RAFAEL BORDAO
Nació en La
Habana, Cuba (1951). Poeta, escritor, editor y profesor de
literatura hispanoamericana. Reside en los Estados Unidos desde
1980. Ha publicado los libros de poesía: Proyectura,
Acrobacia del Abandono, Escurriduras de la soledad,
El libro de las interferencias (Edición bilingüe), Propinas
para la libertad, El lenguaje del ausente, Los
descosidos labios del silencio, Los despojos del sueño
(Edición bilingüe) y La sátira, la ironía y el carnaval
literario en Leprosorio (Trilogía Poética) de Reinaldo Arenas,
entre otros. Ha recibido numerosos premios por su obra poética y
también ha sido incluido en diversas antologías de poesía cubana.
En la actualidad es el editor de la revista de literatura cubana
Sinalefa que se publica en la ciudad de Nueva York.
Vivisección de la
Gran Manzana
A Gerardo
Piña Rosales
En invierno Manhattan queda
desmaquillada.
La ciudad desentierra sus retratos de hielo
sus falsos alicientes de saliva
desteñidos con la baba de las brujas
que deambulan con sus lánguidos ropones
sus gélidas y fatídicas mortajas
con las que embelesan y estrangulan.
¿La nieve? ¿qué es la nieve?
sino un póquer de hielo transubstanciado en confetis
blancas expediciones que hábilmente van cayendo
sobre la inexactitud de los hombres;
las palomas son apenas unos chismes
que se recuerdan con bronquitis
encubiertos adversarios que murmullan
sus desventuras en el callejeo;
los cuervos son los bufones del parque
los tránsfugas más pobres
que desertaron de la alquimia
roncos y carbonizados;
las ardillas parecen carnosidades
que han nacido del susto y la consternación
coágulos de sueños desdibujados
que se desclavaron con el frío;
¿los hombres? ¿qué son?
sino perecederas pieles que transportan
sus crecientes y puntuales apetitos
sus fúnebres reminiscencias de carbón
entre profanos rascacielos;
huyen tras sus borradas fisonomías
estremecidos por el vertiginoso torbellino
de la erotomanía y el dinero.
Las heridas del
Hudson
Tirado sobre las piedras incomprendidas
que marginan al río Hudson,
sobre esos reproches endurecidos
que han desairados las aguas,
veo pasar un cortejo silencioso y laxo,
turbios despojos de condones
que han perdido la emoción y el encanto
(la magia y el elogio de su estreno),
luego de haber sido despoblados
por los aficionados a la carnalidad;
condones que ondulan sobrios e inapetentes
sin ninguna continencia, desgobernados,
lentamente exhiben su hundimiento,
su evasión del falo,
menospreciando la gloria que contuvieron,
el esplendor del fuego derretido,
su blanco diluvio de erudición
que ostentó el triunfo más largo;
condones que sobrenadan adelgazados
en estas aguas desleales
que han vomitado los peces.
Instantes
de la lentitud
Para
Odón Betanzos Palacios
Partir
dejar atrás lo que fuimos un día
una costumbre más entre la muchedumbre
que no cesa de robarse la fortuna
un ardiente pedazo de fisonomía
que fluía inflamado hacia las flores
donde me hundía furiosamente
buscando la incandescencia de la luz
emboscado por clandestinos ciempiés
que obcecados en su callada marcha
dejaban sus diminutos misterios
sus mudas y simultáneas misas
en el monasterio de mi corazón.
Instrucciones para un joven poeta
Lo primero que debe hacer
un auténtico poeta,
es lavarse bien la boca
(auto recetarse gárgaras)
y ponerse los zapatos más estables y oscuros;
luego
echar a andar por el planeta
tomando el pulso de cada cosa,
escudriñando toda respiración,
auscultando el sonido de las emociones
y llevar siempre consigo una lupa
como el más eficaz amuleto
contra espíritus sospechosos;
después
cantar, si cantar (y no muy alto)
no sea que se ofenda algún pájaro
soñoliento en una rama
y comience a graznar sobre tu cabeza.
