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JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ
Nació
en
Cartagena, Murcia, España (1942). Su obra poética está traducida
– y algunas de sus novelas – a más de veinte idiomas. Es
licenciado en Filosofía y Letras, especialidad de Historia y
Geografía, y también realizó estudios de Filosofía Pura en las
Universidades de Murcia, Madrid y la Sorbona. Articulista
ocasional, autor de guiones cinematográficos y traductor de Poe,
Villon, London, Kavafis, Hölderlin, Stevenson y de varios poetas
ingleses, ha consagrado su vida a la literatura y, obsesivamente,
a la poesía. Después de la publicación de la antología Nueve
novísimos poetas españoles en el año 1970, realizada por
Josep María Castellet, se dio a conocer entre un grupo de poetas que
surgió como una propuesta diferente a los valores estéticos y
líricos hasta entonces conocidos. Finalista del
premio Planeta con El manuscrito de Palermo y de
La Sonrisa Vertical con La caza del zorro, fue
premio de este último con La esclava instruida. También
fue premio Barcarola y premio de la Fundación Loewe.
Entre sus libros de poesía se encuentran los titulos: La edad
de oro, Nocturnos, Tosigo ardento, El
escudo de Aquiles, Signifying nothing, El botín
del mundo y La lágrima de Ahab, entre otros. Su libro
Museo de cera, el cual fue publicado por séptima vez en
el año 2002 por la Editorial Renacimiento en Sevilla, fruto de
39 años de trabajo y que cuenta con casi novecientas páginas,
escapa al contexto de nuestra cultura para entroncar con
corrientes universales de todas las épocas y todas las
literaturas. Otros libros suyos son sus memorias Al sur de
Macao, Naturalezas muertas, La corona de arena (biografía
de Lawrence de Arabia), Yo, Talleyrand (El manuscrito de
Palermo) y Desolada grandeza. Fue organizador en 1985
del Homenaje a Ezra Pound, en Venecia, ha sido promotor y
organizador del Festival de Poesía
Ardentísima desde sus comienzos hasta la fecha y en 1990 recibió el
Doctorado Honoris Causa por Dowling University en Nueva York,
por el conjunto de su obra.
CANTO DE AMOR A BARCELONA
"Ciudad grandísima
que puede llamarse,
con toda justicia, una gran tienda"
August Friedrich F. von
Kotzebue
"Al caballero
pertenecen bienes y honra"
Ramón Llull
Cae la lluvia de
Otoño.
La ciudad
resplandece.
El tiempo que viví
por estas calles,
las mujeres y
amigos que me siguen,
antes de que la
edad disipe como un viento
helado
cuanto los atraía.
Sentarme en
cualquier sitio,
beber hasta la
noche,
viendo pasar a las
muchachas
y caer las hojas
de los árboles.
Si nuestras
ilusiones envejecen,
la piel guarda tu
olor.
Y así, prendido en
esta despedida,
brindo por ti.
EL DESTERRADO
"Yo
iba provisto de cartas de recomendacíón para un holandés, el
señor Mesman, y para un comerciante de Dinamarca; ambos hablaban
inglés y se ofrecieron a buscarme una residencia a propósito
para mis actividades"
Alfred De
Russell Wallace
La vida que amé y
el que fue
mi mundo.
A veces sueño si
aún
existe.
Pero los años van
secando
mi cuerpo
y acostumbro a mis
ojos a que acepten este paisaje como
el último.
Mucho me ha
costado no
desesperar,
aunque sé que la
vida sólo puede
ir ya a peor.
A veces, para mí y
unos pocos
amigos
pretendo aquel
antiguo
lujo.
Como un sediento
el agua, espero
la noche.
Entonces camino
hacia los bares
del puerto,
y en la belleza de
alguna mujer olvido
mi destierro.
AMOR CONSTANTE
MÁS ALLÁ
DE LA MUERTE
"Cuando
los hechos han ocurrido, alguna interpretación
ha de
relacionarlos con los presagios"
Marco Tulio
Cicerón
A mi maestro Tácito
Será como contemplar Istanbul
O esas noches en las salas
Heladas de los
aeropuertos
Cuando la barba se
vuelve ceniza
Aquel amanecer a
9.000
Metros sobre el
Caribe
O aquella
madrugada
En que Lester sonó
como ninguna
Apagaré todos mis
rostros
Y qué lugar o
cuerpo
Habrá de
acompañarme
Mas creo que unos
versos una música
Irán conmigo en
ese instante
Serena aceptación
de un vano sueño
Mozart algún
momento de Kavafis
El final de un
soneto de Quevedo
Mi amado
Shakespeare
PARÁBOLA DE LOS CIEGOS
"Alhajas
como crepúsculos"
Vicente Huidobro
"Veneraciones
sacras
me sirven de consuelo"
Fernando De Valenzuela y Enciso
A mi maestro Omar Khayyam
Pasaremos. Ceniza
De un sueño.
