos: allí nada cambia. (Aura, 12-13)

 

     La trama se teje a través de este personaje (Montero) cuando en un café lee en un periódico la sección de empleos.  Un anuncio le parece estar diseñado con exclusividad:

 

     Se solicita historiador joven. Ordenado. Escrupuloso. Conocedor de la lengua francesa. Conocimiento perfecto, coloquial. Capaz de desempeñar labores de secretario. Preferible  si  ha vivido en Francia algún tiempo. Tres mil pesos mensuales,   comida y recámara cómoda, asoleada, apropiada estudio. Sólo  falta tu nombre. (Aura, 11)

 

     La oración inicial individualiza más al hablar de “historiador”, sexo masculino, y al identificar la edad __“joven”.  El historiador joven iba a elaborar unas traducciones de unas memorias que  a la postre serían publicadas.  Este anuncio es el artificio mediante el cual Fuentes va a introducir a Montero al mundo fantástico-decadente de Aura-Consuelo.  En este mundo de penumbra, la realidad se confunde y se penetra en el plano del ensueño:

 

     La puerta cede al empuje levísimo de tus dedos, y antes de entrar miras por última vez sobre tu hombro… Tratas inútilmente  de retener una sola imagen de ese mundo exterior indiferenciado.  Cierras el zaguán detrás de ti e intentas penetrar la oscuridad de  ese callejón techado-patio, porque puedes oler a musgo la  humedad de las plantas, las raíces podridas, el perfume  adormecedor y  espeso. Buscas en vano una luz que te guíe. (Aura, 13-14)

 

     El joven Montero responde al anuncio y al solicitar el puesto es aceptado de inmediato.  Al ingreso al mundo mítico, él puede percibir el contraste entre el México actual y el antiguo, estereotipado por la vieja mansión de la época de Maximiliano rodeada por los rascacielos testigos de una civilización pujante. Dos mundos distintos: uno que se pierde y uno que surge de una escondida dimensión y que se manifiesta al ingreso del narrador en él.

     En un primer encuentro, durante la contratación, Felipe conoce a Consuelo Llorente, viuda del general Llorente, de la época de Maximiliano; es ella quien con sus dotes de hechicera mueve el tinglado para que Felipe caiga en las redes de la trampa, desde donde ya no es posible el retorno al mundo exterior.  Aquí empiezan las divagaciones por un mundo fantástico, irreal, onírico, hermético en sí, mas adaptado a las circunstancias del caso. En ese mundo, Felipe conoce a Aura, sobrina de doña Consuelo, con quien de inmediato se identifica a través de una fuerte atracción física.  Aura, cuyo nombre mismo simboliza una proyección etérea, se percibe y se desvanece entre las sombras, a veces apareciendo en los momentos más  oportunos, mas siempre adentrando a Felipe en los límites de una pasión inhumana que lo ha de consumir:

 

     Miras a un lado y la muchacha está allí.  Esa muchacha que no alcanzas a ver de cuerpo entero porque está tan cerca de ti y su aparición fue imprevista, sin ningún ruido… (Aura, 19)

 

     El “tú” narrativo, que en realidad es la proyección de un “yo” que sugiere haciendo las funciones de la conciencia de Felipe, dirige y anticipa los pasos de un personaje débil e indeciso hacia la dirección de un mundo donde las sombras son cómplices de un hechizo que confunde la realidad con lo irreal:

 

     Te  das  cuenta  que  no la sigues con la  vista sino con el oído; sigues el susurro de la falda, el crujido de una tafetán. Asciendes detrás del ruido, en medio de la oscuridad, sin acostumbrarte a las tinieblas. (Aura, 21)

 

     Felipe, dentro del mundo mítico de Consuelo-Aura, a veces se debate débilmente tratando de desentrañar el misterio por medio de las memorias del General Llorente, sus conversaciones con Aura y sus investigaciones del medio ambiente que lo circunda, para pretender escapar con Aura que, siendo una proyección de Consuelo, lo enreda aún más, y a través de la entrega fantasmal lo pierde irremisiblemente:

 

— ¿Se siente cómodo?

— Sí, pero necesito recoger mis cosas en la casa donde…

— No es necesario. El criado ya fue a buscarlas. (Aura, 24)

 

…y no pasas por alto el camino que se abre a tu imaginación: quizás Aura espera que  tú la salves de las cadenas que, por alguna razón oculta, le ha impuesto esta vieja caprichosa y desequilibrada. (Aura, 36)

 

…Sueñas con esa mano descarnada  que avanza hacia ti con la campana en la mano, gritando que te alejes…

…despiertas con un grito  mudo sudando y sientes esas manos que acarician tu rostro y  tu pelo… Alargas tus propias manos para  encontrar  el  otro  cuerpo,  desnudo,  que  entonces… la mujer se recuesta encima de ti, te besa, te recorre el cuerpo entero con besos. Al separarte agotado, de su abrazo, escuchas su primer murmullo. “Eres mi esposo”. Se despedirá diciendo que te espera esa noche en su recámara. Tú vuelves a asentir… reteniendo en las yemas de los dedos el cuerpo de Aura, su temblor, su entrega: la niña Aura. (Aura, 37-38)

 

     Es aquí cuando la débil conciencia de Felipe se entrega al mundo antiguo, recreado por la bruja en un afán de mantener juventud y belleza, con un ansia de amar y de procrear insatisfechas por su esterilidad.

