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ISAAC GOLDEMBERG
Nació en Chepén,
Perú (1945). Reside en Nueva York desde 1964. Ha publicado
tres novelas, once libros de poemas y dos obras de teatro.
Recientemente su novela La vida a plazos de don Jacobo Lerner fue seleccionada como una de las 100 obras más importantes de la
literatura judía mundial de los últimos 150 años. Como antólogo
ha publicado El Gran Libro de América Judía (1998). Su obra ha
sido traducida a varios idiomas y publicada en numerosas
revistas y antologías de Europa, América Latina y los Estados
Unidos. Actualmente es Profesor Distinguido en Eugenio María de
Hostos Community College de CUNY, donde también dirige el
Instituto de Escritores Latinoamericanos y la revista de cultura
Hostos Review/Revista Hostosiana.
DIÁSPORA
Todavía quedaban en la ciudad
todas las casas.
Pero la que menos quedaba era la
casa del padre.
El dijo que guardaría su casa
hasta el último día de sus días.
Más tarde, mucho tiempo más tarde,
volvía del destierro para ponerle
candado.
Y el hijo, sin que fuese suya, se
quedó con la llave.
Tiempo hace ya que la casa fue
vendida al olvido.
Hoy el olvido tiene su llave,
idéntica a la memoria del padre.
Esta será su tranca —dijo— mi
memoria.
Más tarde, mucho tiempo más tarde,
mudó su casa.
Pónganla aquí —dijo— donde estuvo
la casa.
LAS DIEZ PALABRAS
Toda mi obra la he compuesto con
los pensamientos de los humanos, dijo Dios.
Alguien pensó, como en un canto,
las diez palabras.
El pensamiento se le quebraba, no
la voz.
Cántico hermoso y solemne de la no
importancia.
De la no importancia de Dios, dijo
el humano.
En la mente del humano rugía el
fin del mundo, sin respiración.
Y esto sucedió ante una montaña
como podría haber sucedido
ante un prado
o un río de diez siglos.
La historia que les he dado es
injusta, dijo Dios.
Más injusta de lo que crees, dijo
el humano.
Las diez palabras cayeron como un
rayo, sin comentarios.
Se citarían después las
excepciones,
pero la palabra mandaría
expresarse sin ninguna excepción.
MARINERA DE LA
MADRE Y LA CASA
Tu casa vacía la habitas con el
pelo empapado
Y tu hijo por nacer vive en ella
colgando
Bocabajo del techo
Tú te arrodillas para beber de su
charco
La sed me ahoga, dices
Mientras tu hijo gotea alfileres
de plata
Cada quien construye su propio
dios-pequeño
Con su falo de espinas
Ay, ¿qué duele más: la idea o el
tacto?
Los ojos del niño presagian
tormenta
Sus pupilas ennegrecen el cuchillo
Que aletea escamoso en tu mano
Como un guerrero que aguarda la
derrota
De calcarse a sí mismo
Los ojos del niño —dos soles
detrás de tu cerro—
envejecen tu historia
Y se llena vacía de tiempo tu
casa:
Sangre de tu sangre: Ser de tu ser
Ese niño más tuyo que tu propio
cuerpo
Que el corazón en crescendo
Monta con espuelas y látigo
Inesperada noticia de una batalla
Que diariamente se da en tu casa
—la casa de todos—
Tú, victoriosa: él, derrotado
El, en su mano, la espada
Tú, en mano suya, el pescuezo
Y nadie sabe para quién trabaja!
Por eso un muerto
Viene de noche a golpear la puerta
De tu casa vacía
Donde exprimiéndote el pelo
Amamantas a tu hijo
MISA DE SEMANA
SANTA
Señor,
un plato de sopa para la
resurrección de la carne.
El mozo parece el hambre,
el hambre parece Dios.
Quien parece Nadie.
Rechina el diente en la punta del
tenedor.
Hoy probó la boca el hambre de
Nadie.
Señor,
un plato de muerte
lo quiere la boca.
