Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº 33/34

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos


Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 

POETAS ESPAÑOLES

 

FRANCISCO BRINES


Nació en Oliva, Valencia (España) en 1932. Poeta y periodista. Estudió Derecho en Deusto, Valencia y Salamanca y cursó estudios de Filosofía y Letras en Madrid. Es uno de los poetas actuales de más hondo acento elegíaco. En su obra están presentes algunos temas como la familia, la tierra y los recuerdos, que constituyen elementos de identificación personal del poeta. Pertenece a la segunda generación de la post-guerra, y junto a Claudio Rodríguez y José Ángel Valente, entre otros, conformó el «Grupo de los años 50». Fue lector de Literatura Española en la Universidad de Cambridge y profesor de español en la Universidad de Oxford. En el año de 2001 fue nombrado miembro de la Real Academia Española, para reemplazar la silla vacante tras el fallecimiento del dramaturgo Antonio Buero. Se destacan entre sus obras: Las brasas en 1959, Palabras a la oscuridad en 1967, El otoño de las rosas en 1987, y La última costa en 1998. Entre los premios recibidos, aparecen: Adonais de poesía en 1959, Premio Nacional de la Crítica en 1967, Premio de las Letras Valencianas en 1967, Premio Nacional de Literatura en 1987, Premio Fastenrath 1998 y Premio Nacional de las Letras Españolas en 1999.


  

PALABRAS PARA UNA MIRADA

Miras, con ojos luminosos,
mientras hablo, mis ojos. Los cabellos
son fuego y seda,
y el rosa laberinto del oído
desvaría en la noche,
acepta las razones que doy sobre una vida
que ha perdido la dicha y su mejor edad.
¿Cómo me ven tus ojos? Yo sé, porque estás cerca,
que mis labios sonríen,
y hay en mí delirante juventud.
Inocente me miras, y no quiero saber
si soy el más dichoso hipócrita.
Sería pervertirte decir
que quien ha envejecido es traidor,
pues ha dado la vida
o dado el alma,
no sólo por placer, también por tedio,
o por tranquilidad;
muy pocas veces por amor.

He acercado mis labios a los tuyos,
en su fuego he dejado mi calor,
y emboscado en la noche
iba espiando en ti vejez y desengaño.

 

 

CON QUIÉN HARÉ EL AMOR

 

En este vaso de ginebra bebo
los tapiados minutos de la noche,
la aridez de la música, y el ácido
deseo de la carne. Sólo existe,
donde el hielo se ausenta, cristalino
licor y miedo de la soledad.
Esta noche no habrá la mercenaria
compañía, ni gestos de aparente
calor en un tibio deseo. Lejos
está mi casa hoy, llegaré a ella
en la desierta luz de madrugada,
desnudaré mi cuerpo, y en las sombras
he de yacer con el estéril tiempo.

Vuelve la hora feliz. Y es que no hay nada
sino la luz que cae en la ciudad
antes de irse la tarde,
el silencio en la casa y, sin pasado
ni tampoco futuro, yo.
Mi carne, que ha vivido en el tiempo
y lo sabe en cenizas, no ha ardido aún
hasta la consunción de la propia ceniza,
y estoy en paz con todo lo que olvido
y agradezco olvidar.
En paz también con todo lo que amé
y que quiero olvidado.

Volvió la hora feliz.
Que arribe al menos
al puerto iluminado de la noche.

 

 

OSCURECIENDO EL BOSQUE

Toda esta hermosa tarde, de poca luz,
caída sobre los grises bosques de Inglaterra,
es tiempo.
                Tiempo que está muriendo
dentro de mis tranquilos ojos,
mezclándose en el tiempo que se extingue.
Es en la vida todo
transcurrir natural hacia la muerte,
y el gratuito don que es ser, y respirar,
respira y es hacia la nada angosta.
Con sosegados ojos miro el bosque,
con tal gracia latiendo
que me parece un soplo de su espíritu
esa dicha invisible que a mi pecho ha venido.
Cual se cumple en el hombre
también se ha de cumplir la vida de la tierra;
la débil vecindad que es realidad ahora,
distancia tenebrosa será luego,
toda será negrura.
Miro, con estos ojos vivos, la oscuridad del bosque.
y una dicha más honda llega al pecho
cuando, a la soledad que me enfriaba,
vienen borrados rostros, vacilantes
contornos de unos seres
que con amor me miran, compañía demandan,
me ofrecen, calurosos, su ceniza.
Cercado de tinieblas, yo he tocado mi cuerpo
y era apenas rescoldo de calor,
también casi ceniza.
y sentido después que mi figura se borraba.
Mirad con cuánto gozo os digo
que es hermoso vivir.

