Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº 33/34

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 


 

 

 

EL TEATRO ESPAÑOL

 EN PEQUEÑO FORMATO

 

por

 

Marga Varea

 

 

 


     Hace poco cayó en mis manos el libro “Gravitaciones Teatrales” de Maricel Mayor Marsán, una colección de seis obras de teatro breve con un fuerte mensaje social y filosófico. Su lectura entretuvo mi imaginación y me llevó a esta (resumida) reflexión sobre el teatro en pequeño formato.

     Aunque las obra mayores casi siempre se llevan los aplausos y las obras breves quedan a menudo injustamente relegadas, acumulando polvo en la buhardilla de la memoria colectiva, es mi opinión que el teatro en pequeño formato no es un género menor, no es menos teatro, y no merece menos atención que su hermana mayor. El teatro breve es simplemente una forma de expresión diferente creada por autores que ponen su talento al servicio de pequeñas piezas en busca de nuevas posibilidades creativas. Durante una larga y compleja historia de altibajos, este género ha disfrutado de los favores de grandes autores dramáticos, ha desaparecido y reaparecido de la escena, ha obtenido los favores del público y también su desdén. Lo cierto es que desde la Edad Media hasta nuestros días el teatro breve se ha mantenido en un firme papel secundario ofreciendo a creadores y audiencia una interesante alternativa dramática.

     La única pieza de teatro conservada en lengua romance castellana, anterior al siglo XV, es precisamente una obra de teatro breve: El Auto o Misterio de los Reyes Magos cuya autoría y circunstancias nos son desconocidas. De hecho, muchos consideran que fue a través de representaciones de carácter religioso, durante la oscura Edad Media, cuando se plantó la semilla del teatro breve en España. Uno de los géneros más conocidos era el auto que tenía lugar en las iglesias y consistía en la escenificación de episodios bíblicos representados sobre todo en las festividades de Navidad, Semana Santa o el “Corpus Christi”. También se tiene constancia de la existencia de primitivos tropos, o breves textos cantados que se interpolaban dentro de la liturgia, y que poco a poco empezaron a incluir elementos populares y salieron a las plazas de los pueblos donde las gentes los acogieron con sincero entusiasmo.

     Fue la creación de nuevas formas teatrales, la extraordinaria producción dramática y la genialidad de sus autores lo que convierte al teatro en un arte imprescindible durante el Siglo de Oro Español. Las representaciones teatrales eran nuestra televisión, nuestro cine, nuestra radio, nuestro Internet... un espectáculo al que el pueblo acudía en masa en busca de distracción y desahogo, esperando ver historias de amantes desesperados, maridos cornudos, farsantes, alcahuetas y engaños que reflejaban simple y llanamente las tribulaciones diarias de los espectadores, sus miedos, pasiones y rutinas. Tanto las obras largas como las piezas breves eran acogidas con entusiasmo o criticadas sin piedad. La audiencia aplaudía a rabiar o lanzaba objetos a los actores, y anticipaba las nuevas obras como una de las escasas formas de distracción accesibles en una época en la que resultaba muy duro vivir. Los autores escribían constantemente, vendían sus obras al mejor postor y las compañías teatrales se multiplicaron a lo largo y ancho del país. De Lope de Rueda a Calderón de la Barca, durante este siglo genial, el teatro en pequeño formato floreció, adquirió su propio carisma y se hizo indispensable en los populares corrales de comedias antes, durante y después de la representación de la obra principal. Los formatos breves que nacieron en este época aun continúan siendo usados y admirados a día de hoy. Formas tan originales como el entremés, el sainete, la loa, la jácara o la mojiganga adquieren vida propia, entreteniendo diversos géneros, cumpliendo diferentes cometidos y abordando diferentes temáticas.  La Loa o alabanza, por ejemplo, tenía como función principal entretener a la audiencia antes del comienzo de la obra principal e incluía comentarios sobre la ciudad en la que se actuaba y los actores de la compañía. El entremés, como su propio nombre indica, estaba diseñado para entretener al público en los entreactos de la obra principal, sus personajes eran rústicos y abordaban temas y situaciones desde un punto de vista grotesco. El romance cantado o jácara narraba las fechorías y castigos de malhechores y presidiarios representando un mundo oscuro y degradado. La mojiganga, mezcla de desfile, baile y mascarada, representaba una realidad caricaturesca que se trasladó de las calles a los corrales de comedias y en la que a menudo participaban no solo los cómicos sino también el propio público.