... del hombre
El hombre levita
como una sombra que ondea
sobre el degüello
de todos los animales negligentes
como un fakir eréctil
el hombre flota
bruñe su imagen
y fija su filantropía
en el usufructo y el ambage.
Cada estro allende infla su alma
rema con los brazos alrededor
de las cosas anodinas
emerge del abismo con un provecto salvavidas:
la esperanza-
y se transporta con todos sus ruidos
hacia los más desahuciados dilemas.
El hombre levita (casi siempre) como un sonido.
... del
tiempo
No hay tiempo
solo hay infinitud y encogimiento,
rasgos de muerte que cargan nuestros cuerpos
transidos de temblorosas emboscadas;
sombras que se ahuyentan
y nos dejan el alma en el lindero
de la inspiración y la encarnadura;
el alma como una embarcación inevitable
que zarpa cada noche de algún puerto,
y se aleja de las costas y los nervios
con la nostalgia que solo deja el humo;
no hay tiempo
los relojes todos continúan el hurto,
la distancia y las vueltas.
... del devenir
El reloj nos fuma, nos somete
nos deja que caigamos en las aberraciones
en el delirio que parcela el camino
nos diluye en el entrañable arcano
nos obsesiona y envejece.
De nuestros cuerpos sale el humo
somos como gigantescos cigarros que pensamos
futuras cenizas que nos derramaremos
impostergablemente
en el infinito cenicero.
... de la sucesión
Alguien debe ir por dentro
para que no se rompa la esperanza
que envuelve la existencia;
alguien como los minerales inescrutables
está obligado a ser inédito
y atravesar la vida con taciturnos pasos
llevando a cuesta todo el ensordecimiento
para que no le atolondren los aplausos;
alguien debe ir por dentro
como la sangre que nos alimenta
con su inocente misterio;
alguien que no muera, sempiterno
que le inyecte sueños a las sombras
para que unas y otras se transmitan
el cariño.
Nació
en Pinar del Río, Cuba (1968).
Poeta y promotor
cultural. Es miembro del Taller Literario “Sindo Garay” de Pinar
del Río. Sus poemas han sido publicados en la revista “Escucha”
del Centro de Estudios Hispánicos “José María Chacón y Calvo”. Ha
recibido varios premios literarios:
Mención en el Concurso Literario “José Álvarez Baragaño” (Pinar
del Río, 1996), Mención en el Encuentro Debate de Talleres
Literarios (Pinar del Río, 1998), Primer Premio en el Concurso
Literario “José Álvarez Baragaño” (Pinar del Río, 1998), Mención
en el Concurso “Buzón de la Poesía” (La Habana, 2000) y Mención
del Premio de Poesía “Noside Caribe” (La Habana, 2000), entre
otros.
LA HEREJÍA DE CONTRADECIR
“Donde
habita la contradicción
De las contradicciones
La
contradicción de la poesía”
José Lezama Lima
Salgo de las rocas una mujer es el
suceso,
hornea un pollo en su cocina,
cuando irrumpo su silencio.
La mujer me mira con extrañeza,
“donde habita la contradicción
de las contradicciones,
la contradicción de la poesía”,
el espejo sellado para no pensar.
Miro el reloj para escapar del
flechazo,
es el riesgo del caminante,
la fragilidad del orador que
enmudece
en el concierto de respuestas,
donde ella se defiende,
mi carne es débil y el calor de sus
piernas me consume.
Escribo indefinidamente mi
inocencia,
pero no hay salvación,
estoy confinado a la paciencia de su
imperio.
EL BUFÓN
El día me sorprende artesano de
palabras
en busca del suceso.
Poeta excluido de la aldea,
donde el cronista inventa historias.
“ese es de los que al sonreírse,
se miden la boca con una regla,
no vayan a sonreírse demasiado”.
Si el río se desborda pueden caer,
y el cronista tendrá alimento para
sus mentiras.
El tamaño de una sonrisa es la
brújula,
que define el angosto camino del
avestruz.