 

 

PALABRAS PARA UNA DESPEDIDA

                                                A Juan Gil-Albert

Está la luz despierta,
y se adentra en los ojos el contorno del monte,
y el grito de los pájaros desvanece el oído
al venir de los húmedos huertos.
Los blancos pueblos de la costa,
felices de lujuria y juventud,
alientan junto al mar, lejanos.
No estoy allí, mas lo que fui deseo:
la dicha viva, los sentidos borrados,
ahora que en el jardín el tiempo se arrincona
                                           en las sombras,
y el olor de las rosas sube al aire.
Hay humos blancos y calladas palomas
en la altura, y voces que se alejan,
hay demasiada vida para una despedida.

Y un día habrá de ser,
sin que la grata luz, las voces de la casa,
los cultivos del huerto, los días recordados
de la remota y breve juventud,
ni tampoco el amor que me tenéis,
retrasen la obligada despedida.

Tendré que aposentarme en la aridez
y perdida la imagen de este mundo
y perdido yo mismo,
siento que aquel reposo será estéril,
que la vida no fue, que el fervor
de cualquier despedida es un engaño.

 

 

CUANDO YO AÚN SOY LA VIDA

La vida me rodea, como en aquellos años
ya perdidos, con el mismo esplendor
de un mundo eterno. La rosa cuchillada
de la mar, las derribadas luces
de los huertos, fragor de las palomas
en el aire, la vida en torno a mí,
cuando yo aún soy la vida.
Con el mismo esplendor, y envejecidos ojos,
y un amor fatigado.

¿Cuál será la esperanza? Vivir aún;
y amar, mientras se agota el corazón,
un mundo fiel, aunque perecedero.
Amar el sueño roto de la vida
y, aunque no pudo ser, no maldecir
aquel antiguo engaño de lo eterno.
Y el pecho se consuela, porque sabe
que el mundo pudo ser una bella verdad.

 

 

MIS DOS REALIDADES

Era un pequeño dios: nací inmortal.
                                                 Un emisario de oro
dejó eternas y vivas las aguas de la mar,
y quise recluir el cuerpo en su frescura;
pobló de un son de abejas los huertos de naranjos,
y en tomo a tantos frutos se volcaba el azahar.
Descendía, vasto y suave, el azul
a las ramas más altas de los pinos,
y el aire, no visible, las movía.
El silencio era luz.
Desde el centro más duro de mis ojos
rasgaba yo los velos de los vientos,
el vuelo sosegado de las noches,
y tras el rosa ardiente de una lágrima
acechaba el nacer de las estrellas.
El mundo era desnudo, y sólo yo miraba.
y todo lo creaba la inocencia.

El mundo aún permanece. Y existimos.
 

 

OTOÑO INGLÉS

No para ver la luz que baja de los cielos,
incierta en estos campos,
sino por ver la luz que, del oscuro centro de la tierra,
a las hojas asciende y las abrasa.
Yo no he salido a ver la luz del cielo
sino la luz que nace de los árboles.
Hoy lo que ven mis ojos
no es un color que a cada instante muda su belleza,
y ahora es antorcha de oro,
voraz incendio, humareda de cobre,
ola apacible de ceniza.
Hoy lo que ven mis ojos
es el profundo cambio de la vida en la muerte.

Este esplendor tranquilo
es el acabamiento digno de una perfecta creación
más si se advierte,
la consunción penosa de los hombres
tan sólo semejantes en su honda soledad,
mas con dolor y sin belleza.

El hombre bien quisiera que su muerte
no careciese de alguna certidumbre,
y así reflejaría en su sonrisa,
como esta tarde el campo,
una tranquila espera.

(Belleza del durmiente
que agita imperceptible el mudo pecho
para alzarse después con mayor vida;
como en la primavera los árboles del campo.)

¿Cómo en la primavera...?
No es lo que veo, entonces, trastorno de la muerte
sino el soñar del árbol, que desnuda,
su frente de hojarasca,
y entra así cristalino en la honda noche
que ha de darle más vida.

