Miami
Estados Unidos
Año V

 Nº29/30

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REINA MARÍA RODRÍGUEZ Y OTRAS

POETAS CUBANAS DE PROVINCIAS

  por

 María del Mar López Cabrales


________________________________________________

     Los años 70, los “años duros”, fueron de ámbito predominantemente masculino en las letras cubanas.[1] Comenzaron a darse en esta década, y sobre todo en las siguientes, un postcoloquialismo y una mayor versatilidad en las temáticas de los poemas: “[...] pasamos de un casi totalitarismo estético del coloquialismo como corriente omnipresente entre 1965 y 1970, a un desbordamiento muy variado de formas, contenidos y estilos, que va desde la vocación realista hasta lucubraciones metafísicas, desde el empleo del tono conversacional hasta el afán de desorganización del lenguaje, precisamente para escapar de ese tono ya largamente empleado [...] en la poesía cubana” (López Lemus 25).

 

     Afortunadamente, las poetas de los 80 y los 90 consiguieron revolucionar la poesía y las letras cubanas, cambiando los temas ya que también lo hicieron los tiempos. La seductora Habana dejó de monopolizar la producción literaria y se le comenzó a dar el lugar merecido a otras poetas de provincias. En este ensayo me voy a centrar en la poesía de las autoras cubanas que se dan cita en la selección poética realizada por Teresa Melo, Aida Bahr y Asela Suárez, Mujer Adentro (Editorial Oriente: Santiago de Cuba, 2000). Estas poetas comparten temas y voces con otras más renombradas como la habanera Reina María Rodríguez, pero poseen una peculiaridad: todas nacieron y viven en distintas provincias de la isla de Cuba. Analizaré algunos de los temas comunes en esta selección de poetas de provincias y los compararé con los que aparecen en el poemario Ellas escriben cartas de amor (1998) de Rodríguez para demostrar que el origen de la voz poética femenina cubana contemporánea no es determinante a la hora de presentar sus preocupaciones.

 

     El número del mes de septiembre del 2001 de la revista electrónica cubana La Jiribilla está dedicado a las escritoras cubanas, y se incluye en él un gran número de poetas. Allí aparece una entrevista con Aida Bahr, una escritora de provincias que ha conseguido hacerse nombre en el mercado literario cubano caracterizado por el “habanerocentrismo”.[2] A la pregunta de si vivir en provincias determina la actitud del escritor frente a la literatura, Aida Bahr responde: “Por supuesto que no. Para empezar, Cuidad de La Habana es también una provincia. Yo no puedo reflejar en mis obras lo mismo que un narrador habanero; él escribirá acerca de la vida en la gran ciudad con todas sus características, mientras que yo lo haré reflejando un entorno diferente. Pero los dos reflejos tienen la misma validez y autenticidad, el mismo dramatismo. Todo depende de la calidad del autor. De hecho, grandes maestros de la literatura de todos los tiempos han inmortalizado pequeños pueblos, algunos incluso inventados. En lo que sí incide el vivir en provincias es el acceso a la información, en las opciones para publicar y participar en una vida literaria intensa que permita el intercambio con otros escritores. Vale decir que la formación de un autor, y aún más, la difusión de su obra, es mucho más limitada, pero nada más” (Resik 1).

 

     La recopilación de más de cuarenta poetas de provincias en Mujer Adentro ayuda a que sean leídas y reconocidas tanto en La Habana como en el resto del país, contribuyendo a hacer posible el intercambio y el diálogo. Las poetas proceden de distintas partes de Cuba, estando casi todas las provincias representadas en el libro: Santiago de Cuba, Holguín, Sancti Spíritus, Cienfuegos, Matanzas, Camaguey, Granma, Guantánamo, Las Tunas, Santa Clara, Villa Clara, Bayamo, Ciego de Avila, etc. Las autoras también son de diferentes generaciones, ya que la selección comienza con Digdora Alsonso González nacida en 1921 y se cierra con Yinet Carrión Díaz de apenas 20 años de edad.

 

    En la escueta introducción que las editoras hacen en Mujer Adentro, se dice que, debido a las dificultades económicas, la laboriosa tarea que han estado realizando las editoriales de las provincias para sacar las obras de estas escritoras es aún más encomiable, pero que el propósito de esta colección fue recoger a todas estas voces juntas (aunque siempre hay ausencias) en un solo volumen. Las editoras dejan claro que no es una antología, sino un panorama de lo que se está escribiendo a final de siglo en Cuba. “Son poemas recientes, inéditos en muchos casos, o aparecidos en revistas, boletines, plaquettes, de escasa circulación. Son los testimonios de que la poesía vive en el interior de numerosas mujeres que, a todo lo largo del país, se enfrentan a las dificultades de la vida cotidiana y, muchas veces, al aislamiento de una vida literaria, alimento necesario para el espíritu. De ahí la angustia existencial y el desgarramiento que se percibe en numerosos textos” (Melo 6).

