Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº 35/36

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H.Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

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Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 


 

ISAAC GOLDEMBERG


Nació en Chepén, Perú (1945). Reside en Nueva York desde 1964. Ha publicado tres novelas, once libros de poemas y dos obras de teatro.  Recientemente su novela La vida a plazos de don Jacobo Lerner fue seleccionada como una de las 100 obras más importantes de la literatura judía mundial de los últimos 150 años. Como antólogo ha publicado El Gran Libro de América Judía (1998). Su obra ha sido traducida a varios idiomas y publicada en numerosas revistas y antologías de Europa, América Latina y los Estados Unidos. Actualmente es Profesor Distinguido en Eugenio María de Hostos Community College de CUNY, donde también dirige el Instituto de Escritores Latinoamericanos y la revista de cultura Hostos Review/Revista Hostosiana.


 

 

DIÁSPORA

 

Todavía quedaban en la ciudad todas las casas.

Pero la que menos quedaba era la casa del padre.

El dijo que guardaría su casa hasta el último día de sus días.

Más tarde, mucho tiempo más tarde,

volvía del destierro para ponerle candado.

Y el hijo, sin que fuese suya, se quedó con la llave.

Tiempo hace ya que la casa fue vendida al olvido.

Hoy el olvido tiene su llave, idéntica a la memoria del padre.

Esta será su tranca —dijo— mi memoria.

Más tarde, mucho tiempo más tarde, mudó su casa.

Pónganla aquí —dijo— donde estuvo la casa.

 

 

LAS DIEZ PALABRAS

 

Toda mi obra la he compuesto con los pensamientos de los humanos, dijo Dios.

Alguien pensó, como en un canto, las diez palabras.

El pensamiento se le quebraba, no la voz.

Cántico hermoso y solemne de la no importancia.

De la no importancia de Dios, dijo el humano.

En la mente del humano rugía el fin del mundo, sin respiración.

Y esto sucedió ante una montaña como podría haber sucedido

ante un prado

o un río de diez siglos.

La historia que les he dado es injusta, dijo Dios.

Más injusta de lo que crees, dijo el humano.

Las diez palabras cayeron como un rayo, sin comentarios.

Se citarían después las excepciones,

pero la palabra mandaría expresarse sin ninguna excepción.

 

 

MARINERA DE LA MADRE Y LA CASA

 

Tu casa vacía la habitas con el pelo empapado

Y tu hijo por nacer vive en ella colgando

Bocabajo del techo

Tú te arrodillas para beber de su charco

La sed me ahoga, dices

Mientras tu hijo gotea alfileres de plata

Cada quien construye su propio dios-pequeño

Con su falo de espinas

Ay, ¿qué duele más: la idea o el tacto?

Los ojos del niño presagian tormenta

Sus pupilas ennegrecen el cuchillo

Que aletea escamoso en tu mano

Como un guerrero que aguarda la derrota

De calcarse a sí mismo

Los ojos del niño —dos soles detrás de tu cerro—

envejecen tu historia

Y se llena vacía de tiempo tu casa:

Sangre de tu sangre: Ser de tu ser

Ese niño más tuyo que tu propio cuerpo

Que el corazón en crescendo

Monta con espuelas y látigo

Inesperada noticia de una batalla

Que diariamente se da en tu casa

—la casa de todos—

Tú, victoriosa: él, derrotado

El, en su mano, la espada

Tú, en mano suya, el pescuezo

Y nadie sabe para quién trabaja!

 

Por eso un muerto

Viene de noche a golpear la puerta

De tu casa vacía

Donde exprimiéndote el pelo

Amamantas a tu hijo

 

 

MISA DE SEMANA SANTA

 

Señor,

un plato de sopa para la resurrección de la carne.

El mozo parece el hambre,

el hambre parece Dios.

Quien parece Nadie.

Rechina el diente en la punta del tenedor.

Hoy probó la boca el hambre de Nadie.

Señor,

un plato de muerte

lo quiere la boca.

