Nació en Santa
Isabel de Fernando Poó, Guinea Ecuatorial. (1943). Vive en
Canarias (isla de La Palma) desde el año 1947 hasta el año 1955 en
que se traslada a vivir a Madrid donde hace sus estudios de
bachillerato y obtiene en 1965 la licenciatura en Filosofía Pura.
Después de un año en Suiza, en Lausanne, como profesora de
Literatura Española en Le Manoir, en 1966 regresa a España y se
incorpora al colegio “Estudio” como profesora de Lengua y
Literatura Española hasta el año 1972 en que vuelve de nuevo a La
Palma y se integra en la enseñanza pública como interina.
En 1973 presenta en la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad Complutense de Madrid, la tesina de su
licenciatura: Las supersticiones en la Isla de La Palma. En
1974 regresa a la península donde comienza sus investigaciones
como antropóloga y a impartir filosofía como agregada en
diferentes institutos de enseñanza media (Toreno del Sil, Alcalá
de Henares y Madrid). En julio de 1980 defiende en la Universidad
Autónoma de Madrid sus tesis antropológicas basadas en
investigaciones de campo realizadas en varias comunidades
campesinas de la isla de La Palma que merecieron un sobresaliente
cum laude y el título de Doctora en Filosofía y Letras. El título
de la tesis era El tablado de la Montañeta. Estructura social y
cultural de una comunidad campesina en la isla de la Palma. En
1982 es nombrada catedrática de filosofía con plaza definitiva en
el instituto Isabel La Católica de Madrid donde impartió clases
hasta el año 1993 en que se le concede el Premio de Investigación
“José Pérez Vidal” y se traslada de nuevo a Canarias con una
comisión de servicios dentro del departamento de Cultura del
Gobierno de Canarias donde trabaja durante siete años dirigiendo y
coordinando dos proyectos culturales “El Papel de Canarias” y
“Memoria de las Islas”. En el año 2000, el Gobierno de Canarias le
cancela la comisión de servicios y regresa de nuevo a su cátedra
de Madrid. En septiembre del año 2002 toma posesión, como
directora, de la Fundación Antonio Gala y actualmente reside en la
ciudad de Córdoba dirigiendo el proyecto cuya meta fundamental es
ayudar y fomentar la creación del arte entre los jóvenes. Fue
presidenta de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid del
año 1987 al 1989; organizadora y coordinadora de un ciclo sobre
Canarias celebrado en el Ateneo de Madrid del 14 al 18 de
noviembre de 1988, titulado “El Papel de Canarias: cinco días de
acercamiento a la cultura canaria”; organizadora y miembro de “La
Ortiga” desde 1988 con la que participó en recitales, conciertos
y grabaciones que difundían la poesía y el arte por toda España.
En 1987 funda y dirige durante dos años la editorial Siddharth
Mehta Ediciones, una empresa privada que tiene contactos
culturales con la India y que promociona a poetas y novelistas
orientales.
Cuando el
cansancio es grande y tiene forma oblicua,
se sienta en el
rincón más tibio de la casa
y reconstruye
el mapa completo de la isla:
El reborde de
espuma rizado de gaviotas.
Los volcanes al
sur,
al norte los
barrancos.
La palma de su
mano abierta bajo el cielo
en forma de
caldera.
Las nubes
esmaltadas,
el viento,
los muros de la
casa,
y la abuela
sentada en el sillón de mimbre
viendo morir
los barcos encima del estanque.
En ese
itinerario de océano amargos,
el llanto se
repliega de nuevo en lo más hondo
a contemplar,
sin ruido, el paso de las aves.
(del libro Penumbra)
En uno de esos
días que la luz es de plomo
encaminó los
pasos por cristales y espejos.
La ciudad le
ofrecía anillos y rectángulos,
celofán,
mariposas.
Pero ella
resistía al sueño del infierno.
Y en el viejo
trayecto de su casa a lo oscuro
vio en un
escaparate el perfil de la infancia.
