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Yo, Don
Pedro, natural de Extremadura, que milité con gloria en las
Campañas de Flandes y en la Batalla de Pavía en Italia, que buscando
lo imposible fatigué mis días en el sol ferviente y el calor
abrazador de los blancos arenales del desierto de Atacama, que nunca
obtendré la fama de Cortés, de Pizarro o Pedro de Alvarado, que no
tuve ni la magia ni la locura de Ponce de León, ni la codicia ni la
ira de Aguirre; que no fui vencedor sobre grandes reinos, ni
conquistador de excelentísimas ciudades, que nunca llegué a
confrontarme con los Dioses que gobernaban las espléndidas pirámides,
ni me fueron rellenadas cámaras con oro puro en Palacios Principales,
que mis trabajos se los debo sólo a Dios y a España y para España,
sin tener más méritos que la hidalguía y la bienandanza, que nunca
volveré a La Serena en Extremadura o cualquiera de sus villas, fuere
como Comendador, Gobernador o Marqués ya que de nada me ha valido
contar con estudios y entendimiento en el confín de estas tierras, y
de haber fundado tantas nuevas villas y trazado cuadrículas
perfectas para gloria de su Majestad Don Carlos, y si he de
reconocer mis faltas, argumento que fui escaso en sagacidad y
malicias, atributos de los que adelantan y conquistan; pero ya no es
tiempo de arrepentimientos ni contriciones, ahora que me encuentro
sólo a cincuenta leguas al sur de La Santísima Concepción, sin haber
podido alcanzar el fuerte nuestro de Tucapel ,atrapado entre la mar
y cordillera, y el que llaman Bío-Bío, en medio de obscuras selvas y
ciénagas pestilentes, habiendo ya perdido a mis adelantados y mis
caballeros, y doyme cuenta tarde de que razón tenía Pizarro al decir
que este país no daba para comer a cincuenta vecinos ( y yo agrego
para dejar bien morir a un Hidalgo de España), pero lo que más temo
no es el fin de mis días, sino que jamás podrán se estas tierras del
todo conquistadas por ser de gentes tercas, arrogantes y de bajo
entendimiento y los que aquí conquistan tórnanse igualmente viles y
faltos de nobleza por la lejanía de España y la guerra larga , y ya
he visto que nunca podrán amar verdaderamente a Dios y al prójimo, a
pesar de todos nuestros monjes, abades y Licenciados en Cánones que
andan con nosotros, de tal manera que mis últimos pensamientos son
no para mis hijos que nunca tuve, sino para Doña Marina, Doña Inés y
para Andresillo , mi caballerizo y tierno amigo que ahora se da en
llamar Lautaro y me traiciona, y como dije antes me encuentro solo y
prosternado, de rodillas al pié del árbol Canelo que así le llaman
, esperando el Golpe mortal de la bárbara macana. Ahora muero...
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Gonzalo Bizama Muñoz
nació en Concepción,
Chile (1961).
Narrador. Realizó sus estudios en la Universidad Católica de Talcahuano, graduándose
de Licenciado en Educación Física. Ha
publicado su libro
titulado El último Malón o Cargo de conciencia, como también le
gusta llamarlo. El autor hace gala de las condiciones propias de los
narradores del género de Novela: Imaginación, coherencia y buen
estilo. En la actualidad
tiene una
novela inédita titulada Pasaje al olvido y un libro de relatos
Los cuentos del antipoder.
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