LA INERCIA
“Más nos dejó
su manto como un Cristo”
Raúl Hernández Novas
un hombre se lanza al vacío,
es noticia.
intento descubrir su razón
en el libro que lleva su nombre.
el que se fue deja un paréntesis.
mientras llueve con el humo de
siempre,
nadie se interesa por despedir al
muerto,
que exige su ceremonia.
un estudiante mira su reloj,
el sabe del implacable profesor,
que comenzar es un riesgo.
los viejos en el parque comentan el
final
del juego de pelota.
la traición de la esposa que no
tenía problemas,
o el naufragio de un barco de
pasajeros.
la sinfonía del parque me consuela,
mientras consumen el entierro del
célebre.
EVASIÓN
“Ya que no puedo huir tengo que hallar
un precio de rescate”
con el sobresalto de las trampas.
vivo entre rejas que guardan
secretos de gente importante,
afuera el sol calienta la verdad,
y soy el silencio desde un siglo.
perdonar las erratas de quien
selecciona
después de una erótica noche.
Volver sobre los mismos personajes,
que fueron al desastre,
y regresan con los ojos vendados.
“ya que no puedo huir tengo que
hallar
un precio de rescate”.
Para que otros se salven.
UN PAÍS Y SU VERDAD
Un país donde emigrar es la
costumbre,
bajo el peso de la ola los tiburones
afilan sus dientes.
En la orilla esperan los que mueren
de nostalgia,
en el otro extremo alguien canta:
“Yo me muero como viví”
me ronda un verso que asume el trono
de los lectores.
Llegan a puerto, los que buscan
sombra.
Coloco la verdad donde duele y
permanezco,
en la inercia de escribir y
escribir.
Por la sola razón de que es mi
mundo.
Ni príncipe, ni mendigo,
solo espero el amanecer que es una
consecuencia.
EN EL LUGAR EN QUE DIOS PERDIÓ EL SUEÑO
Los caminos llenos de piedras,
la trampa para el animal que está en
extinción,
y el cansancio para mí,
que busco luces para esta agua que
me arrastra.
“De todo cuanto han hecho los
hombres nada más
amo los caminos”
Llevo las cosas donde van.
Los espejismos conducen a los
astros,
que chocan con el paso de las
profecías.
Y se abren los caminos,
de tanto andar hice diana,
en el lugar en que Dios perdió el
sueño.
HISTORIA DE UNA POETISA
A Serafina Núñez
Aparezco en la fotografía cerca de
la poetisa
que sabe la dimensión del tiempo.
ella tiene las marcas del olvido,
sus palabras mantienen luz que
hechizan,
las viejas
paredes.
tengo sus manos como fuentes de
agua.
Su mirada se extravía cuando dice
ser
un puente divisor de los
agonizantes.
La muerte irrumpe entre mis cosas.
ella no está en el sillón donde
volaba las horas,
Con su mirada inconforme.
yo era el bastón que mantenía su
luz.
ella un talismán que presagiaba los
malos tiempos.
MENSAJERO DEL DIABLO
“ Me gusta estar al lado del camino”
Fito Páez
Estoy en el lugar donde mueren los
tigres,
la muchacha hace el amor y descubre
sus fuerzas.
el viejo del bastón aprieta el paso,
se resiste a morir.
el cura sobrevive con la misa del
gallo,
dejó su canto mañanero y está de
ceremonia.
"Me gusta
estar al lado del camino"
nadar entre dos aguas si es preciso.
llenar cuartillas antes de que me
sorprendan,
los mensajeros del diablo.
Nació en Villa
Clara, Cuba (1969). Poeta. Se crió en Marianao, La Habana. Estudió
actuación y dirección en el Teatro Nacional de Cuba. Reside en los
Estados Unidos desde 1998. Sus poemas han sido publicados en
revistas y periódicos, incluyendo revistas literarias
electrónicas. Ha publicado el poemario Mujer de invierno.
Actualmente vive en Miami, donde es colaborador del programa
radial “Marta y sus amigos”.
