Miami
Estados Unidos
Año VII

 Nº 37/38

Escríbanos   

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad del Turabo

Puerto Rico

 

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

   
 

 


POETAS ESPAÑOLES

 

LUIS ALBERTO DE CUENCA


Nació en Madrid, España (1950). Poeta y filólogo. Doctor en Filología Clásica, Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Director de la Biblioteca Nacional (1996-2000), Secretario de Estado de Cultura (2000-2004). Entre sus publicaciones de poesía figuran La caja de plata (Sevilla, 1985, Premio de la Crítica, 1986; edición crítica de Javier Letrán: Madrid, 2003), El otro sueño (Sevilla, 1987), El hacha y la rosa (Sevilla, 1993), Por fuertes y fronteras (Madrid, 1996) y Sin miedo ni esperanza (Madrid, 2002). Ha cultivado el ensayo en libros como Floresta española de varia caballería (Madrid, 1975), Necesidad del mito (Barcelona, 1976), El héroe y sus máscaras (Madrid, 1991), Etcétera (Sevilla, 1993), Bazar (Zaragoza, 1995) Álbum de lecturas (Madrid, 1996), Señales de humo (Valencia, 1999) y Baldosas amarillas (Madrid, 2001). Ha traducido al castellano de sus lenguas originales, entre otros autores, a Homero, Eurípides, María de Francia, Chrétien de Troyes, Guillermo de Aquitania, Geoffrey de Monmouth, el anónimo Cantar de Valtario (Premio Nacional de Traducción 1989), Horace Walpole, Jacques Cazotte, Gérard de Nerval y Villiers de l’Isle-Adam. Es autor de numerosos trabajos de investigación, crítica y divulgación publicados en diferentes revistas y periódicos.


 

 

SOBRE HÉROES Y TUMBAS

 

Desde lejos me llegan las hazañas

de los héroes modernos: traficantes

de drogas, mercenarios, cabecillas

de la revolución, agentes dobles

al servicio del cielo y del infierno,

detectives borrachos, femmes fatales

que acaban locamente enamoradas

de sus víctimas, gatos holgazanes

que se ponen el mundo por montera,

niños gordos con gafas que leen libros

interminables y maravillosos

en la gris soledad de sus alcobas.

Desde lejos me llegan los cantares

que celebran las gestas de los héroes

de ayer, hoy y mañana. Desde lejos

percibo a duras penas sus estrofas

inconexas, que evocan los perfiles

gloriosos de los hombres y mujeres

que quisiera imitar, los personajes

que querría yo ser y que se escapan

por el hueco que deja mi silencio

y por las grietas de mi cobardía.

 

Desde lejos escucho las pisadas

devastadoras de la multitud

sobre las tumbas de los héroes muertos.

 

 

EL CUARTO OSCURO

 

En el sueño tu madre (¿era tu madre,

con aquel camisón azul celeste

y los ojos vacíos?), en la casa

de tus abuelos, vaga por las sombras

de aquel pasillo que te daba miedo

­-un miedo irresistible, insoportable-

y se para un momento frente al cuarto

oscuro donde tú buscas juguetes

en lóbregos armarios, y le dices:

“¡Mamá, los he encontrado, están aquí!

¡No se los diste a nadie, son los mismos

que tuve entonces! ¿No los ves? ¿Qué hago

con ellos? ¿Me los llevo? ¿Se los dejo

a los fantasmas? Dime, mamaíta,

¿me los puedo llevar?” Y una voz dulce

te responde: “Son tuyos, hijo mío,

pero no existen en tu realidad.

Fíjate bien en ellos. Están hechos

de aire: se disuelven en tus manos.

Como yo, vida mía, como yo.”

 

 

LOS LIBROS DE LA NOCHE

 

Del sonido y la furia de la fiesta

surge una voz que apaga las obscenas

risotadas, los sórdidos jadeos,

y que nos deja mudos, traspasándonos

de belleza. Una voz que dicta amores

imposibles, paisajes de leyenda,

mares por descubrir, locas hazañas

de nuestros personajes favoritos.

Las mil magias, en fin, de la poesía.

 

 

BRUJAS SUICIDAS EN UN BAR

 

Las brujas. Sus escobas alineadas

en el aparcamiento intergaláctico.

No dejan de beber estas mujeres

torvas, estas mujeres innombrables.

Van cayendo las copas, las botellas,

hasta que al fin las brujas se desploman,

muertas, en el parqué, sin que se inmuten

las cantantes de jazz, los camareros

ni los libros de cócteles que abruman

la barra del local.

