Nació en Rafaela, Santa Fe, Argentina (1971). Poeta
y dramaturgo. Ha publicado los libros de poesía:
Relatos para después de leer y Erosiones.
Varios de sus trabajos figuran en antologías a nivel nacional y
próximamente será publicado su libro de relatos titulado: La
Babia. Entre las distinciones obtenidas pueden mencionarse el
Premio Mateo Booz de la ASDE (Asociación Santafesina de
Escritores) en el año 1991, el Premio Nacional de Poesía del XXVI
certamen literario del Círculo literario “Bartolomé Mitre” – Azul
- Buenos Aires en 1993. Ha sido guionista y co-director de videometrajes.
También
es
autor de varias obras de teatro, dos de las cuales
fueron llevadas a escena bajo su dirección en los años 2002 y
2003, entre las que se destacan: Ya
entendí,
Menena, Fuera de Juego y Navidad llegó.
RAYOS DE AMOR
Creo que ya no amo, pero siento;
y lo admito sobrio de edad y tiempo.
Aunque nada seguro,
pues todo cae inerte.
Vivo esperando la contraorden que
diga:
“Te equivocas, y pagarás caro tu
resentimiento.”
Qué difícil es amar sin vendarse los
ojos,
sin escupir verdades falsas
que luego harán de los años sacos
rotos;
qué difícil es el camino si se
camina;
tan difícil como darse cuenta del
amor
cuando falta todo.
MIEDO
Escucho los ruidos
que no hace el viento.
Vení,
¿escuchás los quejidos?
Es la supuración
abierta de manos
en el campo arado.
Son las gaviotas que consumen uñas,
y los gusanos que se revuelven
asustados
por el disparo solar de un momento.
No,
eso no es el viento.
Es el campo,
¿Ves?
se está naciendo.
De manos se va nublando la tierra
que hace tiempo, supo tutearse
con semillas y crisoles camperos.
Ahora
es distinto.
Se estiran.
Gritan sus dedos.
Las venas se hinchan
como un cielo atardecido,
y sus gestos son caras,
caras y sombras,
sombras de lo prisionero.
El campo se teme,
tiemblan los alambrados de potreros.
El silencio es miedo.
ESTACIÓN
Duele más el frío
cuando subyuga en una estación.
La espera es sola,
sola y al oscuro
en amargo equilibrio de
posibilidades.
Y esas llegadas que asoman
bajo abrigos de abrazos
son llegadas extrañas,
y esas partidas perfumadas de
aventuras
son partidas ajenas.
Luego el vacío.
La madeja de personas expirando.
Y ya no perfora la espera.
Solo el recuerdo en rememoración
desnudando mis abrigos.
Como si no existiese cobijo
para ciertos inviernos.
ES NECESARIO
COMPROMETERSE
influirse a sí
mismo
proyectarse
es necesario perdonar y vengar
maltratar y
besar
nacer y destruir
es necesario encajar ambas manos en
el abono
para prepararle
la tierra
a las mejores
flores
porque sabemos que la peor desdicha
instalada en el cuerpo
será nuestra primera
lanza
porque es naturaleza en el hombre
ahondar en lo más
fangoso
para obtener las perlas
superiores
LA TINAJA
Me conduzco ahuecado de absurdos
como una tinaja de suspiros
repleta de aire gastado,
en un manantial de aguas termales
que vuelven del calor
escondiendo fríos.
No perdono al cascote mortal
que descuartizó a mi tinaja.
No perdono a los suspiros
abandonantes
que se fueron en copla
aquella gris madrugada.
No perdono a mi manantial termal de
sangre
que despertó bañado en rostro
tratando obtusas piruetas sobre
nada.
CURIOSA MANÍA LA
DEL HOMBRE
planificar sus actos a perpetuidad
sabiéndose mortal
como una insolente porfía frente al
misterio.
Curiosa manía la del hombre
escribir afanosamente
sabiendo que existe el silencio.
LÍDICE ALEMÁN
Nació en
Santiago de Cuba (1963). Poeta. Residió en Ciego de Ávila, Cuba,
en la Unión Soviética y actualmente radica en los Estados Unidos.
