Dile adiós a la Virgen (Poliedro, 2003)
del escritor José Abreu Felippe es uno de los libros de temática cubana
más desgarradores publicados en los últimos tiempos. El volumen tiene que
ver con la supervivencia bajo un régimen tiránico, el envilecimiento de
prácticamente todos los valores humanos, la frustración, el exilio y la
catástrofe personal de un personaje central, Octavio González Paula -Tavi
para los suyos-, y de un pequeño grupo de jóvenes en torno a él, o por qué
no, de él en torno a ellos, formando una cofradía de la resistencia
física, contra los implacables embates de la realidad circundante. Sin
embargo lo antes dicho, a manera de compacto resumen, no es más que la
punta del iceberg de toda una novela fundacional, edificada sobre los
cimientos de una ciudad devastada por la miseria y el hambre; sumida en el
miedo, el sexo, la violencia y el trueque; pero también privada de toda
esperanza, donde ante la sombría realidad la única opción es la fuga.
Dile adiós a la virgen es la última pieza
de una pentalogía que hace un trazado desde la infancia hasta la muerte
del personaje. En ésta que cierra el círculo, es el fin de Tavi, el
muchacho de Sabanalamar, que se lanza a la campaña de
alfabetización. El adolescente de Siempre la lluvia, que conoce de
cerca el horror y la muerte durante el servicio militar. El joven escritor
de El instante, en medio de la patética década de los setenta en
Cuba, hasta el éxodo del Mariel. El mismo de Barrio azul, entonces
niño, como símbolo real de todo inicio.
En particular Dile adiós
a la Virgen cubre los
meses de agosto a diciembre de 1983 en La Habana, y cierra con Veinte
años después, que abarca el exilio del personaje en Madrid y Miami.
Son siete capítulos, siete círculos, siete chakras, siete estertores; pero
aún más, siete momentos de desesperación y siete desilusiones.
Escrita con una prosa brutal, con descripciones
apenas sin adjetivos, cruda, es un largo camino circular, un descenso –o
un ascenso- al origen de una ciudad y una fe religiosa. Una espiral
vertiginosa que arrasa y nos deja sin aliento. Un alegato furioso a favor
del hombre como ente individual y en contra de su deshumanización en
nombre de abstracciones. Y es también un canto a la cotidianidad que se
niega a morir, pero que, como todo lo que existe bajo el sol, lleva en sí
misma la simiente de su propio acabamiento. Un alarido contra la aridez de
la vida. El retrato de un ser humano dando manotazos hasta el fin y
después yéndose, “en el humo que asciende y se hace denso”, ese
persistente símbolo abreuniano.
Desde su aparición en noviembre del 2003, la novela ha tenido una acogida
significativa. Fue presentada en la Feria del Libro de Miami y ha
permanecido en la lista de libros más vendidos de El Nuevo Herald, durante
los meses de enero a mayo (fecha del cierre de esta nota), así como de la
publicación Triunfo. Además, Dile adiós a la Virgen ha sido
seleccionada como “libro asociado al Forum 2004, Diálogo de las Culturas”,
importante evento de la Comunidad Europea que se celebra en la capital de
Cataluña.
En gran medida,
esta extraordinaria novela, escrita con la mejor prosa de Abreu Felippe,
bien puede ser la tan esperada gran novela cubana