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RINA LASTRES BERITÁN
Nació en la
ciudad de Manzanillo, Cuba (1946). Inició estudios de Periodismo
en la Universidad de La Habana. Desde 1980 reside en los
Estados Unidos, dedicada al periodismo. Durante cuatro años fue
redactora y gerente de producción de la revista “Industria y
Mundo Turístico”, revista especializada en turismo, editada
para agentes de viajes en la América Latina. Desde 1987 trabaja
como supervisora de guionistas de radio. En noviembre de 2003
publicó el poemario Hábito de Ser (Madrid).
CASI MIRADA
Nos veremos
mañana, Amor,
en esos ojos
apenas alegría,
casi mirada.
Tendrás las
manos cómplices
y un silencio
lunar bajo los soportales.
En Madrid, en
La Habana
o en cualquier
otro antiguo dolor
que salga a
saludarnos.
Más pardos los
colores,
más roja la
manzana,
con la belleza
simple
de las simples
palabras reencontrarnos.
Nos veremos,
Amor,
somos el árbol
que florecen las naranjas.
Te esperaré en
el agua torcida,
en el rubor
del sol por las mañanas,
y si llueve, y
si escampa.
Nos veremos,
Amor,
en esos ojos
apenas lejanía,
casi mirada.
CIUDAD SIN PARAÍSO
Crece,
alborotándose en su cauce, el río,
aunque nadie
me espere en aquel parque
de Calzada y
D, donde “El Vedado” se volvía aristocrático
y agradecía
cualquier tarde sin promesas.
Las cosas que
deseábamos abandonaron sus sabores,
porque mi voz
devuelve las palabras
que bajan por
mis pies hasta esperarme,
hasta verme
rendida colgando del paisaje…
¿Era esto el
olvido?
¿Es esta
mansedumbre lo que queda?
AYES DE BOLERO
Es breve el
horizonte
como frase de
bolero
escapada de un
bar.
Breve en su
perspectiva
porque no sabe
decirnos “cómo fue”
e insiste:
“y mira si es grande mi amor”.
Es breve el
horizonte
en su cadencia
breve. Breve
y solitario
como ese mismo bar
cuando todos
los boleros escaparon
y los
parroquianos regresan al desamor.
FOTO FIJA
Han vuelto las
palomas.
Si intentas
tocarlas, se van.
Se acercan a
comer
cuando algún
visitante les prodiga migajas. Luego,
se van. Por
eso en esta tarde cualquiera de verano,
la escena es
repetida. Sólo que tú no eres
quien camina
de espaldas en la fotografía.
Sucede que no
estás.
CUESTIÓN DE URBANISMO
No tendrás un
lugar en las aceras.
La ciudad se
deslumbra
ante un
progreso urbano desmedido,
y el sol que
te esperaba
padece
mimetismo.
No hay un
ángel
clamando
compañía
ni racimos de
cintas amarillas.
La estrella
que espiaba tu regreso
ha enredado
sus pies
en una
buganvilia.
Aquel amor de
sombras y misterios,
también en
expansión, relocaliza.
No tendrás un
lugar.
En esta
geografía crece la vida.
DE HOMBRES, ESPEJOS Y
CIUDADES
Se quedaron
dormidos los espejos
y el hombre
halló otras formas para reconocerse:
árboles donde
puso sus dedos inocentes,
aquel parque
de otoño con amores de barrio
y los
desconsolados retratos de una abuela
que se
sobreponían al vértigo del tiempo.
Y así, se
buscó en todos los asaltos de la luna,
en cada
redondez de sol brillante,
hasta
inventarse un rostro
que no le
recordara la viudez de los espejos,
y se perdió
desnudo de pétalos de olvido
entre el
ruidoso tráfico de asuntos cotidianos
de una ciudad
hasta hoy desconocida.
CARENCIAS
Al compás del
olvido, desentono.
Con zapatos
errados obedezco.
Entran por mis
ojeras orígenes diversos:
mejillas que
no ardieron con mi tacto,
sonrisas
aleatorias
que hieren el
perímetro del miedo.
Atiendo los
afanes que conversan
derrumbes
devenidos alegrías,
jubilosas
arenas bajo el ala.
Entra la
muchedumbre en el espejo
y ensaya
pantomimas el paisaje
que añora una
yagruma.
HOJARASCA Y OTOÑO
Hojas secas.
Pies secos.
Rudo otoño
cuya impetuosa
libertad exhibe.
Arrinconada al
viento la hojarasca: su testigo.
¿Qué serían
sin la magia del desprendimiento?
DULCINEA 2004
La asignaron
un nombre,
una ficha
social,
una naranja,
una voz y una
piel,
pero la
advirtieron
que caería con
saña una luna sobre el asfalto
y que el gallo
cantaría tres veces
el día de su
boda.
Nunca supo
cuándo vendría la muerte,
pero se pasó
el amor esperando
una suerte de
Quijote
que la dejara
sin argumentos,
y se volvió
triste
sin que la
soñaran Dulcinea.
RABO DE NUBE
El viento se
enrosca lentamente
y se envuelve
en su ira,
malicioso,
irreverente,
vertebrando
desafíos.
Tú también
tienes algo de rabo de nube.
Eres un
círculo concéntrico,
un pavoroso
suspiro.
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