(Algo frío,
quizá, por aquel entrelazo
de cartón y
serrines,
el mango
aparecía difuminado en verdes
con una
pincelada naranja en el costado
que le daba un
aspecto presuntuoso y distante.)
Y recordó el
olor.
Recordó las
atarjeas al borde del cantero,
las plataneras,
el hinojo y los
tunos al filo de la veta,
las lágrimas de
azúcar comiéndose los higos
escondida en
los bardos,
y el café
desgranado dentro de la alacena.
Y pensó que era
inútil comprar el paraíso.
(del libro Penumbra)
Recuerdo el
amor que me nacía al tiempo de la lluvia.
Recuerdo los
baúles y las colchas de hilo,
las flores de
lavanda volando por espacios abiertos y felices,
aquella
despiadada multitud de grillos debajo de las lápidas,
y tus besos,
pan y aceite, detrás de los postigos.
Recuerdo
aquellos días cuando tú me besabas
tras las torres
caídas del castillo y las olas.
Y recuerdo las
noches naufragando tu cuerpo
en aquella
penumbra universal del hambre.
Yo entonces era
otra.
Pero no he
renunciado ni al amor ni a la herida.
(Del amor Imperfecto)
Tú eres Aquiles,
el hermoso perdedor,
el de la espada
de hierro,
el de la
radiante cabeza coronada,
el mejor.
La verdad que
sí,
¡Oh dioses
inmortales!
que eres
realmente bello.
Y no me extraña
en absoluto
que Helena
perdiera el aliento y su peplo de seda,
al verse frente
a ti
arrojadas al
mar sus sandalias de cuero.
Yo soy Tersites,
el guerrero aplastado por tu brazo
y el peso
brutal de tus caballos.
Yo soy el que
te ama
en medio del
fragor de las batallas,
mordido y
ensangrentado por tus perros.
(del
libro La
Fajana Oscura)
Perdona si
algún día invado tu presencia
y quedo
clausurada sobre tus dos rodillas.
Perdona si
declaro tu destierro de aljibe,
si me bebo la
luna que duerme en tus ojeras,
si entretengo
tus horas de soñador furtivo
y me pongo
pesada al contarte mis cuentos.
Perdona si soy
alta, mimosa, insumergible.
Si me duelen
las cosas que dices a diario,
si no te miro a
veces cuando vas a buscarme
o mis ojos se
cuelan por tus vértices negros.
Perdona si
comparto contigo mis asombros
y habitamos
felices en un mismo planeta
del cual sólo
se saben tus pasos y los míos.
Perdona si
algún día persigo tus cometas
por el sol y
las tapias de recoletos sur.
Perdona si
estoy triste
y me atrevo a
pedirte las señas de tu cuerpo
precisamente
hoy,
unas horas más
tarde de acabar el invierno.
(del libro Al final del agua)
Te morirás
primero, ya lo sé.
No creas que me
importa.
Me vestiré de
gala,
con los tacones
altos miraré las estrellas
y andaré por
las plazas como si fuera fiesta.
Ya verás,
cuando te
mueras
irán nuestros
amigos al entierro.
Habrá ramos,
ofrendas,
un latido de
pájaro golpeará las ventanas
y el altar se
hará añicos durante el ofertorio.
Yo me pondré
las gafas de no querer mirarte,
las de mirar el
mar y verlo a mi manera.
Escucharé tus
versos,
aquellos que
escribiste antes de yo leerlos,
seguiré las
estatuas
y me vendrá tu
llanto y el amor que no tuve.
¿Te imaginas,
amor?,
tú allí, muerto,
tan solemne y tan quieto,
y yo un bullir
de rosas en los bancos del fondo.
Yo, de rojo
vestida, trenzas negras mi pelo
y las manos muy
blancas acariciando espejos
por donde te
has mirado.
Sin una sola
lágrima.
Oculta por la
pena que siempre fuera mía.
Pensando en tus
caricias
y el júbilo
perfecto de una siesta de sol
que nunca
llegaría.
¿Te imaginas,
amor?
Tus nietos, tus
parientes,
y en el último
asiento una hermosa muchacha
iluminado el
arco de sus blancas axilas
por la luz de
tus ojos.