      Las brujas mueren

entre estertores viles y grotescos,

y nadie se detiene ante sus cuerpos,

aunque sea tan sólo a vomitar

sobre ellos, o a rezar una plegaria

por su eterno descanso.

Llega el día

a la luna mediana del planeta

que eligieron las brujas para hacerse

el haraquiri etílico. Las luces

del día, sanguinarias como espadas.

Luces que ciegan a las criaturas

de la noche y trastornan sus espíritus.

 

(En cuanto a las escobas, nadie sabe

para qué sirven, ni le importa a nadie

qué ha sido de sus dueñas.)

 

               

LA CÓMPLICE DEL CRIMEN                  

 

En el Libro de Oro de la escuela

donde estudiaba Carlos Baudelaire

figuraba esta frase lapidaria:

“El amor es un crimen en que tienes

que contar por lo menos con un cómplice.”

Pues claro que lo es. Sin duda alguna,

el amor es un crimen. Otras cosas

lo son también y pueblan las leyendas

doradas y las actas de los mártires,

de manera que no resulta raro

tildar de crimen al amor. Lo grande

es lo segundo, lo que atañe al cómplice.

Desde pequeño supe que la vida

no tenía otro objeto que la búsqueda

de un ser que completara lo que falta

y que perfeccionase lo imperfecto;

de un ser con el que urdir estratagemas

para olvidar la muerte y el vacío

que nos agobian, y para engañar

la sed, el hambre, el frío, la fatiga

que cercan nuestra mísera existencia

con espejismos como la ternura,

con fuegos fatuos como el del deseo.

Desde pequeño supe que el amor

nos conduce hacia arriba, como Gretchen

a Faust, y que ese cómplice divino

al que se refería Baudelaire

te ayuda a separar la paja inane

del valioso grano, a distinguir

el bien del mal, lo hermoso de lo feo,

a superar los múltiples obstáculos

del vivir cotidiano y a triunfar,

aun a costa de pérdidas muy serias,

sobre enemigos tan cualificados

como los celos, la deslealtad.

el silencio, la duda, la mentira,

la intransigencia y el aburrimiento.

 

Te amé desde el principio. Siempre supe

que te amaría, reina de mis sueños.

Te amaré hasta el cartel que ponga Fin.

Y aquí estás, a mi lado, con los ojos

entornados y el alma a flor de labio,

cómplice hasta el final de nuestro crimen.

 

 

EIS HEAUTÓN

 

Déjame envenenarte con palabras

que te hielen la sangre o te devoren

el corazón, palabras asesinas

que no conozcan la piedad, palabras

que se arrodillen ante tu soberbia

y finjan adorarte mientras urden

revoluciones contra ti, motines

que acaben arrojando por la borda

el bosque en llamas de tus fantasías.

 

 

ONANISMO

 

Desmantela la torre de la vida,

guíala con tus dedos hacia el fondo

de un abismo en que nadie nace y muere,

al reino donde todo está marchito.

Ya está abajo, no mueve ya las alas

ni abre los ojos. Ya es de nuevo roca

lo que fue manantial. Y del incendio

que abrasó tan estéril simulacro

no quedan ni siquiera las cenizas.

 

                       

SIN CONDICIONES

 

Llevas ya tanto tiempo dirigiendo

tus proyectiles a mi fortaleza.

Siempre dan en el blanco. Se diría

que es un arquero zen quien los dispara.

Me aburre ver mis muros abatidos

por tus bombas, y ver mis baluartes

convertidos en ruinas, y a mis hombres

negándose a luchar. Tendré que hacerlo.

Si supieras lo mucho que me cuesta.

 

                       

PIENSO EN TI

 

Los amantes se piensan. Cada uno

piensa que piensa más en su pareja

que su pareja en él. Están centrados

en su oficio pensante y no perciben

los hilos invisibles con que el miedo

va enredando sus mutuas reflexiones

y matando su amor. Sólo el olvido

podría rescatarlos de la duda,

pero no están dispuestos a olvidarse.

 

 

S’AGARÓ

 

El mar rizaba nuestros pensamientos

y los iba engarzando en un collar

de languideces y complicidades.

Un aura de bañistas instalados

en viejas fotos de la belle époque

refrescaba la noche: era la brisa

del deseo, venida de muy lejos

a decirnos que aún seguía vivo

lo que creímos muerto. Pudorosa,

la Luna nos hurtó su cuerpo blanco

y dejó de alumbrar aquella escena

en la que ardía el fuego del amor

y se fundían nuestros corazones.

 

Tan bello era el instante que la única

forma de detenerlo fue el silencio.

