Miami
Estados Unidos
Año V

 Nº  29/30

Escríbanos   

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

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Asesores Técnicos

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Asesor de Arte

Carlos Quevedo






 


 

 

 

 

LA NATURALEZA EN IN TEMPORE BELLI DE HILARIO BARRERO

 por

Oneida M. Sánchez


       

 

Hilario Barrero: In tempore belli,

 Editorial Verbum, Madrid, 2002

  ISBN: 84-7962-134-6


     Cuando en literatura hablamos de naturaleza nuestro mecanismo de asociaciones nos hace pensar en la idealización preromántica de la misma y en la evolución realista-emotiva que ocurre a partir del Romanticismo.  Sin embargo, la sensibilidad española ante la naturaleza como criterio topográfico o naturalista siempre estuvo presente en el substrato de la psiquis nacional y tuvo un momento de luz en la literatura medieval en un autor gallego, Rodríguez del Padrón o de la Cámara[1], quien en la tercera parte de su novela El siervo libre de amor hace por primera vez, aunque en forma todavía vaga, una valorización poética del paisaje con recuerdos concretos de la tierra gallega.  Ya en la evolución posromántica de la naturaleza se establece la visión de la relación que existe entre el mundo interior del hombre y el mundo exterior de la naturaleza.  En el caso concreto de In tempore belli, escrito por el poeta toledano Hilario Barrero, y premio de Poesía Gastón Baquero 1998, la naturaleza puede ser espejo emocional o vehículo metafórico.  El propósito de este trabajo es explorar el uso que el poeta da a la naturaleza en la creación del lenguaje con el que presenta el eterno dilema humano de la ecuación vida -muerte. Forma que hace sentir bello al tema, a pesar de su esencia lúgubre.

     Comenzamos el análisis con el poema “Ofrenda”[2] que abre el libro y cuyo tema es la entrega primigenia.  En este poema la naturaleza se unifica al amante primerizo y con él se convierte en parte íntegra de la entrega.  Primero como lugar donde ocurre la misma, “Fuimos a la montaña en la noche” y más adelante como componente “in solidum” de la misma:

 

          para ser ofrecido, con el alba,

          al pueblo que hambriento y jubiloso

          esperaba cantando en la gran plaza.

 

     Una vez consumado el amor y comenzada la guerra, la fuerza vital del primero prevalecerá a través del libro como veremos en subsiguientes poemas.

     El poema “Cors e Cor”[3] expone la entrega total que ocurre a pesar de la siempre presente noción de la muerte acechante. Los elementos de la naturaleza se usan para crear imágenes con las que el poeta presenta la pasión amorosa que une a los amantes.  Sea enumeración de medios mixtos donde los elementos de la naturaleza acentúan a los físicos al crear un contraste de opuestos “mordisco y dentellada, nieve y niebla floridas,”. O la comparación explícita o símil “otros envidiarán la urna de tu noche,”.  O la relación entre elementos reales e irreales “oler la primavera de tu ingle”.

     La personificación de la luz en el poema “Oficio de tinieblas”[4] crea el ambiente de fondo que ayuda a presentar al nido de amor así como la dicotomía entre lo divino -el sentimiento de amor- y lo profano -el acto de amor-:

 

          Una luz dócil, agobiada de gasa,

          herida de cometas y palomas,

          entra por la ventana y enturbiando

          al cristal se santigua en el agua

          bendita de la sábana atea.

 

     Más adelante en el poema es la personificación, de nuevo , la que permite a la naturaleza dejar de ser fondo para convertirse en protagonista creando una alegoría entre el acto de amor físico de los amantes y el juego de luz noche-tarde-alba:

 

          La noche con su lengua de azabache

          lamerá los pezones a la tarde

          que enajenada por su humedad de pozo

          convertirá su grito de maitines

          en luctuoso oficio de tinieblas:

          los guerreros vencidos por la noche

          y la noche en derrota por el alba.

 

     En los poemas “Cementerio en New Hampshire” e “Easter Sunday en Green Wood” el ciclo de la naturaleza vida-muerte-vida contrasta con el ciclo humano vida-muerte.  En los primeros seis versos de “Cementerio en New Hampshire”[5] la naturaleza es elemento real en la imagen que introduce el tema del poema vida-muerte:

 

          Los que abonan con óxido

          los rojos incendiados de octubre

          también fueron felices

          contemplando el otoño en este

          cementerio de New England,

          cercano al mar y en fuego.

 

     Mientras que más adelante en el poema, la naturaleza pasa a ser fondo en la meditación del poeta de su invencible mortalidad:

 

          ¿Cómo guardar la clave de tus ojos

          en la piedra caliza de mi historia?

          ¿cómo herir a la muerte ilimitada

          si ha de robar tu nombre y mis preguntas?

