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Miami Estados Unidos Año
V
Nº
29/30
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| Publicada por
Ediciones Baquiana
| | Director Ejecutivo Patricio E. Palacios | | Directora de Redacción Maricel Mayor Marsán | |
Asesores Técnicos Daniel Berdeguer
Luis H. Beltran | | Asesor de Arte Carlos Quevedo |
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EL ROMANCERO EN CUBA
por
Juana Rosa Pita
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Maximiano Trapero/Martha
Esquenazi Pérez:
Romancero tradicional y general de Cuba, Gobierno de
Canarias: Consejería de Educación, Cultura y Deportes de España, 2002
ISBN: 84-7947-305-3
Para escribir un
comentario sobre el Romancero general y tradicional de Cuba (Gran Canaria,
2002) hay que empezar cantando: "Cuánto me das marinero,/ cuánto me das
marinero,/ por que te saque del agua, (sí sí)/ por que te saque del agua".
Fusión del romance de Santa Catalina con el de Marinero al agua que
ocurrió en la Isla, sabe Dios por qué sinrazones. Hay que remontarse a la
infancia para apreciar a plenitud la espléndida obra que han entregado el
profesor e investigador de La Universidad de Las Palmas, Maximiano
Trapero, y la investigadora del Centro ‘Juan Marinello’ de La Habana,
Martha Esquenazi Pérez. Un volumen de más de 600 páginas que recoge
minuciosamente y acredita la labor de todos sus predecesores,
expandiéndola considerablemente hasta ponerla al día, a partir de una
intención inicial que fue imponiendo su propio designio, como sugieren
estas palabras del autor:
"Nuestra intención primera fue investigar el romancero cubano en aquellas
zonas de especial incidencia de la emigración histórica canaria", o sea,
las provincias occidentales y centrales, desde Pinar del Río hasta Sancti
Spiritus. Y en efecto, al hacerlo confirmaron la importancia del aporte.
"Inclusive, algunos de los recolectores cubanos antiguos ya lo habían
expresado, no la influencia, pero sí la rama "isleña" de la que habían
heredado la tradición; así, por ejemplo, Concepción Teresa Alzola…" En
este punto debo hacer una digresión, pues algo que me llamó la atención
desde que comencé a adentrarme en la obra fue lo mucho que en ella se
mencionaba a la autora del Folklore del niño cubano publicado en dos tomos
por la Universidad de las Villas, en 1961 y 1962 respectivamente. Y como
me gusta dar buenas nuevas la llamé por teléfono para decírselo.
La noticia fue recibida con tanta sorpresa como
alegría: "No pensé que iba a ser reivindicada tan pronto mi labor", me
confesó Concha Alzola (Marianao, 1930), como se la conoce en Miami. Se
refería a la injusta omisión que de prácticamente toda su labor había
hecho Beatriz Mariscal en su Romancero general de Cuba publicado por el
Colegio de México en 1996, quien sólo le daba crédito por haber aportado
un romance. Y cuando le dije que 39 versiones recogidas por ella de 30
temas romancísticos aparecían documentadas, y que uno de los últimos
capítulos estaba dedicado a la música que ella, más asiduamente que otros
investigadores, había tenido la curiosidad de anotar en el volumen
dedicado a los juegos infantiles, casi no podía creerlo: El conde Niño,
Ricofranco, Delgadina, Dónde vas Alfonso XII, Mambrú, La viudita del conde
Laurel, Las hijas de Merino, entre otros, así como las dos únicas
versiones cantadas que se conocen del romance Lux Aeterna.