     Considerado fundador del teatro español y precursor del Siglo de Oro, Lope de Rueda se hace famoso, en parte, por la creación de una forma de teatro en pequeño formato bautizada con el nombre de pasos. Un paso era una obra breve que entretenía al respetable antes de la obra principal y también en los entreactos. Los pasos estaban escritos en prosa, con un lenguaje popular, y plagados de personajes costumbristas, enredos y picardías que campaban libremente por el escenario con la intención de provocar risas y burlas. Los personajes del paso eran casi siempre de bajo estrato social, desarrollados de manera extremadamente realista, y las situaciones anécdotas y chistes extraídos de la misma sociedad. Lope de Rueda supo captar en estas rústicas obrillas el espíritu de su tiempo y generar una fuerte conexión con los espectadores que se veían reflejados en sus populares farsas. Los pasos son el precedente más claro de otro importante formato breve: el entremés.

     En el siglo XVII el teatro popular dará origen al teatro barroco. Su gran impulsor es Lope de Vega que renueva y consolida la fórmula teatral dándole el nombre de Comedia Nueva para distinguirla de la obra clásica. De la escuela de Lope surgieron geniales dramaturgos como Tirso de Molina y Pedro Calderón de la Barca, ambos autores de numerosas piezas en pequeño formato.  La obra de Calderón, en particular, supone la culminación del teatro español del Siglo de Oro con obras mayores como “La dama duende”, “La vida es sueño” o “El alcalde de Zalamea”, pero su trabajo incluye  también mojigangas, entremeses, jácaras y 78 autos sacramentales. El auto sacramental, que enlaza con la tradición del auto medieval, era una representación dramática en un solo acto, de carácter didáctico y alegórico, referida al misterio de la eucaristía y exaltación de la fe que se representaban en las calles durante la festividad del Corpus Christi. Entre sus autos se encuentran títulos como “La devoción de la misa”, “La protestación de la fe”, “El veneno y la triaca” o “El gran teatro del mundo”, esta última considerada por muchos como la culminación del género.

     Durante el siglo XVII el entremés disfrutó de una tremenda popularidad. Luis Quiñones de Benavente le dio cierto prestigio al género, creando interesantes modalidades como el baile entremesado, la loa bailable y el entremés cantado, pero es sin duda Miguel de Cervantes, genial autor de “Don Quijote de la Mancha”, quien está considerado como su gran maestro. Los entremeses Cervantinos abordan el género desde un punto de vista completamente diferente, renuevan la temática con una exquisita inteligencia y afrontan temas populares como la hipocresía social, el marido burlado, la honra o la rivalidad amorosa. Cervantes juega con la realidad y la ficción, y aprovecha la libertad creativa y la brevedad del entremés para afinar al máximo su natural ironía. Los entremeses Cervantinos presentan, en un solo acto, personajes típicos pero no dudan en incorporar sutiles críticas a la sociedad de su tiempo con un nivel de preciosismo muy superior al que habían disfrutados los pasos. Tal vez por su crítica social, o tal vez por su novedosa aproximación a los temas populares, los ingeniosos entremeses de Cervantes nunca fueron representados en vida del autor. Hoy sin embargo “El juez de los divorcios”, “El rufián viudo”, “La cueva de Salamanca”,“La elección de alcaldes de Daganzo”, El vizcaíno fingido” o “El retablo de las maravillas” se cuentan entre los clásicos indiscutibles del teatro breve Español. 

     Otros maestros como Francisco de Quevedo cuentan con interesantes entremeses en su obra, y a partir de la mitad del siglo XVII, las ediciones impresas de entremeses se hacen frecuentes aunque la mayoría de los publicados son dramaturgos consagrados, como Lope o Tirso de Molina. 