Debajo de la mesa ya cavan la fosa.
Llora el cuchillo
en la punta de la carne.
Se ahoga la cuchara en la sopa.
Señor,
un plato de sopa para la
resurrección del hombre.
Sálvalo, cuchara.
Recógelo, tenedor.
Hoy la lengua probó el sabor de
Nadie.
Llueve. Llueve hambre en el plato
de sopa.
De la mano del cuchillo, hoy llegó
el hambre
a comer con Dios.
Desde las barrigas llegaban los
gritos
de los guardianes del hambre.
Dios pensaba, pensaba en su hambre.
Se sintió el exiliado en el mundo
de los hombres.
Oyó que alguien sembraba semillas
en los surcos del hambre.
Los esclavos del hambre copulaban
en su sopa
fecundando más hambre.
Los pies descalzos de Dios
danzaban
para que lloviera más sopa
y el hambre y la muerte yacían
desnudos sobre la mesa
atrapándose las eyaculaciones con
las bocas.
Dios era la virgen herética de
todas las hambres.
Llevaba un collar con los dientes
de Nadie
y su corazón era la ceniza del
hombre.
Dios entró a la casa del hombre
con hambre.
Entonces se asomó a su mirada. A
sus ojos de tenedor,
al color de su sopa.
Dios comía con el hambre.
Su cuchillo era la muela del
hombre.
Su cuchara la espalda,
su plato la fosa.
Enredada en la cuchara de Dios se
acababa la sopa.
El hambre entraba a saco en la
barriga del hombre.
En los vientres encinta.
¡Cuántas lenguas sin boca! ¡Cuántas
bocas sin sopa!
Dios tiró su plato con los huesos
del hombre.
Se quemó la lengua con el hambre
del hombre.
Dios vio diablos en la mesa.
Vio diablos devorando al hijo del
hombre.
Nadie les dé posada. Nadie.
Nadie les guarde vino en la copa.
Nadie.
Ningún buen hombre. Nadie.
Ninguna buena esposa.
Ninguna buena madre.
Dios vio a los sembradores del
hambre
cayendo en su plato de sopa
trozados por la cintura
en dos trozos de carne.
Vio salir de los huesos del hombre
el tenedor del ángel del fuego
hurgando en la sopa de los dioses
del hambre.
LOS JUDÍOS EN EL
INFIERNO
Cuéntanos la fábula,
que los judíos se compraron
un lugar privado en el infierno.
En el primer círculo,
sentado en un banco de madera,
Karl Marx se abanica con la mano.
El profeta Jeremías
combate el calor cantando salmos.
En el segundo círculo,
Salomón examina con cuidado
las piedras de su Templo.
En unos rollos de papel
amarillento
Moisés escribe jeroglíficos.
En el tercer círculo,
Jesucristo sueña con Pilatos.
El ojo clínico de Freud
lo observa a pocos pasos.
En el cuarto círculo,
Spinoza redacta
una historia de marranos.
En el quinto círculo,
Jacob se pelea con un diablo.
Caín y Abel
se comportan como hermanos.
En el sexto círculo,
está Noé borracho en una cebra.
Entre los hoyos de las rocas
Einstein va buscando átomos.
En el último círculo,
inclinando un telescopio,
Kafka se ríe como un loco.
WAYNO ZAPATEADO DE
CHEPÉN
A SANTIAGO DE CHUCO
Ay vidita quién pudiera perder
toda memoria
De mí de ti de todos nosotros
ellos
Quién pudiera ay hacer que los
pronombres
saltaran sobre su propia cáscara
Que cruzada de piernas se abriese
nuestra vida
Y entrara morado y seco doblando
dúctiles campanas
El pene del olvido chichesco y
choclo
Ay memoria tan virgen tú en tus
encajes blancos
cavando ardiente fosa
Al borde de la carne haces bailar
injusta pala
Ay olvido sangre en retroceso
imploras flojamentecuerda
despacios adjetivos
Ay memoria tragaverbos y
matapredicados
Háblame olvido cachero de los
mudos
Cállate fría memoria de los sordos
¿No son ellos mancos cojos
los que al fuego meten pies y
manos y aúllan lobos por nombrarlos?
