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“Dos patrias tengo yo:
Cuba y la noche”1
José Martí
El
crítico Mark Falcoff, en su artículo “The Last
Communist”, describe acertadamente la dictadura del
Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo de la siguiente
forma:
For three
decades the dictator’s name is virtually synonymous
with
that of his
country, and although his jails are full, spies and
informers
are everywhere,
he is often praised by foreign admirers and major world
leaders. Then,
one day, his throne is shaken by new winds of democracy
and freedom blowing throughout his region and in the wider
world. Yet
in spite of all
predictions -dozens of assassination plots- he holds onto
power, either
because (as his apologists claim), in spite of everything,
he
enjoys enduring
popularity among his people, or because (as his critics
point out) his opposition remains weak and divided, dead
or in exile.
Only human
mortality seems to limit his survival. (6, 27)
Estas
alusiones al dictador dominicano y al estado de terror en
que tuvo sometido a su país, por más de treinta años,
podría aplicarse al régimen cubano. El crítico Paul C.
Sondrel afirma lo siguiente al respecto: “Fidel
Castro is the totalitarian dictator of Communist Cuba. Overwhelming
governmental power encroaches upon virtually every aspect
of Cuban Life. No autonomous groups or non-regulated
‘counter-revolutionary’ forms of behavior exist
independent of Castro”
(606)
La toma
del poder en 1959 de un gobierno marxista en Cuba con el
lema de “Patria o Muerte” ha afectado directa o
indirectamente a todos los artistas cubanos tanto dentro
como fuera de la isla. El controvertido discurso de Fidel
Castro “Palabras a los intelectuales” en 1961 con la
célebre frase “Dentro de la Revolución, todo; contra la
Revolución nada” expone claramente desde un principio el
nuevo discurso revolucionario respecto a la libertad
artística.
Matías Montes Huidobro, uno
de los autores más importantes de la literatura cubana
contemporánea, se enfrenta valientemente en su creación
artística al triste acontecer histórico cubano del exilio.
Su pieza dramática titulada Exilio, publicada en
1986, es representativa de esta temática y definidora de
la dedicación de este autor a la experimentación dramática
y lingüística de su dramaturgia: recurso del teatro dentro
del teatro, el lenguaje metafórico, el suspenso
psicológico, el uso del tiempo/espacio y la ironía. Pero
Exilio enfoca la problemática cubana con una
proyección universal; es decir, las circunstancias de los
personajes rebasan los límites geográficos y culturales de
su entorno. Montes Huidobro no escribe una obra de tesis
sino que refleja el miedo y la vejación que sufren sus
personajes en el contexto revolucionario. Miguel Ángel,
uno de los personajes principales, expresa hipócritamente
este sentimiento cuando trata de convencer a Román de que
se quede en Cuba:
No,
yo no puedo irme de aquí. Lo perdería todo. Hasta el
nombre que estoy ganando. La
Cantata ya empieza a
recitarse por todo Latinoamérica. Y contigo pasará lo
mismo Román. Estrenarás por todas partes. En el
Teatro Nacional. Te
darán el Premio Casa de las
Américas. Es fácil. No cuesta
tanto trabajo. Sólo tienes que ponerte para tu número. Pasar
cosas por alto. Decir lo que no quieres decir. Decir lo
que la gente quiere oír. Pero ¿no es eso teatro?... Tú
puedes hacer lo mismo. Te estrenarán en todas partes. En
México, en Colombia, en Argentina, en Venezuela, en el
Perú. Te traducirán al inglés, al ruso, al checo, al
alemán, al francés. No importa lo que escribas porque sale
de aquí, donde hay una revolución triunfante que mandará
al carajo al imperialismo yanqui. Piénsalo, Román... Te
olerán el culo, porque es un culo cubano, Román,
revolucionario, cubano-marxista-leninista. Y no importa la
mierda que escribas. Que cagues o dejes de cagar, porque
será castrista-leninista y todos dirán que es una mierda
documento, épica, colectiva, barroca y mágico-realista.2
Miguel
Ángel le advierte a Román de las consecuencias que tendrá
como escritor si se va de Cuba. Le señala que exiliarse
será su castración literaria porque fuera de Cuba
escribirá en vano, sin testigo en las madrugadas
solitarias, y sin público que lo reconozca: “Ahora,
piénsalo bien, oye lo que te digo. Que si te vas te jodes.