SOLILOQUIO EN LA
ISLA
(I)
Porque ahora mismo estoy con esas
ganas
que no se me quitan nunca
de fundirme en una esquina de la
noche.
La camisa ligera, el ziper fácil,
descalzo sobre la hierba húmeda del
valle.
Miro de pronto el rostro de la noche
y en sus querubinescos ojos heridos,
que son las estrellas - porque la
noche tiene ojos
y están abiertos porque ellas están
allí -,
hay algo que adjudica y corrobora,
hay algo que pregunta y que
contesta.
Yo voy por la ribera de la vida
con la mortal sustancia que me
forma,
y un elemento que nombraría
elemental.
(II)
Yo voy, voy recordando tantas cosas,
y me recuerdo - por ejemplo - de tu
casa,
de la rama de olivo en tu ventana,
de aquel claro de luna que era
oscuro,
de la bondad de aquellos campesinos
que me dieron cobijo en su rincón.
Yo sé de la grandeza de sus almas,
porque nadie como ellos
da la mitad del pan que no les
sobra.
(III)
Pero yo fui, yo voy, vuelvo a la
noche,
la misma que fue mala y que fue
buena,
la que tantos poemas me arrancó,
donde grité lo que muchos callaron,
donde anduve buscando tu presencia y
tu tacto,
donde me torturaron tantas veces,
me sacaron las uñas y los dientes,
me clavaron agujas y puñales
porque me revelé contra la historia.
(IV)
Pero yo voy, fui yo, ¡ maldito sea
!.
Inquisitivamente y perdonable.
Yo, ladrón de mi robo,
yo, pagano aunque fiel,
con mi amasijo de contradicciones,
sopesando,
amasando, aquilatando,
la gran fortuna de la cortedad.
Infractor de mi idea,
noctámbulo ancestral,
gladiador de la noche en barrio
obrero.
Andando, perseguido y persiguiendo.
Sumado a la concordia de esos seres
bajo la sombra nocturna de estos
árboles,
unido al coro unísono del mundo.
Pero yo soy, soy yo, siempre lo he
sido,
el que quedó anhelando tu regreso,
desnudo sobre la tierra estéril de
la noche.
BALSEROS II
En memoria de Manolo, Tony y Alberto
Del negro borde de la mar, yo miro,
la barca imaginaria que los lleva,
se fueron a buscar - y no regresan -
nuestro querido sol, nuestra
bandera.
Y me parece verlos y escucharlos,
hablando de cubiertas y mareas.
¿ Marineros
errantes o emigrantes ?
Llámenlos como quieran, como puedan,
pero llámenlos, porque ellos quieren
vernos,
porque ellos necesitan que los vean.
En buque sin proa, a la deriva,
mírenlos, ¿ no los ven como se
acercan?,
con las manos cuarteadas por el frío
a la baranda del buque se aferran.
Miran y no nos ven, y están muy
tristes,
y un alecrín da vueltas y da
vueltas.
Ellos tienen los ojos de los santos,
tienen el triste rostro de la
espera.
Quién pudiera en el tiempo submarino
atravesar el mar formando estelas,
allí tender un puente inmenso,
firme,
tirar el ancla y recoger las velas,
y regresar con ellos a la casa,
y verlos nuevamente como eran.
Basta de marejadas y brisotes,
basta de tempestades y centellas,
nosotros los queremos con nosotros
aunque haya que rogarle a las
estrellas.
Y tenderemos mano contra mano
si es que hace falta, si preciso
fuera,
porque ellos necesitan vernos
pronto,
porque ellos necesitan que los vean.
Se fueron a buscar - y hay
esperanzas -
nuestro querido sol, nuestra
bandera.
Y una noche, seguro la más fría,
cuando ya nadie los espera, llegan,
y en ese muelle frío e imaginario,
podrán de nuevo izar nuestra
bandera.
Pues ya se asoma el sol en la bahía
y las gaviotas a la orilla vuelan.
Ya los diviso por el horizonte
como viejos marinos que regresan.
