Miami
Estados Unidos
Año VII

 Nº 39/40

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad del Turabo

Puerto Rico

 

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

   

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


POETAS CHILENOS

 

JAVIER BELLO


Nació en Concepción, Chile (1972). Poeta y profesor de Literatura. Actualmente imparte clases en la Universidad de Chile y en la Universidad Finis Terrae en Santiago de Chile. Ha publicado los siguientes libros de poemas: La noche venenosa (Concepción, Letra Nueva, 1987); La huella del olvido (Concepción, Letra Nueva, 1989); La rosa del mundo (Santiago, Lom, 1996), con el que obtuvo en 1994 el premio Gabriela Mistral de la Municipalidad de Santiago; Las jaulas (Madrid, Visor, 1998), con el que obtuvo en 1998 un accésit al VIII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, Segovia, España; Jaula sin mí (Huelva, Diputación Provincial de Huelva, Hojas de Zenobia 19-20, 1998-99); y El fulgor del vacío (Santiago, Editorial Cuarto Propio, 2002), edición corregida de La rosa del mundo y Las jaulas, más el poemario inédito Los pobladores del entresueño.


 

 

QUIÉNES SON ESTAS PERSONAS,

    ALIMENTO DE QUIÉN, OJOS EN TRANCE,

carne acostumbrada a vestiduras negras.

Suya es la falsedad, ropajes y caballos

se desfondan en la encarnación del jardín,

roen los dedos de la noche y le hablan, le hablan, 

luz donde acuñar monedas.

                                                                 

Poco es lo que hay, apenas un murmullo

entre los que visitan al Oro en la casa de los vientos

y rezan con un vaso en la mano,

un vaso con un ojo que se ríe del fin.

 

Cae la red sobre el ojo en tinieblas

y los rostros que resisten la luz, no la revelan.

Atrapados los que están atrapados

en las ruinas abren la boca para pedir silencio.

 


EL POEMA NAVEGABLE SOBRE LA LUZ DEL ORO

lianas de ardiente catedral, glande que irradia en los mosaicos

juventud que se echa a morir en el follaje de un naranjo cortado

 

redes entre las piernas de la tripulación  y algas

entre los dedos de los pies, la luz cuando pernocta

junto a la comisura no hace preguntas

a medio quemar la cáscara se esfuma

 

temblor en el fruto de lluvia, en el cuerpo que gruñe

al oído de un fusil enterrado, orina

ante sí mismo un espejo, mira la conmoción

un lenguaje de vidrio

 

semillas resplandecientes alrededor del cuello, cerrojos que hablan

fuerte antes del amanecer, en voz alta se trizan

a la hora en que la luz pasea por la cuerda

con los labios atados

 

oh gruñe, sol, gorgojo

poema sin luz sobre la luz del oro

 


SOL DE PALABRAS MENORES Y MAYORES

ruido de fondo ante la mortalidad de los álamos

la niebla nos devora con su hospital tardío

con su boca pintada donde perros y trenes vagan sin sentido

las hogueras no mienten, el lenguaraz murmullo

del día que se estira para seguir hablando

la enfermedad pasea con patas afiladas

saliva por los parques, animal influyente

con los brazos abiertos, como un herido a bala

reconoce la espesa cerradura, bajo la cruz el filo

que mide la altitud del día con su muerte

el espécimen blanco en la torre de escombros

ejercicio vacío, roedor del espejo

 


DEJO LA PIEDRA EN EL CIELO,

    TEMPERATURA QUE TUVO FINAL,

un plumaje que ardió de la bodega, cerca de los descubrimientos.

Lejos se va, tras su mano que se despide, tras su agujero el día.

Vamos a darle tregua a la noche, arena descalza, partida en dos.

Seré tu fuego y tu sombra a la vez, seré tu calavera,

una flor que se pudre en la mano, la lluvia, el filamento,

mi cuerpo que se dedica al oro, a la raíz del pájaro.

