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LUIS
ALBERTO DE CUENCA
Nació en
Madrid, España (1950). Poeta y filólogo. Doctor en Filología
Clásica, Profesor de Investigación del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, Director de la Biblioteca Nacional
(1996-2000), Secretario de Estado de Cultura (2000-2004). Entre
sus publicaciones de poesía figuran La caja de plata
(Sevilla, 1985, Premio de la Crítica, 1986; edición crítica de
Javier Letrán: Madrid, 2003), El otro sueño (Sevilla,
1987), El hacha y la rosa (Sevilla, 1993), Por fuertes
y fronteras (Madrid, 1996) y Sin miedo ni esperanza
(Madrid, 2002). Ha cultivado el ensayo en libros como
Floresta española de varia caballería (Madrid, 1975),
Necesidad del mito (Barcelona, 1976), El héroe y sus
máscaras (Madrid, 1991), Etcétera (Sevilla, 1993),
Bazar (Zaragoza, 1995) Álbum de lecturas (Madrid,
1996), Señales de humo (Valencia, 1999) y Baldosas
amarillas (Madrid, 2001). Ha traducido al castellano de sus
lenguas originales, entre otros autores, a Homero, Eurípides,
María de Francia, Chrétien de Troyes, Guillermo de Aquitania,
Geoffrey de Monmouth, el anónimo Cantar de Valtario
(Premio Nacional de Traducción 1989), Horace Walpole, Jacques
Cazotte, Gérard de Nerval y Villiers de l’Isle-Adam. Es autor de
numerosos trabajos de investigación, crítica y divulgación
publicados en diferentes revistas y periódicos.
SOBRE HÉROES Y
TUMBAS
Desde lejos me llegan las hazañas
de los héroes modernos:
traficantes
de drogas, mercenarios, cabecillas
de la revolución, agentes dobles
al servicio del cielo y del
infierno,
detectives
borrachos, femmes fatales
que acaban locamente enamoradas
de sus víctimas, gatos holgazanes
que se ponen el mundo por montera,
niños gordos con gafas que leen
libros
interminables y maravillosos
en la gris soledad de sus alcobas.
Desde lejos me llegan los cantares
que celebran las gestas de los
héroes
de ayer, hoy y mañana. Desde lejos
percibo a duras penas sus estrofas
inconexas, que evocan los perfiles
gloriosos de los hombres y mujeres
que quisiera imitar, los
personajes
que querría yo ser y que se
escapan
por el hueco que deja mi silencio
y por las grietas de mi cobardía.
Desde lejos escucho las pisadas
devastadoras de la multitud
sobre las tumbas de los héroes
muertos.
EL CUARTO OSCURO
En el sueño tu madre (¿era tu
madre,
con aquel camisón azul celeste
y los ojos vacíos?), en la casa
de tus abuelos, vaga por las
sombras
de aquel pasillo que te daba miedo
-un miedo irresistible,
insoportable-
y se para un momento frente al
cuarto
oscuro donde tú buscas juguetes
en lóbregos armarios, y le dices:
“¡Mamá, los he encontrado, están
aquí!
¡No se los diste a nadie, son los
mismos
que tuve entonces! ¿No los ves?
¿Qué hago
con ellos? ¿Me los llevo? ¿Se los
dejo
a los fantasmas? Dime, mamaíta,
¿me los puedo llevar?” Y una voz
dulce
te responde: “Son tuyos, hijo mío,
pero no existen en tu realidad.
Fíjate bien en ellos. Están hechos
de aire: se disuelven en tus
manos.
Como yo, vida mía, como yo.”
LOS LIBROS DE LA
NOCHE
Del sonido y la furia de la fiesta
surge una voz que apaga las
obscenas
risotadas, los sórdidos jadeos,
y que nos deja mudos,
traspasándonos
de belleza. Una voz que dicta
amores
imposibles, paisajes de leyenda,
mares por descubrir, locas hazañas
de nuestros personajes favoritos.
Las mil magias, en fin, de la
poesía.
BRUJAS SUICIDAS
EN UN BAR
Las brujas. Sus escobas alineadas
en el aparcamiento intergaláctico.
No dejan de beber estas mujeres
torvas, estas mujeres
innombrables.
Van cayendo las copas, las
botellas,
hasta que al fin las brujas se
desploman,
muertas, en el parqué, sin que se
inmuten
las cantantes de jazz, los
camareros
ni los libros de cócteles que
abruman
la barra del local.
Las brujas mueren
entre estertores viles y
grotescos,
y nadie se detiene ante sus
cuerpos,
aunque sea tan sólo a vomitar
sobre ellos, o a rezar una
plegaria
por su eterno descanso.