 

     Déborah Frometa Cobo desde Granma, grita: “Existo en un manto de palabras/ [...] existo sola/ cómplice/ testigo de un reino queda ese canto de batalla/ [...] existo/ reto al miedo y sus rarezas/duermo sola/ este sueño final ya tiene sus arrugas/ existo” (Melo 96). Bertha Caluff, desde Santa Clara,  en su poema “Un ámbito oscuro” habla de la “perpetua soledad que amanece”: “Y veo el mar/ --siempre de noche--/ con sus peces enormes/ [...] Siempre seré lo que cierra/ [...] La última/ perdida, olvidada/ en un ámbito oscuro” (Melo100-101). Sonia Díaz Corrales, desde Cabaiguán, escribe un ingenioso poema titulado “Cuentas para sacar sobre la propia carne” en el que la voz poética expresa su desesperación ante la soledad de la vida, “si tengo alguien quien me quiera/ ha de estar muy lejos/ [...] Ya no sé/ si realmente el mundo es este enorme espacio de estar solo/ [...] vengo por ver si hay alguien quien me quiera/ espantada de todo/ sin refugio/” (Melo 105-106).

 

     Como manifiestan las editoras, estas voces poéticas de mujeres expresan su “angustia existencial y su desgarramiento”, pero sobre todo hay rabia ante la indiferencia. “Lo terrible/ no es la falta de luz al fondo de los ojos/ lo terrible es la ausencia de preguntas” (Melo 88) impreca Andrea García Molina (Nueva Paz, La Habana). Ante esta desesperación hay que servirse de la imaginación para seguir luchando. Así la misma Sonia Díaz Corrales, en “Sombra de tu sombra”, ante la soledad que deja la ausencia del/a amante, inventa un universo desértico de muerte y sueño donde no está sola, sino en compañía de la sombra del beso de este amor, y de esta forma vence al vacío: “Si la sombra de tu sombra atraviesa el mar/ con qué horror va a quedarme mi silencio/ con qué ligero temblor voy a vivir los días/ [...] La distacia espesará mis monstruos/ el desierto será el lugar de morir/sucesivas muertes/ alucinación    espasmo/muerta de algo semejante al sueño/ donde tu sombra cruce el mar/ y conmigo se quede la sombra de tu beso/[...]” (Melo 111-112).

 

     Es imposible dejar de pensar en las palabras de Aida Bahr y en el tema del aislamiento que se repite en los poemas de estas autoras de provincias. Las editoras han hecho una labor excelente al publicarlas en sus lugares de origen, pero lo difícil y costoso es promocionarlas de manera que sus discursos crucen fronteras y se produzca un verdadero diálogo. El aislamiento y la necesidad de salir, de ser otras personas, de vivir otras vidas, de inventar otras realidades son temas que se repiten en estos poemas. Una poeta nacida antes de la revolución cubana en Gabaiguán, Rosa María García Garzón, ya titulaba uno de sus poemas “Poema urgente para evadir un complot”, complot maquinado para que la voz poética no pueda escapar. Así lo explica: “Todo parece intacto./ Una de tantas lluvias acaba de caer/ y no sucede nada/ este pueblo se pudre cada tarde/ con sus vecinos sordos/ sus casas impasibles/ este pueblo se pudre bajo el agua./ [...] Yo tengo que salir/ no sé por dónde/ de esta casa tan húmeda/ [...]. Yo tengo que encontrar algo que busco/ quizás en los ciclones/ ellos tienen la fuerza necesaria/ para trazar el rumbo./ Yo tengo que salir y estoy tan quieta/ [...] yo sé que cada tarde las paredes/ me van borrando puertas/ me espían los relojes/ [...]. Yo burlaré el complot/ que cada tarde/ van tramando las calles con la lluvia” (Melo 23-24). Mariana Pérez Pérez de Santa Clara en “Razones, respuestas” expresa este mismo deseo de escapar: “Déjame silenciar las mordeduras del perro,/ se venganza,/ partir hacia otros mundos” (Melo 29). Y Lourdes González (Holguín) en “La casa de papel” lo reitera: “Fábulas, leyendas y sermones/ terminan en el acto de buscar una nueva presencia,/ de cruzar otra puerta,/ de andar otra escalera,/ de subir y bajar/ y de ser los amos conscientes del recuerdo.” (Melo 54). Marylin Roque es una autora que juega mucho con la mitología grecorromana y egipcia. En su poema “Palabras de Osiris” (rey y juez de la muerte), la voz poética habla de la relevancia del tiempo, como algo que no se puede subestimar, porque siempre vuelve a cada instante, porque ha inventado la palabra “ahora” para justificarse. Al final del poema Osiris explica la necesidad de imaginar otros espacios provisionales y ajenos donde hallarse: “Mi vida son pedazos de otros./ Pequeñas ciudades que inventé/ para tener un sitio donde ir, pero que nunca fue mío” (Melo 142).