Como pasaron
Delfos,
Alejandro,
Palmira.
Pasarán las
palabras
Con que los
grandes
A los grandes
recordaron.
Después un
viento
De oro y hierro
Igualará montes y
llanos,
Dignidad y
soberbia.
Y, muerto,
Girará este
planeta
Eternamente, con
su carga atroz,
Grandiosa,
inexplicable.
LAS MINAS DEL
REY SALOMÓN
"Diré
que eres más bella que la Luna"
Ruben Darío
"La
alegría es el paso de una perfección
menor a una perfección mayor"
Baruch Spinoza
"El amor requiere talento"
Hermann Keyserling
Oh Reina de mis
placeres, cuando veas
caer la tarde,
embellece
aún más, si es
posible, tus encantos.
Dispón el vino,
las uvas, los jazmines.
Que un fuego no
más fuerte que la Luna
ilumine la
estancia.
Al oírme, finge
dormir, y luego
simula despertar,
el suave abandono,
la morbidez de la
mirada.
Deja entonces que
mis manos recorran
tu piel, y
lentamente
ábrete al amor,
deja
arder tus muslos y
tu vientre,
y tu lengua, y tus
labios. Que tus ojos
proclamen el
placer. Oh Reina
de mis noches,
Señora de mis manos.
¿Qué podrá el
tiempo
contra tu gracia y
tu esplendor?
¿Qué podrá contra
mí que te he amado?
LA NOCHE
AMERICANA
"Tu
vida es preciosa pues contiene
Todo aquello por lo que vale la pena vivir,
juventud, belleza,
sabiduría, valor, todo
lo que la felicidad y lo más excelente pueden
llamar suyo"
William Shakespeare
"Nada
aquí es plebeyo"
Publio Papiro Estacio
La lenta
soledad de los cipreses
La sabia
disposición del paisaje
Bajo la luz de oro
que rocía el crepúsculo
Un hombre pasea
por las sendas
Entre las ruinas
de la Villa Adriana
Alguien que ya no
tiene paz que ha aceptado
Que sus ojos se
acostumbren
Al caos y que
quizá más tarde
Acepte la
insensibilidad
Pero este atardecer
Las sombras
alargándose junto al estanque
Los pájaros que se
recogen
Como en otro mundo
Por un momento
Contempla estos
jardines como fueron
Y sueña que el
Emperador y unos amigos
Y unas mujeres
alegres cruzan
Ante él
conversando entregados
Al esplendor del
instante dichosos
Ha sido una
ilusión Y él bien lo sabe
Pero en lo que ha
sentido
Ha contemplado el
paso sereno de la vida
GINÉS ANIORTE
Nació en
Murcia, España (1960). Poeta y profesor de Educación Secundaria
en la Comunidad Autónoma de Murcia. Es un activo participante en
conferencias, lecturas y festivales de poesía.
Co-dirige la Galería Virtual Tierra (www.galeriatierra.com),
dedicada a la promoción de pinturas, dibujos, grabados y
esculturas. Ha publicado los libros
de poesía: Poemas de amor (1980); Es tiempo de vivir
(1986); Fragmentos (1987); Mientras dure el
invierno (Los libros de la frontera, 1990); Veinticinco poemas (1997);
Adivinaciones (Huerga & Fierro, 2000); y Cuanto quise decir (Editorial
Renacimiento, 2004).
DONDE HABITA EL
OLVIDO
Cuando pasen los
años
-imagina ese
tiempo donde habita el olvido-,
dime qué ha de
quedar
de ese minuto en
que te abrazo,
del verano
flamante que encendemos
tal si de un fuego
último
se tratara.
En las noches
de entonces, en
belleza iguales y distintas
a ésta que procura
su delirio,
la luna que ahora
vemos
será otra porque
otros serán quienes la miren.
Nadie sabrá de
este milagro
que el cielo nos
ofrenda
y hoy se inflama
en nosotros,
del instante
preciso que cumple mi deseo
en la sed de tus
labios.
La lluvia habrá
borrado de este mundo
el epitafio inútil
que aún no hemos
decidido,
y el viento de tu
voz, que hoy me lleva en su música,
será el eco
inaudible de esta breve fortuna.