Ha colaborado con la revista Del Caribe. Fue miembro del
Taller Literario Provincial de Ciego de Ávila “Ángel Lázaro
Sánchez”. Ha obtenido Gran Premio Festival Provincial de
trabajadores aficionados 2000; Premio Encuentro Debate Taller
Municipal 2000, 2001 y 2002; Premio Encuentro Debate Taller
Provincial 2000 y 2002; 1ra. Mención Encuentro Debate Taller
Provincial 2001; 1ra. Mención y Mención Concurso provincial de
Poesía de Amor 2000 y 2001; Mención Concurso Águila de la Trocha
2000 y 2001; 1er. Premio Concurso Poesía Social 2001; Mención
Concurso Provincial Poesía de la Ciudad 2001; Accésit Concurso
Provincial Ángel Lázaro Sánchez 2002; Mención Concurso
Internacional Revista Videncia 2003 todos en Ciego de Ávila, Cuba.
Igualmente, Premio Nacional al Escritor Novel, Santiago de Cuba
2003. Premio Nacional Concurso Ciudad de Nueva Gerona, Isla de la
Juventud 2003; 1er. Premio Literario Internacional de Poesía Tilo
Wenner, Argentina 2003. Participó como invitada en el XI Encuentro
Internacional de Mujeres Poetas, México, 2003 y en el Festival
Internacional de Poesía de Austin, Estados Unidos, 2004. Ha sido
incluida en las antologías: Arribos de la luz, Ciego de
Ávila, Cuba (2000), Memorias del Congreso Mundial de Poesía de
Santiago de Cuba (2003), Di-versé-city, Austin, Texas,
EE.UU. (2004) y Notas de Poesía, Selección del Premio Luys
Santamarina, Ciudad de Cieza, España (2004). Ha publicado los
libros de poesía: Propósito, Santiago de Cuba, (Ediciones
Catedral, Colección Plegables, 1998); Entrar descalza,
Ciego de Ávila, Cuba (Ediciones Ávila, Colección Brizna, 2002);
Indecisiones
del Arquero,
Nueva Gerona, Cuba (Editorial El Abra, 2004).
IMPRESO EN EL PÁNICO
(Fragmentos del
cuaderno Apocalipsis)
Porque ha llegado ya el gran
día del castigo.
Apocalipsis 6.17
I
Entonces fue osadía
desatar la rabia
el descalabro de aquella superficie
de esa columna con tantas esculturas
Y descubrieron la euforia
al dividir en partículas el ánimo
esparciéndolas después como desquite
II
Te has
congelado ciudad
para qué tantas vidrieras
cuando nunca muestras fobia
por esa cruz insoportable
No
cierro los balcones
para enternecer el ruido
Poco alivian estas madrugadas
donde impones ridículos excesos
y simulas estoicismo
Cómo detener la sed
de este fondo calcinado
Los faroles del puerto se
extinguieron
están de pascua
las algas el salitre
siempre con las actuaciones
que impriman frases en la médula
Apenas un resplandor sujeta el filo
los transeúntes miran sin espasmo
para que no resulte dolorosa la
caída
III
No fue la palidez
exactamente
tampoco el moho
ni ese perenne roer en los vitrales
El inicio fue un discurso
orgulloso de adherirnos
a la costumbre del aplauso
Predecir la orfandad era un ultraje
necia manía del Mal Agüero
habituado a morder el ocio
de las tardes anteriores
Después llegó la afrenta
y no pudieron los párpados erguirse
porque eran otros los reflejos
la ciudad que se diluye
las pancartas interpuestas
y nosotros
enemigos espontáneos del borneo
IV
Todos pendientes de
este último aguacero
que sacude los tablones
dejando la posibilidad en penumbra
Desgarrados por la certeza
del Ave María impreso en el pánico
inerme en la hazaña del hermano
(siempre con el sermón
repartiéndonos las sobras los
reveses)
¿Hacia dónde rodarán tantos insultos
hábito de dirigir los ojos a las
piedras?
¿Cuál será el sitio escogido
para pisotear nuestra intemperie?