Llega el día
a la luna mediana del planeta
que eligieron las brujas para
hacerse
el haraquiri etílico. Las luces
del día, sanguinarias como
espadas.
Luces que ciegan a las criaturas
de la noche y trastornan sus
espíritus.
(En cuanto a las escobas, nadie
sabe
para qué sirven, ni le importa a
nadie
qué ha sido de sus dueñas.)
LA
CÓMPLICE DEL CRIMEN
En el Libro
de Oro de la escuela
donde
estudiaba Carlos Baudelaire
figuraba esta
frase lapidaria:
“El amor es
un crimen en que tienes
que contar
por lo menos con un cómplice.”
Pues claro
que lo es. Sin duda alguna,
el amor es un
crimen. Otras cosas
lo son
también y pueblan las leyendas
doradas y las
actas de los mártires,
de manera que
no resulta raro
tildar de
crimen al amor. Lo grande
es lo
segundo, lo que atañe al cómplice.
Desde pequeño
supe que la vida
no tenía otro
objeto que la búsqueda
de un ser que
completara lo que falta
y que
perfeccionase lo imperfecto;
de un ser con
el que urdir estratagemas
para olvidar
la muerte y el vacío
que nos
agobian, y para engañar
la sed, el
hambre, el frío, la fatiga
que cercan
nuestra mísera existencia
con
espejismos como la ternura,
con fuegos
fatuos como el del deseo.
Desde pequeño
supe que el amor
nos conduce
hacia arriba, como Gretchen
a Faust, y
que ese cómplice divino
al que se
refería Baudelaire
te ayuda a
separar la paja inane
del valioso
grano, a distinguir
el bien del
mal, lo hermoso de lo feo,
a superar los
múltiples obstáculos
del vivir
cotidiano y a triunfar,
aun a costa
de pérdidas muy serias,
sobre
enemigos tan cualificados
como los
celos, la deslealtad.
el silencio,
la duda, la mentira,
la
intransigencia y el aburrimiento.
Te amé desde
el principio. Siempre supe
que te
amaría, reina de mis sueños.
Te amaré
hasta el cartel que ponga Fin.
Y aquí estás,
a mi lado, con los ojos
entornados y
el alma a flor de labio,
cómplice
hasta el final de nuestro crimen.
EIS HEAUTÓN
Déjame envenenarte con palabras
que te hielen la sangre o te
devoren
el corazón, palabras asesinas
que no conozcan la piedad,
palabras
que se arrodillen ante tu soberbia
y finjan adorarte mientras urden
revoluciones contra ti, motines
que acaben arrojando por la borda
el bosque en llamas de tus
fantasías.
ONANISMO
Desmantela la torre de la vida,
guíala con tus dedos hacia el
fondo
de un abismo en que nadie nace y
muere,
al reino donde todo está marchito.
Ya está abajo, no mueve ya las
alas
ni abre los ojos. Ya es de nuevo
roca
lo que fue manantial. Y del
incendio
que abrasó tan estéril simulacro
no quedan ni siquiera las cenizas.
SIN CONDICIONES
Llevas ya tanto tiempo dirigiendo
tus proyectiles a mi fortaleza.
Siempre dan en el blanco. Se diría
que es un arquero zen quien los
dispara.
Me aburre ver mis muros abatidos
por tus bombas, y ver mis
baluartes
convertidos en ruinas, y a mis
hombres
negándose a luchar. Tendré que
hacerlo.
Si supieras lo mucho que me
cuesta.
PIENSO EN TI
Los amantes se piensan. Cada uno
piensa que piensa más en su pareja
que su pareja en él. Están
centrados
en su oficio pensante y no
perciben
los hilos invisibles con que el
miedo
va enredando sus mutuas
reflexiones
y matando su amor. Sólo el olvido
podría rescatarlos de la duda,
pero no están dispuestos a
olvidarse.
S’AGARÓ
El mar rizaba nuestros
pensamientos
y los iba engarzando en un collar
de languideces y complicidades.
Un aura de bañistas instalados
en viejas fotos de la belle
époque
refrescaba la noche: era la brisa
del deseo, venida de muy lejos
a decirnos que aún seguía vivo
lo que creímos muerto. Pudorosa,
la Luna nos hurtó su cuerpo blanco
y dejó de alumbrar aquella escena
en la que ardía el fuego del amor
y se fundían nuestros corazones.
Tan bello era el instante que la
única
forma de detenerlo fue el
silencio.
