Miami
Estados Unidos
Año V

 Nº 29/30

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos


Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 



 

POETAS CUBANOS

 

RAFAEL BORDAO


Nació en La Habana, Cuba (1951). Poeta, escritor, editor y profesor de literatura hispanoamericana. Reside en los Estados Unidos desde 1980. Ha publicado los libros de poesía: Proyectura, Acrobacia del Abandono, Escurriduras de la soledad, El libro de las interferencias (Edición bilingüe), Propinas para la libertad, El lenguaje del ausente, Los descosidos labios del silencio, Los despojos del sueño (Edición bilingüe) y La sátira, la ironía y el carnaval literario en Leprosorio (Trilogía Poética) de Reinaldo Arenas, entre otros.  Ha recibido numerosos premios por su obra poética y también ha sido incluido en diversas antologías de poesía cubana. En la actualidad es el editor de la revista de literatura cubana Sinalefa que se publica en la ciudad de Nueva York.


 

Vivisección de la Gran Manzana


                                          A Gerardo Piña Rosales

 

En invierno Manhattan queda desmaquillada.
La ciudad desentierra sus retratos de hielo
sus falsos alicientes de saliva
desteñidos con la baba de las brujas
que deambulan con sus lánguidos ropones
sus gélidas y fatídicas mortajas
con las que embelesan y estrangulan.

¿La nieve? ¿qué es la nieve?
sino un póquer de hielo transubstanciado en confetis
blancas expediciones que hábilmente van cayendo
sobre la inexactitud de los hombres;

las palomas son apenas unos chismes
que se recuerdan con bronquitis
encubiertos adversarios que murmullan
sus desventuras en el callejeo;

los cuervos son los bufones del parque
los tránsfugas más pobres
que desertaron de la alquimia
roncos y carbonizados;

las ardillas parecen carnosidades
que han nacido del susto y la consternación
coágulos de sueños desdibujados
que se desclavaron con el frío;

¿los hombres? ¿qué son?
sino perecederas pieles que transportan
sus crecientes y puntuales apetitos
sus fúnebres reminiscencias de carbón
entre profanos rascacielos;
huyen tras sus borradas fisonomías
estremecidos por el vertiginoso torbellino
de la erotomanía y el dinero.


Las heridas del Hudson

Tirado sobre las piedras incomprendidas
que marginan al río Hudson,
sobre esos reproches endurecidos
que han desairados las aguas,
veo pasar un cortejo silencioso y laxo,
turbios despojos de condones
que han perdido la emoción y el encanto
(la magia y el elogio de su estreno),
luego de haber sido despoblados
por los aficionados a la carnalidad;
condones que ondulan sobrios e inapetentes
sin ninguna continencia, desgobernados,
lentamente exhiben su hundimiento,
su evasión del falo,
menospreciando la gloria que contuvieron,
el esplendor del fuego derretido,
su blanco diluvio de erudición
que ostentó el triunfo más largo;
condones que sobrenadan adelgazados
en estas aguas desleales
que han vomitado los peces.

 

 

Instantes de la lentitud
                      

                                  Para Odón Betanzos Palacios

Partir
dejar atrás lo que fuimos un día
una costumbre más entre la muchedumbre
que no cesa de robarse la fortuna
un ardiente pedazo de fisonomía
que fluía inflamado hacia las flores
donde me hundía furiosamente
buscando la incandescencia de la luz
emboscado por clandestinos ciempiés
que obcecados en su callada marcha
dejaban sus diminutos misterios
sus mudas y simultáneas misas
en el monasterio de mi corazón.

 

 

Instrucciones para un joven poeta

Lo primero que debe hacer
un auténtico poeta,
es lavarse bien la boca
(auto recetarse gárgaras)
y ponerse los zapatos más estables y oscuros;
luego
echar a andar por el planeta
tomando el pulso de cada cosa,
escudriñando toda respiración,
auscultando el sonido de las emociones
y llevar siempre consigo una lupa
como el más eficaz amuleto
contra espíritus sospechosos;
después
cantar, si cantar (y no muy alto)
no sea que se ofenda algún pájaro
soñoliento en una rama
y comience a graznar sobre tu cabeza.