EL SILENCIO
El silencio es un ruido embotellado,
es un menudo roto de alcancía,
es un eco torcido de utopías,
un perpetuo callarse inanimado.
El silencio es un grito fracasado,
una palabra dulce y clandestina,
un transparente libro de oficina,
un pensamiento en un rincón tirado.
El silencio es un gato en el tejado,
un lagrimear de obuses y fusiles,
una argamasa para los barriles,
el buitre y la pantera enamorados.
El silencio es un tétrico pescado,
un anzuelo inmortal para la muerte.
El silencio es un pobre continente
sumido, sumergido y olvidado.
JIRAFA EJECUTIVA
A
Cecilia Puig
Esa tenue jirafa al borde de un
abismo,
- más cotidiana que nunca -,
proclama continentes de avestruces,
nos convoca a
asambleas,
fabrica inmensas pancartas
con fotos de flamencos
desaparecidos.
Esa dulce jirafa, internada en la
selva en el pasado,
camina por las calles empedradas,
visita ayuntamientos, toca puertas,
se reúne con funcionarios de otras
especies.
Esa pobre jirafa, se dirige a los
puertos y aeropuertos,
a las edificaciones clausuradas,
a los salones terribles y lujosos,
pero nadie le presta la menor
importancia.
Es por eso que luego regresa
acongojada,
sollozando, por una guardarraya
interminable.
RETÓRICA DE LA CANA
A Yisell Hernández
La cana sufre de xenofobia
porque se cree entre los negros,
blanca.
Una cana muy triste, es una cana
de una cabeza que ha quedado calva.
Una cana orgullosa es una cana
rodeada de laurel y flores blancas.
Una cana con caspa - por ejemplo -,
es casi siempre una cana frustrada.
- Cana lacia, encrespada, teñida,
o muy pequeña, pero cana -.
La cana que no muere, pero mata.
La cana siempre estéril e
insurrecta,
la cana que ha crecido entre las
canas.
Ay, cana, cana, cana, cana, cana,
somos alga, ceniza, musgo, flama.
Somos la cana atada por la noche,
somos la cana al viento en la
ventana.
- Ay, cana, aureola en el árbol,
fanal de pulga hechizada -.
Cana de los quince años,
y de los treinta años, cana.
Cana de todos los piojos
y de los ochenta, cana.
Cana del equilibrista,
o un nadador con sus canas.
Cana de los carnavales.
Cana de las luminarias.
Canas de un actor muy viejo,
de las candilejas, canas.
Cana que quedó en un peine,
cana triste y olvidada.
Cana abajo de una gorra ...,
¡ se asfixia la pobre cana !
¿ Tirar una cana al aire ?
Placer hoy, lío mañana.
Cana que no salió nunca;
cabeza desencanada.
¿ Canas santas ?: ¡ Las del Papa !.
Cana, inevitable cana.
Cana, cuando la rana críe pelos,
también habrá criado alguna cana.
Nació en La
Habana, Cuba (1963). Poeta y narradora, ejerce también la crítica
y la investigación literarias. Licenciada en Filología por la
Universidad de La Habana, trabaja actualmente en su tesis doctoral
en la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, lugar
donde además enseña cursos de lengua española, cultura y
literatura latinoamericanas. Poemas y cuentos suyos han sido
incluidos en diferentes antologías entre las que se destacan, en
narrativa, Los últimos serán los primeros (1992), Doce
nudos en el pañuelo (1994), Bridges to Cuba (1994),
Narrativa y libertad (1996) y, en poesía, Un grupo avanza
silencioso (1990), Jugando a jugar juegos prohibidos
(1992), Reunión de ausentes (1998), La isla en su
tinta (2000) y Las cuatro puntas del pañuelo. Poetas
cubanos de la diáspora, de próxima aparición. Ha publicado
los poemarios: El cuerpo de su ausencia (Letras Cubanas,
1991) y Estación en el mar (Ediciones Extramuros, 1992) y
como editora --junto a Ana Rosa Núñez y Lesbia Varona-- publicó la
Edición Homenaje a Eugenio Florit (Ediciones Universal,
2000). Recientemente Ediciones Universal publicó su libro de
cuentos Sin perro y sin Penélope (2003).
