Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº 33/34

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos


Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 

POETAS LATINOAMERICANOS

                    

DIEGO M. FERRERO


Nació en Rafaela, Santa Fe, Argentina (1971). Poeta y dramaturgo. Ha publicado los libros de poesía: Relatos para después de leer y Erosiones. Varios de sus trabajos figuran en antologías a nivel nacional y próximamente será publicado su libro de relatos titulado: La Babia.  Entre las distinciones obtenidas pueden mencionarse el Premio Mateo Booz de la ASDE (Asociación Santafesina de Escritores) en el año 1991, el Premio Nacional de Poesía del XXVI certamen literario del Círculo literario “Bartolomé Mitre” – Azul  - Buenos Aires en 1993.  Ha sido guionista y co-director de videometrajes. También es autor de varias obras de teatro, dos de las cuales fueron llevadas a escena bajo su dirección en los años 2002 y 2003, entre las que se destacan: Ya entendí, Menena, Fuera de Juego y Navidad llegó.


 

  

RAYOS DE AMOR

 

Creo que ya no amo, pero siento;

y lo admito sobrio de edad y tiempo.

 

Aunque nada seguro,

pues todo cae inerte.

 

Vivo esperando la contraorden que diga:

“Te equivocas, y pagarás caro tu resentimiento.”

 

Qué difícil es amar sin vendarse los ojos,

 

sin escupir verdades falsas

que luego harán de los años sacos rotos;

 

qué difícil es el camino si se camina;

 

tan difícil como darse cuenta del amor

cuando falta todo.

 

 

MIEDO

 

Escucho los ruidos

que no hace el viento.

Vení,

¿escuchás los quejidos?

Es la supuración

abierta de manos

en el campo arado.

 

Son las gaviotas que consumen uñas,

y los gusanos que se revuelven asustados

por el disparo solar de un momento.

 

No,

eso no es el viento.

Es el campo,

¿Ves?

se está naciendo.

 

De manos se va nublando la tierra

que hace tiempo, supo tutearse

con semillas y crisoles camperos.

 

Ahora

es distinto.

 

Se estiran.

Gritan sus dedos.

Las venas se hinchan

como un cielo atardecido,

 

y sus gestos son caras,

caras y sombras,

sombras de lo prisionero.

 

El campo se teme,

tiemblan los alambrados de potreros.

 

El silencio es miedo.

 

 

ESTACIÓN

 

Duele más el frío

cuando subyuga en una estación.

La espera es sola,

sola y al oscuro

en amargo equilibrio de posibilidades.

Y esas llegadas que asoman

bajo abrigos de abrazos

son llegadas extrañas,

y esas partidas perfumadas de aventuras

son partidas ajenas.

 

Luego el vacío.

 

La madeja de personas expirando.

 

Y ya no perfora la espera.

Solo el recuerdo en rememoración

desnudando mis abrigos.

Como si no existiese cobijo

para ciertos inviernos.

 

 

ES NECESARIO COMPROMETERSE

                   

                     influirse a sí mismo

                     proyectarse

 

es necesario perdonar y vengar

                    maltratar y besar

                    nacer y destruir

 

es necesario encajar ambas manos en el abono

                    para prepararle la tierra

                    a las mejores flores

 

porque sabemos que la peor desdicha

            instalada en el cuerpo

            será nuestra primera lanza

 

porque es naturaleza en el hombre

            ahondar en lo más fangoso

            para obtener las perlas superiores

 

 

LA TINAJA

 

Me conduzco ahuecado de absurdos

como una tinaja de suspiros

repleta de aire gastado,

en un manantial de aguas termales

que vuelven del calor

escondiendo fríos.

 

No perdono al cascote mortal

que descuartizó a mi tinaja.

No perdono a los suspiros abandonantes

que se fueron en copla

aquella gris madrugada.

No perdono a mi manantial termal de sangre

que despertó bañado en rostro

tratando obtusas piruetas sobre nada.

  

 

CURIOSA MANÍA LA DEL HOMBRE

 

planificar sus actos a perpetuidad

sabiéndose mortal

como una insolente porfía frente al misterio.

 

Curiosa manía la del hombre

escribir afanosamente

sabiendo que existe el silencio.