Todos en secreto besamos cada gota
de lluvia
seguros de la estafa a pesar del
artificio
de ese peldaño roto sin
testigos
para no interrumpir la niebla de los
lentes
Sabemos que la hendidura es
irreversible
con ello crece el dolor en las manos
atadas
en los sábados que mutiló el profeta
con la excusa de sofocar nuestros
errores
V
La carne fue roída
sobre el muro yace la osamenta
escritura que no descifrarán con
lanzas
Quedan piedras que
rompen los cristales
y prefieren elogiar tal gallardía
Los aplausos pueden ser más fuertes
de cualquier forma
anuncian al telón
CARTAS DE LORIEN A SU INTITUTRIZ INGLESA
París, 16 de
Abril
Mirándote me asomo al mismo cielo,
es ahora la nevada menos densa.
Tú haces mi luz y se me torna
intensa
la sed irremediable de este vuelo.
Mirándote claudica hasta la espina
y en dos mitades rueda mi garganta,
cesa el aullido sordo, se quebranta
la terca palidez que me domina.
¿Podré palpar acaso tu calor,
el manantial que brota de tus telas;
prescindir de mi sombra si te hiere
de las calles si implican tu dolor?
¿Podrás cargar el miedo de mis
velas,
y convertir en lumbre tanta nieve?
París, 23 de
Abril
Cuando tenga tu voz de leve paso
destilando en mi carne lo inconfeso
y despierte sin más en su regazo
que la huella nocturna de mi rezo;
cuando llegue a este odio
inconquistable
y sacuda en mi verso tanta arena,
tantas caras de tedio: vulnerable
resquicio para dibujar la hiena;
cuando rompa tu voz mi aliento
impuro
donde expira vacía la corriente,
y amanezca indicándome el latido,
la señal infalible del conjuro,
lo sensato de un nardo diferente;
cuando tenga tu voz, tendré sentido.
París, 3 de Mayo
Cómo saber si un día serás grito
que logre hundir lo oscuro de mi
casa,
cómo saber si notarás el rito
de convertirme, al verte, en una
brasa.
Es mucha la penumbra, yo me aterro,
de que falten del prisma las
orillas,
y los enajenados de este encierro
nunca logren atar sus pesadillas.
Es tanta la orfandad inconsecuente,
que temo sucumbir en el desnudo
sin encontrar jamás tu coordenada.
Así, cómo saber si de repente
precisas del adagio más agudo.
Hay demasiada niebla, demasiada.
SABINA SARMIENTO
Nació
en la Ciudad de México, Distrito Federal (1975). Poeta y
periodista. Licenciada en Comunicación y Periodismo en la
Universidad Autónoma de México (UNAM). Su trabajo poético ha sido
reunido en las antologías Jóvenes Poetas Latinoamericanos
Entresiglos-entreséculos, editada en Montevideo, Uruguay
(2000); y en Mujeres Poetas en el País de las Nubes,
editada en la ciudad de México, (2000). Ha participado en diversos
encuentros internacionales de poesía; y poemas suyos han aparecido
en publicaciones de circulación nacional, como la revista
Blanco Móvil. Actualmente colabora en la revista Cambio,
y es reportera en los espacios informativos en Radio Capital y del
periódico El Diario DF.
EN EL AIRE ME DILUYO
1
La
vocación de la muerte persiste
como
espejismo tras mis ojos,
me habla
con palabras que vienen de lejos.
Bajo esta
piel transfigurada
¿Cuántas
soy?
2
Ruidosa
arteria
la piel se
entreabre;
respira.
Disfraz
de otro
cuerpo que tiene nombre,
la duda
repta.
Perpetua
levedad.
Los
cuerpos se amalgaman
y en la
huida
dos pares
de ojos balbucean.
3
No soy
quien habla en mi palabra,
es la
sombra de ese antiguo dios de polvo.
Escombro
de penumbras,
límite en
mis huesos
(me hieren
los ojos las espinas).
Cántaro de
trueno,
en el
alfabeto busco.
¿Cuál será
mi nombre a la hora nona del invierno?
