Cuando en literatura hablamos de naturaleza nuestro
mecanismo de asociaciones nos hace pensar en la idealización preromántica
de la misma y en la evolución realista-emotiva que ocurre a partir del
Romanticismo. Sin embargo, la sensibilidad española ante la naturaleza
como criterio topográfico o naturalista siempre estuvo presente en el
substrato de la psiquis nacional y tuvo un momento de luz en la literatura
medieval en un autor gallego, Rodríguez del Padrón o de la Cámara[1],
quien en la tercera parte de su novela El siervo libre de amor hace por
primera vez, aunque en forma todavía vaga, una valorización poética del
paisaje con recuerdos concretos de la tierra gallega. Ya en la evolución
posromántica de la naturaleza se establece la visión de la relación que
existe entre el mundo interior del hombre y el mundo exterior de la
naturaleza. En el caso concreto de In tempore belli, escrito por el poeta
toledano Hilario Barrero, y premio de Poesía Gastón Baquero 1998, la
naturaleza puede ser espejo emocional o vehículo metafórico. El propósito
de este trabajo es explorar el uso que el poeta da a la naturaleza en la
creación del lenguaje con el que presenta el eterno dilema humano de la
ecuación vida -muerte. Forma que hace sentir bello al tema, a pesar de su
esencia lúgubre.
Comenzamos el
análisis con el poema “Ofrenda”[2]
que abre el libro y cuyo tema es la entrega primigenia. En este poema la
naturaleza se unifica al amante primerizo y con él se convierte en parte
íntegra de la entrega. Primero como lugar donde ocurre la misma, “Fuimos
a la montaña en la noche” y más adelante como componente “in solidum” de
la misma:
para ser
ofrecido, con el alba,
al pueblo que
hambriento y jubiloso
esperaba
cantando en la gran plaza.
Una vez consumado
el amor y comenzada la guerra, la fuerza vital del primero prevalecerá a
través del libro como veremos en subsiguientes poemas.
El poema “Cors e
Cor”[3]
expone la entrega total que ocurre a pesar de la siempre presente noción
de la muerte acechante. Los elementos de la naturaleza se usan para crear
imágenes con las que el poeta presenta la pasión amorosa que une a los
amantes. Sea enumeración de medios mixtos donde los elementos de la
naturaleza acentúan a los físicos al crear un contraste de opuestos
“mordisco y dentellada, nieve y niebla floridas,”. O la comparación
explícita o símil “otros envidiarán la urna de tu noche,”. O la relación
entre elementos reales e irreales “oler la primavera de tu ingle”.
La personificación
de la luz en el poema “Oficio de tinieblas”[4]
crea el ambiente de fondo que ayuda a presentar al nido de amor así como
la dicotomía entre lo divino -el sentimiento de amor- y lo profano -el
acto de amor-:
Una luz
dócil, agobiada de gasa,
herida de
cometas y palomas,
entra por la
ventana y enturbiando
al cristal se
santigua en el agua
bendita de la
sábana atea.
Más adelante en el poema es la personificación, de nuevo , la que permite
a la naturaleza dejar de ser fondo para convertirse en protagonista
creando una alegoría entre el acto de amor físico de los amantes y el
juego de luz noche-tarde-alba:
La noche con
su lengua de azabache
lamerá los
pezones a la tarde
que enajenada
por su humedad de pozo
convertirá su
grito de maitines
en luctuoso
oficio de tinieblas:
los guerreros
vencidos por la noche
y la noche en
derrota por el alba.
En los poemas
“Cementerio en New Hampshire” e “Easter Sunday en Green Wood” el ciclo de
la naturaleza vida-muerte-vida contrasta con el ciclo humano vida-muerte.
En los primeros seis versos de “Cementerio en New Hampshire”[5]
la naturaleza es elemento real en la imagen que introduce el tema del
poema vida-muerte:
Los que
abonan con óxido
los rojos
incendiados de octubre
también
fueron felices
contemplando
el otoño en este
cementerio de
New England,
cercano al
mar y en fuego.
Mientras que más adelante en el poema, la naturaleza pasa a ser fondo en
la meditación del poeta de su invencible mortalidad:
¿Cómo guardar
la clave de tus ojos
en la piedra
caliza de mi historia?
¿cómo herir a
la muerte ilimitada
si ha de
robar tu nombre y mis preguntas?