Es ley fatal del mundo
que toda vida acabe en podredumbre,
y el árbol morirá, sin ningún esplendor,
ya el rayo, el hacha o la vejez
lo abatan para siempre.
En la fingida muerte que contemplo
todo es belleza:
el estertor cansado de las aves,
la algarabía de unos perros viejos, el agua
de este río que no corre,
mi corazón, más pobre ahora que nunca
pues más ama la vida.

Las rotas alas de la noche caen
sobre este vasto campo de ceniza:
huele a carroña humana.
La luz se ha vuelto negra, la tierra
sólo es polvo, llega un viento
muy frío.
Si fuese muerte verdadera la de este bosque de oro
sólo habría dolor
si un hombre contemplara la caída.
Y he llorado la pérdida del mundo
al sentir en mis hombros, y en las ramas
del bosque duradero,
el peso de una sola oscuridad.

  

  

LA ÚLTIMA COSTA
 

Había una barcaza, con personajes torvos,
en la orilla dispuesta. La noche de la tierra,
sepultada.
Y más allá aquel barco, de luces mortecinas,
en donde se apiñaba, con fervor, aunque triste,
un gentío enlutado.
Enfrente, aquella bruma
cerrada bajo un cielo sin firmamento ya.
Y una barca esperando, y otras varadas.

Llegábamos exhaustos, con la carne tirante, algo seca.
Un aire inmóvil, con flecos de humedad,
flotaba en el lugar.
Todo estaba dispuesto.
La niebla, aún más cerrada,
exigía partir. Yo tenía los ojos velados por las lágrimas.
Dispusimos los remos desgastados
y como esclavos, mudos,
empujamos aquellas aguas negras.

Mi madre me miraba, muy fija, desde el barco
en el viaje aquel de todos a la niebla.

 

 

 

 

JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA


Nació en Esplugues de Llobregat (Barcelona, España) en 1964. Es poeta, locutor de radio y crítico literario. Obtuvo el premio “Villa de Martorell” en 1989 con Lágrimas de rojo niebla, en 1992 publicó Memoria del olvido, en 1994, con el apoyo de Carlos Arce, dirigió la selección y el estudio de la antología Los nuevos poetas, en 1996 publicó Código privado, en 1997 obtuvo el premio “Elvira Castañon” con el libro La ciudad del agua, en el año 1999 obtuvo el premio “Villa de Benasque” con el poemario Los caballos de la mar no tienen alas y en el 2002 publica Spelugges. Ha participado en las antologías: Semillas (caja de poemas), Antología lírica del mar, Ora Marítima, Laberinto de amor y Textos para un milenio. También ha participado en los homenajes a Miguel Hernández, Jorge Guillén, León Felipe, José Martí, Alfonsina Storni, Luis Rosales, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges y Ernestina de Champourcín organizados por la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de Málaga.  Sus poemas han sido publicados en las revistas: Hora de poesía, Ánfora Nova, Empireuma, La Factoría Valenciana, La Hoja Literaria, Poesía por ejemplo, El Parnaso, Río Arga, Cuadernos de Poesía Nueva, Manxa, Luces y Sombras, Pliegos Poéticos del Ateneo de Almería, Cármenes, Norte (México) y Il Convivio (Italia), entre otras.


 

FRAGILIDAD

  

Frágil es la copa del tiempo donde bebe el poeta.

Frágil es el milagro del crepúsculo o de la ola

que marca un instante mágico y, a su vez, efímero.

Frágil es la copa de obsidiana

donde se asientan los posos de la memoria;

y largas son las noches de insomnio

cuando las manos recuperan el polen del ayer

o los labios susurran el desorden del silencio,

o la mirada regresa de tierras baldías

con el frío reflejo de las piedras negras.

Frágil es el papel donde se quema la vida,

escrita con agua de limón sobre la piel oscura

que huye del portón del destino, a contracorriente.

Pero el corazón de un poeta está hecho

de la misma materia que el agua o el junco:

el agua se transforma pero no se destruye,

el junco se doblega pero jamás se rinde.

Frágil es la copa donde se bebe el tiempo,

y más frágil la carne herida por el vidrio.

Aunque la sed nos despierte al filo de la madrugada,

agitados y sudorosos,

siempre habrá una mano con forma de cuchara

dispuesta a entregarnos parte de su vida.