 

 


... del hombre

El hombre levita
   como una sombra que ondea
sobre el degüello
de todos los animales negligentes
   como un fakir eréctil
el hombre flota
bruñe su imagen
   y fija su filantropía
en el usufructo y el ambage.

Cada estro allende infla su alma
   rema con los brazos alrededor
de las cosas anodinas
  emerge del abismo con un provecto salvavidas:
la esperanza-
  y se transporta con todos sus ruidos
      hacia los más desahuciados dilemas.

El hombre levita (casi siempre) como un sonido.



 

... del tiempo

No hay tiempo
solo hay infinitud y encogimiento,
rasgos de muerte que cargan nuestros cuerpos
transidos de temblorosas emboscadas;

sombras que se ahuyentan
y nos dejan el alma en el lindero
de la inspiración y la encarnadura;

el alma como una embarcación inevitable
que zarpa cada noche de algún puerto,
y se aleja de las costas y los nervios
con la nostalgia que solo deja el humo;

no hay tiempo
los relojes todos continúan el hurto,
la distancia y las vueltas.


 


... del devenir

El reloj nos fuma, nos somete
nos deja que caigamos en las aberraciones
en el delirio que parcela el camino
nos diluye en el entrañable arcano
nos obsesiona y envejece.
De nuestros cuerpos sale el humo
somos como gigantescos cigarros que pensamos
futuras cenizas que nos derramaremos
impostergablemente
en el infinito cenicero.


 


... de la sucesión


Alguien debe ir por dentro
para que no se rompa la esperanza
que envuelve la existencia;
alguien como los minerales inescrutables
está obligado a ser inédito
y atravesar la vida con taciturnos pasos
llevando a cuesta todo el ensordecimiento
para que no le atolondren los aplausos;
alguien debe ir por dentro
como la sangre que nos alimenta
con su inocente misterio;
alguien que no muera, sempiterno
que le inyecte sueños a las sombras
para que unas y otras se transmitan
el cariño.



 

JOSÉ NELSON CASTILLO GONZÁLEZ


Nació en Pinar del Río, Cuba (1968). Poeta y promotor cultural. Es miembro del Taller Literario “Sindo Garay” de Pinar del Río. Sus poemas han sido publicados en la revista “Escucha” del Centro de Estudios Hispánicos “José María Chacón y Calvo”. Ha recibido varios premios literarios: Mención en el Concurso Literario “José Álvarez Baragaño”  (Pinar del Río, 1996), Mención en el Encuentro Debate de Talleres Literarios (Pinar del Río, 1998), Primer Premio en el Concurso Literario “José Álvarez Baragaño” (Pinar del Río, 1998), Mención en el Concurso “Buzón de la Poesía”  (La Habana, 2000) y Mención del Premio de Poesía “Noside Caribe” (La Habana, 2000), entre otros.


 

LA HEREJÍA DE CONTRADECIR

 

                                                           “Donde habita la contradicción

                                                                        De las contradicciones

                                                             La contradicción de la poesía”

                                                                             José Lezama Lima

 

Salgo de las rocas una mujer es el suceso,

hornea un pollo en su cocina,

cuando irrumpo su silencio.

La mujer me mira con extrañeza,

“donde habita la contradicción

de las contradicciones,

la contradicción de la poesía”,

el espejo sellado para no pensar.

Miro el reloj para escapar del flechazo,

es el riesgo del caminante,

la fragilidad del orador que enmudece

en el concierto de respuestas,

donde ella se defiende,

mi carne es débil y el calor de sus piernas me consume.

Escribo indefinidamente mi inocencia,

pero no hay salvación,

estoy confinado a la paciencia de su imperio.

 

 

EL BUFÓN

 

El día me sorprende artesano de palabras

en busca del suceso.

Poeta excluido de la aldea,

donde el cronista inventa historias.

“ese es de los que al sonreírse,

se miden la boca con una regla,

no vayan a sonreírse demasiado”.

Si el río se desborda pueden caer,

y el cronista tendrá alimento para sus mentiras.