Soy
relámpago en la otra orilla de la voz.
4
¿Eres el
sonido de la sílaba
o el
incierto eco
que hace
siglos te nombrara?
Por tu
boca hablan los silencios
y tus ojos
poseen la huella de un extraño.
¿Eres tú,
acaso un
espejo cuya sombra
agoniza en
el deshielo?
5
Frente a
la imagen del vacío
la
pregunta
te
apuñala.
Todo
encuentro es una confesión.
A mí
llegas
con la voz
del desamparo,
pez ciego
alimentándose de silencios.
Frente a
ti
la razón
es una
llama que calcina,
la
respuesta que te anula.
6
Soy
temblor en el aire,
sombra en
la huella del espejo.
Me
balanceo
en
la voz monótona del péndulo.
Caen mis
pies desmoronados.
No hay
tiempo en el polvo de mi cuerpo.
7
Bajo el
escombro
la
historia es un verso calcinado.
La voz
resuena por última vez.
En la
guerra de los minotauros
la palabra
se vuelve garabato.
¿Queda
algo por decir?
8
Este
rostro es cifra del vacío,
un sueño
que en el bullicio
se
desgarra.
No hay más
nombres en mi lengua:
como
piedras caen hacia dentro.
En el aire
me diluyo.
9
Con este
cuerpo debí saberlo todo,
reconocer
el eco de las cosas
y
adivinarme en la luz.
Pero fui
expulsada de la Gracia,
de la memoria de los santos.
10
Las horas
giran voraces
como llaga
en mi costado.
Al
despertar
soy
relámpago en el árbol,
enroscada
sombra
que
balbucea
¿Paraíso?
11
Como
viento en la botella del náufrago atrapado
espero a
que el signo vuelto humo
salve el
nombre de esa infinita pausa,
donde soy
ahora tiempo
rodeado de
esqueletos.
12
Signo
inmaterial a punto de caer,
días
semejantes a la muerte,
soy
encrucijada,
punto
levísimo
que se
entierra en el vacío.
Desando la
posibilidad del sueño. En los huesos
el frío
olor del vértigo.
Tierra de
inasible voz, mi cuerpo.
13
Tu nombre,
insomnio
fragmentado,
timbre que
en la piel estalla.
¿Quién te
pronunció en la oscuridad?
¿Quién te
condujo hacia la muerte?
Desde el
primer día el asombro cubrió
el paraíso
circular sobre la Tierra,
y la
melancolía penetró en tus ojos de Cordero.
14
Sentencia
providente
de su
peso.
Tiembla el
garabato,
cae,
acaricia
la luz
como un
cuchillo.
Gotean
confusas palabras
de las
redes rotas:
se despeña
el aire.
15
La palabra
sangra en
el crispar de mis uñas.
Agoniza a
media tarde.
Mientras
contempla mis ojos,
su mano
extiende débil,
a penas un
quejido deslizándose por las baldosas.
Sílaba
huérfana
te
paralizas.
Al romper
de los cristales
asistes a
tu desgarradura,
puntual,
sin prisa.
16
Posaste tu
beso sobre el lirio
y acarició
tu piel el reflejo del alba.
El nombre
olvido
es la
herencia de tu padre,
desconsuelo , la de tu madre.
Cuánta
promesa se anida en la sílaba.
Ahora tu
voz se llena de vacíos.
¿Sabes el
por qué de tu existencia?
¿De tu
soledad que se parece
a las
ruinas de una iglesia?
Ante sus
ojos sólo fuiste raíz sedienta,
apenas un
hálito de aire colándose
en
astillas.
Fuera del
mundo te nombraron.
17
Tus ramas
encienden
racimo de
soles,
y
espirales de ópalo
ascienden
como rezos.
Mujer
árbol,
en tus
ojos la noche se aniquila.
La memoria
del romero
te llama
con su voz antigua.
Canta
con el
primer lenguaje de la noche.
18
Como
serpiente
un
murmullo de manzana
se
dispersa por tu lengua.
Fuego que
retumba en los cristales,
tierra en
la que duermen
las voces
de los niños.