 

 

 

TERESA DOMINGO CATALÁ


Nació en Tarragona, España (1967). Poeta y dramaturga. Es licenciada en Ciencias Políticas y en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid (1992). Participó en el IX Encuentro de Escritores de Tarragona que convoca la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona (2002). Poemas suyos han sido publicados en la revista El Prometeo Moderno (2002 y 2003) y ha colaborado con poemas en varios libros colectivos. Ha publicado los libros de poesía: Iris de Sombras, (Tarragona, 2003), en los Cuadernos de la Perra Gorda que edita la Tertulia de Poesía Mediona 15 y Soliloquios por Silva Editorial, (Tarragona, 2004). Ha ganado premios de poesía en la ciudad de Tarragona en los años 90 y ha sido finalista del concurso de relatos del Ayuntamiento de Constantí (Tarragona, 2003). Sus poemas también aparecen en la Antología La decisión de naufragar que editó la Tertulia de Poesía Mediona 15 (Tarragona 2001), la Antología de Poetas Mujeres de Ciudad de Mujeres (Internet), en la III y IV Antología de poetas hispanoamericanos realizada por el poeta peruano Leo Zelada (2004) y en las revistas de Internet: Pliegos de opinión, Realidad Literal y Almiar (2004). Su obra inédita comprende textos de poesía, teatro, novela corta y cuento. Su poemario Loliloquios ha sido interpretado en representaciones teatrales que se han llevado a cabo en Tarragona: Teatre Magatzem y en el Ateneo de la ciudad (2004).


 

 

LOS MUERTOS

 

Habitan tierras macilentas,  

los campos áridos, los cementos. 

Todos presos, todos pieles desoladas.

  

Crean aterradoras palabras, 

los cantos fúnebres, los sepelios. 

Todos huesos, todos carne devorada.

  

Pasean vísceras purulentas, 

los pliegues líquidos, los insectos. 

Todos ciegos, todos sangre sin asilo.

  

Son los muertos 

vencidos por las llagas 

entre aquelarres de esqueletos.

 

 

SANGRE

 

La sangre nace en las aceras 

de las almas de los paseantes, 

fluye hacia la carretera.

Carreteras, venas abiertas,

arterias de la ciudad perdida.

El volante gira en carmesí

y el motor se desdice al zozobrar.

Da igual.

La sangre se esparce en todas partes.

 

 

LOS SUEÑOS DE LOS PIES

  

Los pies huyen de líneas paralelas

trazadas en el suelo por el sueño,

con anhelo febril, incandescente.

 

A cada paso de la carrera, 

a cada salto, 

les espera una cadena.

 

Están solos, nadie más las ve, 

pues cada par de pies 

sueña sus propias rejas.

 

 

LLAMADA

 

Te llamé con mi voz 

con el sopor de un niño muerto 

alejándose del litoral impío, 

fuera ya de las consabidas luchas, 

lejos del pedernal y de su fuente.

 

Caí en las marismas, 

en los pantanos con reptiles tan hermosos 

como mirar al sol en mediodía. 

Barro blanco de andares, 

barro blanco de ciegos movimientos.

  

Ahora te llamo con la voz del futuro 

que rodea, traspasa y zahiere 

con su tumulto gris, con su agonía, 

el estertor entregado a la muerte.

 

 

CENA

 

Zócalo de zíngaro, 

cítara, centelleo 

de azufre que zozobra 

en un zarzal de rosas. 

Amanecida de rocío, 

céfiro, crecida y 

macizo que cimbrea 

la cintura de las rosas. 

Acacia, 

corazón de zarzamora, 

con rizos de ciruela 

que dicen rosa y cazo. 

 

Ceñido, 

cierzo de voz y ceño, 

que sazona las rosas 

en cazuelas jazmines.

 

 

MI NOMBRE CON E

 

Como un pájaro 

picoteas mis colmenas y desvanes 

pior en do mayor, en sinfonía. 

 

Doroé Doroé gritas en el nido 

mi nombre con e, 

tu grillo de pío.

  

Las colmenas se endurecen con la miel, 

la leche para un recién nacido. 

El desván el agua llena 

tu Doroé 

de mi nombre con e.

 

 

PARA EL DIOS

 

Iba yo caminando en heredades 

risueña y como siempre pensativa 

cuando un tritón me salió cual misiva 

de la profunda oscuridad del Hades.

  

Tan oscuro, me dijo: no te enfades, 

me envía Poseidón que está allá arriba, 

pues no cobras pensión contributiva 

y temo que al gran dios le desagrades.

  

¡Pobre de mi! Respondí en arrebato, 

el capricho del dios en contraluz, 

ya me veo colgando de la cruz.  

 

Y ahora dime diosito de mi alma 

qué es bien verde a los ojos de la palma, 

pecado capital, real maltrato.

