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CARMEN VALLE
Nació en
Arecibo, Puerto Rico (1948). Ha publicado los siguientes libros
de poemas: Un poco de lo no dicho (Nueva York, 1980),
Glenn Miller y varias vidas después (México, 1983), De
todo da la noche al que la tienta (Puerto Rico, 1987),
Preguntas (Colombia, 1989), Desde Marruecos te escribo (ed.
bilingüe, Puerto Rico, 1993), Entre la vigilia y el sueño de
las fieras (ed. Bilingüe, Puerto Rico,1996), Esta casa
flotante y abierta (ed, bilingüe, Puerto Rico, 2004). Como
narradora, ha publicado Diarios robados (Buenos Aires,
1982). Ha sido coeditora de la revista Ventana y de
Bilingual Review (número especial Hispanic Women Writers
in the USA). Ha dirigido talleres de poesía en el St. Mark´s
Poetry Project de nueva York. Es profesora de literatura
latinoamericana en New York City College of Technology de la
Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY).
REGISTRO CIVIL
De dónde viene mi vida
andando tan largo.
Cómo le adjudico sus recuerdos;
por qué nos vemos encontradas.
Yo con un país, un amor isla;
Busco y rebusco el planeta
como el baúl de mi bisabuela.
Ella la suerte y su vasija de
Mauritania.
Ella también su collar berebere
con apellido canario.
También el más efectivo secreto
de la planta especia que me dijo,
para conservarlos años y la
fuerza.
Todas las noches de esa mujer,
todos sus actos redesconcierto,
todas las muertes de sus maridos
y el nacimiento de su única
fortuna.
Peregrina de las islas
que reposa mientras ama,
cargo los amuletos en el precio de
la sal;
en el olor a locura,
en un corazón de abeja reina,
en una casa flotante y abierta,
en un cofre con tierra de la
Tierra.
(De Esta casa flotante y abierta, ICPR, 2004)
CONSIGNA
Haz lo que quieras.
Es viernes
pero parece cualquier otro día de
la semana.
Se ha atragantado la tarde al
oscurecer;
no se detiene un pájaro a saludar
y se han quebrado las nubes
botando agua.
Estoy caminando por el pueblo
desde el balcón
y veo que la plaza está cerrada
que lanzar una piedra cambia el
mundo
y sentarse a soñar también lo
cambia.
No hay nada especial que hacer
hay que seguirlo haciendo todo
descubrir lo que nunca estuvo
oculto
y dejar de ocultar lo que no
cambia.
TONADA PARA EL
CAMINO DE VUELTA
Se hace el viaje a lo que habrá
y se piensa en lo cambiante
de agosto con luz de mar.
Es el día blanco de sol,
es la noche y sus virtudes;
hay vísperas, hay después,
el eslabón de saber,
la navaja por lo sano.
En el mismo lugar todo
mira por otra ventana
que se descubre al silencio.
Mientras todo queda dicho,
siente valor lo perdido
para pedir una siembra
de arroyos y quien te quiera,
porque hace miedo esperar
caminando entre tal vez
cuado se prefiere andar
a la orilla de un mar bravo
pero con menos quizás.
ALLÁ O LO POSIBLE
Nómada sitiada,
nómada presa,
nómada contenida en ciudad nómada.
Nómada del paisaje humano
nómada de cuerpos
y de un corazón detrás de otro.
Nómada dentro del camino
cuando el retorno no cabe
porque no sólo el cuerpo es el que
ya se ha mudado.
Nómada como el que busca horizonte
como el que no se detiene
pero algo espera
como el que no puede
pero quiere y se atreve y falla.
Nómada como la costumbre de nunca
tocar el cielo
ni el fin del camino
pero quiere siempre
y se atreve siempre
y fallar no se contempla
no se puede contemplar.
IR Y VOLVER
Nunca iré a Venecia;
lo presiento.
Nunca a Le Mans
ni a Fez
nunca al mar de Calisto
ni al rumor del desierto
ni al cero, nada, nulo
de un alud de nieve desde lejos.
Pasaré por las páginas de todos
pasaré por sus nombres sin
recuerdos
pasaré en sueños quizás
sin pasar.
Todo será un volver al mismo sitio
un marcharse con él a cuestas
y un regresar indeciso pero
cierto
distinto, a veces similar,
idéntico.
UNA RAZÓN
Tiene la lluvia una razón de ser
en esta tarde,
la de la espera, la el recuerdo,
la de la de la duda,
también la del deseo.
Lluvia ante el mar.
Lluvia ante el verde que espía al
mar.
Alegría callada en el agua que
acompaña;
en el agua que desata una mirada
allá
donde todo está guardado y en su
sitio;
en el agua que amarra con salitre
un libro de memorias que no se
escribirá;
en el agua siempre reflejada en el
ojo que la guarda
y en el pecho que la lleva
tatuada.
Ante el verde silencio,
regalado por la lluvia marina,
tiene la tarde una razón.
(De trashumante, inédito)
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