 

 

 

LÍDICE ALEMÁN


Nació en Santiago de Cuba (1963).  Poeta. Residió en Ciego de Ávila, Cuba, en la Unión Soviética y actualmente radica en los Estados Unidos. Ha colaborado con la revista Del Caribe. Fue miembro del Taller Literario Provincial de Ciego de Ávila “Ángel Lázaro Sánchez”.  Ha obtenido Gran Premio Festival Provincial de trabajadores aficionados 2000; Premio Encuentro Debate Taller Municipal 2000, 2001 y 2002; Premio Encuentro Debate Taller Provincial 2000 y 2002; 1ra. Mención Encuentro Debate Taller Provincial 2001; 1ra. Mención y Mención Concurso provincial de Poesía de Amor 2000 y 2001; Mención Concurso Águila de la Trocha 2000 y 2001; 1er. Premio Concurso Poesía Social 2001; Mención Concurso Provincial Poesía de la Ciudad 2001; Accésit Concurso Provincial Ángel Lázaro Sánchez 2002; Mención Concurso Internacional Revista Videncia 2003 todos en Ciego de Ávila, Cuba. Igualmente, Premio Nacional al Escritor Novel, Santiago de Cuba 2003. Premio Nacional Concurso Ciudad de Nueva Gerona, Isla de la Juventud 2003; 1er. Premio Literario Internacional de Poesía Tilo Wenner, Argentina 2003. Participó como invitada en el XI Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, México, 2003 y en el Festival Internacional de Poesía de Austin, Estados Unidos, 2004. Ha sido incluida en las antologías: Arribos de la luz, Ciego de Ávila, Cuba (2000), Memorias del Congreso Mundial de Poesía de Santiago de Cuba (2003), Di-versé-city, Austin, Texas, EE.UU. (2004) y Notas de Poesía, Selección del Premio Luys Santamarina, Ciudad de Cieza, España (2004). Ha publicado los libros de poesía: Propósito, Santiago de Cuba, (Ediciones Catedral, Colección Plegables, 1998);   Entrar descalza, Ciego de Ávila, Cuba (Ediciones Ávila, Colección Brizna, 2002); Indecisiones del Arquero, Nueva Gerona, Cuba (Editorial El Abra, 2004).


 

 

IMPRESO EN EL PÁNICO

(Fragmentos del cuaderno Apocalipsis)

 

Porque ha llegado ya el gran día del castigo.

Apocalipsis 6.17

 

I

 

Entonces fue osadía desatar la rabia

el descalabro de aquella superficie

de esa columna con tantas esculturas

 

Y descubrieron la euforia

al dividir en partículas el ánimo

esparciéndolas después como desquite

 

 

II

 

Te has congelado ciudad

para qué tantas vidrieras

cuando nunca muestras fobia

por esa cruz insoportable

No cierro los balcones

para enternecer el ruido

Poco alivian estas madrugadas

donde impones ridículos excesos

y simulas estoicismo

Cómo detener la sed

de este fondo calcinado

Los faroles del puerto se extinguieron

están de pascua

las algas      el salitre

siempre con las actuaciones

que impriman frases en la médula

 

Apenas un resplandor sujeta el filo

los transeúntes miran sin espasmo

para que no resulte dolorosa la caída

 

 

III

 

No fue la palidez exactamente

tampoco el moho

ni ese perenne roer en los vitrales

El inicio fue un discurso

orgulloso de adherirnos

a la costumbre del aplauso

Predecir la orfandad era un ultraje

necia manía del Mal Agüero

habituado a morder el ocio

de las tardes anteriores

 

Después llegó la afrenta

y no pudieron los párpados erguirse

porque eran otros los reflejos

la ciudad que se diluye

las pancartas interpuestas

y nosotros

enemigos espontáneos del borneo

 

 

IV

 

Todos pendientes de este último aguacero

que sacude los tablones

dejando la posibilidad en penumbra

Desgarrados por la certeza

del Ave María impreso en el pánico

inerme en la hazaña del hermano

(siempre con el sermón

repartiéndonos las sobras      los reveses)

 

¿Hacia dónde rodarán tantos insultos

hábito de dirigir los ojos a las piedras?