Eso sí será tener cojones en un torniquete. No podrás
poner la tinta en ningún papel. Podrás cagar todas las
palabras que quieras, pero no tendrás un texto donde dejas
tus huellas. Lo harás en vano, Román. Escribirás en los
terribles silencios de las madrugadas con los testigos de
tu propia desolación. Escribirás en el exilio, Román.(55)
Las palabras de este
oportunista poeta, cuya filosofía se limita a “joder”o
“estar jodido”, destacan el clima artístico en la isla
que precipitó el exilio de muchos intelectuales, entre
ellos el mismo Montes Huidobro, quien explica así su
partida:
Tras recibir en 1960 el Premio José Antonio Ramos por mi
versión absurdista de Las vacas, escribo en 1961
La madre y la guillotina, y al hacer en ella una
representación de la historia que no me es posible dar a
conocer, entiendo a plenitud que no había nacido, como
escritor, para oficialidades históricas, que dejaba para
otros personajes. El destino era partir, representar la
historia desde adentro y desde afuera, seguir la
continuidad, establecer el nexo alienatorio de irse,
mantener el cordón umbilical con aquellos que habían
partido por los mismos caminos de la alienación: Milanés,
Casal, Luisa Pérez de Zambrana. En el reino de la
indivinidad, como diría Virgilio Piñera, partir es la voz
de Orestes, y la historia podía representarse también, con
no menor autenticidad, en los remotos horizontes de lava,
arena y mar, y en los atardeceres de la distancia.
(Yara González Montes, “Entre nosotros: viñeta
testimonial” en Matías Montes
Huidobro: acercamientos a su obra literaria, 219)
Exilio es el resultado de
la experiencia sufrida por Montes Huidobro como cubano,
escritor y dramaturgo, enfocada en un período que cubre
los años antes del castrismo hasta el principio de los
ochenta. Montes Huidobro asume en esta obra la total
responsabilidad del escritor ante la sociedad y su propia
creación literaria para plantear el delirante proceso
revolucionario cubano ante la libertad artística.
Los
temas principales de Exilio son la libertad
artística, la expatriación y la alienación de los
personajes. La obra narra en tres actos la vida de dos
parejas, una actriz y un dramaturgo: Victoria y Román; un
poeta y una activista revolucionaria: Miguel Ángel y Beba,
y un amigo: Rubén, director teatral. El primer acto se
desarrolla en Nueva York, a finales de la dictadura de
Fulgencio Batista en 1958, donde los personajes viven un
exilio voluntario; el segundo, tiene lugar en Cuba en 1963
durante el triunfalismo revolucionario con su secuela de
persecuciones; el tercero acontece en Nueva York, en los
años ochenta y significa el reencuentro, en un apartamento
neoyorkino, de los cinco protagonistas: tres exiliados (Román,
Victoria y Rubén) y dos oficialistas del gobierno (Miguel
Ángel y Beba). El espacio teatral en los tres actos de la
obra se relaciona estrechamente destacando singularmente
los temas aducidos arriba. El crítico Daniel Zalacaín
observa lo siguiente al respecto:
“Montes
Huidobro dramatiza paralelamente espacios dramáticos
múltiples que se entrelazan, intentando borrar así
cualquier división entre realidad y ficción, texto e
intertextualidad. Escribir y dramatizar el libreto son
actos conjuntos que constituyen la acción misma. Los
personajes, autores de su propia tragedia real, son los
autores y actores a su vez de la tragedia que montan en
escena, lo cual constituye un plano mimético del acontecer
histórico del cubano exiliado.”(198)
Montes
Huidobro emplea admirablemente en esta obra la técnica del
teatro dentro del teatro. La dramatización de los
destinos de los protagonistas de la obra, durante una
etapa de caprichosa persecusión y violación de los
derechos humanos en la isla, alude a componentes
inmediatos creándose así una composición intertextual. Ya
desde el primer acto los personajes deciden ensayar la
Cantata de la Sierra Maestra, escrita por el poeta
Miguel Ángel, pero confunden algunas cuartillas del texto
con la obra La vida breve que está escribiendo el
dramaturgo Román. Según observa el crítico José
Escarpanter, el título de esta obra está cargado de
simbolismo: “...es como una crónica de los sucesos que
vemos. Es como una ‘comedia da fare’ en la que Román, su
autor, va registrando lo que ocurre en escena, con lo cual
Montes Huidobro incorpora a la forma dramática una técnica
establecida en el género narrativo.”(Prólogo a Exilio,
6-7).
El
texto de Exilio se enriquece con referencias
intertextuales y alusiones biográficas de Montes Huidobro
que nos recuerdan sus piezas dramáticas La madre y la
guillotina, escrita antes de su exilio en 1961, y su
novela Desterrados al fuego (1975) así como La
vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca, donde se
reinterpreta irónicamente el soliloquio de Segismundo con
el propósito de subrayar el servilismo intelectual
oficialista:
¡Válgame el cielo,
qué veo!
¡Vágame el cielo, qué
admiro!
(Mirando al vestido)
Con poco espanto lo miro,
con mucha duda lo creo.
Decir que sueño es
engaño;
bien sé que despierto
estoy.
¿Yo Miguel Ángel no
soy?