 

 

EL HOMBRE INVISIBLE

 

A la penumbra de una sombra sin sombrero

un rostro anónimo cruza las dunas de la noche,

envuelto en el misterio de una voz opaca

que nadie recuerda junto al mar de los encuentros.

Alguien creyó ver su nombre en un libro de poemas

escrito con el eco de caballos desolados

que regresaban bajo cielos de tormenta

con las alas azules que brindan las palabras.

En el asiento vacío de las tertulias nocturnas

su ausencia confirmaba la luz de su existencia.

Se le esperaba siempre a última hora,

cuando la esperanza agotaba la arena del tiempo

y el sabor del vino teñía de nostalgia

la silueta borrosa de una ciudad desierta.

Y si un día llegó al umbral del laberinto,

a la madeja desordenada de las conversaciones,

nadie tomó coartada de su llegada o su marcha

porque las sombras jamás dejaron huellas.

 

 

BARRI DE GRÀCIA

 

Juegan los años a columpiarse en tu cabello.

 

Entre los rincones de las pequeñas plazas

-recogido ya el carmín de las historias-

los años nos han vencido. Plazas coquetas

en el anochecer de fiesta

bajo los entoldados de la verbena,

bajo la carpa sin farolillo de luna

donde los amantes, sobre una baldosa,

bailan estrechamente, ligados al destino.

 

Ha girado veloz la cadena del tiempo,

pero las calles no han mudado su perfil de derrota,

y el tibio olor de la vida continúa

aferrado a la argamasa de las paredes.

El color de tus cabellos perdura tan negro y vivo

como lo recuerdo, como aquellos días de Academia,

aquellas tardes caminando sin rumbo por las calles

que nos llevaban de la mano a ningún sitio.

 

Pero tu mirada trasluce los graves descosidos

de la soledad, las citas frívolas

que recita con parsimonia la rutina,

las horas borrosas frente al mar del espejo

que pronuncia las verdades sin piedad.

 

Sentados al borde de esta cama extraña,

desnudos y exhaustos,

descubrimos que la vida no destapó para nosotros

el tarro mínimo de las esencias;

que un bálsamo de engaño nos dejó en la piel

sensación de orfandad, de frío;

que los sueños apenas estiraron la sábana de lo mágico

y la costumbre se agita en los tendederos

como una camisa raída por el uso.

 

Abandonamos estas calles buscando un horizonte

que no estuviese cercado de patios y terrazas;

pero nuestra alma pertenece a las plazas pequeñas,

a esos rincones íntimos donde una mesa y dos sillas

son escenario propicio para encontrar el amor.

 

Alguna luz danzará sobre nosotros cuando caiga la noche

y las palabras recobren sus alas líquidas.

Entonces llegarán los silencios a teñirse de grana

para que mi boca sangre el dolor de tu nombre.

 

(1) Barrio de Gracia, Barcelona

 

 

LABERINTO DE HORTA 

  

Un sol gris se sienta en el alero de la tarde

y las palomas revolotean sobre los charcos

que ocultan bajo su tez el poso de la nostalgia.

 

Un paseo en el parque nos lleva a otro rincón

donde un niño nos mira con arrebatada franqueza.

Capazos de mentiras no podrán derribar su sonrisa,

ni espera de mí una triste limosna

que calme su sed de yodo y laberinto.

 

Este sol trae en la frente estigmas de herrumbre.

 

Los ecos suenan como fogonazos de pólvora

detrás de los setos hábilmente cortados.

Unas huellas húmedas, recién impresas,

me muestran que voy tras mi propia senda,

que quizá soy sombra de ese pasado neblinoso,

cómplice de esta ceremonia donde ángeles de estopa

arden en la hoguera de la sangre.

La tarde, esta tarde de columpios vacíos

y fuentes silenciosas,

pinta cielos de púrpura en el tapiz de la carne

y extiende las anchas velas de un tiempo lejano.

Ese niño que me espía desde el interior del laberinto

sonríe confiado en su fortuna

porque no seré capaz de atraparlo,

porque ya no mancharé de hollín su rostro inmaculado,

porque ya no posee deudas con éste que le escribe.

  

  

CARRER TALLERS (2)

  

No deseo que el tiempo me retire las cartas

ni anhelo ser héroe de papel sobre las terrazas mojadas.

Reconozco que soy un mal actor para esta tragedia

pero necesito llenar de palabras todas mis páginas.