Sígueme, si quieres. No encontraremos nada.

Dejo la piedra tibia, su peso de cadáver.


 

USASTE LA MÁSCARA SIN OJOS

                                       PARA ASUSTAR AL VIENTO,

la fauce secreta y su espejo al final de la nube que cierra la puerta.

La máscara de contar y procrear, te pusiste los dedos

como un reloj que recuerda la tachadura exacta de tus manos.

Los cepos también se acuerdan de tus manos, la cruz en las muñecas,

la piedad del caballo que acorta el camino y se bebe los techos

y devora tus pasos que insisten en perforar la nieve

encerrada detrás de la lápida como humo en un cerco.

Si entras al armario nocturno y abres el portón

y caminas muy lento hasta el bosque y en un claro te pones a pensar

en tus hijos y en las altas paredes y entonas una canción misteriosa

el mar no tendrá tiempo para recordarte.

Podrá decir tu nombre y silbar todo el invierno como loco

pero no te tentará con la fruta aguda de los acantilados.

Anda tranquilo, hunde la mano a través de la ventana:

en la otra orilla hay unos árboles inmensos.

 

                                      ante la tumba de Jorge Torres


 

EL VIENTO MUEVE LAS HOJAS DE LA MUERTE

y yo escribo, escribo en servicio siniestro

sobre la pared donde los labios piden ayuda a quien sea

y quien sea borra la palabra amor de las cartas

la cama negra y en el dedal del miedo las almohadas

el duelo entre el viento y el pliego del alma que se desmorona

mientras tú escribes por mí me trizo sobre el hielo

y celebro el teatro de las muecas, el color de las botas

casacas de hombres de cuero

el piso falso donde nunca podré contravenir las normas del espejo

en mí la celda anda sin miedo

estoy pensando que todos se van a morir en la costa

con un gatillo de carne entre los dientes

el viento arrastra una paloma enferma

y ya no puedo comunicar más que noche

el tabú de las piedras que sonríen diezmadas

mientras escribes por mí levanta mi genital punta de miedo

yo pulsaré una cuerda que me haga morir

un poema que no debe revelarse sino al ganglio de fieltro

voy a dejar que el anciano ponga huevos en el esternón de las moscas

y un río absurdo y rojo empiece a nacer en los campos 

 

 

 

ALFONSO LARRAHONA KÄSTEN


Nació en Valparaíso, Chile (1931). Poeta, ensayista, dramaturgo, antólogo y profesor emérito de la Universidad de Chile. Dirige la revista internacional "Correo de la Poesía", fundada en Valparaíso en 1982. Ha publicado cerca de treinta poemarios en Chile, Uruguay y Estados Unidos, entre los que se destacan: Islas Profundas (2005), Rostro y Espíritu de Valparaíso (2003), Historial de mi Sangre (2002), Una ciudad se incendia (2000), Réquiem por un ángel que perdió las alas (1998), Mester de Hechicería (1995), Autorretrato Sin Rostro (1990), Cambio de Casa (1982), País Ausente (1980), Valparaíso, Ciudad de Balcones (1973) y Lenguaje del Hombre (1973). Ha editado, como resultado de sus trabajos de investigación, veintisiete antologías entre los años 1960 y 2005, tales como: Cien leyendas de Valparaíso (1986), El Soneto en Valparaíso (1999), La poesía breve en la Región de Valparaíso (1999), Historia de la poesía en Valparaíso, Siglos XIX y XX (1999), La mujer en la poesía de Valparaíso (2004) y La poesía religiosa en Valparaíso (2005). Fue designado Director del Capítulo "Valparaíso" de la Academia Iberoamericana de Poesía y Miembro Correspondiente de la Asociación "Prometeo" de Poesía en Madrid, España, en 1997. Fue designado Miembro de Honor de la "Casa del Poeta Peruano" en Lima, Perú, en 1996. Recibió Diploma de Honor por su Obra Poética, otorgado por la "Casa del Poeta Latinoamericano" en Montevideo, Uruguay, en 1994;  el Premio "José Vasconcelos" en México, en 1991; el Premio Municipal de Literatura en Valparaíso en 1989; el Premio "Carlos Sabat Ercasty" en Uruguay en 1986 y el Premio "Ateneo de Salamanca" en España en 1979, entre otros. Es Miembro Honorario de la Sociedad de Escritores de Valparaíso, de la cual en 1954, fue co-fundador y después su Presidente por varios períodos.