(Dirigiéndose a Román)
Decidme, ¿qué pudo ser
esto que a mi fantasía
sucedió mientras dormía
y aquí me he llegado a
ver?
¿quién me mete a
discurrir?
Dejadme, quiero servir,
y venga lo que viniere.(46-47)
Miguel Ángel
decide quedarse en Cuba y ser el “Poeta de la Revolución”
sabiendo que lo que ha estado escribiendo ha sido una vil
literatura panfletaria al servicio del régimen:
(Pausa.
Pensando lo que acaba de decir.) ¿Se dan cuenta que
Calderón era comunista? Porque miren, píenselo bien. Si
“La Revolución es como el melón, verde por fuera y roja
por dentro’, el primer verso ‘pero sea lo que fuere’, le
viene como anillo al dedo; y si es cierto que ‘con la
Revolución todo y sin la Revolución nada’, ¿quién va a
‘meterse a discurrir’? Lo que es como decir que hay que
meterse la lengua en el culo. ‘Dejadme, quiero servir...’
(Puntualizando): haciendo guardia, trabajo
voluntario, metiéndome a miliciano... y ‘venga lo que
viniere’ (Concluyendo animado.) ‘¡Patria o Muerte,
Venceremos!” (46-47)
El
segundo acto de Exilio, el crítico Guillermo
Schmidhuber lo considera “uno de los experimentos
espaciales más atractivos del teatro hispanoamericano de
hoy” (270), se caracteriza por el enfrentamiento violento
entre los personajes y la represión sufrida por Rubén, por
ser homosexual
Yo
tengo todos los textos escritos sobre el cuerpo. Letra
por letra, sílaba por sílaba, palabra por palabra,
consigna tras consigna. Aquí están, Beba. ¿Lo ves? (Beba
lo rehuye. Rubén la sigue.)
¿Lo ves? ¿Puedes leerlo?
Estos morados, estas magulladuras, estos golpes, estas
heridas que ha escrito la Revolución: esta
rehabilitación que ha iniciado ya pero que
no dejaré llegar hasta la última palabra... A pesar de
aquella bofetada brutal, inesperada, en medio del bar...
Porque me sacaron a empellones, y yo preguntaba, ‘¿por qué?’
y ellos, ‘por maricón, cabrón, por maricón...’
(65)
Este
segundo acto es una verdadera toma del poder por Beba y
Miguel Ángel, ejemplos del hombre nuevo de la revolución. La
Gorda del pueblo no sabe nada de teatro, pero como miembro
del Partido Comunista, ha reemplazado arbitrariamente a
Rubén en la dirección del Teatro Nacional porque así lo
han querido figuras militantes: “BEBA. Fidel me ha
pedido que yo me encargue de la Dirección del Teatro
Nacional.”(60) Al final del segundo acto, el doloroso
monólogo de Rubén revela la enajenante situación de los
disidentes. Eran perseguidos por su oposición ideológica
como en el caso de Fermín Borges, sustituido como asesor
del Teatro Nacional, o por sus preferencias sexuales como
ocurrió con Virgilio Piñera. Montes Huidobro afirma que
estos casos “Ciertamente… me inspiran aspectos de Rubén
como otros ‘caracteres’ de la realidad que dejan huellas
en otros personajes.”(Escribir teatro en el exilio,
introducción a la representación de Exilio en el
Gran Teatro de Miami, 8 de octubre de 1999.)
El
tercer acto es el reencuentro de los cinco personajes,
veinte años después, en el apartamento neoyorquino de
Román y Victoria. Ahora ellos parecen vivir una vida
cómoda al margen de la problemática cubana. Rubén, sin
embargo, sigue traumatizado por la violencia y la crueldad
sufrida en los campos de rehabilitación de la U.M.A.P.3
Rubén convence a Román que invite a Miguel Ángel y a Beba
a su apartamento cuando vienen de visita a Nueva York en
una misión diplomática y académica: “VICTORIA.
Pero fue idea de Rubén. Desde que supo que Miguel Ángel
venía a dar una conferencia en New York University y que
Beba estaba presidiendo la delegación cubana en la
Naciones Unidas, se le metió este asunto entre ceja y ceja”
(71) Este reencuentro, lleno de ironía y suspenso
psicológico, tiene el efecto de una catarsis para los
personajes. Román, acostumbrado a vivir libre, ha dejado
de escribir La vida breve; Rubén se ha librado de
las pesadillas del pasado que lo atormentaban; Miguel
Ángel se desquita de Beba y admite su frustración como
escritor oficialista:
Porque éste ha sido un asesinato lírico. Veinte años
estrangulando la poesía, apretándole la garganta con estas
manos, para no dejarla respirar, para que se asfixie, para
que no quede ni rastro. Veinte años de comisario cultural.