 

     El aislamiento y la necesidad de inventar otras realidades y de huir son conceptos unidos al tema de la espera y del recuerdo. Ivonne Sotolongo García de Matanzas escribe una carta a Jack: “No me canso de echar botellas al mar/ con tu nombre. [...]/ Soy una desconocida inmensamente oceánica en su soledad” (Melo 21). Por otra parte, Mariana Pérez Pérez habla en “Solo de Flauta” de una partida: “Mas yo no era como el viento/ sobre las bocas hambrientas de la flauta,/ yo sólo esperaba a los amigos/ para cantarles una pobre nota/ que nunca supe afinar porque el flautista/ acabó por marcharse sin enseñarme cómo” (Melo 32). La figura griega de Penélope que espera a quien se marchó con un as de espadas bajo la manga aparece en un poema de Isolina Bellas Galbán (Matanzas), y se repite en otros poemas de la selección. Sin duda, la voz más desgarradora es la de la santiaguera Teresa Melo Rodríguez que en “Barquitos de papel” se lamenta de las ausencias, de quienes se marcharon, del eterno adiós frente al mar inmenso que se ha llevado a tantos amigos: “Se iban en barco casi desvanecido/ los que me dejaron la mano del adiós a medio levantar,/ no quería ver cómo partían otra vez/ ángel, salvador, karim, ignacio./ [...] Yo no quería ser reina. Ahora soy esta pieza     cualquiera/ diciendo adiós ante mi mar vacío” (Melo 83).

 

     Finalmente, es necesario analizar si hay o no algún atisbo de crítica política en esta selección de poemas en los que se aprecia una gran preocupación por la Isla. En el poema titulado “País, adiós”, una voz joven de Camaguey, Yordanca Morciego Fernández, se queja de “un país que no termina nunca/ un lugar que no podemos desprendernos/ incapaz de medir la tristeza/ el amor escondido/ la rabia que carcome/ el odio a lo que ya no somos./ Que nos mutila el recuerdo./ Que nos acalla las manos./ Este maldito rincón que no tenemos” (Melo 131). Pero es, sin duda, “Toques sobre el tambor del pecho”  el poema más directo, cuyos ritmos de tambor anuncian, desde el principio, el tono bélico y, a la vez, triunfante y poderoso de la voz poética: “Algunos creen gobernar el tambor de mi pecho/ porque gobiernan el país,/ no saben que del tambor pueden salir/ países como lágrimas/ países como papel/ países como espuma/ infinitos países míos/ según se toque el tambor./ Los que gobiernan no alcanzan a tocar la melodía que conviene al tambor de mi pecho” (Melo 111). La autora de este poema, Sonia Díaz Corrales desde Sancti Spíritus, se presenta como una de las más versátiles de la selección.

 

     Al contrastar estos temas con los que aparecen en el poemario Ellas escriben cartas de amor de la habanera Reina María Rodríguez, se puede percibir la existencia de lugares comunes que ratifican las declaraciones de Aida Bahr sobre la unidad temática en las poetas de provincias y capitalinas.

 

     El amor es siempre en los poemas de Reina María Rodríguez motivo de soledad e incomprensión porque “fatalmente jugamos a ser presa/ a esperar por el cazador que nos atrape/ con su salto de muerte” (Ellas 17), pero cuando le pedimos a este cazador que nos ayude a seguir, se esconde y se escapa dejándonos por compañera la soledad. Uno de los poemas más representativos de Rodríguez con respecto al vacío que deja el abandono es “Alguna vez. Algún tiempo”, cuyo título se refiere a una vez y un tiempo en el pasado o en el hipotético futuro, pero no en el ahora, ni en el aquí. Plagado de metáforas marinas y “acuosas”, el poema utiliza un triple símil. Se percibe la identidad como casa vacía, desierta en las esquinas, como inmueble desperdicio, sin secretos, ni tesoros, en el mar, de donde no quiere salir; una casa que en otro poema (“Vigas”) se presenta con vigas que se resienten por el peso de los años y que hay que reforzar (Ellas 40). Este símil de la casa-identidad se extiende y triplica al de casa-identidad-caracol muerto sobre la arena enquistado, “donde todavía suele el mar remover/ algún insecto que se asoma y huele pero sin habitar” (Ellas 30). Por tanto, y como parte de esta casa-identidad-caracol, hay movimiento sin vida, hay insecto sin alma de caracol y hay soledad en esta casa que está al pie del precipicio que es la orilla, “a merced de una aire inquieto de cierto olor a sal” (Ellas 31). El poema termina con un tajante “eso son las casas vacías./ [...] una playa desierta y una casa sola” (Ellas 31).