Maximiano Trapero deplora el silencio que sobre ella hizo Beatriz Mariscal
y le dedica dos páginas de su Introducción abriendo de este modo:
"Salvadas las aportaciones de Carolina Poncet y de José María Chacón y
Calvo, por ser las primeras, la colección individual de romances cubanos
más importante publicada hasta ahora fue la de Concepción T. Alzola, bien
es verdad que considerando ella al romance no como género independiente
sino como un subgénero del folklore infantil, tal cual había hecho Sofía
Córdoba de Fernández". Percepción acertada si se tiene en cuenta que
Menéndez y Pidal, Mirta Aguirre y hasta los autores de esta nueva obra
pudieron comprobar que en Cuba el romancero se ha trasmitido y conservado
a través de los corros infantiles y las canciones de cuna. Celebra además
el rigor con que Alzola realizó su investigación de campo a partir de las
canciones y romances que se cantaban en su casa, en la escuela y en los
parques de su barrio, sin jamás descuidar datos de informante y música. Y
más adelante se refiere a la "infantilización" del romancero como a un
fenómeno cubano por excelencia.
Esta obra concuerda en algunos puntos con las observaciones de Mercedes
Díaz Roig en su Romancero tradicional de América (1990). Lo poco que
prendieron en América, y en Cuba en particular, los romances religiosos de
tanta tradición en España, por ejemplo. Pero si Díaz Roig muestra cómo el
romance en México se convierte en corrido, Trapero y Esquenazi confirman
que en Cuba tiende a convertirse en rueda. Muchos de los aportes que ellos
hacen se apoyan en informantes que son abuelas o niñas: "…los posibles
informantes de ahora o son mayores de 60 años o son niños y adolescentes
de menos de 15 (con todas las excepciones que confirman la regla, por
supuesto).Y ese paréntesis de silencio coincide temporalmente con la
Revolución: las personas mayores que recuerdan algún romance lo
aprendieron antes de la Revolución, y los niños los empiezan a aprender
ahora, bien por boca de las abuelas o porque el romancero vuelve a meterse
en la escuela como cancionero infantil".
Una de esas
excepciones es la versión del Conde Niño (anteriormente Olinos y en
algunas versiones Nilo) que dos mujeres jóvenes le cantaron en la
provincia de las Tunas a Maximiano Trapero el 2 de julio de 1997, y donde
la trágica historia de amor de ese Orfeo mediterráneo que tanto prendió en
la sensibilidad insular, se suaviza y enmisteria con el último verso:
"Ella se volvió una iglesia, él se volvió un rico altar,/ para celebrar
las bodas la mañana de San Juan./ Ella se volvió paloma, él se volvió un
gavilán/ para hacerle los niditos a las orillas del mar".
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Juana Rosa Pita
nació en La Habana,
Cuba (1939). Poeta y escritora. Desde 1961 vive fuera de Cuba y en
1975 recibió el primer premio de poesía para Hispanoamérica del
Instituto de Cultura Hispánica de Málaga, España. En Washington, D.C. fue co-fundadora de las Ediciones de Poesía Solar (1976) y se
doctoró en Literaturas Hispánicas (1984). Fue Profesora Visitante
de Tulane University, New Orleans (1989-1992). Corresponsal de la
revista Alhucema de Granada, España, y miembro del Consejo
Intelectual Interamericano de la revista El Pez y La Serpiente de
Managua, Nicaragua. Actualmente reside en Miami donde escribe artículos
de cultura para El Nuevo Herald. Galardonada en Italia con dos
premios internacionales, el Último Novecento de Pisa (1985) y el
Alghero – “La cultura por la paz” (1987), su obra poética ha
sido ampliamente comentada, traducida a cuatro lenguas e incluida en
antologías como New Directions in Prose and Poetry 49
(New
York, 1985), Doscientos años de poesía cubana (La Habana,
1999) y Voces viajeras (Madrid, 2002).
Entre los más conocidos de la veintena de poemarios que ha
publicado a partir de Pan de sol (1976) se encuentran: Las
cartas y las horas, El arca de los sueños, Manual de magia, Viajes
de Penélope, Crónicas del Caribe, Plaza sitiada, Aires etruscos/Arie
etrusche, Sorbos de luz/Sips of Light, Una estación en tren (Premio
“Letras de Oro” 1993), Infancia del Pan nuestro, Tela de
concierto y Cadenze,
(2000).
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