 

 

ISLAS PROFUNDAS

 

     I

 

Islas profundas siempre me navegan

donando a mi interior el archipiélago

donde habitan sonidos tumultuosos

que visto con sayales sólo míos.

Circunnavegan ángeles las islas

profundas de mis sueños y mi sangre,

islas en donde viaja la quimera

de poseer un sol que residir.

 

 

     II

 

Ni un catalejo puede descubrirlas.

Viven entre la niebla que ellas mismas

emanan y se tornan invisibles

al ojo inexistente de la muerte.

Las llevo en mí, como a la sangre albergo

sus capullos en múltiple eclosión.

 

 

     III

 

Porque era el mar su Dios y compañero

tuve la valentía de aceptarlas

y darle las palomas que pudieran

intercambiar cual mágicos trofeos

con sus profundas huellas submarinas.

Hermanos, desde entonces, conversamos

en idioma de signos presentidos

en la espuma tejida por el mar.

 

 

     IV

 

Hubo un país en donde las palabras

emergían del agua como islas

profundas, allegando a nuestras manos

los ecos transparentes que repito

y han sido en mi existencia el respirar.

El país se mudó, pero las islas

permanecen en mí siempre a mi espera.

 

 

     V

 

Por la tarde

hasta la luz desaparece

pero luciérnagas celestes

nos hablan

para encendernos adentro.

 

 

     VI

 

Por haber revelado mi secreto,

en otra vida Dios me cegará.

 

 

 

YURI PÉREZ


Nació en San Bernardo, Chile (1966). Poeta y Director de la Academia de Letras de San Bernardo. Ha publicado los libros: Cara et Fuego (1994) Instituto Nacional de la Juventud; Cartas del Interno (1995) Municipalidad de El Bosque; Gringa; El Canto de los Llanos de Lepe (1997) Maipo Ediciones; Mala Yerba (2000) Maipo Ediciones; Antología Registrada (2001) Maipo Ediciones;  y Cumbia (2003) Editorial La Cáfila. Además ha recibido el Premio Municipal de Literatura (San Bernardo, 1997), Beca Fundación Pablo Neruda (1994), Beca Fondart (Ministerio de Educación, 1997), Premio Municipal de Literatura (San Bernardo, 2001). Sus poemas forman parte de las antologías:  Altiro de Germán Carrasco y Cristián Gómez (Editorial Vox, Buenos Aires) y El tren de la Poesía Chilena de Jorge Montealegre. En la actualidad, realiza talleres de literatura en sectores poblacionales de San Bernardo, a través del “Proyecto de Extensión Cultural” de la Municipalidad de esa ciudad. Su más reciente publicación es el Libro Ceremonia del Cristo Blanco (Fahrenheit Producciones, 2004) junto a un Disco Compacto (CD) de música y poesía.


 

  

AUSTRAL

 

Nunca me han invitado a nada importante

La poesía no me alentó a seducir la mama del oficialismo

Me consolé con veladas austeras

Bajo la mesa coja, pan y margarina

 

He visto con infatigable tristeza y furia magistral

Sin esa tolerancia vergonzosa de los que deben gestos

Cómo ciertos camaradas, buenos poetas y decentes aún

 

Levitan bajo el pétalo parapléjico de la nombradía

 

Con la piel ruborizada y neuyorquina, de pena rebeldes

 

Mis colegas, pétalos exhaustos sobre la jauría de Baudelaire

Vienen a mi pequeña casa

A marchitar el tallo del matico con sus textos

 