 

     La mujer en estos poemas “está hecha de esa soledad/ que existe entre lo cotidiano y el deseo” (Ellas 23). “La felicidad es una estéril razón en la babosa/ de enroscarse y no saber el objeto de su deseo” (Ellas 24). Estos deseos están del otro lado del puente, mientras que la mujer los mira de este lado concentrada en el mínimo de su pie, con las venas que se le ven cada vez más y comiéndose sus mentiras cada vez menos, emocionada con el calostro de sus pechos que moja su blusa (Ellas 25). De esta manera se hace un canto a la maternidad en su forma más corporal.[3] Este mismo sujeto lírico femenino se presenta en el poema “Deudas” de la siguiente manera:

 

     “[...] soy sencillamente fea/ con pecas   sueños y dolores./ tengo dos hijos/ otro que nacerá el próximo septiembre./ no soy un buen negocio/ —enseguida salgo embarazada—./ soy el número 338 123 del carnet de identidad/ sin foto –los niños la rompieron—/ ni sanción—porque no poseo antecedentes/ penales/ mayores ni menores—/ trabajo como redactora de programas/ un sueldo de 163 pesos/ una literatura de carrera/ muchos poemas sueltos/ y amigos en cuatro categorías: regulares   buenos   muy malos y tristes./ una casa ajena/ un ventilador  un peine/ una balalaica que me trajo mi hermano/ el piano de los conciertos infantiles/ una lupa para ver mejor la realidad/ las fotos de Martí y Hemingway/ reproducciones/ libros que aún no me han robado/ mapas ampliando la pared/ cartas de antiguos amantes/ un reloj   una mariposa azul   un corazón./     

Y muchas deudas/ infinitas deudas con la vida” (Ellas 20-21).

 

     Estos mapas que amplían las paredes y que sirven para ensanchar la propia realidad son similares a la escritura de mujeres, quienes, incansablemente, siguen escribiendo, contando como Sherezade, intentando descifrar lo indefinible “[...] hasta que se apague la luz/ hasta que se acabe la llamita/ escriben en los baños   en   las oficinas/ escondidas de los maestros y de las ratas” (Ellas 51). Esta cita pertenece al poema que da título a la antología Ellas escriben cartas de amor (1998) y en él Rodríguez explica la poética de la escritura de las mujeres, unas mujeres sonámbulas “escriben cartas de amor con preámbulos [...]/ sin otra técnica que un corazón ligeramente corrompido/ por las feroces garras de los años/ por la tinta azul petrificada en las noches de espera” (Ellas 51), por la soledad que deja el amor, por el deseo que queda tras el vacío de la ausencia.

 

     En este somero análisis de los poemas recogidos en Mujer Adentro, se ha podido advertir como los temas de la soledad, el aislamiento y, su consecuencia más directa, la necesidad de huir o de inventar otros mundos son expresados por estas voces poéticas de provincias que, si bien, comienzan a ser escuchadas en la capital, aún requieren un estudio más profundo, ya que, como se ha visto en la comparación con algunos de los temas del poemario Ellas escriben cartas de amor de Reina María Rodríguez, existen muchos espacios comunes en la poética femenina contemporánea tanto de provincias como capitalina.

 

     Querría terminar mi presentación con el fragmento de un poema titulado “Cartas, postales” de Lourdes González de Holguín que habla de la irremediable identidad dividida cubana: “Todo el poder está en nombrarlos/ a ustedes que conmigo anduvieron la isla/ y hoy me devuelven cartas y postales/ [...] Me entrego,/ decida a no olvidarlos, a esta furia de esperar/ las agujas doradas de Gaudí,/ las manzanas del mercado de Atlanta,/ los murales de Diego./ Escucho noche y día sus voces impacientes:/ ven          come    kommt            venez   vamos./ Cómo no apreciarlos en la diáspora./ Hasta la hora de mañana/ todo el poder está en nombrarlos” (González 55).