En “Easter Sunday en Green Wood”[6]presente
en el cementerio de Green Wood en un Domingo de Resurrección, día en que
en la cristiandad la vida vence a la muerte, el poeta nos muestra una
naturaleza desesperanzada: “La mañana amanece embalsamada,/arropada en el
sucio sudario del invierno.” Como vemos, es la mañana símbolo del renacer
ya vencida por la muerte simbolizada por el invierno quien a su vez provee
los ritos funerales. En este ambiente lúgubre florece el amor, que se
vuelve un bálsamo ante la realidad mortal del poeta, pero no su salvación:
Saber que
eres mi tierra y mi mortaja,
poseer un
aliento de almohada
donde dormir
por siempre y a tu lado
es todo lo
que pido y necesito.
La imagen
descriptiva inicial de la naturaleza en el poema “Piedra”[7]
crea el ambiente lúgubre que permea todo el poema:
Al final de
la tarde,
después de un
día oscuro
su piel
acartonada en los tejados,
lluvia de
madrugada
y un viento
suave de tiza humedecido,
por un
instante breve, nace una luz cansada
que bautiza
de fiesta a las fachadas.
Por su parte en el
poema “Aliento”[8],
la naturaleza se hace parte de la devastación que es la muerte. Mientras
relata el proceso natural del otoño: la lluvia, el cambio de colores en la
vegetación y la caída de las hojas, el poeta presenta la destrucción que
acecha a la sociedad en una metáfora en la que une elementos naturales, la
abeja y su veneno, y elementos bíblicos, la imagen apocalíptica de la
muerte como un ángel llevando una guadaña, unidos a colores otoñales que
llevan en sí implícita la idea de acabamiento: rosa dorada; ocre y
amarillo.
Así mismo, la
naturaleza sirve de punto de partida para crear las imágenes en “Cometa
omega”[9].
Tan libre,
pájaro que huye de los pájaros,
capitel de
vivísimo colores dando vida
a la
arquitectura azul del cielo;
revestida de
una piel de acuarela,
trazando el
arco iris de su ritmo
sobre el
verde sombrero del verano,
Prosigue con una
metáfora, que a un tiempo, recuerda a la serpiente de El principito y a la
simbología bíblica encarnada por este reptil, la cometa que durante su
vuelo de verano ha encarnado libertad, gozo y vida aparece enredada en un
árbol abatida por los elementos evocando la muerte:
Bautizada de
lluvia, extraña flor herida
con pétalos
de sangre, palidece, su débil
aleteo
nombrando de amarillo a cada hoja,
la última
cometa del verano.
La naturaleza en
su forma de paisaje es el protagonista del poema “Patinadores”[10]
donde los elementos reales: noche, aire, frío junto al sacrificial
cuchillo se unen a la personificación del paisaje urbano para expresar el
efecto destructor del hombre en el hielo:
Un batallón
de bárbaros,
armados de
cuchillos, rasga sus vestiduras
dejando al
descubierto un sebastián de vidrio
encadenado al
árbol del invierno.
y el efecto reparador
que la naturaleza tiene sobre el mismo.
La noche ha
embalsamado,
con el
ungüento helado de su aliento,
el torso
lacerado de la pista de hielo.
La prosopopeya une
los distintos elementos de la naturaleza en “Laberinto”[11],
nieve y frío:
Sobre la losa
del estanque
la nieve echa
raíces, aposenta
sus zapatos
de vidrio y muerde
con sus
afilados dientes
al frío
terciopelo de la tarde.
tarde:
Se doblega la
tarde cediendo territorio
al enemigo y
el viento
va afilando
el cuchillo vidrioso
de sus
labios, borrando lentamente
el débil
maquillaje en el rostro del sol.
que propician el
ambiente donde se descubre, una vez más, la imposibilidad del ser humano
de escapar de la muerte: “Bien sabe él que hace tiempo se cerró la
salida.”
La ida del
invierno simbolizada por la nieve es el tema del poema “Invasión”[12];
tejiendo numerosos elementos irreales con el real nieve, el poeta logra
representar hábilmente el deshielo de un paisaje nevado:
Sucia su
esencia la nieve resquebraja
su frágil
basamento
al nacerle un
extraño sonido
en sus raíces
un fuego
avaricioso
que le roe
su, en otro tiempo,
marmórea
frialdad.
El poema “Navaja”[13]
presenta a la naturaleza en los dos aspectos que nos ocupan, como fondo
para crear el ambiente, en este caso, tétrico del tema:
Envuelto en
el reflejo de su hondo silencio,
el lago me
devuelve su mirada mojada
en el húmedo
espejo de la tarde de lluvia.
y como elemento íntegro
del tema.