SENDEROS
Hacia adentro
es el camino de nosotros mismos:
Es un porvenir
tramado por el sueño:
Neblina del ser
del canto amparo.
Brújula en el
viento nos observa:
El tiempo, rara
oferta,
Duración del
aliento, sentir
Que apenas
muere
El ave nacida
de la sustancia
Del verbo que
batalla
Hacia un
desdoblamiento
De la imagen:
Las olas secan
el cuerpo:
Deshallado
uniforme: abandono del ser,
Nupcial
instante. La vista fija:
Éxtasis. Toque
de luz,
Ascenso. Te
hundes, te hundes,
Ya te hundes.
Quieta, quieta,
Ya te salvas.
Hacia dónde,
Hacia dónde.
Alguien llama.
SIN NOMBRE
He padecido la
certidumbre
De no tener un
nombre.
Como un
acabamiento
He intentado
esa búsqueda
Si la noche y
lo oscuro
Se confunden.
Una sola
estación
Para la ida
Conforma el
laberinto
Trazado por los
otros.
Destino de este
ser
Ajeno. Íntimo
Se distancia
Gravitando
Si el día y lo
claro
Se trastocan.
Un sólo
paisaje:
Profecía de
sucesivos círculos
Que habitan en
el puerto.
Reflejo del
instante
Entorpecido por
la palabra.
Un nombre
Pudiera revelar
A quien
pertenece
O pertenezco.
Un nombre
pudiera ser
También la Nada
Donde me aferro
Con violencia
Escupiendo
inmemorial
Hastío. La
presencia del nombre,
Que es su
ausencia:
La costumbre de
la muerte
Confundida.
TOCADA POR EL ASTRO
Y tu vida, sin
más, a la intemperie.
Nada escuches,
nada te importe.
Inicia la
partida:
Como al músico
que a tu lado añoras
Anda ciega, pero
anda.
Como al cantor
Que a tu paso
reclamas, anda sorda,
Pero anda. Como
al caminante
Que a tu paso
exiges, anda muda,
Pero anda.
Ciega,
Sorda, muda
acaso,
Traza la marcha
en un sólo sentido.
Sujeta con la
mente el recobrado sueño:
Los ojos son
amargo cactus
Y hacia el
infinito sientes,
Tocada por el
astro, traslúcidas las manos.
HE VESTIDO
los harapos
Destinados al
desposeído.
Las migajas del
pan recién horneado
Cayeron a mis
pies. Aprecié
La firme
espalda de la multitud:
Su belleza
milenaria
Al rezar,
esplendente,
Un padre
nuestro.
Besé en la
noche esos rostros
Grises y
apagados
Entonando para
ellos una canción
Antigua.
Dormí tranquila
e invisible:
Lo humano
estaba en mí ya para siempre.
PARA QUE NO
se pudrieran los versos
Como se pudre el ser
Escribí sobre el amor. Sobre el
amor
De nuevo. Esa palabra, extraña
A los sentidos de lo humano, esa
palabra
Ceniza, escarcha, mito.
Pero el poeta nunca es previsible:
Los versos se pudren sin remedio.
VITRALES.
Plazas. La bahía.
El mar, siempre el mar
Y el horizonte.
Las horas casalianas.
En el Parque Central, la música.
La mugre, las ruinas de la paz.
El toque sordo del tambor.
El toque sordo. El toque.
El deseo de volver a pisar
Tierra cubana.
ISLA
La luz y el tiempo
Descienden sobre
El espacio consumado
En las gargantas
Frenéticas de alcohol
Que cantan
Un himno lejano.
Los huesos, lejos
Del sitio más cordialmente
Odiado golpean el salitre.
Todo rueda
Con la mansa violencia
Del barro y la mirada
Primigenia. Vencido
Por la costa se aniquila
El cuerpo del ausente
Hacia el abismo.
Costas por donde nadie