El tamaño de una sonrisa es la brújula,

que define el angosto camino del avestruz.

 

 

LA INERCIA

 

                                                    “Más nos dejó su manto como un Cristo”

                                                                                Raúl Hernández Novas

 

un hombre se lanza al vacío,

es noticia.

intento descubrir su razón

en el libro que lleva su nombre.

el que se fue deja un paréntesis.

mientras llueve con el humo de siempre,

nadie se interesa por despedir al muerto,

que exige su ceremonia.

un estudiante mira su reloj,

el sabe del implacable profesor,

que comenzar es un riesgo.

los viejos en el parque comentan el final         

                                       del juego de pelota.

la traición de la esposa que no tenía problemas,

o el naufragio de un barco de pasajeros.

la sinfonía del parque me consuela,

mientras consumen el entierro del célebre.

 

 

EVASIÓN

 

                                        “Ya que no puedo huir tengo que hallar
                                                                     un precio de rescate”

 

con el sobresalto de las trampas.

vivo entre rejas que guardan secretos de gente importante,

afuera el sol calienta la verdad,

y soy el silencio desde un siglo.

perdonar las erratas de quien selecciona

después de una erótica noche.

Volver sobre los mismos personajes,

que fueron al desastre,

y regresan  con los ojos vendados.

“ya que no puedo huir tengo que hallar

un precio de rescate”.

Para que otros se salven.

 

 

UN PAÍS Y SU VERDAD

 

Un país donde emigrar es la costumbre,

bajo el peso de la ola los tiburones

afilan sus dientes.

En la orilla esperan los que mueren de nostalgia,

en el otro extremo alguien canta:

“Yo me muero como viví”

me ronda un verso que asume el trono de los lectores.

Llegan a puerto, los que buscan sombra.

Coloco la verdad donde duele y permanezco,

en la inercia de escribir y escribir.

Por la sola razón de que es mi mundo.

Ni príncipe, ni mendigo,

solo espero el amanecer que es una consecuencia.

 

 

EN EL LUGAR EN QUE DIOS PERDIÓ EL SUEÑO

    

Los caminos llenos de piedras,

la trampa para el animal que está en extinción,

y el cansancio para mí,

que busco luces para esta agua que me arrastra.

“De todo cuanto han hecho los hombres nada más

amo los caminos”

Llevo las cosas donde van.

Los espejismos conducen a los astros,

que chocan con el paso de las profecías.

Y se abren los caminos,

de tanto andar  hice diana,

en el lugar en que Dios perdió el sueño.

 

 

HISTORIA DE UNA POETISA

 

                                                    A Serafina Núñez

 

Aparezco en la fotografía cerca de la poetisa

que sabe la dimensión del tiempo.

ella tiene las marcas del olvido,

sus palabras mantienen luz que hechizan,

                                              las viejas paredes.                                         

 

tengo sus manos como fuentes de agua.

Su mirada se extravía cuando dice ser

un puente divisor de los agonizantes.

 

La muerte irrumpe entre mis cosas.

ella no está en el sillón donde volaba las horas,

Con su mirada inconforme.

yo era el bastón que mantenía su luz.

ella un talismán que presagiaba los malos tiempos.

 

 

MENSAJERO DEL DIABLO

 

                                                   “ Me gusta estar al lado del camino”

                                                                                             Fito Páez

                                              

Estoy en el lugar donde mueren los tigres,

la muchacha hace el amor y descubre sus fuerzas.

el viejo del bastón aprieta el paso,

se resiste a morir.

el cura sobrevive con la misa del gallo,

dejó su canto mañanero y está de ceremonia.

"Me gusta estar al lado del camino"

nadar entre dos aguas si es preciso.

llenar cuartillas antes de que me sorprendan,

los mensajeros del diablo.

 

 

 

RODRIGO DE LA LUZ


Nació en Villa Clara, Cuba (1969). Poeta. Se crió en Marianao, La Habana. Estudió actuación y dirección en el Teatro Nacional de Cuba. Reside en los Estados Unidos desde 1998. Sus poemas han sido publicados en revistas y periódicos, incluyendo revistas literarias electrónicas. Ha publicado el poemario Mujer de invierno. Actualmente vive en Miami, donde es colaborador del programa radial “Marta y sus amigos”.


