Miami
Estados Unidos
Año VII

 Nº 41/42

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad  de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad del Turabo

Puerto Rico

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo


 

 


 

SOMBRAS

por

Graciela Licciardi

 

(Relato)   

   

     Así lo eternamente pútrido. Escribo y esto no quiere ser una suerte de regodeo literario, simplemente es una expresión absurda para decir lo que nunca se quiere nombrar y en esta escena entonces elijo a Mora apoyada en el dintel de una puerta, escuchando las palabras de Ojeda, que va y viene de un lado hacia otro. Escribo de Mora con los ojos abiertos, asombrados, vueltos hacia el hombre que sin rozarla, la enfrenta y le expele el olor sucio que le sale por la boca y silabea palabras que Mora no entiende.

    

     Ojeda retrocede hasta tocar la pared (empiezan a suceder acontecimientos que no estaban previstos). La sombra se alarga en el suelo. Una mancha oscura avanza sobre los objetos. La luz es escasa, Mora se adelanta un paso exagerando los movimientos. Ve la sombra hundiéndose en la oscuridad, repitiéndole incesante esas palabras que no quiere oír y que ahora esgrime una sonrisa untuosa adherida a la penumbra de su cara (esta frase abarca casi toda la superficie del papel). Ella sabe que es su forma de hacerla sentir poca cosa y entonces esos años pasados la cachetean con furia y también la indiferencia con que siempre la han tratado mientras ella se entregaba con amargura, en cada madrugada por las calles de Constitución (Mora ahora es un personaje exaltado). Un mina de oro le había dicho Ojeda con un tono convincente y altanero como si fuera de él el mérito de él aquel cuerpo usado por locos y arrogantes o sádicos (su imaginación plantea la posibilidad de que la historia sea un espejo donde las palabras se reflejen). Años oscuros y flotantes en la casa de pensión que él pagaba y los dedos salvajes, vientres hinchados y bocas hediondas desfilando sin parar en una cama que nunca fue la suya y la sonrisa de ellos engrosada por el placer morboso de saber que habían pagado y podían exigir por eso Mora ahora alude al recuerdo de este momento que está siendo escrito.

 

     La sombra se detiene de golpe, alza la mano hacia la boca de Mora, se detiene, con los ojos hundidos se entretiene en horadar el cuerpo de ella que ahora está llorando y otra vez esa tristeza tan antigua y el obsceno gesto de Ojeda ofreciéndola a los amigos que jugaban al póquer, ella, la niña rescatada de flemas y piojos, débil, desnutrida, después alimentada y tratada con la indispensable dedicación o manía necesaria para hacer relucir ese cuerpo de mujer que iba creciendo bellamente para el convite y usufructo(y entonces, ahora, en el interior de la trama hay un proceso de recuperación de algo que parecía perdido en las palabras antes escritas).

  

     Ahora la sombra cierra el puño y de ella, de la sombra, salen insultos como un punto flojo que marca una costura, la voz aguda y obscena que le dice que está vieja, que treinta y pico es demasiado, que las cosas han cambiado.

La sombra respira con la boca abierta, se agita, teatraliza una vez más, como lo ha hecho durante todos estos años; mueve una mano para quebrar el aire que lo rodea, para castigar con sus dientes desparejos de tiburón a punto de morder a su víctima (este es el tiempo de un vocablo absoluto).

 

     Mora está ahí y llora, inclinada por las palabras que Ojeda le ha proferido y de pronto ella pronuncia otras palabras que estallan contra esa sombra aún más envejecida, con su corbata chillona de tipo mediocre y uñas esmaltadas, con un brillo que no existe porque siempre ha vivido de apariencias (ahora es necesario manejar el destino de los personajes).

 

     Mora no siente odio sino algo parecido a la pena; deja caer los brazos, sonríe a medias, respira lentamente; la sombra se le acerca, hace sonar unos billetes entre los dedos y se los entrega a ella que los acepta, para cualquier contingencia, se dice, ahora me voy para siempre, se dice; la sombra sonríe socarrona, vas a volver,  dice, ahora puedo regir las palabras que escribo y hago que Mora salga a la calle; el viento le manosea la cara y el cuerpo, pero no le molesta: respira lentamente y empieza a caminar hacia ningún lado: descubre que la vida no se detiene (una expresión absurda para decir lo que nunca se quiere nombrar). Ahora Mora, (aludiendo a las primeras frases del cuento como una naturaleza lúdica del momento literario), está apoyada en el dintel de la puerta de una ciudad cualquiera, sin escuchar ninguna palabra, en un mundo lleno de curiosidades metafísicas, de paradojas, de aporías, de personajes fugaces donde Mora sea el símbolo de una escritura infinita que nunca más se prostituya.

 

Graciela Licciardi nació en Argentina. Es poeta y escritora. Actualmente pertenece a la Comisión de Asociación de Poetas Argentinos de gran acción cultural (APOA). Ha sido distinguida con la carta de felicitación de la Secretaria de Cultura de La Nación, por el Libro Las Palabras de la noche. Mención Especial Carpa del libro Miramar, Buenos Aires. En 1990 colaboró en el Suplemento Cultural  Municipalidad de Buenos Aires. En 1993 obtuvo una Mención Especial en el Concurso Nacional AIRBA. Ha recibido los siguientes premios: Mención de Honor en la XVI Fiesta Provincial del Inmigrante, Berisso, Buenos Aires, 2do. Premio en el Concurso de Poesía Martín Fierro, Radio UPB FM 93.7, Mención de Honor en el Concurso de Cuentos breves Eduardo Bocco, en el Centro Cultural Yukio Mishima. el 1er. Premio de Poesía Ilustrada, Consejo Deliberante, General Sarmiento, Buenos Aires, el 3er. Premio del Concurso Nacional de Narrativa General Cabrera, Córdoba, Mención Especial en el Concurso de Narrativa del Centro Médico Mar del Plata (1994), Mención Especial en Concurso de Narrativa del Centro Médico Mar del Plata (1995), 2do. Premio Concurso Nacional de Poesía, Ediciones Dunken, 2do. Premio Concurso Nacional de Poesía del Grupo Asir (1995) y en el año 2000 ganó el 1er.  Premio en el Concurso Internacional de Poesía del Centro Cultural Discépolo. Participó en la Exposición de Poesía Gráfica en la Fundación Museos del Banco Central en Costa Rica (1996). Ha publicado los libros: Las Palabras de la Noche (Cuentos), acreedor de la  Distinción de la Municipalidad y Secretaría de Cultura de General Alvarado (1996) y Nada es para Siempre (Poemas) con nota del Prestigioso Profesor de Filosofía y Letras Roberto Ferro (1996). Participó en la antología de narrativa del grupo Zahir, Ediciones del Dock. Ha publicado Poemas y Cuentos en el diario La Prensa de Buenos Aires. Ha participado  en la Feria Internacional de Autores Noveles, realizada por La Secretaría de Cultura de la Nación, la OEA, El CADDAN y Metrovías. También ha realizado Talleres de poesía y narrativa en la Asociación Argentina para La Infancia. Ha participado en la Ronda de poetas en la SADE, en diversos cafés Literarios, y en lanzamientos de Promoción Cultural del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el Palais de Glace.