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Nació en Santo
Domingo, República Dominicana (1946). Educador, sociólogo y escritor. Ha
sido profesor de los siguientes centros educativos: Instituto Chevalier
(1966), Colegio Loyola (1969-1973), Instituto Cultural Domínico-Americano
(1972-1975), Universidad Autónoma de Santo Domingo (1973), Universidad
Nacional Pedro Henríquez Ureña (1974-1984) y del Instituto Tecnológico de
Santo Domingo (1981-2001), donde fue Profesor Coordinador del Área "Ser
Humano y Sociedad", Responsable del Círculo Literario, Miembro del Consejo de
Investigaciones Científicas y Profesor de las asignaturas Pensamiento Social
Contemporáneo y Sociología del Subdesarrollo. En dos ocasiones recibió la
distinción de “Profesor Meritorio” de dicha institución universitaria.
Ha sido Presidente
de la Asociación Dominicana de Sociólogos (1977-1979), Coautor de la
Enciclopedia Caribbean Writers (1979), editada por
Donald E. Herdeck bajo el sello Three Continents Press, en
Washington, D.C., Miembro del Jurado de
Ensayo de los Premios Siboney (1980-1985) y desde 1992, Asesor de la
Fundación Corripio, Inc. Entre 1987 y 1988 fue Profesor Residente en
Stillman College, en la ciudad de Tuscaloosa, Alabama, Estados Unidos,
gracias a un programa auspiciado por la Fundación Fullbright.
Ha realizado una
amplia labor como narrador, ensayista y crítico literario, habiendo obtenido
reconocimientos y galardones; entre ellos, en dos ocasiones, el Premio Anual
de Cuento de la Secretaría de Educación y Cultura, el Premio a la Excelencia
Periodista J. Arturo Pellerano Alfau (1996), y el Canoabo de Oro (1998) en
la categoría de Escritor. Desde 1996 se desempeña como Director del
Departamento Cultural del Banco Central de la República Dominicana. Varios
cuentos suyos, tanto en español como traducidos al inglés, alemán e italiano,
figuran en antologías publicadas en Alemania, Bulgaria, España, Estados
Unidos, Italia, Puerto Rico y la República Dominicana.
Sus obras publicadas incluyen: Antología de la literatura dominicana
(1972), Viaje al otro mundo (1973), Callejón sin salida
(1975), Testimonios y profanaciones (1978), Estudios de poesía
dominicana (1979), Imágenes de Héctor Incháustegui Cabral (1980),
Las máscaras de la seducción (Premio Anual de Cuento, 1983),
Narrativa y sociedad en Hispanoamérica (1984), La carne estremecida
(Premio Anual de Cuento, 1989), Los escritores dominicanos y la cultura
(1990), El sabor de lo prohibido. Antología personal de cuentos
(1993), Dos siglos de literatura dominicana. XIX y XX. Poesía y prosa
(en colaboración con Manuel Rueda, 1996), Panorama sociocultural de la
República Dominicana (en español, inglés y francés, 1997), La
aventura interior (1997), Antología mayor de la literatura dominicana
(Siglos XIX y XX). Poesía y prosa (en colaboración con Manuel Rueda,
2000 y 2001), Huella y memoria. E. León Jimenes: Un siglo en el camino
nacional (1903-2003), (en colaboración con Ida Hernández Caamaño, 2003),
y Presagios de la noche (antología de cuentos, 2005).
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“José Alcántara Almánzar es posiblemente el cuentista
dominicano más destacado y consistente de las últimas
décadas. Muchos son los críticos literarios que afirman la
gran calidad y la profunda sensibilidad que tiene su
cuentística. Marcio Veloz Maggiolo y Bruno Rosario Candelier
indican que Alcántara está entre los más destacados
cultivadores del género cuento.”
Profesora Nivea de Lourdes Torres Hernández
Universidad de Puerto
Rico
Prólogo del libro "Presagios
de la Noche"
Editorial Isla Negra
(2005)
San Juan, Puerto Rico
“José
Alcántara Almánzar es uno de los cuentistas
dominicanos
más importantes de los últimos años.”
Profesora
Raquel Chang Rodríguez
Hispanoamérica. Antología Literaria
Heinle S.
Heinle Publishers (1996)
Estados
Unidos
“José Alcántara Almánzar es uno de los
cuentistas dominicanos de las
últimas promociones literarias llamado a ocupar un sitial al
lado de
Juan Bosch,
Hilma Contreras y Virgilio Díaz Grullón.”
Bruno
Rosario Candelier
Coloquio,
Suplemento Cultural - El Siglo
20 de
enero de 1990
Santo
Domingo, República Dominicana
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Durante la XXII Feria Internacional
del Libro de Miami, correspondiente al mes de noviembre de 2005,
tuve la oportunidad de reencontrarme con el escritor José Alcántara
Almánzar, después de no vernos por varios años, convirtiendo la
ocasión en un verdadero festín literario y de recuerdos amenos que
solamente una persona con su capacidad narrativa puede llegar a
generar. Como resultado de nuestras largas e inevitables
conversaciones surgió la entrevista que sigue a continuación.