 

 

SOLILOQUIO EN LA ISLA

 

(I)

 

Porque ahora mismo estoy con esas ganas

que no se me quitan nunca

de fundirme en una esquina de la noche.

La camisa ligera, el ziper fácil,

descalzo sobre la hierba húmeda del valle.

 

Miro de pronto el rostro de la noche

y en sus querubinescos ojos heridos,

que son las estrellas - porque la noche tiene ojos

y están abiertos porque ellas están allí -,

hay algo que adjudica y corrobora,

hay algo que pregunta y que contesta.

 

Yo voy por la ribera de la vida

con la mortal sustancia que me forma,

y un elemento que nombraría elemental.

 

 

(II)

 

Yo voy, voy recordando tantas cosas,

y me recuerdo - por ejemplo - de tu casa,

de la rama de olivo en tu ventana,

de aquel claro de luna que era oscuro,

de la bondad de aquellos campesinos

que me dieron cobijo en su rincón.

Yo sé de la grandeza de sus almas,

porque nadie como ellos

da la mitad del pan que no les sobra.

 

 

(III)

 

Pero yo fui, yo voy, vuelvo a la noche,

la misma que fue mala y que fue buena,

la que tantos poemas me arrancó,

donde grité lo que muchos callaron,

donde anduve buscando tu presencia y tu tacto,

donde me torturaron tantas veces,

me sacaron las uñas y los dientes,

me clavaron agujas y puñales

porque me revelé contra la historia.

 

                              

(IV)

 

Pero yo voy, fui yo, ¡ maldito sea !.

Inquisitivamente y perdonable.

 

Yo, ladrón de mi robo,

yo, pagano aunque fiel,

con mi amasijo de contradicciones,

sopesando, amasando, aquilatando,

la gran fortuna de la cortedad.

 

Infractor de mi idea,

noctámbulo ancestral,

gladiador de la noche en barrio obrero.

Andando, perseguido y persiguiendo.

Sumado a la concordia de esos seres

bajo la sombra nocturna de estos árboles,

unido al coro unísono del mundo.

 

Pero yo soy, soy yo, siempre lo he sido,

el que quedó anhelando tu regreso,

desnudo sobre la tierra estéril de la noche.

 

 

BALSEROS II

 

                                       En memoria de Manolo, Tony y Alberto

 

Del negro borde de la mar, yo miro,

la barca imaginaria que los lleva,

se fueron a buscar - y no regresan -

nuestro querido sol, nuestra bandera.

Y me parece verlos y escucharlos,

hablando de cubiertas y mareas.

¿ Marineros errantes o emigrantes ?

Llámenlos como quieran, como puedan,

pero llámenlos, porque ellos quieren vernos,

porque ellos necesitan que los vean.

En buque sin proa, a la deriva,

mírenlos, ¿ no los ven como se acercan?,

con las manos cuarteadas por el frío

a la baranda del buque se aferran.

Miran y no nos ven, y están muy tristes,

y un alecrín da vueltas y da vueltas.

Ellos tienen los ojos de los santos,

tienen el triste rostro de la espera.

Quién pudiera en el tiempo submarino

atravesar el mar formando estelas,

allí tender un puente inmenso, firme,

tirar el ancla y recoger las velas,

y regresar con ellos a la casa,

y verlos nuevamente como eran.

Basta de marejadas y brisotes,

basta de tempestades y centellas,

nosotros los queremos con nosotros

aunque haya que rogarle a las estrellas.

Y tenderemos mano contra mano

si es que hace falta, si preciso fuera,

porque ellos necesitan vernos pronto,

porque ellos necesitan que los vean.

Se fueron a buscar - y hay esperanzas -

nuestro querido sol, nuestra bandera.

Y una noche, seguro la más fría,

cuando ya nadie los espera, llegan,

 y en ese muelle frío e imaginario,

podrán de nuevo izar nuestra bandera.

Pues ya se asoma el sol en la bahía

y las gaviotas a la orilla vuelan.