Este momento acaso
ya se pierde
en el mar
vislumbrado de la nada,
ese mar que en su
abismo
sepulta la alegría
de los otros
que hace tanto
soñaran como yo a ti te sueño.
También ellos
supieron
que esta luna que
hoy vive, asombrada, en lo alto,
no es aquella que
ardiera
en el cielo
espejado de sus ojos,
aunque sí sea el
mismo
este brillo
aparente de la falsa moneda
que en mis versos
trasluce
la ficción de su
plata.
INCITACIÓN
Pasarán estos días
en que vivo
contigo, y no me
turba nada
porque lo tengo
todo, acaso; y otro
tiempo menos
propicio negará
esta gloria a que
estoy acostumbrado,
por la que vivo.
Y aunque sé muy bien
que estas firmes
palabras que revelan
mi condena no
pueden evitar
el fin que aquí
adivino, me previenen
con su oscuro
decir o con su música,
de la dicha tan
breve que hoy me asiste.
Luego no es vano
el pensamiento
en apariencia
inútil,
si el poema ocioso
al que ahora me entrego,
al fugaz discurrir
de la vida provoco,
por incitarte a
ti, lector querido,
que, impasible,
contemplas
cómo gira este
mundo, y en su vuelo se lleva
los sueños y los
días
que son tu único
tesoro.
TODAVÍA TÚ
Después de tanto
tiempo,
tras de la puerta
última
que cerrara el
olvido,
cuando el pasado
es un proscrito
que habita la
memoria,
y la dicha me
ofrenda
el mundo en otros
labios;
ahora que la paz
besa el estigma
secreto de mi
pecho,
y la quietud
adorna
las estancias que
habito,
todavía regresas a
mis sueños
para intentar
salvar en vano
la exigua luz que
hoy
apenas si
vislumbra
tu sombra o tu
recuerdo.
ELOGIO DE LA MUERTE
Y como antes de
nacer
en que jamás
fuimos, así después:
un no sentir
eterno y dulce,
porque dulce es la
paz del no existir.
Así me sé cuando
en el sueño,
tal si fuera una
muerte
que ensayo cada
noche,
me adentro, y en
la nada
que conforma la
ausencia
de todo lo vivido,
allí me entrego
a la quietud
perpetua
del tiempo que se
agota
en el principio de
su fin.
HOMO SAPIENS
Aunque abrace la
suerte de habitar esta dicha,
y apenas sí me
inquieten los designios del cielo,
-sabedor de la
sombra que acecha en mis palabras-
no me dejo cegar
por la luz del destino,
pues fácil es
saber que el fulgor de esta rosa
que hoy anida en
mis ojos durará sólo el tiempo
de soñar una vida.
Y si bien el azar
quiere ahora
premiarme con tan gratos favores,
y los astros me
brindan la gracia de su lumbre,
desde el mar del
olvido el pasado me dice
cuán efímera y
frágil es la gloria del mundo.
TESTAMENTO
Lo que tengo no es
mío.
Ni siquiera el
amor que hoy encumbra mis alas
y es asombro del
mundo,
a mí me pertenece.
Cómo legar a nadie
las raras
posesiones
que me presta la
vida,
si soy el poseído.
Me gustaría, un
día, nombraros herederos
de aquello que
aprendí
cayendo en el
camino,
porque os sirviera
de lección,
y procurara dicha,
y al fin, no fueran vanos
los años que quemé
burlado por el
tiempo.
Mas no queréis mi
luz, y agradezco que hoy,
sin rubor, lo
digáis,
pues no debiera
nadie
regalar su tesoro
si por él no
suspiran.
Os digo que es
inútil
vuestro afán para
nombrar
lo poco que poseo;
como si yo pudiera
libraros de la
suerte que ignoráis:
esa otra pobreza
que vosotros no
veis,
y es herencia
imposible
que para mí
quisiera.
Luego así están
las cosas.
Mi gratitud exenta
de gloria por los días
que a los
vuestros, que son míos, cedéis,
es cuanto os lego.
No tendréis otro
premio,
aunque al fin
celebréis
todo aquello que
ciegue
vuestros ojos
ilusos porque os brille en las manos.
¿Sabréis advertir
en mis tesoros
aquello que en
verdad
hace el hombre más
digno?
Porque tal vez
cojáis,
para adornar
vuestras muñecas,
el cobre y el
latón.
Si es que algo me
queda
ARTURO TENDERO
Nació en Albacete, España (1961). Poeta y
escritor.