Vendrán los
oradores y hablarán de tu ingenio,
de tus muecas
feroces,
de las horas
amables en que ocupabas sitios,
lugares
acordados.
Hablarán de tus
gestos, de tu bufanda oscura,
del inconstante
deleite de tu boca,
del mar que te
ocupaba los momentos felices.
Llorarán los
acólitos, las vírgenes de plomo,
los ángeles de
cera.
Y nunca sabrá
nadie que me he muerto contigo.
(del
libro Al final del agua)
De La Habana lo
que yo más amaba era la bahía
esa imagen del
mar con los barcos paralizados en el agua
y el paquebote
azul que llegaba a la orilla cargado de melaza
y aquel hombre
dando pan a los peces
y acariciando
niños de mirada brillante
de pieles
brillantes al sol y al calor del mes de julio
niños con
mirada de pájaro
entrelazados a
la cabeza de mi buen amigo Pepe
venido de las
estepas al sur de unos niños con gansos desplumados
sobre la calva
brillante del más desterrado de los hombres
y el barco
aquel que llegaba a la orilla de forma regular
cargado de
rostros de cansancio de bicicletas viejas
y yo qué hago
aquí con esta negritud insoportable
el corazón
abierto como un melón.
(del libro Mar de amores)
EL GATO
A Elsa
Estrella
Llegó por una
esquina de las enredaderas.
Con los pasos
muy lentos subió los escalones
y se quedó
mirando tu libro y mis geranios
y aquellos
macetones con las flores de mundo salpicándome el alma
igual que las
estrellas salpican por las noches el cielo tan azul.
Era un gato con
la mirada triste y el gesto indiferente
con que todos
los gatos te devuelven el grito
con que siempre
los echas del patio de la casa.
Era un gato
diurno. Venía sólo a mirarme
y a ver cómo
comía el pan y los lagartos de tu ausencia diaria.
A leerme las
cartas que nunca te enviaba
y a ponerme en
las piernas el tierno ronroneo de tu desnuda espalda.
No me fui dando
cuenta de que era imprescindible,
de que ya no
podía dejar de acariciarlo,
de hablarle de
tus ojos y cómo te brillaban
al untarme de
aceite el pan de cada día,
hasta que ya no
vino.
No me fui dando
cuenta de que era necesario
en nuestra
pobre vida de ausencias y milagros
hasta que la
más pequeñita de todos los de casa
se plantó una
mañana delante de mis brazos,
—los ojos
transparentes navegando deprisa por el café con leche —
y se puso de
trapo la lengua y los zapatos a darme explicaciones.
Ya no viene.
El gato ya no viene. Se fue el gato. Se fue.
Y se puso a
buscarlo descalza por la hierba recogiendo naranjas,
sacudiendo las
ramas del manzano de indias
y pisando
ciruelas de los prunos redondos que adornan el jardín.
Ni vuelves tú
ni el gato por las mismas razones
—lo he pensado
sin lágrimas—.
Te has ido y ya
no vuelves.
(del
libro Los
gatos)
ANTONIO MARÍN ALBALATE
Nació en Cartagena, (1955). Coeditor del
libro homenaje al poeta José Agustín Goytisolo “Goytisolo,
veintisiete voces…” Nausícaä. Murcia, 1999. Coordinador y editor
del libro homenaje al poeta José Hierro “Trazado con Hierro”,
Vitruvio. Madrid, 2003. Antólogo y coeditor del libro “Josefina
Soria: memoria y voz”, Editora Regional de Murcia, 2003. Obra
poética publicada:“Oscura voz”. Barro. Sevilla, 1992. “Hasta
encontrarme a mí”. Estío Libros. Miranda de Ebro, Burgos, 1996.
“Estación de la nieve”. El árbol espiral. Béjar, Salamanca, 1996.
“Opúsculo”. Vizland & Palmart. Málaga, 1996. “Barcaiar” (cuarenta
poemas y un día). Diputación Foral de Álava. Vitoria, 1996.