Al final del día siempre se desea, como mínimo,

haber sido más justo con los demás que con uno mismo,

saber que la botella de la vida está más que mediada

y el último trago de la noche no sabe a derrota.

Quizá, cuando camino por las calles antiguas,

busco encontrar en los ojos de los demás

esas escenas de vida que no logro hallar en mí,

esa ilusión que ellos hacen suya

y los torna diferentes a mis gestos triviales.

Aprendí hace años a calzarme los hábitos de la soledad,

a ser fiel a mis acueductos de silencio,

a mis llamadas al vacío, a las paredes sin eco.

El tiempo deja en la boca un sabor de engrudo

y un acento ferroso de sangre seca;

escenas de guiñol sobre la tapia del viento

y rastros de carbón para el ausente.

Al fin no soy ni héroe ni villano,

simplemente alguien que pasa sin demasiado ruido:

las manos en los bolsillos, la mirada en la sangre,

la voz en las baldosas y una breve sonrisa

de quien aspira a sentirse satisfecho

cuando llegue al final de todas las calles.

 

(2) Calle Talleres, Barcelona

 

 

LA HOGUERA DEL TIEMPO

 

Un camino incierto atraviesa la noche.

Vísperas de un reencuentro, calendas de aguanieve.

La rueda de una noria jamás retorna el agua

ni regresan las olas para rememorar el viaje.

 

Un camino incierto nos conduce a la sombra.

Somos jinetes cobrizos en la madrugada

que no alcanzan la luz del horizonte;

que beben el dolor en copa baja y a tragos cortos,

apurando hasta la última gota de esperanza.

Somos quienes somos y aunque nadie lo cambie

buscamos con ansia ser aquél que no fuimos.

Cruzamos túneles de carbón y centeno hasta llegar

a la orilla solitaria donde caballos de alabastro

contemplan las ruinas de un castillo incendiado.

En la bodega del tiempo fermenta sus caldos el olvido

y sobre una mesa de madera reposan los naipes

derribados a un golpe por la mano del destino.

 

Un camino incierto atraviesa calles bajo la niebla.

Aferrados a las riendas del instinto recorremos

una larga travesía sobre carromatos de óxido

repletos de sacas con papeles manuscritos

que avivarán el eterno fragor de las hogueras.

Las mentiras jamás perduran, aunque se escriban.

 

 

NEGRA SOMBRA

Plaça de Castella (3)

 

Negra sombra para la travesía del ángel sin oficio

que maquilla de espera las horas de betún,

que usa el cable oxidado de los días sin remite

para atar el saco roto de una muerte sin memoria.

Negra sombra aferrada ferozmente al pavimento,

eterna en el hueco de una manta miserable

mientras el puñal de la derrota afila su sonrisa amarga

y en las esquinas el viento gime prisionero del frío.

Una voz ronca traspasa la garganta del callejón

en la noche de lluvia escarchada y laberinto;

voz de resaca y ceniza, de carbón húmedo y secreto

que no arde en los sótanos del corazón, en la cueva

donde olvidaron su nombre los ángeles amargos.

Negra sombra para tapiar el temporal de la derrota,

el gesto hosco del nómada que no anhela cobijo

y cubre el sextante gris de las distancias

con pasos que regresan con las huellas borradas.

Negra sombra tendida sobre el tapiz del hambre,

escrita en el sueño con la palabra áspera del frío

que atraviesa fronteras de cartón, grabada a fuego

sobre una piel que rompió la raíz de las cadenas.

Ángeles de la intemperie con nombre de emigrante

engullidos por las fauces ruines de la ciudad inhóspita.

Humana sombra duermen las noches de los bancos.  

 

(3) Plaza de Castilla, Barcelona

 

 

LAS RIENDAS DE LA SANGRE

 

No sujeta el corazón las riendas de la sangre,

ni nadie logrará descifrar las leyes del instinto.

La sangre corre libre, bulliciosa,

en pos de la eterna pasión que las cosas poseen

y están próximas a nuestro alcance.

La música de un libro, el perfil de una tarde,

el perfume de una conversación...,

todos son intensos instantes que perduran

a través del tiempo en la memoria.

En el fondo de las copas está nuestro espejo.

Si miramos al frente encontraremos

la seca horma que dibuja el vacío.

Y mientras vivimos vamos llenando esa copa

de instantes fugaces, de volátiles músicas.