Debajo de la mesa ya cavan la fosa.

Llora el cuchillo

en la punta de la carne.

Se ahoga la cuchara en la sopa.

Señor,

un plato de sopa para la resurrección del hombre.

Sálvalo, cuchara.

Recógelo, tenedor.

Hoy la lengua probó el sabor de Nadie.

Llueve. Llueve hambre en el plato de sopa.

De la mano del cuchillo, hoy llegó el hambre

a comer con Dios.

Desde las barrigas llegaban los gritos

de los guardianes del hambre.

Dios pensaba, pensaba en su hambre.

Se sintió el exiliado en el mundo de los hombres.

Oyó que alguien sembraba semillas en los surcos del hambre.

Los esclavos del hambre copulaban en su sopa

fecundando más hambre.

Los pies descalzos de Dios danzaban

para que lloviera más sopa

y el hambre y la muerte yacían desnudos sobre la mesa

atrapándose las eyaculaciones con las bocas.

Dios era la virgen herética de todas las hambres.

Llevaba un collar con los dientes de Nadie

y su corazón era la ceniza del hombre.

Dios entró a la casa del hombre con hambre.

Entonces se asomó a su mirada. A sus ojos de tenedor,

al color de su sopa.

Dios comía con el hambre.

Su cuchillo era la muela del hombre.

Su cuchara la espalda,

su plato la fosa.

Enredada en la cuchara de Dios se acababa la sopa.

El hambre entraba a saco en la barriga del hombre.

En los vientres encinta.

¡Cuántas lenguas sin boca! ¡Cuántas bocas sin sopa!

Dios tiró su plato con los huesos del hombre.

Se quemó la lengua con el hambre del hombre.

Dios vio diablos en la mesa.

Vio diablos devorando al hijo del hombre.

Nadie les dé posada. Nadie.

Nadie les guarde vino en la copa. Nadie.

Ningún buen hombre. Nadie.

Ninguna buena esposa.

Ninguna buena madre.

Dios vio a los sembradores del hambre

cayendo en su plato de sopa trozados por la cintura

en dos trozos de carne.

Vio salir de los huesos del hombre

el tenedor del ángel del fuego

hurgando en la sopa de los dioses del hambre.

 

 

LOS JUDÍOS EN EL INFIERNO

 

Cuéntanos la fábula,

que los judíos se compraron

un lugar privado en el infierno.

 

En el primer círculo,

sentado en un banco de madera,

Karl Marx se abanica con la mano.

El profeta Jeremías

combate el calor cantando salmos.

 

En el segundo círculo,

Salomón examina con cuidado

las piedras de su Templo.

En unos rollos de papel amarillento

Moisés escribe jeroglíficos.

 

En el tercer círculo,

Jesucristo sueña con Pilatos.

El ojo clínico de Freud

lo observa a pocos pasos.

 

En el cuarto círculo,

Spinoza redacta

una historia de marranos.

 

En el quinto círculo,

Jacob se pelea con un diablo.

Caín y Abel

se comportan como hermanos.

 

En el sexto círculo,

está Noé borracho en una cebra.

Entre los hoyos de las rocas

Einstein va buscando átomos.

 

En el último círculo,

inclinando un telescopio,

Kafka se ríe como un loco.

 

 

WAYNO ZAPATEADO DE CHEPÉN

A SANTIAGO DE CHUCO

 

Ay vidita quién pudiera perder toda memoria

De mí de ti de todos nosotros ellos

Quién pudiera ay hacer que los pronombres

saltaran sobre su propia cáscara

Que cruzada de piernas se abriese nuestra vida

Y entrara morado y seco doblando dúctiles campanas

El pene del olvido chichesco y choclo

Ay memoria tan virgen tú en tus encajes blancos

cavando ardiente fosa

Al borde de la carne haces bailar injusta pala

Ay olvido sangre en retroceso imploras flojamentecuerda

despacios adjetivos

Ay memoria tragaverbos y matapredicados

Háblame olvido cachero de los mudos

Cállate fría memoria de los sordos 

¿No son ellos mancos cojos

los que al fuego meten pies y manos y aúllan lobos por nombrarlos?

