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La oscuridad de
aquél dormitorio se me hacía pesada y molesta. Intentaba dormir
alejando de mi mente la preocupación por escribir algo que realmente
interesara a mis lectores. Este trabajo es así, como aquél
aventurero que buscaba en el desierto un objeto sagrado y
misterioso, resolviendo mil entuertos. Mi inquietud cedió parte a un
principio de sueño que quise aprovechar. Como el que quiere coger
ese último autobús que le lleva a su hogar, de regreso al
merecido descanso. Pero cuando el silencio comenzó a hacerse
presente surgió una voz susurrante y sensual. Estaba solo, pero
reconocí una voz de mujer, que tal vez perteneciera a un bello
rostro. Abrí mis ojos, y ante mí pude ver que estaba en lo cierto.
Un pelo liso, rubio y largo cubría un cuerpo bien proporcionado. Una
cara dulce, atractiva, delicada y aniñada esgrimía una sonrisa
angelical, que me decía - "Buscas algo que contar, algo que mueva el
espíritu de esas buenas gentes. Ven conmigo al lugar donde se
condena a la soledad infinita. - " Su mano, suave y fría, tomó la
mía. Entonces me di cuenta de su encantadora desnudez... pero lo
curioso es que no inspiraba deseo, tampoco temor, solo paz y
felicidad como nunca antes había experimentado. Habría ido con ella
al fin del mundo sin tan siquiera decir una palabra. En un segundo
nos encontramos en una inmensa sala circular muy elegante y barroca,
se diría que parecía un palacio versallesco...o algo así. La
muchacha desapareció de mí lado, y yo me vi rodeado de mucha gente
muy bien vestida, y hablando mil lenguas distintas. Al fondo de la
sala vislumbre la figura de una anciana mujer toda de negro sentada
en una mesa elegantemente decorada. Me abrí paso entre la multitud,
y llegué ante ella para saber que era aquello, y le pregunte muy
educadamente - " Por favor, podría ser tan amable de decirme ¿donde
me encuentro? - " La arrugada, canosa y encorvada anciana daba la
sensación de querer ignorarme, rodeada de libros polvorientos.
Mientras escribía algo con una pluma antigua y decorada, con tinta
muy roja y espesa. Decidió apartar su atención de sus escritos, y se
dignó, por fin, contestar con una sonrisa entre burlona y maligna -
"¿Que no lo sabes? -
"Con un simple
gesto de cabeza respondí negativamente.
La anciana
continuó - " En un burdel, en el mayor burdel del mundo. Tengo las
mejores chicas que se puedan desear, y los mejores clientes a que se
puedan aspirar. Aquí prestan sus servicios la famosa Economía, que
está muy solicitada, por cierto...aunque no menos que Política, que
también está siempre muy...pero que muy ocupada. Quizás te convenga
Corrupción, pero esa va y viene...y tal vez...no sé. Violencia,
tiene un momento, pero es también muy cara... -”
No la dejé
continuar, y por curiosidad, le pregunté cuánto costaban.
La anciana mujer
me miró con sus cansados ojos, y sin apartar la mirada me respondió
- "Cuarenta mil soledades. - " No pude disimular mi sonrisa, que en
el fondo ocultaba sorpresa y cierta indignación...pero decidí
continuar interrogando a tan elocuente mujer con cierto recelo:
- "¿Y felicidad?,
¿y amor? - "
- "No, todos
preguntan por ellas al entrar,... pero aquí nunca estuvieron. - " me
contestó con un cierto tono que inspiraba pena y sufrimiento, que no
entendí.
Para finalizar,
quise saber con quién estaba hablando:
- "¿Puede ser tan
amable de decirme su nombre, buena mujer? - "
- "¿Mi nombre?,
¿de veras quieres saberlo? - "contestó desafiante.
- " Sí - " dije
con determinación.
- "Mi nombre es
Historia...y con esta pluma mojada en la sangre de aquellos que
soñaron cambiar mis destinos escribo el tiempo y el nombre de
aquellos que vienen por aquí, y usan mis servicios - ."
Sonó el
despertador, y recordé aquél extraño sueño.
...Pero faltaba
una pieza en este puzzle - ¿quién era aquella joven que me llevó a
este relato?
Salté de la cama y
me asome a la ventana, allí estaba la respuesta.
Luis S. Taza Hernández
nació en Alicante, España
(1960). Narrador. Ha cursado
estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Alicante. Ha incursionado en el mundo de la
literatura en diversos medios de la región alicantina, tales como en las revistas literarias
Auca y El Palmeral. Sus
narraciones salieron publicadas en el libro Entre azules y
blancos (Ediciones Frutos del Tiempo, Elche, 2003).
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