     El siglo XVIII trae de la mano el teatro neoclásico que refleja fielmente las tensiones sociales, culturales y artísticas de la época y que no dará lugar a la producción de tantas y tan originales piezas breves. En este tiempo se empiezan a producir ataques contra el teatro barroco que culminan en la prohibición de los autos sacramentales y las comedias religiosas hacia 1765, mientras que los populares entremeses son gradualmente eliminados de las representaciones desde 1770. Sin embargo, algunos autores de prestigio como Ramón de la Cruz o Juan Ignacio González del Castillo siguen creando pequeñas piezas.  De la Cruz en particular escribe más de 350 sainetes, obras de carácter dramático burlesco en un solo acto derivado del entremés barroco que acentuaban el costumbrismo y la intención moral. El sainete fue evolucionando desde la forma clásica del maestro de la Cruz hasta el sainete moderno representado por Ricardo de la Vega a finales del XIX, pasando por la afinada pluma de Carlos Arniches que reflejó con humor las costumbres del Madrid de la época. También a finales del XIX, Jacinto Benavente debuta en el mundo del teatro con una colección de cuatro obras breves reunidas bajo el nombre de Teatro fantástico cuya influencia llegaría hasta la Generación del 27 inspirando a autores como García Lorca, otro genio interesado en el teatro en pequeño formato. 

     Y pienso, entre los primeros pasos de Lope de Rueda y las “Gravitaciones Teatrales” de Mayor Marsán han pasado casi seis siglos por los que el teatro breve se ha deslizado como un soplo transformándose y adaptándose a cada época. Seis siglos de los que sería muy difícil dar detallada cuenta en este modesto artículo y con los que podríamos continuar divagando durante varias paginas, quizás indefinidamente. Baste saber que este formato genial ha llegado casi intacto a nuestros días extendiéndose de la mano de diferentes corrientes teatrales diversificado y enriquecido con nuevos temas, tonos, estilos y técnicas de vanguardia. Baste recordar que hoy innumerables autores noveles eligen este formato para experimentar, lanzar mensajes de carácter social o político y disfrutar de una libertad creativa difícil de alcanzar en una obra convencional. El teatro breve en español florece en España, en Latinoamérica y en Estados Unidos, se publican nuevas ediciones, se compra en las librerías, se representa en universidades y teatros, y muchos lo celebramos como un género que nada tiene que envidiar a la obra mayor.  

 

Bibliografía:

 

“El Teatro Breve en la Edad de Oro” Javier Huerta Calvo

“Teatro Breve del Siglo de Oro” Antonio Rey Hazas

“Antología del Teatro Breve Español (1898–1940)” Eduardo Pérez–Rasilla

“Historia Del Teatro Español Desde Sus Orígenes Hasta 1900” Francisco Ruiz Ramón.

“El Auto Sacramental” Ignacio Arellano y J. Enrique Duarte

 

Marga Varea nació en Murcia, España (1974). Guionista, argumentista, narradora, cineasta y periodista. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, en la rama de Periodismo. Ha estudiado guión y dirección de cine en la New York Film Academy de Nueva York como becaria de la Fundación Autor de España (SGAE) y Televisión, Radio y Vídeo en el (TAI) Escuela Libre de Artes y Espectáculos de Madrid. Ha participado como Coguionista y Argumentista en varios cortometrajes, documentales y vídeos, entre los que se destacan: Dos Más, Constructores de Quimeras, Infección  (Emitida en TVE),  La Isla de la Tortuga y las series de televisión Mas Que Amigos (Emitida en Tele 5, España) y Menudo es mi padre (Emitida en Antena 3 TV). Ha recibido el premio del Ministerio de Cultura (ICAA) por el guión del cortometraje de animación La Balada del láser mortífero (Junio, 1997), así como el premio de la Comunidad de Madrid (Septiembre, 1997) y el premio del Ministerio de Cultura (ICAA) (Mayo, 1999) por el guión La Isla de la Tortuga. En la actualidad es miembro de la Fundación Autor de España (SGAE).