MMM A
través de tu obra se puede advertir el tema del hombre marginado
como una constante. ¿Te consideras un escritor comprometido desde el
punto de vista social y político?
JAA Todo escritor –y no soy la
excepción– siempre está comprometido con su sociedad y su tiempo,
aunque su mayor compromiso debería ser siempre con la literatura
misma. Comencé a publicar en una época de utopías revolucionarias
que impregnaron la narrativa latinoamericana con acentos muy
definidos, y en mis cuentos, en particular, se respira esa atmósfera
común a las obras de muchos escritores que hicieron su aparición en
los años sesenta y setenta del siglo pasado. En cuanto al “tema del
hombre marginado” a que te refieres, es algo que llevo muy dentro,
pues crecí en un barrio humilde de Santo Domingo, donde la
marginación en todas sus formas me conmovió desde que tuve uso de
razón, llevándome a tomar conciencia de lo que significan la
desigualdad, el rechazo, el ostracismo. Muchos de mis personajes
son, pues, seres marginados por su condición grotesca, sus
deformaciones, sus desviaciones, sean éstas ideológicas, políticas o
sexuales.
MMM Muchos te consideran un maestro
del cuento caribeño contemporáneo y tu obra es objeto de estudio en
la mayoría de los cursos de Literatura del Caribe en América Latina,
EE.UU. y Europa. ¿Cómo has podido combinar tus actividades
profesionales con esa fructífera carrera literaria?
JAA Ser escritor en nuestra
América es un oficio difícil, casi nunca exclusivo, que debemos
combinar con otras ocupaciones para poder sobrevivir. Salvo las
excepciones que todos conocemos, de escritores con enorme prestigio,
traducidos a numerosos idiomas, que viven de los beneficios que les
reportan sus obras, el escritor latinoamericano es al mismo tiempo
profesor universitario, empleado privado o burócrata. Pero las
ocupaciones son las que han cambiado, no la situación, porque antes
los escritores eran diplomáticos (todavía suelen serlo), abogados o
periodistas. La vida era distinta y había escritores “malditos”
situados voluntariamente al margen de la sociedad, o escritores
“bohemios” que soñaban con París y la vida muelle en los elegantes
salones de la burguesía de entonces. En mi caso, fui profesor desde
los veinte años, primero en un instituto comercial; después de
inglés, francés, literatura e historia dominicanas en un prestigioso
colegio jesuita para varones; más tarde en un instituto de idiomas
donde enseñaba español a extranjeros y, ya graduado en la
universidad, sociología en varias universidades durante tres
décadas, hasta mi renuncia hace unos años. Mi trabajo de profesor me
daba tiempo para leer, investigar y escribir, y así surgieron mis
libros, porque el trabajo de un maestro, cuando se hace por
vocación, constituye también una valiosa labor intelectual.
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Antología de la
literatura dominicana (1972) |
La carne
estremecida
(1989) |
MMM En tu más reciente libro de
cuentos “Presagios de la noche” te internas en las complejidades de
la naturaleza humana de una manera más abarcadora, sin dejar de lado
los temas de tipo social. ¿Tiene esto algo que ver con la madurez
del autor?
JAA “Presagios de la noche” es
la segunda antología publicada en Puerto Rico, donde mi obra goza de
una favorable aceptación. La primera fue “El sabor de lo prohibido”
(1993), con prólogo del reputado crítico Efraín Barradas, y lleva el
sello de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico. “Presagios
de la noche”, de la Editorial Isla Negra, con estudio preliminar de
Nívea de Lourdes Torres Hernández, autora de un libro titulado “El
enigma de las máscaras. La cuentística de José Alcántara Almánzar”
(2002), es una obra por completo diferente a la anterior, integrada
por quince cuentos tomados de las cinco colecciones publicadas hasta
ahora: “Viaje al otro mundo” (1973), “Callejón sin salida” (1975),
“Testimonios y profanaciones” (1978), “Las máscaras de la seducción”
(1983, Premio Anual de Cuento), y “La carne estremecida” (1989,
Premio Anual de Cuento). De manera que no se trata de textos
inéditos, sino de cuentos que fueron escritos hace muchos años,
cuando no había alcanzado la madurez actual, y y cuyos temas han
sido una constante en mi obra narrativa.
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En fin, en vista de que no
puedo ser juez y parte de mi propia obra, me remito a lo que dice la
profesora boricua en su estudio introductorio, cuando señala que en
mi cuentística se advierten tres tendencias: el neorrealismo social,
el neorrealismo psicológico y lo fantástico. En estos momentos
trabajo en otra dirección, a base de cuentos breves que vienen
apareciendo en una revista local y en los que el tema predominante
es la nostalgia, el deseo de recuperar personajes, situaciones y
recuerdos que conservo intactos en mi memoria. |
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Presagios de la
noche
(2005) |
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MMM Más allá de la miseria y el
hambre, muchos de tus personajes participan en todo tipo de juegos
sexuales, manifestaciones eróticas y obsesiones individuales.