Se disuelve
la tarde con mi espeso recuerdo
y me quedo
sintiendo el ruido de mi sangre,
que grita
cicatrices en mi espera.
Continuando con el uso de la personificación, el poeta expresa la dualidad
de su conflicto anímico; el deseo físico de su pasión amorosa frustrada
por la muerte del ser amado.
El dolor por la
muerte del ser amado es también el tema del poema “Invención”[14].
Aquí la naturaleza pasa a ser coprotagonista en el sentimiento de pérdida
que expresa el poeta “Descansas en el regazo de la tarde/y el paisaje se
ilumina en tus huesos.” y en la eterna duda vivencial sobre la propia
existencia:
Un vendaval
furioso refleja nuestros rostros
en el ardiente
espejo de la noche
y no sabemos
quién de los dos ha muerto.
El tema de la
presencia eterna de la muerte es repetido en “Encuentro”[15]
esta vez inspirado en el hecho real del encuentro entre Sibelius y Mahler
el que al ser presentado con la naturaleza nórdica personificada como
fondo enfática el contraste vital entre la caducidad del hombre y el
eterno ciclo revitalizador vida-muerte-vida de la naturaleza:
Sentados en
el diván hablando con la sombra
miraba un sol
gastado que al doblarse
mordía, con
su filo de rojo terciopelo,
la helada
rama del árbol del jardín.
En el largo poema
“Elegía”[16]
dividido en siete segmentos la naturaleza es punto de partida para
desarrollar el tema o parte íntegra del mismo. En la primera parte, la
muerte a destiempo expresada en la metáfora “otoño temprano” es preámbulo
de la descripción del proceso devastador de la epidemia en el cuerpo
enfermo. Desolación que se acentúa ante el miedo de los sanos.
En la segunda
sección, las metáforas exponen el enjambre de vida renaciente que se
produce durante la primavera lo que contrasta con la muerte causada por la
epidemia:
Fuera con
esta luz de abril
han nacido
las primeras cometas,
los primeros
amores clandestinos,
temblorosas
hormigas cegadas por el sol,
el ruido de
la hierba respirando,
un sofoco de
vidrio sobre el lago
y en el
césped prohibido
cuerpos casi
desnudos, oferentes,
cuerpos
trampa por los que él vivió.
Continúa el poeta
presentando, en la tercera parte, el paisaje urbano en términos reales y
en una comparación explícita contrasta la continuación de la vida
cotidiana con la condición desesperanzada y terminal del amigo enfermo.
En el fondo
Manhattan se ilumina
y enseña su
armazón de primavera,
pasan barcos
de carga sobre el río
hiriendo a la
corriente con su arado,
creando mil
espumas, prisioneros almendros
que florecen,
liberados del peso de su agua.
Sus ojos dos
terrones resecos miran por la ventana
y a media voz
murmuran:
En el cuarto y
quinto segmento del poema, las flores juegan papeles complementarios. La
imagen “amanecidos tulipanes amarillos” que se refiere a flores reales,
encierra en sí la antónima realidad vida-muerte; pues si bien el adjetivo
amanecidos expresa vida, el adjetivo amarillos implica muerte. Mientras
que en el símil:
setenta
lesiones
que están
condecorando, como flores malditas,
su cuerpo
mozo...
la flor símbolo del
comienzo de la vida en realidad presenta el final de la misma subrayando
el sentimiento de impotencia con que termina el poema.
En conclusión, la
naturaleza en In tempore belli es un elemento esencial en la creación de
su elevado lenguaje; el que hace posible presentar la devastación causada
por la gran epidemia del Siglo XX con gran fuerza lírica.
[1]Emilio
Gónzalez López, Historia de la civilización española. New York: Las
Américas, 1970: 199.
2]
Hilario Barrero, In tempore belli. Madrid: Verbum: 11-12.
[3]
Ibid: 16-17
[4]
Ibid: 18.
[5]
Ibid: 21-22.
[6]
Ibid: 23.
[7]
Ibid: 25
[8]
Ibid: 34.
[9]
Ibid: 37.
[10]
Ibid: 38
[11]
Ibid: 40.
[12]
Ibid: 41.
[13]
Ibid: 42.
[14]
Ibid: 39.
[15]
Ibid: 64.
[16]
Ibid: 70-76.