TERESA
DOMINGO CATALÁ
Nació en Tarragona, España (1967). Poeta y dramaturga.
Es licenciada en Ciencias Políticas y en Sociología por la
Universidad Complutense de Madrid (1992). Participó en el IX
Encuentro de Escritores de Tarragona que convoca la Universidad
Rovira i Virgili de Tarragona (2002). Poemas suyos han sido
publicados en la revista El Prometeo Moderno (2002 y
2003) y ha colaborado con poemas en varios libros colectivos. Ha
publicado los libros de poesía: Iris de Sombras,
(Tarragona, 2003), en los Cuadernos de la Perra Gorda que edita
la Tertulia de Poesía Mediona 15 y Soliloquios por
Silva Editorial, (Tarragona, 2004). Ha ganado premios de poesía
en la ciudad de Tarragona en los años 90 y ha sido finalista del
concurso de relatos del Ayuntamiento de Constantí (Tarragona,
2003). Sus poemas también aparecen en la Antología La
decisión de naufragar que editó la Tertulia de Poesía
Mediona 15 (Tarragona 2001), la Antología de Poetas
Mujeres de Ciudad de Mujeres (Internet), en la III y IV
Antología de poetas hispanoamericanos realizada por el poeta
peruano Leo Zelada (2004) y en las revistas de Internet: Pliegos
de opinión, Realidad Literal y Almiar (2004). Su obra inédita
comprende textos de poesía, teatro, novela corta y cuento. Su
poemario Loliloquios ha sido interpretado en
representaciones teatrales que se han llevado a cabo en
Tarragona: Teatre Magatzem y en el Ateneo de la ciudad (2004).
LOS MUERTOS
Habitan
tierras macilentas,
los campos
áridos, los cementos.
Todos presos,
todos pieles desoladas.
Crean
aterradoras palabras,
los cantos
fúnebres, los sepelios.
Todos huesos,
todos carne devorada.
Pasean
vísceras purulentas,
los pliegues
líquidos, los insectos.
Todos ciegos,
todos sangre sin asilo.
Son los
muertos
vencidos por
las llagas
entre
aquelarres de esqueletos.
SANGRE
La sangre nace
en las aceras
de las almas
de los paseantes,
fluye hacia la
carretera.
Carreteras,
venas abiertas,
arterias de la
ciudad perdida.
El volante
gira en carmesí
y el motor se
desdice al zozobrar.
Da igual.
La sangre se
esparce en todas partes.
LOS SUEÑOS DE LOS PIES
Los pies huyen
de líneas paralelas
trazadas en el
suelo por el sueño,
con anhelo
febril, incandescente.
A cada paso de
la carrera,
a cada salto,
les espera una
cadena.
Están solos,
nadie más las ve,
pues cada par
de pies
sueña sus
propias rejas.
LLAMADA
Te llamé con
mi voz
con el sopor
de un niño muerto
alejándose del
litoral impío,
fuera ya de
las consabidas luchas,
lejos del
pedernal y de su fuente.
Caí en las
marismas,
en los
pantanos con reptiles tan hermosos
como mirar al
sol en mediodía.
Barro blanco
de andares,
barro blanco
de ciegos movimientos.
Ahora te llamo
con la voz del futuro
que rodea,
traspasa y zahiere
con su tumulto
gris, con su agonía,
el estertor
entregado a la muerte.
CENA
Zócalo de
zíngaro,
cítara,
centelleo
de azufre que
zozobra
en un zarzal
de rosas.
Amanecida de
rocío,
céfiro,
crecida y
macizo que
cimbrea
la cintura de
las rosas.
Acacia,
corazón de
zarzamora,
con rizos de
ciruela
que dicen rosa
y cazo.
Ceñido,
cierzo de voz
y ceño,
que sazona las
rosas
en cazuelas
jazmines.
MI
NOMBRE CON E
Como un
pájaro
picoteas mis
colmenas y desvanes
pior en do
mayor, en sinfonía.
Doroé Doroé
gritas en el nido
mi nombre con
e,
tu grillo de
pío.
Las colmenas
se endurecen con la miel,
la leche para
un recién nacido.
El desván el
agua llena
tu Doroé
de mi nombre
con e.
PARA EL DIOS
Iba yo
caminando en heredades
risueña y como
siempre pensativa
cuando un
tritón me salió cual misiva
de la profunda
oscuridad del Hades.
Tan oscuro, me
dijo: no te enfades,
me envía
Poseidón que está allá arriba,
pues no cobras
pensión contributiva
y temo que al
gran dios le desagrades.
¡Pobre de mi!