 



Bibliografía

 

Fernández Retamar, Roberto y Fayad Jamis (compilación de). Poesía joven de Cuba. La Habana: Editorial popular de Cuba y del Caribe, 1969.

 

González, Daniuska (selección, prólogo y notas de). Poetas cubanos actuales. Miranda, Venezuela: Ateneo de Los Teques, 1995.

 

González, Lourdes. En la orilla derecha del Nilo. Ciudad de La Habana: Ediciones Unión, 2000.

 

González. Dianuska (selección y prólogo y notas de). Poetas cubanas actuales. Miranda, Venezuela: Ateneo de Los Teques, 1995.

 

López-Lemus. Virgilio (Prólogo y notas de). Poetas de la Isla. Panorama de la poesía cubana contemporánea. Sevilla: Portada Editorial, 1995.

 

Melo, Teresa, Aida Bahr y Asela Suárez (Selección). Mujer Adentro. Editorial Oriente: Santiago de Cuba, 2000.

 

Morejón, Nancy. Botella al mar. Zaragoza: Olifante, 1996.

 

Resik, Magda. “Aida Bahr: ‘Lo primero que todo soy escritora’. La Jiribilla, Septiembre 2001

 

Rodríguez, Reina María. Ellas escriben cartas de amor. La Habana: Ediciones Unión, 1998.

 

----------------------------. La foto del invernadero. La Habana. Casa de Las Américas, 1998.

 

Temas, Número 5, 1996, dedicado a la mujer cubana.

 

Yánez, Mirta (inventario e introducción de). Album de poetisas cubanas. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1997.

 

----------------------------. Cubanas a capítulo. Editorial Oriente: Santiago de Cuba, 2000


 

[1] Comenzaron a darse en esta década, y sobre todo en las siguientes, un postcoloquialismo y una mayor versatilidad en las temáticas de los poemas: “[...] pasamos de un casi totalitarismo estético del coloquialismo como corriente omnipresente entre 1965 y 1970, a un desbordamiento muy variado de formas, contenidos y estilos, que va desde la vocación realista hasta lucubraciones metafísicas, desde el empleo del tono conversacional hasta el afán de desorganización del lenguaje, precisamente para escapar de ese tono ya largamente empleado [...] en la poesía cubana” (López Lemus 25).

[2] Así lo expresa la entrevistadora Resik: “Desde la editorial de Oriente, [Aida Bahr] destruye el mito de la exclusividad capitalina, para la buena literatura. Y promueve, como transmitiéndonos sus sanas intenciones, el intercambio. Los escritores y las escritoras de allá aparecen en la Habana y los de acá son editados en el extremo oriental de la Isla. No se aceptan fronteras, ni de género, ni de distribución geográfica, ni de estilos... La creación verdadera conquista por sí sola su espacio” (1).

[3] Estas imágenes aparecen en el poema “La punta del deseo” que se abre con una cita de Cesar Pavese relacionada con la idea del ser humano y su deseo: “ El problema no es la adversidad de la suerte porque obtenemos todo aquello que deseamos con suficiente fuerza. El problema es más bien, que nos hastía todo aquello que obtenemos. Y entonces jamás debemos tomárnosla con la suerte, sino con nuestro propio deseo…” (Ellas 25).

    


María del Mar López Cabrales nació en Cádiz, España (1967). Es profesora titular del Departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras de la Universidad del Estado de Colorado (EE.UU.) donde imparte clases de diferentes niveles de español y culturas y literaturas españolas y latinoamericanas. Su línea de investigación se centra en los estudios de la mujer en Latinoamérica y España en la época contemporánea. Su investigación se ha concentrado en analizar la escritura de mujeres como un espacio en el que éstas crean un discurso socio histórico y se comunican unas con otras. Ha publicado los libros La pluma y la represión: Escritoras contemporáneas argentinas (2000) y Palabras de mujeres. Escritoras españolas contemporáneas (2000), así como también distintos artículos, entrevistas, introducciones y entradas enciclopédicas en Letras Femeninas, Revista Iberoamericana, Confluencia y otras revistas de investigación y actas de congresos en España, Latinoamérica y EE.UU. En la actualidad es Secretaria de la Asociación Internacional de Literatura Femenina Hispánica y ha sido profesora invitada en la Universidad de Cádiz (verano de 1999), y en el programa Semester at Sea (otoño del 2000 y verano del 2001). En la primavera del 2003 fue consejera del programa de intercambio del Departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras de la Universidad del Estado de Colorado en La Universidad de Alcalá de Henares en Madrid (España).