Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº 35/36

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H.Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


 

JOSÉ ACOSTA


Nació en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, (1964). Escritor y agrónomo, reportero del rotativo neoyorquino EL DIARIO/LA PRENSA. Con su primer libro "Territorios extraños", ganó el Premio Nacional de Poesía de su país en 1993. Con su poemario "En el secreto llamado", obtuvo la primera mención de honor del Concurso Internacional “La Porte des Poétes”, en París, Francia, en 1994. Ese mismo año le fue otorgado el Voto de Reconocimiento del Ayuntamiento de Santiago y el Premio al Comunicador del Año, Renglón Poesía, de la Unión de Comunicadores Católicos, en la República Dominicana. En 1998 gana la Mención de Poesía de la Bienal Latinoamericana de Literatura "José Rafael Pocaterra", en Valencia, Venezuela. Con "Destrucciones" obtuvo el Premio Internacional de Poesía "Odón Betanzos Palacios" de Nueva York, en 1998. En el 2000, a su libro de cuentos "El efecto dominó" se le otorgó el Premio Nacional Universidad Central del Este. En el 2001 ganó el premio único de cuentos, en el Concurso Internacional de Cuentos de Pecx, una organización colombiana de Nueva York. En el 2003, su libro de poemas "Jardín Metálico", ganó la Mención de Honor del Premio Internacional de Poesía Revista Hybrido, de Nueva York. En el 2004, su poemario "El evangelio según la Muerte" obtuvo el Premio Internacional de Poesía "Nicolás Guillén", de México. Ese mismo año, otro poemario suyo quedó finalista del Premio Internacional de Poesía "Miguel de Cervantes", de Armilla, en España. En el 2005, su libro "Desórdenes", quedó finalista en el Premio Internacional de Relatos "Los Cachorros", del Instituto Cultural Iberoamericano "Mario Vargas Llosa".


 

 

EL RELÁMPAGO

 

El relámpago nace y no tiene tiempo

de recordarse a sí mismo.

Rasga el rostro del cielo, y no llega a comprender

que es la única herida de la nada.

¡Quién pudiera escalar

su esquelética forma de raíz

para mirar por sus rendijas

el escondite de Dios!

  

  

NOMBRAR

 

Nombrar

es ponerle tamaño al infinito.

Digo 2 y lo reduzco a 2

ignorando su universo.

Disminuyo a campana la campana

y olvido que en ella flotan

eternos los sonidos.

Digo Tierra y desaparecen los planetas.

Amor, orquídea, tumba,

y los sepulto en la osamenta de sus nombres.

 

He aquí el arcano, la razón eterna

de que Dios olvide

la verdadera dimensión del hombre

y lo reduzca a hombre.

  

 

LO QUE HA ENTRADO A LA NOCHE

 

La noche

y toco las paredes húmedas de un grito.

En su dimensión caben una ciudad desplomándose,

el alado jardín que es la luciérnaga

y la sangre que regresa del abrazo.

Lo que termina en el grito es la piel que recorro

los habitantes del patio, la desnudez horrenda

de una mosca, y el pájaro que en este instante

dentro de sí mismo vuela.

Exploro campanas, cristales quebrán-

dose, raíces creciendo. Rescato

pared a pared la memoria del llanto

el final del silencio el origen el dolor quizás

de lo que realmente muere.

 

  

Y DE REPENTE

 

            (Aún hay un árbol en mi niñez

                 que siempre quise trepar)

 

 

Y de repente encontrar en mi memoria

el misterio de una puerta

que una vez no quise abrir.

Trasponerla y descubrir del otro lado

el otro destino que nunca tomé.

Verme, entonces, bajo la lluvia

de una ciudad desconocida

ignorando el amor de este perro

que silencioso sigue tras de mí.

Y sentir en mi inconsciente que esta calle

me conoce, y que, tras otra puerta que ahora

me detiene frente a sí, pueden estar

los objetos amados de otra casa mía

o el espanto de hallar de nuevo

la realidad del lugar donde siempre

he permanecido.

 

  

EL AVE EXISTE EN UNA JAULA DE PLUMAS

 

El ave existe en una jaula de plumas.

En el fondo de su muerte, allá abajo

vuela haciéndose cierta en lo irreal.

También tú si mueres dejas algo real

en lo irreal. En algún lugar de tu vacío

donde solo el pensamiento te creó, existes.

A lo largo de tu muerte hay ranuras

horribles por donde la vida pasa

como una luz presentida.

Si crees en el ave, tú serás el ave

y al nacer en otro horizonte del dolor

querrás volar también

dentro de tu jaula de plumas.

 

  

ESTA FORMA LEJANA DE SER HOMBRE

 

Que esta gota de agua sea mamá

eternamente sola

rodando por mi cuerpo.

Que sea yo lo que piensa una ventana

la luz inmensa de una piedra

o simplemente el túnel que une a un niño

a mis palabras.

Quiero por fin

empezar a saber lo que es un gato

o un pedazo de mariposa

traído por el viento.

 

  

MÁS ALLÁ DEL RETORNO

 

Te veo y no sé de dónde me nace

este afán de inexistencia

este retorno por el pasadizo del tiempo

más allá de tu vientre

escalar tus raíces, tu volver

con los pasos del olvido

por el túnel de la creación.

Este regresar al origen del mundo

a tu Eva y más allá

a las sienes de Dios a borrar mi nombre

del libro de la vida.

No sé por qué te veo mamá

y me dan ganas de haber nacido

primero que Dios.

 

  

ALLÁ ABAJO

 

        (Hoy es un buen día para morir)

 

Abrí una puerta extraña al final

de lo pensable. Una ranura

en las paredes que encierran lo vivido.

Y no fue un sumergirme

en la región donde el sueño nos anida

porque no hubo barcas ni mariposas tangibles

y ni siquiera el carruaje desnudo

de una mujer amada. Fue un cruzar

las barreras del recuerdo

hacia el lugar donde nunca hemos sido.

Fue un llegar al borde de la vida

a mirar, allá abajo

el enorme vacío que algún día

seremos.

 

  

SIEMPRE HE TEMIDO

 

Siempre he temido que este puente se

desprenda. Que de repente se precipiten

de mi cuerpo la sonrisa, la mirada

y el abrazo. Que vaya todo lo que

me habita a parar en el vacío.

Que yo sólo sea algo roto, un escombro

de todo lo vivido, un artefacto disperso

en la dimensión de la carne.

Siempre he temido que estos cimientos

cedan a tanto polvo acumulado,

que esta vigas se corroan con

tanto querernos; que esta calle

que somos, por donde pasa a veces

desnudo nuestro amor, de pronto

sucumba y se desplome junto a todo

lo que siempre nos olvida

en la memoria.

 

  

EN UN DÍA QUE NUNCA VIVIRÉ

 

Yo soy inocente de esa música

de ese lirio roto sobre el aire

de estos ojos cerrados para siempre.

Yo no soy el que navega en este espacio

no soy el que crea en este instante

esta forma horrenda del silencio.

Ahora abren otras cosas que a las puertas

olvidan: Abren manos

en las huellas del deseo y abren

mi rostro en un cuerpo diferente.

Yo soy inocente de este abismo

de este azul erguido en el misterio

yo no estoy ahora en esta rosa.