Daga
luminosa,
huella del
espejo,
despeñada
letra en surco ciego.
Resplandores y tinieblas
en la
hostia temblorosa
de tu
cuerpo.
Ámbar
nocturno,
la boca
del profeta.
19
Un latido
reverbera con densa agonía,
mientras
escucho el origen de las cosas
golpeando
en la memoria.
Mi
garganta fecunda,
grieta que
se abre.
Da luz a
la palabra.
20
En una
rama tiembla la Palabra.
Cuchillo
contra el cielo extiende
sus
moradas alas, rompe el aire
con su
canto de fina angustia
y
revolotea en la espiral de polen.
En la hora
inexacta irrumpe,
se posa en
la jaula del canario
y deletrea
el nombre
de los gatos.
21
El rumor
de una lágrima
simula la
huida.
A solas,
envuelto
en melancólica luz
el espejo
medita mi ausencia,
mis
huesos, ocultos tras la sombra,
se aferran
a la piel de la horas
que
discurren anónimas.
Huir es
sólo el inicio de la espera.
Una
premonición
de
un tiempo que se agota.
ARIANNA
CASTAÑEDA
Nació en Lima, Perú
(1981), Poeta y periodista. Estudió derecho y ciencias políticas
en la Universidad de San Martín de Porres. Ha asistido a diversos
talleres de narrativa. Actualmente trabaja en el Boletín Cultural
Chasqui, del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú.
También es codirectora de la plaqueta Magenta, Artes y
Letras. Tiene publicaciones en las Revistas Letralia y
El Hablador.
¿QUÉ SABES DE
TRAKL?
que manchaba
sus cobijas
bajo la sombra de una
extraña flor
y adoraba a los santos
por el puro placer
de encender
una vela en un cuarto
donde bien
se posarán los cisnes;
la culpa
vino después
con su silencio
azul,
enseñando
un delantal calado
y sin bolsillos
CIENCIA REGIA
La belleza
no está en función
de mis pies
y de sus callos
que pasan
por agua caliente
para ablandarse
y parecer decentes
POLAROID 0.11
suspendida
en el tiempo
se mece la hamaca
en el jardín
y la pereza de sobras
y es el sueño
del que estuvo
antes
también suspendido
y ondulante
el que se levanta
y se mece
y la hamaca palpita
como un conejo
muy estón.
POLAROID 0.12
Llevaban sus testículos
en cajitas de madera
para ser enterrados
con sus verdades ocultas
y ser hombres;
el origen de la verdad
no está en el cosmos,
tampoco en tus orines
recogidos en vasijas
de arcilla y aluminio
POLAROID 0.14
Trajes de tweed en verano
un café sobre el escritorio
ver pasar a los niños sobre
andenes
viejos terraplenes
que se asoman
sobre mis uñas mordidas
por las cucarachas
esperaba una mancha
en el mantel
o una patada en el patio trasero
- esas cosas no se hacen –
salir de cacería todas las noches
para no dormir bajo la cama
MI BODA
He alquilado un vestido
Todo rojo
Con cintas y petardos
Algo viejo: estos ojos cansados
Algo prestado: los zapatos de charol
Algo nuevo: un par de guantes
Algo azul: un chicle de menta.
¿EN QUÉ MOMENTO
MUEREN LOS ÁRBOLES?
Me alimentó
durante la estancia
con brea caliente
que luego secó
y crecí en el jardín
de los amables espinos
LA DESTREZA DE
LOS MANATÍES
Acercándonos a las sombras
nos alcanza el mediodía
y desnuda las palabras frías
porque no las cubre
una falacia
un juego de muñecas
Guardando los vasos
que no se usaron en la boda,
caen rendidos los novios
sobre asfalto maduro
e intercambian
agendas y diarios
donde no existen
números ni coordenadas
la novia se para
y no es mujer,
sino hija que corre
tras los trapos del padre
y se enreda bajo las urnas
de sus manos
esperando a que sus caderas
empiecen a soltarse
Él no tiene manos
y posee la destreza
de las focas y manatíes
muerde un pañuelo
de colores
y las luces del cuarto
los desbaratan