Dejad que el corazón corra como un potro salvaje.

Dejad que la sangre libere su furia, su pasión,

su tremenda sed de vida.

Pero no apostéis todo el fuego en la primera ronda,

ni agotéis con prontitud los triunfos de la baraja;

pues toda rebeldía que conduce al exceso

es pólvora dispuesta al resplandor del trueno

y es flor de suicidio.

Dejad que el corazón encuentre su propio sitio

y halle por sí las sendas de la pasión.

Porque la sangre desconoce sus límites

y será otro corazón -aquel a quien se ama-

quien logre tensar el arco de las riendas.

 

 

 

 

BALBINA PRIOR


Nació en Villaviciosa de Córdoba (España). Poeta y narradora. Es licenciada en filología inglesa por la Universidad de Granada. Ejerce como profesora de Inglés en Enseñanzas Secundarias. Ha sido articulista del diario “Córdoba” y en traducción sus primeras incursiones han sido realizadas sobre la obra de Emily Dickinson, Donald Hall y la poetisa inglesa del siglo XVII Aphra Behn, cuya primera entrega “Desengaño” inaugura la próxima aparición de su obra completa. Sus trabajos se han publicado en diversas revistas literarias y suplementos culturales como: Extramuros, Ficciones, Turia, La República de las Letras, Prima Littera, Cuadernos del Sur, La Hamaca de Lona, Travesías Literarias, Qí, Ala de Mosca, Aullido, Literaturas.com, Singularidades (Lisboa) y  Year's Book de la Universidad de California en Santa Cruz. Además, lleva participando activamente en variados proyectos poéticos desde los años ochenta como Propaganda Literaria, Poesía 70 de Juan de Loxa, o Píntalo de verde de Antonio Gómez; y otras revistas ya desaparecidas como Zubia, El Pregonero de Granada, Poesía Por Ejemplo, Palimpsestos de Barcelona y la revista del Centro Cultural “Generación del 27” de Málaga Calas. Es autora de los títulos de poesía Soldado de Rodas (Laberinto de Fortuna, Córdoba, 1993), Perversidades (Cuadernos de Ulía, Fernán-Núñez, Córdoba, 1994), Poemas en Off (Aristas de Cobre, Córdoba, 1998) y Ladrones de Miel (El Toro de Barro, Cuenca, 2000), Frágil Sinfonía (Corondel, Valencia, 2003)  y con la obra En los Andenes de la Era Heisei (A la Luz del Candil, Móstoles, 2001) obtuvo el premio de poesía “Ciudad de Móstoles” (2000). En narrativa ha publicado “Los Dragones Rojos”, editado por el centro cultural “Generación del 27” (Málaga, 1999). Dirige el proyecto editorial “Aristas de Cobre”, dedicado a publicaciones de poesía, relato y traducción. Ha sido incluída en las siguientes antologías: Poetas Cordobeses de los 90 (Córdoba 1987); Crátera. Guía de Poetas y Pintores Cordobeses (Córdoba, 1989), Pliegos de la Posada (Córdoba, 1994), Guía de Artistas y Escritores Contemporáneos Andaluces (Málaga,1997), Quinta del 63 (CELYA, Salamanca, 2001), Mujeres y Letras (La Lejana, Barcelona, 2001), Cuadernos del Mediterráneo (El Toro de Barro, Cuenca, 2001), la antología poética femenina en lengua española del siglo XX Mujeres de Carne y Verso, editada por La Esfera de los Libros, 2001; Entonces, Ahora (Rivas-Vaciamadrid, 2003); La Paz y la Palabra (Odisea Editorial, 2003); Pólvora Blanca (Córdoba, 2003), e Ilimitada Voz (Universidad de Cádiz, 2003).


 

 

HE COLECCIONADO SIEMPRE AMORES

 

Colecciono experiencias

como relojes, sellos o postales del extranjero,

como discos que usas

y no vuelves a escuchar.

He coleccionado siempre amores,

pasatiempo infame de mi generación,

amores desechables, para colgarlos

en cualquier estante como recuerdo,

hasta ayer mismo que encontré

tus ojos verdes en el rellano de la escalera.