Respondí en arrebato,
el capricho
del dios en contraluz,
ya me veo
colgando de la cruz.
Y ahora dime
diosito de mi alma
qué es bien
verde a los ojos de la palma,
pecado
capital, real maltrato.
LA
PRINCESA
La princesa
está sola en el palacio
y se plantea
hacerse terrorista
quien sabe si
en un comando islamista
o en un grupo
guerrero del espacio.
Relee furiosa
en su cartapacio,
busca alguna
reveladora pista,
por lo que ve
se ha pasado de lista
y se ha dado
en el muro de topacio.
Ella esperaba
el baile del domingo,
ilusa,
presurosa, azorada,
mas quedó
relegada como un pingo.
Mujer estúpida
es la enamorada
que no conoce
las reglas del bingo.
¡Pobre
princesa! ¿Estará gafada?
CARLES DUARTE
Nació en
Barcelona, España (1959). Poeta, lingüista y traductor. Es autor
de una obra poética que empezó darse a conocer en 1984 con
Vida endins y que tiene como libros más representativos el
Tríptico hebreo (Cohelet, Ben Sira y Qumrán), Khepri,
El silenci y El somni (El sueño). Su poesía ha
sido traducida a varias lenguas. Como lingüista ha publicado una
Gramàtica històrica del català, junto a Àlex Alsina, y ha
colaborado con los profesores Joan Coromines y Antoni M. Badia i
Margarit. Fue vicepresidente del Fórum Universal de las Culturas
(Barcelona, 2004) y en la actualidad dirige la Fundación Jaime I
en Barcelona.
EL MUNDO
El mundo está cansado esta tarde.
Respira en cada ola
igual que una gran sábana
movida por el viento,
como una piel tendida
o el ruido de una sombra.
Te busco en las miradas
que se abren a mis ojos,
las manos que me acogen,
en palabras que encuentro,
en el mapa del aire,
en los labios del tiempo.
La tarde es un espejo:
me siento aquí en la arena
a oír cómo se aleja,
cómo se hunden los sueños.
La noche es quien me abraza.
La luna me devuelve,
en silencio, el latido.
El mundo no se duerme.
ECO
Me miras.
Soy el eco de alguien
de quien no sabes nada,
o la sombra de uno
a quien quizás amaste.
Sin pensarlo hago un gesto
que, de pronto, te inquieta.
No nos es permitido
recomenzar ahora.
Y se ensancha la herida
de los afectos muertos.
Oigo el mar.
En tus pupilas busco
indicios de ternura.
EL CIELO SE ADELGAZA
El cielo se adelgaza,
disminuyen los límites
y en tus labios el aire.
Rescatas las palabras
del abismo del tiempo.
La piel blanca del día
se adormece en tus ojos.
LA ISLA
A Carmen Riera
El Sol unge las olas y las rocas,
arañadas por uñas sin sentido.
La cumbre más altiva desciende
hasta la mar
por caminos grisáceos de piedra y
de silencio.
Sorbos de luz y viento
escriben en el aire
con la sal más intensa.
Ahora el cielo es más lento
y las pieles se embriagan.
Unos labios azules rodean a la
isla.
LA MIRADA
El viaje placentero de la vista
por ese valle frágil de la piel.
Tu gesto,
que vanamente intenta
que no te venza el miedo,
la ansiedad de la tierra.
El tacto azul del sol;
y la piel que te entrega
un deshecho de auroras,
una lluvia de labios
en la senda del gozo,
mientras dura la sangre.
RUINAS
Ya no hay sangre,
sino sólo un silencio desolado,
el olvido
del horizonte inmenso,
y unos restos que evocan
la fiesta de los cuerpos,
el afán primitivo de interpretar
orígenes
y muy crueles formas de morir.
DESEO
Beso la piel
y esquivo la sombra,
sonrío a los ojos
que buscan
en mis ojos
unos labios.
El viento es frío
y el día inhóspito,
pero el cielo de vidrio
es un espejo.
Escribo unas palabras
donde pueda encontrarte
cuando ya no me digas
que me estás deseando.
EL GESTO
ANTIGUO DEL TIEMPO
Vuelvo a escribir la voz
con trazos que se borran
y así evito mirar
el gesto antiguo del tiempo.
Hago un corte a la noche
y preparo la piel
para una lluvia azul.
Guardo ahora la lágrima
en que vivo conmigo.
Me humedezco los labios
con una ola débil.
No hay aquí nostalgia,
solamente los límites,
y un nombre que pronuncio
cuando, a oscuras,
sin la mano del sueño,
regreso.
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