 

     En “Easter Sunday en Green Wood”[6]presente en el cementerio de Green Wood en un Domingo de Resurrección, día en que en la cristiandad la vida vence a la muerte, el poeta nos muestra una naturaleza desesperanzada: “La mañana amanece embalsamada,/arropada en el sucio sudario del invierno.” Como vemos, es la mañana símbolo del renacer ya vencida por la muerte simbolizada por el invierno quien a su vez provee los ritos funerales.  En este ambiente lúgubre florece el amor, que se vuelve un bálsamo ante la realidad mortal del poeta, pero no su salvación:

 

          Saber que eres mi tierra y mi mortaja,

          poseer un aliento de almohada

          donde dormir por siempre y a tu lado

          es todo lo que pido y necesito.

 

     La imagen descriptiva inicial de la naturaleza en el poema “Piedra”[7] crea el ambiente lúgubre que permea todo el poema:

 

          Al final de la tarde,

          después de un día oscuro

          su piel acartonada en los tejados,

          lluvia de madrugada

          y un viento suave de tiza humedecido,

          por un instante breve, nace una luz cansada

          que bautiza de fiesta a las fachadas.

 

     Por su parte en el poema “Aliento”[8], la naturaleza se hace parte de la devastación que es la muerte.  Mientras relata el proceso natural del otoño: la lluvia, el cambio de colores en la vegetación y la caída de las hojas, el poeta presenta la destrucción que acecha a la sociedad en una metáfora en la que une elementos naturales, la abeja y su veneno, y elementos bíblicos, la imagen apocalíptica de la muerte como un ángel llevando una guadaña, unidos a colores otoñales que llevan en sí implícita la idea de acabamiento: rosa dorada; ocre y amarillo.

     Así mismo, la naturaleza sirve de punto de partida para crear las imágenes en “Cometa omega”[9].

 

          Tan libre, pájaro que huye de los pájaros,

          capitel de vivísimo colores dando vida

          a la arquitectura azul del cielo;

          revestida de una piel de acuarela,

          trazando el arco iris de su ritmo

          sobre el verde sombrero del verano,

 

     Prosigue con una metáfora, que a un tiempo, recuerda a la serpiente de El principito y a la simbología bíblica encarnada por este reptil, la cometa que durante su vuelo de verano ha encarnado libertad, gozo y vida aparece enredada en un árbol abatida por los elementos evocando la muerte:

 

          Bautizada de lluvia, extraña flor herida

          con pétalos de sangre, palidece, su débil

          aleteo nombrando de amarillo a cada hoja,

          la última cometa del verano.

 

     La naturaleza en su forma de paisaje es el protagonista del poema “Patinadores”[10] donde los elementos reales: noche, aire, frío junto al sacrificial cuchillo se unen a la personificación del paisaje urbano para expresar el efecto destructor del hombre en el hielo:

 

          Un batallón de bárbaros,

          armados de cuchillos, rasga sus vestiduras

          dejando al descubierto un sebastián de vidrio

          encadenado al árbol del invierno.

y el efecto reparador que la naturaleza tiene sobre el mismo.

          La noche ha embalsamado,

          con el ungüento helado de su aliento,

          el torso lacerado de la pista de hielo.

     La prosopopeya une los distintos elementos de la naturaleza en “Laberinto”[11], nieve y frío:

          Sobre la losa del estanque

          la nieve echa raíces, aposenta

          sus zapatos de vidrio y muerde

          con sus afilados dientes

          al frío terciopelo de la tarde.

tarde:

 

          Se doblega la tarde cediendo territorio

          al enemigo y el viento

          va afilando el cuchillo vidrioso

          de sus labios, borrando lentamente

          el débil maquillaje en el rostro del sol.

 

que propician el ambiente donde se descubre, una vez más, la imposibilidad del ser humano de escapar de la muerte: “Bien sabe él que hace tiempo se cerró la salida.”

     La ida del invierno simbolizada por la nieve es el tema del poema “Invasión”[12]; tejiendo numerosos elementos irreales con el real nieve, el poeta logra representar hábilmente el deshielo de un paisaje nevado:

 

          Sucia su esencia la nieve resquebraja

          su frágil basamento

          al nacerle un extraño sonido

          en sus raíces

          un fuego avaricioso

          que le roe su, en otro tiempo,

          marmórea frialdad.

 

     El poema “Navaja”[13] presenta a la naturaleza en los dos aspectos que nos ocupan, como fondo para crear el ambiente, en este caso, tétrico del tema:

          Envuelto en el reflejo de su hondo silencio,

          el lago me devuelve su mirada mojada

          en el húmedo espejo de la tarde de lluvia.

y como elemento íntegro del tema.