¿Consideras que la satisfacción sexual en cada uno de ellos es un
paliativo de renovación y vida?
JAA El erotismo, que es la
expresión cultural de la sexualidad, ocupa en mi obra un espacio
nuclear, tanto en los personajes marginales como en los de clase
media o alta. Con una franqueza que a veces raya en el atrevimiento,
las manifestaciones eróticas y las obsesiones sexuales de mis
personajes son, más que juegos, respuestas de la condición humana
ante situaciones diversas. A veces se presentan como prácticas que
dominan al hombre y la mujer, a pesar de las apariencias de
urbanidad y la simulación que caracteriza las relaciones
interpersonales en nuestro país, o como válvulas de escape; pero,
sea como fuere, el sexo en mis cuentos no es un mecanismo
reproductor, ni una práctica ceremonial santificada por la
costumbre, sino como transgresión, desquite, flaqueza, que forman
parte intrínseca del género humano.
MMM ¿Se podría atribuir tu fina
destreza narrativa y tu abundante lexicografía a tu trayectoria como
profesor de literatura, a tu voracidad insaciable de lector
consuetudinario o a tu práctica periodística?
JAA He ejercido el periodismo
literario en distintos momentos de mi trayectoria. Primero en la
revista “Ahora”, donde publiqué mis primeros artículos de sociología
e historia. Luego, también en “Ahora”, durante cuatro años, cuando
hacía crítica literaria; y más tarde, en una época inolvidable, en
el suplemento literario “Isla Abierta”, del periódico “Hoy”, creado
y dirigido por mi inolvidable maestro y amigo Manuel Rueda.
Paralelamente, he publicado en casi todos los periódicos dominicanos
y en revistas internacionales. El periodismo, como decía el gran
poeta Héctor Incháustegui Cabral –que también fue un notable
periodista–, nos enseña a tener un sentido del espacio y de la
síntesis, a saber cuando hay que “echarle agua a la leche”, o lo que
es igual: a escribir largo, si hay que decir mucho, aunque sea breve
el material que se tiene a mano. En 1996 obtuve el “Premio a la
Excelencia Periodista Dominicano Arturo J. Pellerano Alfau”, en el
renglón de “Crítico”, que otorga cada año el “Listín Diario” a una
categoría del periodismo. Pero esa destreza narrativa que mencionas,
no creo que provenga de mi práctica periodística, sino que es
anterior, resultado de un arduo proceso de ejercitación continua a
través de los años, copiosas lecturas de los grandes maestros
universales, reflexión, anotaciones, estudio, conversación con
amigos y maestros, y tenacidad, sobre todo para depurar un estilo
que debe parecer fácil pero que en el fondo es muy difícil de
conseguir: “la difícil facilidad” de que hablaba Juan Ramón Jiménez.
Cuando escribo, siempre temo que el lector pueda llegar a aburrirse
con un texto mío. Es una falta que no me perdonaría jamás, por lo
que intento mantener al lector atado a mis palabras, sin que quiera
dejarme hasta llegar al final.
MMM ¿Qué memorias notables tienes
acerca de tus años en que te dedicaste al periodismo?
JAA Luces y sombras. Alegrías y
sinsabores. Recuerdos imborrables de un medio cultural limitado,
donde las relaciones personales a veces pesan más que el valor real
de una obra literaria y donde un nombre es encumbrado por la
publicidad; o, por el contrario, es atacado sin cuartel por razones
personales, completamente extraliterarias. Pero, sobre todo, me
quedó un aprendizaje para el oficio de escritor y para la vida, ya
que el periodismo literario, en países como los nuestros, de
geografía y mentalidad insulares, pone en evidencia realidades
escandalosas sobre las intrigas de los intelectuales. Los años de la
revista “Ahora” me permitieron conocer a fondo “quién es quién” en
nuestro medio y, más allá de los valores literarios, palpar la
condición humana de los autores, sus grandezas y miserias, sus
virtudes y ruindades. Hice muy buenos amigos, aunque a veces
recibiera alguna que otra amenaza de algún fanfarrón, velada o
abierta, por opiniones sinceras que, sin complicidades ni ofensas,
publiqué en mi sección “Literatura y Sociedad”. Ya en “Isla Abierta”
me introduje más en la literatura continental y europea y en asuntos
teóricos de la creación literaria, y te confieso que me sentí más
tranquilo, escribiendo sobre lo que me gustaba, sin tener que
reseñar libros malos que llegaban a mis manos en la revista y que me
veía en la obligación de reseñar. Después que murió Manuel Rueda y
el suplemento desapareció, he perdido el entusiasmo por el
periodismo literario, aunque desde hace un año estoy colaborando con
una revista ligera, muy bella, “Santo Domingo Times”, a petición de
su director, que fue mi alumno en la universidad, porque él me
permite escribir sobre lo que quiera, sin imponerme condiciones.
Otras veces colaboro con amigos en revistas literarias, tales como “Xinesquema”,
“Caudal”, “Mythos”, y en el suplemento “Areíto” del periódico “Hoy”.
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