El grito primero del olvido nombró
al fuego
La memoria dio su primer soplo por
borrarlo
Olvido pisa con taco fino nuestro
cajón de muerto
Pañuelo en mano zapatea memoria
nuestro clavo más flaco
AUTORRETRATO
Yo y mi judío a cuestas
observándonos de espaldas
y sin embargo
oreja a oreja:
él imperturbable
diríase desdeñoso de la muerte
dando campanazos contra el tiempo
en su misión de ir rodando
por el abismo de la historia
él su rostro adolescente
rezagado en los espejos
tatuado del pie al alma
Yo y mi judío a cuestas
calcamoniados hasta la corva nariz
que se nos gasta
en olfatear el Reino de la Tierra
EL RABINO Y EL
TIEMPO
Le preguntaron una vez qué era el
tiempo
Solicitó un plazo de cuarenta días
Partió en dirección al bosque y se
alojó
en una caverna
Llevaba un remolino en el cerebro
Se desnudó de pies a cabeza
Se purificó con el agua de las
rocas
Recitó pasajes de la Biblia en voz
muy queda
De la oscuridad hizo su lecho
Entretanto se ponía cada vez más
ojeroso
La caverna se había llenado de
murciélagos
Los sentía copular en el silencio
Poco a poco fue perdiendo la
paciencia
Descendió al fondo de la cueva
Contestó con voz de trueno:
El tiempo está en la Cábala
El tiempo es un huevo de avestruz
El tiempo es un demonio de mil
cachos
Quiso pensar pero tenía la mente
plagada de espejismos
ESTADO DE LAS
COSAS
Una vez apareció una arruga en mi
frente
Y yo no hice ningún comentario.
Tuve sólo el pensamiento.
No hubo nada más, excepto eso.
La vida siguió su curso,
el pensamiento dolía y me lo quise
extirpar.
Pero qué difícil fue. Peor que
cambiarse de corazón.
Si se trata de vivir bien, en
buena vecindad, sin ladrones y sin mendigos,
Mejor el corazón de Jesús a todas
las leyes habidas y por haber, me dije.
Todavía no estoy muerto, pero
quisiera reposar en el hueco más hondo,
con todos los que nada tienen que
ver conmigo.
Comprobar si de verdad se puede
amar al desconocido.
No se escuchó ninguna réplica de
nadie cuando dije eso.
SONETO INEXACTO
DEL JUDÍO PERUANO Y VICEVERSA
Jesús,
te has olvidado de mi América,
ven a
nacer un día sobre estas tierras locas.
Carlos Pellicer
Por Dios, Jesús, ni en sueños se
te ocurra
nacer en mi otra tierra prometida.
Te lo ruega este judío de rodillas.
Lo mismo este peruano que me zurra
por hijo de camello. No, ¡de burra!
De burra ofertada a tu cruz de
palo
con que me zurra este judío, en
vano,
por hijo inexacto de camello y
burra.
Jesús, no oigas al vate que te
invoca
desde el abismo de su ser
cristiano
a que nazcas sobre estas tierras
locas.
Por el Dios de Abraham de ti me
fío
que no le ofrendarás a mi peruano
lo que con creces le has dado a mi
judío.
MAIL DE DIOS A
LOS PUEBLOS ELEGIDOS
El primer fundamento de la fe es
el Nombre,
El primero de las demás
existencias.
Ser que no crea ello
habrá perdido su vértebra
principal.
Establézcase con firmeza en el
corazón
Que esta verdad no es
intercambiable
Con ninguna otra verdad.
Y ni siquiera ante la muerte
Admitirá sustituto alguno.
Cumplid con la palabra.
Convertidla en práctica.
Todo esto fortalece la fe del
corazón
en la indiferencia del Nombre.
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