“Escalera de palabras para bajar”. Fundación Emma Egea. Cartagena
1998. “La memoria del viento”. Huerga & Fierro Editores. Madrid
1998. “Un mal día lo tiene cualquiera”. LF Ediciones & El
Sornabique. Béjar, Salamanca, 1999. “Donde acaba el horizonte”.
Nausícaa. Murcia, 1999. “Todavía la nieve en la palabra”.
Ediciones Vitruvio. Madrid, 2000. “Hebra de viento tibio” Áglaya.
Cartagena, 2001. “Ángel de tierra”. Diputación de León. León, 2001
y Ediciones Vitruvio, Madrid, 2004. “Serrat, en set cançons”.
Nausícaa. Murcia, 2001. “Que nada importa” Emboscall Editorial.
Vic, 2002. “Cebollas azules para un Blues”. Tepemarquia. Arucas,
Gran Canaria, 2002. “La nieve toda”. Editora Regional, 2003. “Bajo
whisky”. Diputación de Córdoba, 2004. “En claro oscuro”. Nausícaä,
Murcia, 2004. Antologías: “Aldea Poética I”. Opera Prima. Madrid,
1997. “Aula de Poesía I”. Universidad de Murcia, 1998. “Voces
del Chamamé” Principado de Asturias. Oviedo, 1999. “Entreséculos”.
Bianchi Editores. Montevideo, Uruguay, 1999. “Aldea Poética II”.
Opera Prima. Madrid, 2000. “Al aire nuevo”. Ediciones Desierto.
Aguascalientes. México, 2001. “Poemas contra la guerra”. Ediciones
Vitruvio. Madrid, 2003. Premios: “Murcia-Joven 1984”, “Ciudad de
Hellín 1993”, “Ernestina de Champourcin 1995”, “Ciudad de
Purchena 1997”, “Emma Egea 1997”, “José de Espronceda 1999”,
“Pedro Marcelino Quintana, 2001” , “Juan Bernier, 2002”.
SUEÑO
Pregunté
al mar si podía comérmelo,
y el mar
me dijo que podía.
Gregory Corso
Blandamente,
bajo la sombra
De un mar sin
aristas,
Los ahogados
duermen.
(del libro Hasta encontrarme a mí)
TRISTE COMO LOS OJOS DE TU MADRE
BRILLANDO EN LA OSCURIDAD DE UN
CUARTO CERRADO
Cae una lluvia
muy triste
Densa y amarga
como los ojos de tu madre
Brillando en la
oscuridad de un cuarto cerrado.
Sí.
Cae una lluvia
muy triste.
Parece que
fuera otoño en toda la tierra,
Hija mía.
(del libro Opúsculo)
VERSOS PARA UN DÍA JUEVES
Los nombres
propios y sin embargo comunes
Al fuego y a la
tierra.
Eufrasio, por
ejemplo.
Los pájaros y
los astros.
El ruido de las
vocales en el agua,
Cayendo.
La temperatura
del aire.
Y en el mundo:
El hombre.
La vida y la
muerte,
Girando.
(del libro Escalera de palabras para bajar)
NOCTURNO
AMARILLO
Cosido por el
hilo dorado de tu pelo largo
Y brillante
como el sonido de las sirenas
En el agua,
limpia y bellamente sereno
Te escribo.
A mis pies
duerme confiado el mundo.
(Mi casa es un
cubo triste de lágrimas
Y pececillos).
Amarilla de
whisky, por encima de todo,
Mi alma
atomizada se eleva alcanzando
El hondo
misterio del mar en las estrellas,
Mientras pasan
naves cargadas de luna y sueño.
Acaso sea esto
la felicidad.
(del libro La memoria del viento)
SENTADO EN EL MUELLE DE LA BAHÍA
Sentado en el
muelle de la bahía,
Alguien muy
oscuro tira una línea
De plata
paralela a un horizonte
Cuajado de
boria y lejanas chalupas
Semejantes a
puntos suspensivos.
Una línea de
plata profunda
Como el color
de sus ojos arrasados
Por el viento.
Una línea, alguien...
Toda la soledad
del mundo
En esa mirada
que apenas sostiene.