Ya los diviso por el horizonte

como viejos marinos que regresan.

 

 

EL SILENCIO

 

El silencio es un ruido embotellado,

es un menudo roto de alcancía,

es un eco torcido de utopías,

un perpetuo callarse inanimado.

 

El silencio es un grito fracasado,

una palabra dulce y clandestina,

un transparente libro de oficina,

un pensamiento en un rincón tirado.

 

El silencio es un gato en el tejado,

un lagrimear de obuses y fusiles,

una argamasa para los barriles,

el buitre y la pantera enamorados.

 

El silencio es un tétrico pescado,

un anzuelo inmortal para la muerte.

El silencio es un pobre continente

sumido, sumergido y olvidado.

 

 

JIRAFA EJECUTIVA

 

                                                              A Cecilia Puig

 

Esa tenue jirafa al borde de un abismo,

- más cotidiana que nunca -,

proclama continentes de avestruces,

nos convoca a asambleas,

fabrica inmensas pancartas

con fotos de flamencos desaparecidos.

 

Esa dulce jirafa, internada en la selva en el pasado,

camina por las calles empedradas,

visita ayuntamientos, toca puertas,

se reúne con funcionarios de otras especies.

 

Esa pobre jirafa, se dirige a los puertos y aeropuertos,

a las edificaciones clausuradas,

a los salones terribles y lujosos,

pero nadie le presta la menor importancia.

 

Es por eso que luego regresa acongojada,

sollozando, por una guardarraya interminable.

 

 

RETÓRICA DE LA CANA

 

                                                       A Yisell Hernández

 

La cana sufre de xenofobia

porque se cree entre los negros, blanca.

 

Una cana muy triste, es una cana

de una cabeza que ha quedado calva.

 

Una cana orgullosa es una cana

rodeada de laurel y flores blancas.

 

Una cana con caspa - por ejemplo -,

es casi siempre una cana frustrada.

 

- Cana lacia, encrespada, teñida,

o muy pequeña, pero cana -.

 

La cana que no muere, pero mata.

 

La cana siempre estéril e insurrecta,

la cana que ha crecido entre las canas.

 

Ay, cana, cana, cana, cana, cana,

somos alga, ceniza, musgo, flama.

 

Somos la cana atada por la noche,

somos la cana al viento en la ventana.

 

- Ay, cana, aureola en el árbol,

fanal de pulga hechizada -.

 

Cana de los quince años,

y de los treinta años, cana.

 

Cana de todos los piojos

y de los ochenta, cana.

 

Cana del equilibrista,

o un nadador con sus canas.

 

Cana de los carnavales.

Cana de las luminarias.

 

Canas de un actor muy viejo,

de las candilejas, canas.

 

Cana que quedó en un peine,

cana triste y olvidada.

 

Cana abajo de una gorra ...,

¡ se asfixia la pobre cana !

 

¿ Tirar una cana al aire ?

Placer hoy, lío mañana.

 

Cana que no salió nunca;

cabeza desencanada.

 

¿ Canas santas ?: ¡ Las del Papa !.

Cana, inevitable cana.

 

Cana, cuando la rana críe pelos,

también habrá criado alguna cana.

 

 

 

RITA MARTIN


Nació en La Habana, Cuba (1963).  Poeta y narradora, ejerce también la crítica y la investigación literarias.  Licenciada en Filología por la Universidad de La Habana, trabaja actualmente en su tesis doctoral en la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, lugar donde además enseña cursos de lengua española, cultura y literatura latinoamericanas.  Poemas y cuentos suyos han sido incluidos en diferentes antologías entre las que se destacan, en narrativa, Los últimos serán los primeros (1992), Doce nudos en el pañuelo (1994), Bridges to Cuba (1994), Narrativa y libertad (1996) y, en poesía, Un grupo avanza silencioso (1990), Jugando a jugar juegos prohibidos (1992), Reunión de ausentes (1998), La isla en su tinta (2000) y Las cuatro puntas del pañuelo. Poetas cubanos de la diáspora, de próxima aparición.  Ha publicado los poemarios: El cuerpo de su ausencia (Letras Cubanas, 1991) y Estación en el mar (Ediciones Extramuros, 1992) y como editora --junto a Ana Rosa Núñez y Lesbia Varona-- publicó la Edición Homenaje a Eugenio Florit (Ediciones Universal, 2000).  Recientemente Ediciones Universal publicó su libro de cuentos Sin perro y sin Penélope (2003).