¿Cuál será el sitio escogido

para pisotear nuestra intemperie?

 

Todos en secreto besamos cada gota de lluvia

seguros de la estafa a pesar del artificio

de ese peldaño      roto sin testigos

para no interrumpir la niebla de los lentes

Sabemos que la hendidura es irreversible

con ello crece el dolor en las manos atadas

en los sábados que mutiló el profeta

con la excusa de sofocar nuestros errores

 

 

V

 

La carne fue roída

sobre el muro yace la osamenta

escritura que no descifrarán con lanzas

 
Quedan piedras que rompen los cristales

y prefieren elogiar tal gallardía

 

Los aplausos pueden ser más fuertes

de cualquier forma

anuncian al telón

 

 

CARTAS DE LORIEN A SU INTITUTRIZ INGLESA

 

París, 16 de Abril

 

Mirándote me asomo al mismo cielo,

es ahora la nevada menos densa.

Tú haces mi luz y se me torna intensa

la sed irremediable de este vuelo.

 

Mirándote claudica hasta la espina

y en dos mitades rueda mi garganta,

cesa el aullido sordo, se quebranta

la terca palidez que me domina.

 

¿Podré palpar acaso tu calor,

el manantial que brota de tus telas;

prescindir de mi sombra si te hiere

 

de las calles si implican tu dolor?

¿Podrás cargar el miedo de mis velas,

y convertir en lumbre tanta nieve?

 

 

París, 23 de Abril

Cuando tenga tu voz de leve paso

destilando en mi carne lo inconfeso

y despierte sin más en su regazo

que la huella nocturna de mi rezo;

 

cuando llegue a este odio inconquistable

y sacuda en mi verso tanta arena,

tantas caras de tedio: vulnerable

resquicio para dibujar la hiena;

 

cuando rompa tu voz mi aliento impuro

donde expira vacía la corriente,

y amanezca indicándome el latido,

 

la señal infalible del conjuro,

lo sensato de un nardo diferente;

cuando tenga tu voz, tendré sentido.

 

 

París, 3 de Mayo

 

Cómo saber si un día serás grito

que logre  hundir lo oscuro de mi casa,

cómo saber si notarás el rito

de convertirme, al verte, en una brasa.

 

Es mucha la penumbra, yo me aterro,

de que falten del prisma las orillas,

y los enajenados de este encierro

nunca logren atar sus pesadillas.

 

Es tanta la orfandad inconsecuente,

que temo sucumbir en el desnudo

sin encontrar jamás tu coordenada.

 

Así, cómo saber si de repente

precisas del adagio más agudo.

Hay demasiada niebla, demasiada.

 

 

 

SABINA SARMIENTO


Nació en la Ciudad de México, Distrito Federal (1975). Poeta y periodista. Licenciada en Comunicación y Periodismo en la Universidad Autónoma de México (UNAM). Su trabajo poético ha sido reunido en las antologías Jóvenes Poetas Latinoamericanos Entresiglos-entreséculos, editada en Montevideo, Uruguay (2000); y en Mujeres Poetas en el País de las Nubes, editada en la ciudad de México, (2000). Ha participado en diversos encuentros internacionales de poesía; y poemas suyos han aparecido en publicaciones de circulación nacional, como la revista Blanco Móvil. Actualmente colabora en la revista Cambio, y es reportera en los espacios informativos en Radio Capital y del periódico El Diario DF.


 

 

EN EL AIRE ME DILUYO

 

1

 

La vocación de la muerte persiste

como espejismo tras mis ojos,

me habla con palabras que vienen de lejos.

 

Bajo esta piel transfigurada

 

¿Cuántas soy?

2

Ruidosa arteria

la piel se entreabre;

respira.

 

Disfraz

de otro cuerpo que tiene nombre,

la duda repta.

 

Perpetua levedad.

 

Los cuerpos se amalgaman

y en la huida

dos pares de ojos balbucean.

 

3

 

No soy quien habla en mi palabra,

es la sombra de ese antiguo dios de polvo.

Escombro de penumbras,

límite en mis huesos

(me hieren los ojos las espinas).

 

Cántaro de trueno,

en el alfabeto busco.