¿Que más quieres? Estrangulando las palabras,
Rubén. Encarcelándolas en las mazmorras de la ciudad,
prisioneras a pan y agua, humillándolas, vejándolas.
Metiéndolas en el torniquete. ¿Es que quieres más cargos?
(96)
Él y
Rubén han planeado el asesinato de Beba: “MIGUEL.
¿Pero todavía no te has dado cuenta, Gorda de mierda, que
esto ha sido cuidadosamente preparado? (Empujándola,
tirándola en el sofá.) Tú no vas a ninguna parte. Esta
es una ceremonia ritual, Beba. ¡Estamos reunidos aquí para
matarte! (97) El asesinato físico, desde luego, no
se lleva a cabo porque la verdadera venganza de Rubén y
Miguel Ángel ocurrirá cuando Beba regrese a Cuba donde
será relevada de sus cargos, eliminada para siempre.:
“MIGUEL. De ahora en adelante no te creerán una
sola palabra. Ahora soy yo el que censura las palabras.
Ahora soy yo el que corta el bacalao. Podrás decir lo que
quieras de lo que ha pasado aquí esta noche, pero no te lo
van a creer. Antes de abrir la boca, más vale que hables
conmigo…Te jodiste, porque te voy a perdonar la
vida, que va a ser la mejor forma de acabar contigo…”
(101) La obra concluye cuando Rubén, Román y Victoria
ven en el cielo, desde la terraza de su apartamento, el
cometa Halley. Las palabras de Román están llenas de
simbolismo, especialmente para los exiliados:” ROMÁN.
Es como un sueño de Dios... Un sueño de luz que anda
perdido por el universo... ¿Te imaginas cuántas cosas verá?
Es como si se hubiera ido de aquí algunas vez... y
estuviera... desterrado en el universo... en el tiempo...
sin detenerse jamás... que vuelve siempre para decirnos
adiós... sin irse nunca del todo...”(102)
Exilio es representativa del triste acontecer
histórico cubano del exilio y síntesis de los componentes
técnicos que caracterizan la producción dramática de
Matías Montes Huidobro, uno de los autores más
significativos de la escena artística contemporánea de
ambas orillas. En Exilio, Montes Huidobro asume la
responsabilidad del autor ante su sociedad y su creación
literaria, con proyección universal, sin caer en el
sentimentalismo y la nostalgia que conlleva ser un
escritor desterrado. Exilio es un canto a la
libertad artística tal y como lo dice Rubén al final del
acto segundo: “!El teatro, Victoria, la única verdad
posible! Escapábamos para siempre mientras Beba y Miguel
Ángel quedaban encarcelados, apretando el torniquete de su
propia pesadilla.”(68) Creemos que por su forma y
contenido Exilio es una obra para todos los tiempos
que ocupa un lugar privilegiado en el teatro cubano
y como afirma el critico José Escarpanter “única en el
teatro hispanoamericano de nuestros días...” (Prólogo a
Exilio, 8).
NOTAS
1. El verso
del poema “Dos patrias”proviene de la siguiente edición:
José Martí, Versos. Estudio preliminar, selección y
notas de Eugenio Florit (New York: Las Américas Publishing
Company, 1962).
2. Todas las
citas referentes a la obra Exilio provienen de la
siguiente edición: Matías Montes Huidobro. Exilio:
Editorial Persona, 1988.
3. El
gobierno cubano creó entre 1963 y 1967 en la provincia de
Camaguey el odiado Centro de Unidades Militares de Ayuda a
la Producción, conocido como UMAP, para la detención y
reeducación de miles de personas por oposición ideológica
al régimen, creencias religiosas o preferencias sexuales.
BIBLIOGRAFÍA
1. Castro,
Fidel. Palabras a los intelectuales. La Habana:
Consejo Nacional de Cultura, 1961.
2.
González-Pérez, Armando y Jorge Febles.
Matías Montes Huidobro: acercamientos a su
obra literaria. Lewiston, New
York: The Edwin Melle Press, 1997.
3. Falcoff,
Mark, “The Last Communist”, Commentary, 1991, Vol.
91, 6, 27.
4. Montes
Huidobro, Matías. Exilio. Honolulu: Editorial
Persona, 1988.
5.
Schmidhuber, Guillermo. Reseña de Exilio aparecida
en: Anales Literarios, 1995, vol. 1, # 1, 270-272.
6. Sondrel,
Paul C., “Totalitarian and Authoritarian Dictators: A
Comparison of Fidel Castro and Alfredo Stroessner”,
Journal of Latin American Studies, 1991, vol. 23, # 3,
606.-612.
7.
Zalacaín, Daniel, “El viaje a la otra orilla: exilio y
reencuentro”, en De las dos orillas: teatro cubano
editado por Heidrun Adler y Adrian Herr. Frankfurt:
Vervuert Verlag, 1999.
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