 

SENDEROS

 

Hacia adentro es el camino de nosotros mismos:

Es un porvenir tramado por el sueño:

Neblina del ser del canto amparo.

Brújula en el viento nos observa:

El tiempo, rara oferta,

Duración del aliento, sentir

Que apenas muere

El ave nacida de la sustancia

Del verbo que batalla

Hacia un desdoblamiento

De la imagen:

Las olas secan el cuerpo:

Deshallado uniforme: abandono del ser,

Nupcial instante. La vista fija:

Éxtasis. Toque de luz,

Ascenso. Te hundes, te hundes,

Ya te hundes. Quieta, quieta,

Ya te salvas. Hacia dónde,

Hacia dónde. Alguien llama.

 

 

SIN NOMBRE

 

He padecido la certidumbre

De no tener un nombre.

Como un acabamiento

He intentado esa búsqueda

Si la noche y lo oscuro

Se confunden.

Una sola estación

Para la ida

Conforma el laberinto

Trazado por los otros.

Destino de este ser

Ajeno. Íntimo

Se distancia

Gravitando

Si el día y lo claro

Se trastocan.

Un sólo paisaje:

Profecía de sucesivos círculos

Que habitan en el puerto.

Reflejo del instante

Entorpecido por la palabra.

Un nombre

Pudiera revelar

A quien pertenece

O pertenezco.

Un nombre pudiera ser

También la Nada

Donde me aferro

Con violencia

Escupiendo inmemorial

Hastío. La presencia del nombre,

Que es su ausencia:

La costumbre de la muerte

                        Confundida.

 

 

TOCADA POR EL ASTRO

 

Y tu vida, sin más, a la intemperie.

Nada escuches, nada te importe.

Inicia la partida:

Como al músico que a tu lado añoras

Anda ciega, pero anda.

Como al cantor

Que a tu paso reclamas, anda sorda,

Pero anda.  Como al caminante

Que a tu paso exiges, anda muda,

Pero anda.  Ciega,

Sorda, muda acaso,

Traza la marcha en un sólo sentido.

Sujeta con la mente el recobrado sueño:

Los ojos son amargo cactus

Y hacia el infinito sientes,

Tocada por el astro, traslúcidas las manos.

 

 

HE VESTIDO los harapos

Destinados al desposeído.

Las migajas del pan recién horneado

Cayeron a mis pies.  Aprecié

La firme espalda de la multitud:

Su belleza milenaria

Al rezar, esplendente,

Un padre nuestro.

Besé en la noche esos rostros

Grises y apagados

Entonando para ellos una canción

Antigua.

Dormí tranquila e invisible:

Lo humano estaba en mí ya para siempre.

 

 

PARA QUE NO se pudrieran los versos

Como se pudre el ser

Escribí sobre el amor.  Sobre el amor

De nuevo.  Esa palabra, extraña

A los sentidos de lo humano, esa palabra

Ceniza, escarcha, mito.

Pero el poeta nunca es previsible:

Los versos se pudren sin remedio.

 

 

VITRALES.  Plazas.  La bahía.

El mar, siempre el mar

Y el horizonte.

Las horas casalianas.

En el Parque Central, la música.

La mugre, las ruinas de la paz.

El toque sordo del tambor.

El toque sordo.  El toque.

El deseo de volver a pisar

            Tierra cubana.

 

 

ISLA

 

La luz y el tiempo

Descienden sobre

El espacio consumado

En las gargantas

Frenéticas de alcohol

Que cantan

Un himno lejano.

Los huesos, lejos

Del sitio más cordialmente

Odiado golpean el salitre.

Todo rueda

Con la mansa violencia

Del barro y la mirada

Primigenia. Vencido

Por la costa se aniquila

El cuerpo del ausente

Hacia el abismo.

Costas por donde nadie