     En este mundo fantástico, Felipe se identifica cada vez más con Consuelo. Llega el momento en que, en una realidad de este mundo irreal, Felipe acepta su destino: acepta ser contemplado por la vieja mientras hace el amor a Aura:

 

     …A los pies de la anciana señora Consuelo, que está sentada en ese sillón que tú notas por primera vez; la señora Consuelo que te sonríe,… que te sonríe junto con Aura que mueve la cabeza al mismo tiempo que la vieja: las dos te sonríen, te agradecen. Recostado, sin voluntad, piensas que la vieja ha estado todo el tiempo en la recámara. (Aura, 50)

 

     …y ya no piensas, porque existen cosas más fuertes que la imaginación: la costumbre que te obliga. (Aura, 51)

 

     …recordaras a la vieja y a la joven que te sonrieron, abrazadas, antes de salir juntas, abrazadas:  te repites que siempre, cuando están juntas, hacen exactamente lo mismo:  se abrazan, sonríen, comen, hablan,  entran, salen, al mismo  tiempo, como si una imitara a la otra, como si la voluntad de  una dependiera de la existencia de la otra. (Aura, 52)

 

     Finalmente, la culminación llega cuando Aura hábilmente convence a Felipe que su tía Consuelo va a salir y que pueden aprovechar todo el día; para completar el hechizo, ella dice que lo esperará en la recámara de su tía.  Felipe después de confirmar esa salida por boca de la propia Consuelo, decide hurgar en los papeles viejos del baúl y se entera de las artes mágicas de la vieja: se entera de su pasión eterna por la juventud y la belleza. En una foto verá a Aura con el General Llorente, quien después de cuidadosa contemplación, se convertirá en el mismo. Esa misma noche sucede la entrega final donde se funden y se confunden dos cuerpos, el de Felipe Montero con el de Aura, convertida ya en Consuelo. Aquí, con conciencia, Felipe ama a la vieja que lo llevó hasta ese mundo donde lo real y lo imaginario son uno solo y sólo una voluntad lúcida podría ver entre la penumbra del mito consumado:

 

     El hombre caza y lucha. La mujer intriga y sueña; es la madre de la fantasía, de los dioses. Posee la segunda visión, las alas que  le permiten volar hacia el infinito del deseo y de la imaginación. Los dioses son como los hombres: nacen y mueren sobre el pecho de una mujer.

                Jules Michelet (Aura, 10)

 

 

 

Bibliografía

 

1. Brody, Robert & Charles Rossman, Carlos Fuentes. University of Texas Press.

Austin Tx. 1982.

2.  Duran, Manuel, Tríptico Mexicano. Colección Sep-setentas, México, D.F. 1973

3.  Faris, Wendy B., Carlos Fuentes. Frederick Ungar Publish8ing Co. New York. 1983

4.  Fuentes Carlos, Aura. Biblioteca Era Narrativa. México, D. F. 1962.

5.  García, Vanesa del Carmen, “Análisis de Aura”, El Veneno # 93, Marzo de 2005.

6.  Helmut, Chalene, The Postmodern Fuentes, Bucknell Univ. Press.  1997.

7.  Williams, Raymond L., The Writinigs of Carlos Fuentes, Univ. of Texas Press 1996.

 

Juan Antonio González Cantú nació en Matamoros, Tamaulipas, México. Poeta, narrador, crítico literario, editor, traductor y profesor. Estudió Letras Hispánicas en la Universidad Texas Arts & Industries de Kingsville, Texas, donde obtuvo el doctorado en 1974. Ha sido profesor del Tecnológico de Matamoros en Tamaulipas y, a partir del 1980 hasta la fecha, es profesor asociado del Departamento de Letras Hispánicas de la Universidad de Texas en Brownsville. Desde 1997 es editor en jefe del anuario de letras creativas El Novosantanderino y de la revista estudiantil De Puño y Letra. También es miembro del consejo editorial de las revistas académicas: Puentes de la Universidad Estatal de Arizona y Pegaso de     la Universidad de Oklahoma. Su obra de creación literaria en las modalidades de poesía y cuento, así como también sus ensayos críticos literarios aparecen en las siguientes revistas y publicaciones: A Quien Corresponda, Baquiana, Borders Review, Caligrafías, Gaceta Literaria, Cien Pies, El Bolígrafo, El Catalejo, Eldígoras, Hybrido, Matamoros Literario 2000, Pez Volador, Torre de Papel, Voces  y Zopilote, entre otras. Sus trabajos académicos, que comprenden varias décadas en el medio, han sido publicados en diversas revistas especializadas de España y Latinoamérica. Ha publicado el libro de poesía Itineransias (2005). Reside en Brownsville, Texas.