 

¿Cuál será mi nombre a la hora nona del invierno?

 

Soy relámpago en la otra orilla de la voz.

 

4

 

¿Eres el sonido de la sílaba

o el incierto eco

que hace siglos te nombrara?

 

Por tu boca hablan los silencios

y tus ojos poseen la huella de un extraño.

 

¿Eres tú,

acaso un espejo cuya sombra

agoniza en el deshielo?

 

5

 

Frente a la imagen del vacío

la pregunta

        te apuñala.

 

Todo encuentro es una confesión.

 

A mí llegas

con la voz del desamparo,

pez ciego

alimentándose de silencios.

 

Frente a ti

            la razón

es una llama que calcina,

la respuesta que te anula.

 

6

 

Soy temblor en el aire,

sombra en la huella del espejo.

 

Me balanceo

      en la voz monótona del péndulo.

 

Caen mis pies desmoronados.

No hay tiempo en el polvo de mi cuerpo.

 

7

 

Bajo el escombro

la historia es un verso calcinado.

 

La voz resuena por última vez.

 

En la guerra de los minotauros

la palabra se vuelve garabato.

 

¿Queda algo por decir?

 

8

 

Este rostro es cifra del vacío,

un sueño que en el bullicio

se desgarra.

 

No hay más nombres en mi lengua:

como piedras caen hacia dentro.

 

En el aire me diluyo.

 

9

 

Con este cuerpo debí saberlo todo,

reconocer el eco de las cosas

y adivinarme en la luz.

Pero fui expulsada de la Gracia,

               de la memoria de los santos.

 

10

 

Las horas giran voraces

como llaga en mi costado.

 

Al despertar

soy relámpago en el árbol,

enroscada sombra

que balbucea

¿Paraíso?

 

11

 

Como viento en la botella del náufrago atrapado

espero a que el signo vuelto humo

salve el nombre de esa infinita pausa,

donde soy ahora tiempo

rodeado de esqueletos.

 

12

 

Signo inmaterial a punto de caer,

días semejantes a la muerte,

soy encrucijada,

punto levísimo

que se entierra en el vacío.

 

Desando la posibilidad del sueño. En los huesos

el frío olor del vértigo.

Tierra de inasible voz, mi cuerpo.

 

13

 

Tu nombre,

insomnio fragmentado,

timbre que en la piel estalla.

 

¿Quién te pronunció en la oscuridad?

 

¿Quién te condujo hacia la muerte?

 

Desde el primer día el asombro cubrió

el paraíso circular sobre la Tierra,

y la melancolía penetró en tus ojos de Cordero.

 

14

 

Sentencia providente

de su peso.

Tiembla el garabato,

cae,

acaricia la luz

como un cuchillo.

 

Gotean confusas palabras

de las redes rotas:

se despeña el aire.

 

15

 

La palabra

sangra en el crispar de mis uñas.

 

Agoniza a media tarde.

 

Mientras contempla mis ojos,

su mano extiende débil,

a penas un quejido deslizándose por las baldosas.

 

Sílaba huérfana

te paralizas.

 

Al romper de los cristales

asistes a tu desgarradura,

puntual,  

               sin prisa.

 

16

 

Posaste tu beso sobre el lirio

y acarició tu piel el reflejo del alba.

 

El nombre olvido

es la herencia de tu padre,

desconsuelo , la de tu madre.

 

Cuánta promesa se anida en la sílaba.

Ahora tu voz se llena de vacíos.

 

¿Sabes el por qué de tu existencia?

 

¿De tu soledad que se parece

a las ruinas de una iglesia?

 

Ante sus ojos sólo fuiste raíz sedienta,

apenas un hálito de aire colándose

en astillas.

 

Fuera del mundo te nombraron.

 

17

 

Tus ramas encienden

racimo de soles,

y espirales de ópalo

ascienden como rezos.

 

Mujer árbol,

en tus ojos la noche se aniquila.

 

La memoria del romero

te llama con su voz antigua.

Canta

con el primer lenguaje de la noche.

 

18

 

Como serpiente

un murmullo de manzana

se dispersa por tu lengua.

 

Fuego que retumba en los cristales,

tierra en la que duermen

las voces de los niños.