Acróbatas de intestino plástico y voluminoso

Chapoteando en los gimnasios gibados de la inmortalidad

Mis adorables mafiosos, mis urticarias globales

Nunca me han invitado a sus fechorías literarias

 

 

CUMBIA FINAL

 

Entro a la farmacia en busca de fluoxetina

Las serpientes abandonan el pellejo extendidas en los pasillos

Querría estar bello y saludable, intacto, como poeta C1

Armar sentado en el living el cuerpo ideal de la dependencia

Pernoctar sobre todo

 

Una guagua se duplica rosada en el vidrio de la vitrina

Su madre, un magnífico ejemplar de barrio peligroso, le susurra un

Poema pedagógico, a mí me preocupa llegar a casa, virgen

recompuesto,

Olvidar que un siquiatra es una maldad eventualmente necesaria

escupir

 

Salgo de la farmacia con el antidepresivo en la mano

Cobijado en las alas de mi dañado cristianismo, mareado

Con ese incontrolable impulso de cambiar este oficio de polillas

Se me viene a la cabeza la primera metáfora de litio.

 

 

LA LLAVE

 

Veo una llave donde el agua sangra

el goteo general sin aviso larga

el chorro, el cascabel de hechicería

sobre la tierra, dentro del mal, la poesía

 

Es el áspero fluido de la vil sombra

agua que bajo el rocío se desborda

tiene olor a caldo, pan de romería

un ojo medio tuerto, la costilla fría

 

Y sonríe malicioso el charco rudo

se peina, se repinta, leve coquetea

cerca de la fría cala, detrás del muro

 

Por él sangra la llave de la cocina

en el momento donde nadie hurguetea

ni por pan, ni por té, ni por cecina

 

 

BELLA BELLA BULLA

 

No dejo de sentir ese cansancio de puta vieja

No dejo de sentir esa risotada de nogal sedoso

No dejo de verte y me hace tanto bien tanto que me duelo

 

Es una reliquia de fondo áspero

un espejear de ramales de níspero

una larva blanquecina que olfatea

la esponja, el agua, el mal que pasea

 

Existen muchas, oh, Jesús, pero ella

me tiene de los dientes, con ellos rema

su negro remar hasta el vértigo mío

donde mueren ranas, donde muere el río

 

Danza en la tarde sus locos ropajes

negociando sus hambres en alto, barro

sale a destajo desde el carruaje

 

El mismo que acopla Satán al sismo

que deja entre la callejuela su carro

cuando ella sonríe en la luz de trino

 

 

ESTE SONETO

 

Hecho a medida, en el rato justo

hecho de interés para la boca

hecho a tu rango bajo el sol brusco

hecho con acordes de garganta ronca

 

Hecho por tu fina llama, tu rosario

hecho a vista de ruin de lector novato

hecho en tu pesaje desde calvarios

hecho con premura, hecho a lo barato

 

Hecho con limitaciones de tuerca

con andamiaje de torpe medicado

hecho en el sol con la muñeca seca

 

Hecho en oropel de gloriosa ruda

hecho sin pulso como fatal borracho

hecho por ti, para mí, en la espuma

 

 

ADIÓS MY LOVE

 

El día que me pudra sin haber dicho lo justo

A la luz de velas color mausoleo

Vendrás a tocar mi garganta de peste

Con la tristeza de una vida hermosa

 

Querrás pulir mi nombre en tu boca

Y descubrir el eterno embrujo de la muerte

En la fosa donde los muertos se excitan

Intentarás adivinar el nuevo espesor de mi sangre

 

Irás a contemplar las tumbas de tus parientes

A los que nunca importé

Y de los cuales no supe más que eso

 

Me buscarás entre el zumbido de las moscas

Y te echarás cansada de intentarlo

Bajo el rosal más bello del cementerio

 

Desde la tierra de gusanos hambrientos

Leeré para ti el mejor poema ruso

Dormiré

Y te alegrarás de haberme perdido