Estudió teatro y periodismo en la Universidad Autónoma de
Barcelona. Ha trabajado en distintos medios informativos. En la
actualidad imparte clases en el
Instituto Bachiller Sabuco de su ciudad natal, actividad que
comparte con la de editor y director de la Revista de Creación
La Siesta del lobo. Ha publicado los libros de poemas Una senda
de aldeas cotidianas, (Albacete 1991), Adelántate a toda
despedida, Editorial Pre-Textos (Valencia 2005). Ha sido
antologado en las siguientes antologías:
Antología poética de autores
albacetenses (Diputación
de Albacete, 1983),
Narrativa albacetense del
siglo XX
(Diputación de Albacete, 1985),
Una senda de aldeas
cotidianas (Diputación de Albacete, 1991), Poetas de La Confitería
(Universidad de Castilla - La Mancha, antología poética, 1999),
Las aves sin dueño
(Ediciones La siesta del lobo, poesía, 2000), dedicado a la isla
de Fuerteventura, y
Mar interior, poetas de Castilla-La Mancha
(Junta de comunidades Castilla- La Mancha, antología de poesía,
2002).
Ha publicado una versión libre del
texto
teatral El mercader de Venecia
de Shakespeare
(Ediciones La siesta del lobo,
teatro, 2000), representada en los escenarios por
el grupo de teatro albaceteño “Cómicos”.
Es el autor de la antología La generación fanzine. Poetas de Albacete para el siglo XXI
(Diputación de Albacete, antología de poesía, 2000). Ha sido
Finalista del
Premio de Poesía Mística Fernando Rielo y ha recibido el Premio de poesía Manuel Alcántara
en el 2003 y el Premio de poesía Gerardo Diego del
Gobierno de Cantabria por su poemario Adelántate a toda
despedida en el 2004.
PORTAZO
Oyes a tu mujer que te maldice
mientras cierras
la puerta
e ingresas
en las calles espantando
los cuervos de la
culpa a manotazos.
Demasiado vaivén
para los versos
esta casa pequeña
que retumba
de voces
familiares, enconadas
a fuerza de
esforzarse en ser oídas.
No es el amor,
sino esa mezcla impura
de amor con
multitud lo que te ofusca.
Necesitas andar y
preservarte, huir
que es un consuelo
que nada soluciona.
Y no es tampoco
tedio, pues no buscas
aventuras que
alguna vez leíste,
ni la traición, ni
hundirte en las sentinas.
Nada que en estar
solo no encuentre su cobijo:
tú por las calles,
entre gente inhóspita,
sin otro abrigo
que el de tu ternura.
Has de pensar, de
andar, de apaciguarte,
de escribir algún
verso sentado en un bordillo,
mientras la tarde
envía, cada vez más oscuro,
el viento frío de
los descampados.
PARÉNTESIS
En este porvenir lleno de hijos
se enredan
nuestros nervios.
La casa se
transforma
en un campo de
minas.
Dan ganas de poner
tabiques de por
medio.
Aunque, claro,
ninguno de mis héroes
daría aquí la
vuelta
sin presentar
batalla.
Se debe uno a sus
mitos.
Haremos una y mil
veces las paces
y en otras tantas
cualquiera de los
dos
romperá el
armisticio.
Partiremos la
casa, nuestras deudas,
cada cual buscará
por su lado el
calor
que somos
incapaces de ofrecer
sin sentir el
engaño.
Adónde van los
besos
que dejamos de
darnos,
en que gestos se
pierden
los abrazos
furtivos
con que antes
aplacábamos
la soledad, su
acoso.
Es cierto: ya
otras veces
reñimos, pero
nunca
el orgullo nos
trajo a tal distancia.
Las tardes mueren
rojas, como heridas
que se desangran,
y luego viene,
lenta, como un telón que cae,
la hora de estar
juntos
en la alcoba y el
lecho, cada cual
tirado por los
sueños a una costa distinta.
SOLO ANTE EL PELIGRO
Las farolas se
turnan
para ablandar la
noche.
Hay motos
aparcadas en la plaza
y un bullicio
discreto
desconcierta mis
pasos.
No soy viejo, tan
sólo
un poco forastero.
Al fin y al cabo
hay sombras
de diecisiete años
con cuerpos
armoniosos
que el tacto
merodea.
Sigue tu rumbo,
ordeno.
Como si hiciera
falta.
Sólo vine a por
algo
a la farmacia, y
he olvidado qué.
Quizá porque me
turba
este temor
levísimo,
el polen que
levanta
mi mirada al
pasar.
Y sin embargo
paso,
como un río de
buena educación
cuyo reino
no es de estos
deseos.
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