          Se disuelve la tarde con mi espeso recuerdo

          y me quedo sintiendo el ruido de mi sangre,

          que grita cicatrices en mi espera.

 

     Continuando con el uso de la personificación, el poeta expresa la dualidad de su conflicto anímico; el deseo físico de su pasión amorosa frustrada por la muerte del ser amado.

     El dolor por la muerte del ser amado es también el tema del poema “Invención”[14].  Aquí la naturaleza pasa a ser coprotagonista en el sentimiento de pérdida que expresa el poeta “Descansas en el regazo de la tarde/y el paisaje se ilumina en tus huesos.” y en la eterna duda vivencial sobre la propia existencia:

 

          Un vendaval furioso refleja nuestros rostros

         en el ardiente espejo de la noche

          y no sabemos quién de los dos ha muerto.

 

     El tema de la presencia eterna de la muerte es repetido en “Encuentro”[15] esta vez inspirado en el hecho real del encuentro entre Sibelius y Mahler el que al ser presentado con la naturaleza nórdica personificada como fondo enfática el contraste vital entre la caducidad del hombre y el eterno ciclo revitalizador vida-muerte-vida de la naturaleza:

 

          Sentados en el diván hablando con la sombra

          miraba un sol gastado que al doblarse

          mordía, con su filo de rojo terciopelo,

          la helada rama del árbol del jardín.

 

     En el largo poema “Elegía”[16] dividido en siete segmentos la naturaleza es punto de partida para desarrollar el tema o parte íntegra del mismo.  En la primera parte, la muerte a destiempo expresada en la metáfora “otoño temprano” es preámbulo de la descripción del proceso devastador de la epidemia en el cuerpo enfermo.  Desolación que se acentúa ante el miedo de los sanos.

     En la segunda sección, las metáforas exponen el enjambre de vida renaciente que se produce durante la primavera lo que contrasta con la muerte causada por la epidemia:

 

          Fuera con esta luz de abril

          han nacido las primeras cometas,

          los primeros amores clandestinos,

          temblorosas hormigas cegadas por el sol,

          el ruido de la hierba respirando,

          un sofoco de vidrio sobre el lago

          y en el césped prohibido

          cuerpos casi desnudos, oferentes,

          cuerpos trampa por los que él vivió.

 

     Continúa el poeta presentando, en la tercera parte, el paisaje urbano en términos reales y en una comparación explícita contrasta la continuación de la vida cotidiana con la condición desesperanzada y terminal del amigo enfermo.

 

          En el fondo Manhattan se ilumina

          y enseña su armazón de primavera,

          pasan barcos de carga sobre el río

          hiriendo a la corriente con su arado,

          creando mil espumas, prisioneros almendros

          que florecen, liberados del peso de su agua.

          Sus ojos dos terrones resecos miran por la ventana

          y a media voz murmuran:

 

     En el cuarto y quinto segmento del poema, las flores juegan papeles complementarios.  La imagen “amanecidos tulipanes amarillos” que se refiere a flores reales, encierra en sí la antónima realidad vida-muerte; pues si bien el adjetivo amanecidos expresa vida, el adjetivo amarillos implica muerte.  Mientras que en el símil:

 

             setenta lesiones

          que están condecorando, como flores malditas,

          su cuerpo mozo...

 

la flor símbolo del comienzo de la vida en realidad presenta el final de la misma subrayando el sentimiento de impotencia con que termina el poema.

     En conclusión, la naturaleza en In tempore belli es un elemento esencial en la creación de su elevado lenguaje; el que hace posible presentar la devastación causada por la gran epidemia del Siglo XX con gran fuerza lírica.

 

[1]Emilio Gónzalez López, Historia de la civilización española. New York: Las Américas, 1970: 199.

2] Hilario Barrero, In tempore belli. Madrid: Verbum: 11-12.

[3] Ibid: 16-17

[4] Ibid: 18.

[5] Ibid: 21-22.

[6] Ibid: 23.

[7] Ibid: 25

[8] Ibid: 34.

[9] Ibid: 37.

[10] Ibid: 38

[11] Ibid: 40.

[12] Ibid: 41.

[13] Ibid: 42.

[14] Ibid: 39.

[15] Ibid: 64.

[16] Ibid: 70-76.

 


Oneida M. Sánchez nació en Cuba. Es ensayista y profesora Asociada de español en Borough of Manhattan Community College (CUNY). Es especialista en poesía española contemporánea y ha publicado numerosos artículos y ensayos sobre varios poetas. Es Vicepresidenta del Women's Caucus of NEMLA, Secretaria del Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos (CEPI), Miembro del Círculo de Cultura Panamericano, de la Asociación de Licenciados y Doctores Españoles en los EE.UU. (ALDEEU) y de la Academia Iberoamericana de Poesía.