 

                           (De Perversidades)   

 

 

PISOS EN ALQUILER

 

Declaro haber vivido en miles:

de patio interior, oscuro y de vida intensa;

el del sexto sin ascensor

lleno de goteras y fuertes vientos;

del que nos echaron porque nos amábamos

sin control ni reglas fijas;

el que no escondía siquiera letrina;

uno con demasiados recovecos y sin esperanza;

otro compartido sólo viernes noche  y ya sabes para qué,

y aquella casita en Cájar de vistas a la vega.

 

Llegué a acostumbrarme como al amante esquivo,

pero las paredes desnudas

dan siempre una lección de humildad,

y a menudo, como amigos, a mis libros

y a los posters de Grecia y Nueva York

les crecían raíces y alguna fisura de poca importancia.

 

Ahora busco casa para comprar.

                                  

                          (De En los Andenes de la Era Heisei)

 

        

BARCO LATINO SOBRE EL TÁMESIS

 

¿Qué habría yo de buscar en este barco,

en medio de tanto cuerpo de salsa encendido,

desesperado en un país hostil a la cumbia,

que nunca baila con el tercer mundo y cerrados sus pubs

borrachos ninguna campana para nadie suena?

 

Londres, como si nada, flota sobre el Támesis,

inmune al pesticida derramado por todas las razas,

pero es una patera con inmigrantes sin dirección ni puerto,

como hinchado pez ilegal muerto sobre las aguas,

como petrolero a punto de vertido,

reventados ya sus tanques y a la deriva.

 

Desde siempre sin pasaporte como Joseph Conrad,

nada busco en esta inasible oscuridad,

nos vemos siempre obligados a avistar puerto,

y resabiados, acudimos a cualquier lengua,

cualquier alma, cualquier sexo para no estar solos.

Todos los indocumentados hemos encontrado siempre hostal

en la piel bordada del traficante, en los ásperos parques urbanos,

en la doble jornada en restaurantes griegos como Spiro, 

incluso en los ojos dorados del sajón y su xenofobia,

abuso vetusto y perfumado de poder egregio.

 

                                    (De En los Andenes de la Era Heisei)

 

                                                          

MANIFIESTO DE CUALQUIER NOCTURNO

 

Reivindico el desenfado

y la desinhibición de mis deseos,

el punto de alcohol compatible con mis sentidos,

el encuentro furtivo con un amante efímero,

el bullicio sin rumbo de un grupo humano,

el golpe mortal a la rutina,

la amargura cuando sale el sol,

el exceso, sobre todo el exceso

 

Magnifico la valentía

de todos aquellos que viven con ojeras,

que no le ponen precio a la hora,

que desacatan las leyes ordenadas de la Naturaleza,

que amarían sólo hasta el alba,

capaces de todo en el punto exacto de la Medianoche,

de nada cuando unas gotas de luz

rayan la noche descarada,

vencida ya.

 

Y por qué no, cosas menores,

el riego purificante en la madrugada,

el irrespirable ruido del camión de basura,

la inestabilidad de la calle bajo la farola,

el robo del BMW sólo para hacer un trompo,

el tirón en cualquier esquina del drogadicto

falto de estatus de enfermo,

siempre insensible sociedad de Derechas.

 

Porque al fin, somos un recinto privado,

como si la vida fuese un parking subterráneo

y nadie pudiese salir sin tarjeta decodificada.

 

                                   (De Poemas en Off)  

 

  

UNOS POCOS MINUTOS EN AMÉRICA,

 

aún entre la magia negra del jet lag

y la búsqueda del hotel en calle Veinte Art Decó.

Honestamente, como todo siglo un exceso,

demasiado pronto para situarse entre lo desconocido,

no queda sino la defensa propia contra el titán imposible,

del miedo una huida desesperada que me desborda.

He venido de lejos y sola, no hace falta que lo jure,

únicamente veo un agujero bruno en la pared,

librando nervioso su batalla entre los cuadros

de independencia, que nada aportarán a la historia ni al arte.

 

Me asomo apoyada en el quicio del Veintiuno,

me marea el violeta del drug store en la esquina,

acera izquierda y derecha, no hay paso de cebra,

y caigo en esta colcha ajada por tantos cuerpos y sus temores.

 

Hallaremos nuevos luminosos que nos aturdan

apoyados en el quicio del XXI, derroche ciego de lo mismo,

de frente a la nueva realidad que llegará con el alba.

                                  

                                     ( De En los Andenes de la Era Heisei)

 

 

ANFITRIÓN Y HUÉSPED

 

Ante este templado huésped

me hallo como en cola equivocada