(del libro Donde acaba el horizonte)
ESTIVAL MEMORIA
Acaso sea la
nieve en mi memoria,
Una ventana
abierta a la belleza
Donde tan
peligroso resultaba asomarse.
(del libro Todavía la nieve en la palabra)
DICES: PARECE UN PÁJARO ESA NUBE ROJA.
Un pájaro dulce.
Un incendio.
Un dibujo
grande de libertad.
De pronto tus
manos se comen mis ojos
Y oscurezco.
(del libro
Hebra de viento tibio)
NO MOJARÁ LA
OSCURA ROSA
No mojará la
oscura rosa
De tan blando
vientre,
Su boca amarga
y dura.
Fatigado por el
óxido
De las
herramientas
Que duermen a
la intemperie
Su fajina negra:
Pasará,
Sin rozarle
siquiera,
El fantasma de
la belleza.
Y así,
Lejano
Al fin,
Y muy borracho,
Beberá en
cuarto creciente
La luna vegetal
y fría
De un corazón
desierto.
(del libro Bajo whisky)
JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ MUÑOZ
Nació en
Murcia, España, (1959). Es periodista de la emisora pública de
radio Onda Regional de Murcia, desde 1999. Dirige y presenta el
programa de poesía Las personas del verbo, que se emite los
domingos a las 09:35’ de la mañana, hora española, y se puede
escuchar en Internet en la dirección
www.ondaregionalmurcia.es.
Ha publicado los libros Un nocturno para saxo y otros poemas (Aula
de Poesía de la Universidad de Murcia), Murcia, (2000). La lluvia
en el cristal, (con dibujos de Ángel Haro Nausícäa), Murcia,
(2000), Médanos ,(Emboscall, Vic), (2001). Nada, nadie (La Poesía,
señor hidalgo), Barcelona, (2002). Uno (Editora Regional de
Murcia), Murcia(2003).
LLUEVE NOMÁS
PORQUE ES JUEVES
llueve muy lentamente
como sin prisa por pasar las hojas
la tarde se demora en su escritura
el viento se detiene las aves
y las hojas comienzan su asamblea
el sol silba su olvido
y ya es firme la sentencia
del tiempo y la materia
llueve poco,
una lluvia leve que no es nada
nomás vallejo de nuevo que muere
que anuncia ésa su muerte vieja y
tenue
como siempre que el fuego
otra vez adorna la nieve
—nomás de nuevo— lame
la lluvia lenta este día
que tal vez es jueves
el día de la semana en que nomás
césar vallejo se muere,
nomás lo quieren vivir y él que dice
que muere
de las viceversas de la vida y de la
muerte
vuelve sobre el enjuto lomo de la
memoria
a cálices y niños y húmeros y
caminos
mientras estas lluvias lentas y
estas muertes tantas
velan una piedra negra sobre piedras
blancas
( con César
Vallejo )
HE PERDIDO MI
EDAD
He perdido mi edad
y he perdido mi vida
que mejor hubiera vivido
entre los pueblos del pasado
muere el necio con su ignorancia
igual que el sabio con su ciencia
y quizá le sobreviva
y por más segura senda
al que se tiene por profeta
el ebrio que danza sin manto
somos hijos de los muertos
¿por qué rechazar la copa?
no escapará a la muerte quien la
espere
con el corazón contraído de espanto
así que lléname el vaso y
vaya el alma en su montura
—los cascos de hierba verdes
de furia el belfo blanco—
a donde en el oriente no hay oriente
y donde el ocaso no tiene ocaso
( variación sobre temas de Al-Mutanabbi,
con Emilio García Gómez al
fondo )
-1-
en el cielo yermo un ave
como una isla
sus alas tendidas hacia el poniente
la vida se repliega y
cesa el viento
—aquí se espera a la muerte—
-2-
la cicatriz
del cielo fue quizá
aliento y vuelo
(variación sobre temas de Wallace
Stevens)
TOUJOURS
RECOMMENCER
-1-
oculta el mar
un naufragio en cada ola y
vuelve a empezar