El grito primero del olvido nombró al fuego

La memoria dio su primer soplo por borrarlo

Olvido pisa con taco fino nuestro cajón de muerto

Pañuelo en mano zapatea memoria nuestro clavo más flaco

 

 

AUTORRETRATO

 

Yo y mi judío a cuestas

observándonos de espaldas

y sin embargo

oreja a oreja:

él imperturbable

diríase desdeñoso de la muerte

dando campanazos contra el tiempo

en su misión de ir rodando

por el abismo de la historia

él su rostro adolescente

rezagado en los espejos

tatuado del pie al alma

Yo y mi judío a cuestas

calcamoniados hasta la corva nariz

que se nos gasta

en olfatear el Reino de la Tierra

 

 

EL RABINO Y EL TIEMPO

 

Le preguntaron una vez qué era el tiempo

Solicitó un plazo de cuarenta días

Partió en dirección al bosque y se alojó

en una caverna

Llevaba un remolino en el cerebro

Se desnudó de pies a cabeza

Se purificó con el agua de las rocas

Recitó pasajes de la Biblia en voz muy queda

De la oscuridad hizo su lecho

Entretanto se ponía cada vez más ojeroso

La caverna se había llenado de murciélagos

Los sentía copular en el silencio

Poco a poco fue perdiendo la paciencia

Descendió al fondo de la cueva

Contestó con voz de trueno:

El tiempo está en la Cábala

El tiempo es un huevo de avestruz

El tiempo es un demonio de mil cachos

Quiso pensar pero tenía la mente plagada de espejismos

 

 

ESTADO DE LAS COSAS

 

Una vez apareció una arruga en mi frente

Y yo no hice ningún comentario.

Tuve sólo el pensamiento.

No hubo nada más, excepto eso.

La vida siguió su curso,

el pensamiento dolía y me lo quise extirpar.

Pero qué difícil fue. Peor que cambiarse de corazón.

Si se trata de vivir bien, en buena vecindad, sin ladrones y sin mendigos,

Mejor el corazón de Jesús a todas las leyes habidas y por haber, me dije.

Todavía no estoy muerto, pero quisiera reposar en el hueco más hondo,

con todos los que nada tienen que ver conmigo.

Comprobar si de verdad se puede amar al desconocido.

No se escuchó ninguna réplica de nadie cuando dije eso.

 

 

SONETO INEXACTO DEL JUDÍO PERUANO Y VICEVERSA

 

                          Jesús, te has olvidado de mi América,

                          ven a nacer un día sobre estas tierras locas.

                                                      Carlos Pellicer

 

Por Dios, Jesús, ni en sueños se te ocurra

nacer en mi otra tierra prometida.

Te lo ruega este judío de rodillas.

Lo mismo este peruano que me zurra

 

por hijo de camello. No, ¡de burra!

De burra ofertada a tu cruz de palo

con que me zurra este judío, en vano,

por hijo inexacto de camello y burra.

 

Jesús, no oigas al vate que te invoca

desde el abismo de su ser cristiano

a que nazcas sobre estas tierras locas.

 

Por el Dios de Abraham de ti me fío

que no le ofrendarás a mi peruano

lo que con creces le has dado a mi judío.

 

 

MAIL DE DIOS A LOS PUEBLOS ELEGIDOS

 

El primer fundamento de la fe es el Nombre, 

El primero de las demás existencias.

Ser que no crea ello

habrá perdido su vértebra principal.

Establézcase con firmeza en el corazón

Que esta verdad no es intercambiable

Con ninguna otra verdad.

Y ni siquiera ante la muerte

Admitirá sustituto alguno.

Cumplid con la palabra.

Convertidla en práctica.

Todo esto fortalece la fe del corazón

en la indiferencia del Nombre.