 

Daga luminosa,

huella del espejo,

despeñada letra en surco ciego.

 

Resplandores y tinieblas

en la hostia temblorosa

de tu cuerpo.

 

Ámbar nocturno,

la boca del profeta.

 

19

 

Un latido reverbera con densa agonía,

mientras escucho el origen de las cosas

golpeando en la memoria.

 

Mi garganta fecunda,

grieta que se abre.

Da luz a la palabra.

 

20

 

En una rama tiembla la Palabra.

Cuchillo contra el cielo extiende

sus moradas alas, rompe el aire

con su canto de fina angustia

y revolotea en la espiral de polen.

 

En la hora inexacta irrumpe,

se posa en la jaula del canario

y deletrea

el nombre de los gatos.

 

21

 

El rumor de una lágrima

simula la huida.

 

A solas,

envuelto en melancólica luz

el espejo medita mi ausencia,

 

mis huesos, ocultos tras la sombra,

se aferran a la piel de la horas

que discurren anónimas.

 

Huir es sólo el inicio de la espera.

 

Una premonición

de un tiempo que se agota.

 

 

 

ARIANNA CASTAÑEDA


Nació en Lima, Perú (1981), Poeta y periodista. Estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad de San Martín de Porres. Ha asistido a diversos talleres de narrativa. Actualmente trabaja en el Boletín Cultural Chasqui, del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú. También es codirectora de la plaqueta Magenta, Artes y Letras. Tiene publicaciones en las Revistas Letralia y El Hablador.


 

 

¿QUÉ SABES DE TRAKL?

 

que manchaba

sus cobijas

bajo la sombra de una

extraña flor

y adoraba a los santos

por el puro placer

de encender

una vela en un cuarto

donde bien

se posarán los cisnes;

la culpa

vino después

con su silencio

azul,

enseñando

un delantal calado

y sin bolsillos

 

 

CIENCIA REGIA

 

La belleza

no está en función

de mis pies

 y de sus callos

que pasan

por agua caliente

para ablandarse

y parecer decentes

 

 

POLAROID 0.11

 

suspendida

en el tiempo

se mece la hamaca

en el jardín

y la pereza de sobras

y es el sueño

del que estuvo

antes

también suspendido

 y ondulante

el que se levanta

 y se mece

y la hamaca palpita

como un conejo

muy estón.

 

 

POLAROID 0.12

 

Llevaban sus testículos

en cajitas de madera

para ser enterrados

con sus verdades ocultas

y ser hombres;

el origen de la verdad

no está en el cosmos,

tampoco en tus orines

recogidos en vasijas

de arcilla y aluminio

 

 

POLAROID 0.14

 

Trajes de tweed en verano

un café sobre el escritorio

ver pasar a los niños sobre

                                         andenes

viejos terraplenes

que se asoman

sobre mis uñas mordidas

por las cucarachas

esperaba una mancha

en el mantel

o una patada en el patio trasero

- esas cosas no se hacen –

salir de cacería todas las noches

para no dormir bajo la cama

 

 

MI BODA

 

He alquilado un vestido

Todo rojo

Con cintas y petardos

Algo viejo: estos ojos cansados

Algo prestado: los zapatos de charol

Algo nuevo: un par de guantes

Algo azul: un chicle de menta.

 

 

¿EN QUÉ MOMENTO MUEREN LOS ÁRBOLES?

 

Me alimentó

durante la estancia

con brea caliente

que luego secó

y crecí en el jardín

de los amables espinos

 

 

LA DESTREZA DE LOS MANATÍES

 

Acercándonos a las sombras

nos alcanza el mediodía

y desnuda las palabras frías

porque no las cubre

una falacia

 un juego de muñecas

 

Guardando los vasos

que no se usaron en la boda,

caen rendidos los novios

sobre asfalto maduro

e intercambian

agendas y diarios

donde no existen

números ni coordenadas

la novia se para

y no es mujer,

sino hija que corre

tras los trapos del padre

y se enreda bajo las urnas

de sus manos

esperando a que sus caderas

empiecen a soltarse

 

Él no tiene manos

y posee la destreza

de las focas y manatíes

muerde un pañuelo

de colores

y las luces del cuarto

los desbaratan