 

 

LA PRINCESA

 

La princesa está sola en el palacio 

y se plantea hacerse terrorista 

quien sabe si en un comando islamista 

o en un grupo guerrero del espacio.

  

Relee furiosa en su cartapacio, 

busca alguna reveladora pista, 

por lo que ve se ha pasado de lista 

y se ha dado en el muro de topacio.

 

Ella esperaba el baile del domingo, 

ilusa, presurosa, azorada, 

mas quedó relegada como un pingo. 

 

Mujer estúpida es la enamorada 

que no conoce las reglas del bingo. 

¡Pobre princesa! ¿Estará gafada?

 

 

 

CARLES DUARTE


Nació en Barcelona, España (1959). Poeta, lingüista y traductor. Es autor de una obra poética que empezó  darse a conocer en 1984 con Vida endins y que tiene como libros más representativos el Tríptico hebreo (Cohelet, Ben Sira y Qumrán), Khepri, El silenci y El somni (El sueño). Su poesía ha sido traducida a varias lenguas. Como lingüista ha publicado una Gramàtica històrica del català, junto a Àlex Alsina, y ha colaborado con los profesores Joan Coromines y Antoni M. Badia i Margarit. Fue vicepresidente del Fórum Universal de las Culturas (Barcelona, 2004) y en la actualidad dirige la Fundación Jaime I en Barcelona.


 

 

EL MUNDO

 

El mundo está cansado esta tarde.

 

Respira en cada ola

igual que una gran sábana

movida por el viento,

como una piel tendida

o el ruido de una sombra.

 

Te busco en las miradas

que se abren a mis ojos,

las manos que me acogen,

en palabras que encuentro,

en el mapa del aire,

en los labios del tiempo.

 

La tarde es un espejo:

me siento aquí en la arena

a oír cómo se aleja,

cómo se hunden los sueños.

 

La noche es quien me abraza.

 

La luna me devuelve,

en silencio, el latido.

 

El mundo no se duerme.

 

 

ECO

 

Me miras.

 

Soy el eco de alguien

de quien no sabes nada,

o la sombra de uno

a quien quizás amaste.

 

Sin pensarlo hago un gesto

que, de pronto, te inquieta.

 

No nos es permitido

recomenzar ahora.

 

Y se ensancha la herida

de los afectos muertos.

 

Oigo el mar.

 

En tus pupilas busco

indicios de ternura.

 

 

EL CIELO SE ADELGAZA

 

El cielo se adelgaza,

disminuyen los límites

y en tus labios el aire.

 

Rescatas las palabras

del abismo del tiempo.

 

La piel blanca del día

se adormece en tus ojos.

 

 

LA ISLA

 

                         A Carmen Riera

 

El Sol unge las olas y las rocas,

arañadas por uñas sin sentido.

 

La cumbre más altiva desciende hasta la mar

por caminos grisáceos de piedra y de silencio.

 

Sorbos de luz y viento

escriben en el aire

con la sal más intensa.

 

Ahora el cielo es más lento

y las pieles se embriagan.

 

Unos labios azules rodean a la isla.

 

 

LA MIRADA

 

El viaje placentero de la vista

por ese valle frágil de la piel.

 

Tu gesto,

que vanamente intenta

que no te venza el miedo,

la ansiedad de la tierra.

 

El tacto azul del sol;

y la piel que te entrega

un deshecho de auroras,

una lluvia de labios

en la senda del gozo,

mientras dura la sangre.

 

 

RUINAS

 

Ya no hay sangre,

sino sólo un silencio desolado,

el olvido

del horizonte inmenso,

y unos restos que evocan

la fiesta de los cuerpos,

el afán primitivo de interpretar orígenes

y muy crueles formas de morir.

 

 

DESEO

 

Beso la piel

y esquivo la sombra,

sonrío a los ojos

que buscan

en mis ojos

unos labios.

 

El viento es frío

y el día inhóspito,

pero el cielo de vidrio

es un espejo.

 

Escribo unas palabras

donde pueda encontrarte

cuando ya no me digas

que me estás deseando.

 

 

EL GESTO ANTIGUO DEL TIEMPO

 

Vuelvo a escribir la voz

con trazos que se borran

y así evito mirar

el gesto antiguo del tiempo.

 

Hago un corte a la noche

y preparo la piel

para una lluvia azul.

 

Guardo ahora la lágrima

en que vivo conmigo.

 

Me humedezco los labios

con una ola débil.

 

No hay aquí nostalgia,

solamente los límites,

y un nombre que pronuncio

cuando, a oscuras,

sin la mano del sueño,

regreso.